miércoles, septiembre 07, 2011


                                                "Hay un mensaje /  hay un secreto.”

“La niebla cerró su cortina
en la ciudad
                                                               Caminan todos los fantasmas
en soledad”.
(Mercedes Calvo)
NOTA BIOGRÁFICA: “LETRAS SALVADORAS”
           
            Dedicamos hoy este estudio a una escritora uruguaya, de exquisita y fina sensibilidad: Mercedes Calvo quien con las hermosas palabras que transcribimos recrea su biografía y pensamos que ya, después de leerlas, no haría falta nada más que ir directamente a su libro, “Los espejos de Anaclara”. No obstante, trataremos de acercarnos un poco más a esta poeta. Leamos, primero, este texto lleno de poesía y, después, sigamos nuestro acercamiento a su figura, su obra y su especial percepción del mundo y de las cosas:
            “Si uno es lo que come soy, antes que nada, el jugo de las naranjas de mi Salto natal, los caramelos de azúcar quemada que hacía mi madre, las sopas interminables
-una cucharada para papá, otra para la abuela- donde flotaban, entre las verduras insípidas, los fideos de letras salvadores con los que escribí, en el borde del plato, mis primeros poemas.
            Si uno es lo que lee navego con Guillén por el mar de las Antillas, galopo con Alberti, escribo los versos más tristes con Neruda, grito con Lorca que no quiero verla, transito la oscura soledad de Góngora. Voy y vuelvo siempre, con Cernuda, entre la realidad y el deseo.
            Pero si uno es lo que sueña –y en verdad es poca una oportunidad para las infinitas posibilidades del existir- sin duda estoy comenzando mi segunda vida donde, después de compartir los años escolares de muchas generaciones de niños, vuelvo a la infancia por el hilo misterioso de la escritura, buscando en ella la raíz oscura, pero siempre luminosa, de la poesía.”
 Mercedes Calvo (Salto, 1949) ha gustado de la poesía desde pequeña y, gracias a ello, nunca ha perdido de vista los misterios de la infancia, como veremos en estas líneas. Desde 1971 se dedicó a la docencia como maestra y esta vocación, en sus palabras, ha dado especial valoración al desarrollo del lenguaje poético, tanto redactando como llevando a cabo proyectos y publicaciones de trabajos de los niños. Preocupada por el fomento de la lectura desde las aulas considera que “No creo que se haga poco, creo mas bien que a veces es necesario darle otro enfoque, hacer otra cosa para quitarle al libro su condición de instrumento didáctico y volverlo, simplemente, elemento de disfrute. Creo, con Pennac, que la función del docente debe ser similar a la función de una celestina: debe propiciar el encuentro entre las dos partes, y luego alejarse, discretamente. Pero los docentes tenemos la idea de que debemos estar enseñando siempre, y nos cuesta bajarnos de nuestro pedestal. La relación niño- adulto no es todo lo horizontal que debiera y el niño lo percibe. Sabe que detrás de la lectura escolar hay intenciones ocultas, mensajes, la vieja moraleja de las fábulas, sólo que ahora más sutil, más encubierta. Y si bien, paulatinamente, la lectura de cuentos va ganando terreno en el aula, no ocurre lo mismo con la poesía, que sigue utilizándose para las fiestas patrias, los acontecimientos escolares, la memorización y el recitado, o, en el mejor de los casos, el dibujo.”
 No considera, por lo tanto, que la lectura esté desapareciendo ya que, al proponerle que haga una defensa de la misma, comenta llena sentido común: “Ello implicaría considerar que la lectura está siendo atacada, y no lo considero así. No creo que se lea menos que antes, creo, más bien, que se lee diferente. El gusto por la lectura es un gusto normal y constante que se desarrolla naturalmente en un ambiente adecuado. Si no hay que realizar una defensa de la televisión es porque ésta iguala al niño y al adulto, el niño mira TV para imitar al adulto. El libro, en cambio, si no existe en el hogar un ambiente lector, alude directamente a la escuela, y separa. No es con técnicas especiales que se trasmite el amor al libro, sino con entusiasmo y ejemplo”.
Mercedes Calvo es una excelente lectora: “Desde niña –asegura- he preferido los libros no escritos específicamente para niños; tuve la suerte de tener acceso a una gran variedad de libros y adultos que supieron no interferir ni pretender guiar. En esa época gusté a Lorca, Nicolás Guillén, Alberti, Machado, Miguel Hernández, León Felipe, Cernuda, Góngora. Los españoles me marcaron mucho: Azorín, Valle Inclán, Pío Baroja. Me gustaba entonces especialmente la poesía y el teatro. También leí Cronin, Pirandello, Sartre, Françoise Sagan, Colette, Chejov. Después descubrí a Neruda, Oliverio Girondo, Vallejo, mucho después Saramago, y Wislawa Symborska, que hoy es una de mis preferidas.” En la actualidad uno de sus libros de cabecera es “Memoría de la melancolía”, de Mª Teresa León.
Cuando se le pregunta qué es para ella la poesía nos dice, modesta: “Las palabras de Octavio Paz se adaptan perfectamente a lo que yo siento: “Entre lo que veo y digo, entre lo que digo y callo, entre lo que callo y sueño, la poesía. Se desliza entre el sí y el no, dice lo que callo, calla lo que digo, sueña lo que olvido. No es un decir, es un hacer. Es un hacer que es un decir. La poesía dice y se oye: es real. Y apenas digo es real, se disipa. ¿Así es más real? Idea palpable, palabra impalpable. La poesía va y viene, entre lo que es y lo que no es. Teje reflejos y los desteje. La poesía siembra ojos en las páginas. Siembra palabras en los ojos. Los ojos hablan, las palabras miran, las miradas piensan. Oír los pensamientos, ver lo que decimos, tocar el cuerpo de la idea. Los ojos se cierran. Las palabras se abren.” No se puede decirlo de una manera más hermosa”- añade Mercedes.  Pero, en la entrevista que le hiciera Abraham Díaz en Noticias 22, que citaremos y reproduciremos más adelante, añadió algo más: “Una ventana a la inocencia arrancada por el tiempo, Edén de mil colores y fantásticos sonidos”.
            Nuestra escritora ha colaborado con artículos sobre esos temas en revistas de actualización docente. Desde 1997 trabajó en Educación de Adultos, y desde 1999 fue correctora del Departamento de Publicaciones e Impresiones del Consejo de Educación Primaria. Jubilada desde 2006, ha podido, al fin, gracias al tiempo libre, dedicarse a escribir poesía para niños. No acaba de gustarle mucho el término poesía infantil: “El término “poesía infantil” es engañoso, Por lo general alude a una versificación trivial , con abundancia de diminutivos. Pero la verdadera poesía infantil es, simplemente, poesía, que además de todos sus valores, interesa a los niños. No debemos dictaminar nosotros cuál es, sino ellos.”
            Mercedes Calvo, cuando habla de su labor como escritora, comenta: “Todos hacemos catarsis escribiendo, en algún momento de nuestra vida. Las penas de amor, las alegrías, las injusticias, hacen que necesitemos volcar en el papel los sentimientos, las emociones. Y la poesía es el medio ideal para ello. De allí a escribir para publicar, hay un abismo. Pero desde que comencé a trabajar con mis alumnos la escritura de poemas, aprendí con ellos que todos tenemos nuestra propia mirada, y el deber de dar testimonio de ella. El encontrarme con tiempo para mí misma después de muchos años en el pluriempleo posibilitó que, ante una convocatoria a escribir poemas para niños, a los cuales estuve ligada toda mi vida, me preguntara. ¿Y por qué no? Así surgió Anaclara.” Sobre Anaclara, precisamente, escribiremos a continuación.          

PREMIO HISPANOAMERICANO DE POESÍA 2008: “LOS PREMIOS ABREN PUERTAS”

            En el año 2008, con “Los espejos de Anaclara”, Mercedes Calvo obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía para niños, convocado por el Fondo de Cultura Económica y la Fundación para las Letras Mexicanas. Su seudónimo, cómo no, fue “Anaclara” y el libro ha sido publicado por el Fondo de Cultura Económica de México, ciudad en dónde recibió el galardón. “Lo escribí  -nos dice- especialmente para esa convocatoria, en dos semanas. Por supuesto sentí mucha alegría, era mi primer intento de escritura y un espaldarazo como éste es importante. Mis amigas me decían: -no sabía que escribieras. Y yo les contestaba: -yo tampoco. De la noche a la mañana me vi convertida en escritora. Los premios actúan como agentes literarios, y sin duda abren puertas pero, en definitiva, este premio no significa más que fue el poemario que eligieron tres personas entre otros presentados. Yo agradezco la oportunidad, pero hora el libro deberá enfrentarse sólo a sus lectores.”
            El jurado que le concedió el premio estaba integrado por los escritores María Baranda y Carlos Pellicer López, de México, y Pedro Villar, de España. Como nota curiosa hay que decir que se presentaron 270 obras al concurso. De “Los Espejos de Anaclara” el jurado destacó “el libro seleccionado tanto por su reflexión y hondura como por la manera en que se aproxima al misterio poético con un lenguaje preciso y adecuado para el lector destinatario.”
            Anaclara, la protagonista del libro, en palabras de la también escritora María García Esperón es “Una niña muy profunda, escrutadora de las apariencias para demandarles su hermoso secreto, esa esencia de las cosas que es la raíz de la belleza que algunos nunca conocen, otros sólo intuyen y unos pocos, como Mercedes Calvo, son capaces de habitar y lo que es más difícil aún, de transmitir.
En cualquier instante de nuestra existencia, en cualquier punto del viaje, estamos situados enteros, con nuestros recuerdos y nuestras esperanzas.
Presente-pasado-futuro de afectos y nostalgias, de pérdidas siempre tibias, de reencuentros imposibles, de lealtad en fin a esa Anaclara que somos todos y que nos mira tenue y recargada en el barandal de la infancia.”
            Aludimos de nuevo a la entrevista realizada por Abraham Díaz, “Esta puertita que comunica con la infancia” y reproducimos gran parte de la misma por su especial relevancia y belleza y porque nos permitirá conocer un poco más la personalidad de la poeta uruguaya: “Con la relación que llevó con los niños durante su labor como maestra (jubilada desde 2006), la escritora se da cuenta que no era una niña especial, diferente, distinta, sino que en realidad era y es como todos los niños, más profundos que los adultos, a veces olvidamos cómo éramos cuando niños.
“Los espejos de Anaclara”, según la entrevistada, quien radica en Montevideo, Uruguay, está escrito a partir de la apariencia, la realidad, la fantasía, y por supuesto: la poesía.
 Ante el avance de la realidad virtual que también ha influido el desarrollo de los chiquitines, Calvo destacó que los niños sí se interesan en la poesía y en la lectura en general, el problema somos los padres. Lo que pasa es que muchas veces, los que no nos interesamos somos los adultos, pretendemos que los niños hagan cosas que nosotros no hacemos, ¿cuántas veces los niños nos ven leyendo?, les decimos que es muy importante leer pero nos pasamos muchas horas frente a la televisión, sentenció en entrevista telefónica desde Montevideo.
Ganadora de entre más de 270 obras, la obra de la maestra-poetisa hace eco en algo que desde muy chica ella vivió, pues se empapó de los grandes clásicos, desde Góngora, Darío y García Lorca hasta Neruda, aunque también la música ha sido alimento para su alma. Me he nutrido de mucha música, la música popular sobre todo: Violeta Parra, Teresa Parodia, Amparo Ochoa, los tangos rioplatenses, los fados portugueses, la música uruguaya, todo eso es poesía y es influencia en uno, pero sobre todo, los niños, ellos son una gran influencia, dijo.
Según la poeta, si existe un ambiente donde el libro es una cosa cotidiana, importante, los niños puede llegar a él y entonces se maravillan, y no lo sustituyen ni la televisión, ni los videojuegos, pues el contacto con los libros es algo insustituible para ellos. Mientras que para algunos escribir literatura infantil es un reto, para Mercedes Calvo escribir poesía dirigida a los niños no es ni difícil ni fácil, simplemente es mantener vivo el niño que somos y dejarlo hablar, pues la poesía no es una técnica, es tan sencilla como recordar o dejar abierta esa puertita que comunica con la infancia e irse por ahí para comenzar a hablar.
 Sin considerarse una gran escritora, la docente jubilada dijo que la poesía resulta imprescindible, leerla, claro, pero sin duda también escribirla. Muchas veces, nosotros nos sentimos un poco cohibidos ante el hecho de cómo vamos a escribir poesía sino somos escritores, pero yo creo que hay que escribir poesía, no importa si lo hacemos bien o mal, o si quizás no publicamos un libro, pero escribirla para uno mismo es una cosa que realmente nos conecta con el otro, nos conecta con el otro y con nosotros mismos, y eso es una cosa importantísima, explicó la ganadora del premio al que concursó con una obra marcada en el certamen con el número 264.
Consciente de que hay que dejar salir las emociones cuando se lee y escribe poesía, Mercedes Calvo apunta que, más que seres pensantes, lo que la lírica forma son personas sensibles; ella desencadena la sensibilidad a flor de piel. Con su libro, la escritora hace un homenaje a todos los niños que, bajo su cuidado e instrucción, se regocijaron de las dulces y alegres imágenes de la poesía: Anaclara somos todos, soy yo, eres tú, somos lo que mantenemos todavía la capacidad de asombro. Es simplemente el nombre de una niña a la cual quiero, y un nombre sonoro, musical; me importa mucho esa parte, la sonoridad en la poesía.
Para concluir, Mercedes Calvo afirma que la mirada de Anaclara es la mirada infantil que ojalá y no perdamos nunca. “

LOS ESPEJOS DE ANACLARA: “EL ESPEJO HA DE LLAMARSE POESÍA”
            “Los espejos de Anaclara”, ilustrado por Fernando Vilela de una manera luminosa y llena de magia, nos cuenta, de alguna manera, un viaje especial, el viaje que una niña, Anaclara, ha hecho por el otro lado del espejo, por el reflejo de ese otro mundo que, como el de Alicia, está lleno de magia y de sueños. Por eso, en el libro, a menudo algunos versos se leen gracias a su reflejo como si, de verdad, los viésemos a través de un espejo. Anaclara es pequeña y se asombra de todo lo que ve, no entiende demasiado bien las convenciones adultas y quiere crecer, pero sin dejar de amar la poesía ni la belleza de las palabras. Mercedes Calvo, a propósito del nombre de la niña, comenta: “Además de ser el nombre de una niña que quiero, es un nombre musical, sonoro, límpido. Anaclara somos todos los que hemos dejado abierta la puerta de la infancia y seguimos maravillándonos y preguntándonos cosas”. “Los espejos de Anaclara” es un libro construido de una manera singular que nos permite entrar en el mundo de la infancia, colarnos por una puerta pequeña y ver cuánta verdad, cuánta belleza hay en ese universo que muchos, por desgracia, han dejado atrás. Bien cierto es, como dijera el poeta, que la patria del hombre es la infancia. Mercedes no renuncia a su infancia y nos la muestra olorosa y recién estrenada. Los versos de “Los espejos de Anaclara” rezuman musicalidad y sonoridad, cualidades muy estimadas por la autora. Son transparentes como la tierra después de la lluvia porque se nutren de los sueños infantiles, de las percepciones de los más pequeños que están cargadas de verdad y de certeza.
Si empezamos a leer los versos del libro, vemos que al inicio,  Anaclara  ya se formula las grandes preguntas que se han hecho todos los filósofos del mundo, en clave de cuento infantil, concretamente de Blancanieves, pero la niña no quiere saberse la más bella, sino cual es su camino, cómo ha sido, cómo es y cómo será. A la pregunta de quién soy, el propio Sócrates contestaría aquello tan famoso de Nosce te ipsum (Conócete a ti mismo):
“Espejo, espejito
yo no quiero saber quién es más bella
Sólo dime tres cosas
espejito:
quién soy
quién fui
quién seré.”

Anaclara, como si fuera una Alicia, anda buscando tras los espejos y tiene una certeza, se sabe oculta en su propio cuerpo, es más, si mira hacia dentro, es capaz de vislumbrar un camino que la lleva nadie sabe dónde. La autora introduce unas imágenes dalinianas impactantes:
“Me encierro en mi cuarto
busco en el espejo
sé que estoy oculta
dentro de mi cuerpo.

Miro por la puerta
de mi ojo izquierdo
y veo un camino
que lleva muy lejos.

-Duerme en los relojes
prisionero el tiempo.
Desfleca la noche
los dedos del viento.”

Su madre no sabe nada, más la niña aguarda sus besos:

“Cuando en la mañana
ría el limonero
me traerá mi madre
su cesta de besos.

Yo no diré nada.
Guardaré el secreto.
¡No sabrá que anduve
dentro del espejo!”

El juego de preguntas sin respuestas, distintos elementos preguntas y las respuestas son relativamente fáciles, aunque al final Anaclara no sabe qué responde puesto que la pregunta está llena de trascendencia:

“Me preguntó mi nombre
la lluvia clara
yo le dije paloma
de la mañana.

Me preguntó mi casa
dónde quedaba
yo le dije en el viento
entre las ramas.

Me preguntó mi vuelo
quién lo guiaba
yo le dije los pinos
de la montaña.

Me preguntó quién era
la voz de mi alma.
No supe contestarle.
Quedé callada.”

            Sigue Anaclara desgranando esta especial manera de ver las cosas y nos introduce ya de lleno en uno de los motivos del libro, el espejo:

  Desde el cielo
algo escribe
otros nombres a las cosas
algo vive
convertido en mariposa.
¡Alegría!
                                               El espejo
                                               ha de llamarse Poesía.”

Y continúa con las preguntas en torno al mundo real y al mundo de los sueños, ¿cuál es el verdadero?, ¿cómo entramos? A base de dicotomías, Mercedes Calvo va tejiendo ese especial universo de Anaclara:     

“ Une dos mundos
 la savia antigua
                                                ¿cuál es la entrada?
                        ¿cuál la salida?
 ¿Es realidad
 o fantasía?
 Agita el sueño
 de la semilla
 espiralada
 luz escondida.
 ¿Será verdad?
 ¿Será mentira?
 Hay un mensaje
 hay un secreto.
 Eso que viaja
 ¿es la poesía?”

            ¿Cuándo se rompe un espejo llega la desgracia? Anaclara no lo puede creer porque gracias al espejo roto, tiene más pedacitos de mundo, es como si nos ofreciera distintas visiones de la verdad, la verdad no es una, es múltiple, como esos fragmentitos del espejo que Anaclara guarda en su bolsillo:

“¿Siete años de desgracia
porque rompí el espejo?
¡Si ahora tengo
multiplicado el sol
por todo el patio
pedacitos de mundo
en el bolsillo
y un reguero de estrellas
en mi cuarto!”

            En todas partes, Anaclara encuentra motivos de complicidad y en todas partes ve señales de la poesía:
                                   “En el brocal del pozo
yo me incliné
y una palabra al fondo
dejé caer.

El espejo del agua
que se quebró
me robó la palabra
se la llevó.

Por un camino oscuro
se fue mi voz
yo me quedé pensando
¿se me perdió?

Pero el eco del agua
me contestó:
siempre la poesía
se hace de a dos.”

            El libro es una continua reflexión en torno a la poesía, a ese mágico encuentro gozoso entre las palabras enhebradas que Anaclara describe tan bien cuando dice:

“Si entre tres espejos pongo
piedritas de colores
me dará el caleidoscopio
al girar
todas las flores.

Si en vez de piedras
pongo palabras
aquellas que yo tengo
cerca del alma
las que son de todos
las que son mías
                                                 ¿veré abrirse la flor
de la poesía?”

            Al fin, espejo y poesía unidos, uno es el reflejo de la otra, el espejo le permite ver el reflejo de la otra realidad y es ésa otra realidad, que solo captan algunos seres sensibles, el objeto de la poesía:
“¿Quién es la que el viento nombra?
Una sombra
¿Y el que atrapa mi reflejo?
El espejo
¿Quién me viste de alegría?
La poesía.
Con ellos por compañía
mi alma estará siempre en vuelo
pues siente fuerte el anhelo
de sombra espejo y poesía.”

            Anaclara es un alma hermosa que no quiere abandonar sus sueños, su mundo infantil y que cree que, aunque crezca, no tiene por qué prescindir de todo su bagaje de niña. Quiere ser libre y se lo pide a la luna:

“Sólo le quiero pedir
al verla reina en el cielo
que no limite mi vuelo
mis ansias de libertad.
Quiero crecer de verdad
Eso es todo lo que anhelo.
Y aunque es grande su hermosura
y deslumbra con su luz
no quiero ahogarme en la cruz
de sus brazos de ternura
Yo prefiero la locura
de mis sueños de papel
para perseguir aquel
verso que me entibie el alma
y me devuelva la calma
confundiéndome con él.”

Anaclara no acaba de entender las consignas del mundo adulto y ve las contradicciones del mismo, aunque no las critica, solo las rumia, les da la vuelta y sigue perpleja al ver que no las entiende. Mercedes Calvo organiza sus poemas casi en caligramas cuando quiere transmitir una idea que para la niña es difícil de explicar. Veamos este hermoso poema que es como un reloj de arena y que habla, precisamente, del paso del tiempo:

“Tengo un problema con los relojes
 que aún  no  he  podido solucionar.
 Dice mi madre que el tiempo es oro
   siempre se escapa, vuela y se va
                                      Si hoy yo no atrapo ese tesoro
                                             ya no se puede recuperar.
                                                  Vuelan  los meses
                    vuela la vida
                      y mi reloj
                       tic - tac
                          tictac
                       Tic - tac
          proclaman
        serias agujas
      el tiempo vuela
           ¡a trabajar!  Pero sé yo
       que otra voz habla en el reloj
   Me habla de un tiempo para soñar
  que no se pierde  pues  siempre está
   y  aunque  lo use  y lo vuelva a usar”

            Sigue sin entender Anaclara esa manía de los mayores de poner nombre a todo, de confundir las cosas. A ella le parece mágica la naturaleza, tan mágica como sus sueños y no entiende que:
                                                                       “Los tomates rojos
la casa, la fuente
la rama del sauce
el búho, la serpiente
¿A esta fantasía
llaman realidad?
¿Y el viento que habla?
¿Los duendes? ¿Las hadas?
¿El príncipe sapo?
¿Mi espejo y su cara?
¿Dónde los ponemos?
¿Van aquí o allá?
¡Qué manía absurda
de clasificar!”

            Anaclara es una niña observadora, que gusta de la lluvia, del viento, que interpreta los mensajes que le cuentan al oído, que sueña despierta y que trata de reinterpretar los cuentos clásicos:
“Vino un sapo al jardín
bajo la lluvia
vino de no sé dónde
sin paraguas
su piel fría
moteada
su aguda lengua fina
sus ojazos absurdos
su racimo de huevos.
Vino un sapo al jardín
y cantó largamente
y yo esperé que fuera príncipe
que me llevara
a un palacio de luz
que me dijera…
que me amara…
que me quisiera…
Pero el sapo saltó
desde mis ojos
y se perdió en la lluvia”

            Así, el hada se convierte en presencia cotidiana:

“El hada que vive en la azotea
vuela entre la ropa
tendida al sol de mayo.
Con alas de gorrión revolotea
madurando manzanas
y naranjos.
Al abrigo del viento
sobre el techo
comparte los pretiles con mi gato
y cuando llueve duermen
junto al fuego
un ovillo los dos
acurrucados.
No se aleja de aquí
porque conoce
los nombres de los perros
las costumbres del barrio
y yo sé que estará
si la preciso
sólo con invocar su nombre mágico.”

            La poesía de Mercedes Calvo es, como se ha dicho, sonora, rotunda, crece y se adelgaza al compás de las palabras, juega con las letras, las acaricia, las mima, las convierte en objetos, las hace casi jeroglíficos y, en suma, nos muestra lo pasmoso de la realidad que guarda mayor fantasía de la que a veces somos capaces de ver; pero Anaclara sí lo sabe, sí conoce el secreto:                           
“Galopa un caballo
se estira, se e s t i i i i r a
ahora es un tren
ahora una gallina
ahora una bruja
que está panza arriba.
Galopa un caballo
se hincha se hincha
se ennegrece el tren
truena la gallina.
Con un fogonazo
todo se ilumina
e inundan mi patio
caballo y gallina
un tren y una bruja
que cae panza arriba.”

Sabe bien la niña que sueña, al otro lado del espejo, que cada fragmento de ese espejo le da una muestra de algo que no es, pero que parece ser y que, al fin, la devuelve a su vida cotidiana:                             
“Voy por la orilla de un sueño
un paso aquí
y el otro allá.
Viajo en la rueda del tiempo
que ya pasó
que volverá.
Vuelo en el aire impreciso
hacia la luz
hacia la mar.
Retorno abriendo ventanas
para que entre
la realidad.”

            Tras ese viaje especial de Anaclara, al fin,

“Suena la campana
salgo de la escuela
extiendo las alas
a la primavera.
Vuelta mariposa
vuela que te vuela
visito las flores
de la tarde quieta.
Voy a los jardines
voy a las glorietas
vuelo a los malvones
y a las madreselvas.
Recorro volando
toda la alameda
y regreso a casa
para la merienda.”

Seguimos con el juego de preguntas y los especiales reflejos de las respuestas, en forma de dibujos:

“Si la derecha es la izquierda
La risa de aquí
¿es llanto de allá? 



Detrás de estos ojos
¿hay otros ojos?


                                       Mi corazón
                                       ¿es tu corazón?


Este gesto de hoy
¿se grabará en el tiempo?”

Y es que, como pura pequeña filósofa que es, como dijimos al principio se da cuenta de que:
“En la casa
de la plaza
la terraza.


Todo fluye
                       vuela
                                        pasa!

                            Tras su traje transparente
                       ¡tan real!
                     lo aparente me hace un guiño
                     de cristal.”

Antes de acabar, la propia poeta hace una advertencia:

“Observa y no lo olvides.
Son tus ojos.
Anota lo que ves.
Escríbelo en el viento”

Y, por fin, Anaclara termina ese hermoso viaje gracias a los espejos:

“Este viaje termina
en el sitio del viento.
                                               Este espejo se rompe
                                                           en la orilla del mar

Una luz pequeñita
 va a encenderse
Una página nueva
                       va a empezar.

Refrenando el vuelo
                       yo pregunto:”

            Con estos versos se cierra el libro y pensamos que más que un final es una puerta abierta, otra puerta abierta que aparece tras los dos puntos de Anaclara. En la curiosidad infantil, en los porqués de los niños hay mucha más sabiduría de la que a veces los presurosos, sabios y serios adultos sabemos ver.
            “Los espejos de Anaclara”, pues es un libro de poesía diáfana, llena de música cuyos versos forman parte de una historia entera, aunque, sin duda, no pierden ni un ápice de belleza si se leen por separado. Mercedes Calvo,  juntoal tema de la infancia recuperada, nos habla de la naturaleza, de las plantas, del viento, de la lluvia, del sonido de la campana, del especial latido de las cosas pequeñas, cotidianas que la siguen emocionando porque son tan fantásticas como la propia fantasía. Rimas asonantes y consonantes, repartidas con acierto; versos breves, apenas esbozados, al al lado de otros más extensos, aunque es el verso en arte menor el que domina; metáforas, comparaciones y una especial recreación de qué es poesía forman parte del secreto de Anaclara.
Mercedes Calvo, cuando nos habla de su libro, comenta que: ”… el lector y el libro deben dialogar a solas. ¡Quién sabe cuántas cosas hay en Anaclara que yo desconozco y que otra mirada sabrá encontrar! Lo mágico de un libro es que vuelve a escribirse cada vez que alguien lo lee.“Siempre, la poesía, se hace de a dos.”

HACIA EL FUTURO: “UNA PÁGINA NUEVA VA A EMPEZAR”

            “Los espejos de Anaclara” no puede, de ninguna manera, quedarse como obra única y ya, nos cuenta Merces Calvo que : “Por supuesto que este premio me estimuló a escribir, ha sido como descorchar una botella y han salido poemas a raudales; hay tantos proyectos que no creo que las editoriales puedan contenerlos todos. Pero en todo lo que he escrito este año descubro, asombrada, que más allá del género al cual me dedique, siempre estoy escribiendo lo mismo. Indudablemente uno no elige los temas, sino que éstos lo eligen a uno. He aprendido más de mi misma escribiendo que lo que podría haber aprendido en muchas sesiones con un psicólogo. Es más apasionante y más barato… Algunos poemas míos han sido musicalizados; me gusta también esta forma de que otros se apoderen de mi palabra y la echen a volar vestida con nuevos trajes. Por otra parte continúo trabajando en talleres de escritura de poemas con niños. No quiero perder el contacto con ellos porque es para mí muy enriquecedor.”
            Aguardamos con expectación los nuevos poemarios de Mercedes Calvo. De poesía, sin etiquetas, de buena poesía.



PARA SABER MÁS

-Calvo, Mercedes: “Los espejos de Anaclara”, FCE, 2008. Ilustrado por Fernando Vilela.






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