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martes, abril 27, 2021

"Los del medio"

Kirsty Applebaum (traducción: María Alonso Gómez)

Bambú, 2020.


"Los del medio" es una novela de acción y, a la vez, un retrato psicológico, una historia iniciática y una metáfora del alcance que puede tener en las personas un abuso de poder enmascarado de buena voluntad. Maggie tiene 11 años y es quien, en primera persona, nos cuenta el relato que sucede en un pueblo perdido llamado Fennis Wick.  A Maggie le atormenta ser la hermana del medio porque, en su pueblo, solo los mayores son considerados, solo los mayores reciben regalos y protagonizan fiestas ya que, al llegar a cierta edad, han de ingresar en un campamento para prepararse y ser los defensores de su pueblo. ¿Contra qué se libra la guerra? No se sabe bien, pero el foco de atención está en los errantes que son perjudiciales y hay que luchar contra ellos para protegerse, según les hace creer la alcadesa. A Maggie le gustaría ser algo más que la del medio y eso la hace sentir frustrada. Un día, por azar, conoce a Una, un errante de verdad, que necesita ayuda para ella y su padre. Maggie le ofrece esta ayuda, aunque su idea es delatarlos para, al fin, tener un nombre propio.

Fennis Wick vive completamente aislado del exterior, separado por una frontera vegetal tras la cual solo existe el miedo y el horror... pero ¿es así de verdad?

Maggie finalmente sí denuncia a Una, aunque lo hace forzada y sin ser muy consciente del error que está cometiendo, aunque eso es el primer paso hacia el descubrimiento de la gran verdad. Ni existe campamento, ni la alcadesa es una buena persona ni los mayores se dedican a prepararse para la guerra. No. Esa guerra absurda terminó hace tiempo y ahora la alcadesa, ansiosa de perpetuar su estatus y su nivel, se dedica a comerciar con los mayores a los que vende a cambio de comida, por ejemplo plátanos, de bombonas de gas butano y de otros elementos.

La novela transcurre a un ritmo intenso, ya que en 10 días, del 1 al 10 de septiembre, sucede toda la acción que, en los últimos momentos, llega a ser trepidante. Por otro lado, se logra un buen equilibrio con el análisis psicológico de Maggie quien no deja de reflexionar, de hacerse preguntas, de observar su mundo y a los seres que la rodean. Entre estos está su familia, sus padres, el hermano mayor y el pequeño, el pintor de retratos (que esconde una historia terrible y muy dura), los compañeros del colegio, Una, su padre y la Alcaldesa, quien, pasa de ser una benefactora a ser una persona odiosa. 

"Los del Medio" es un texto que puede gustar a los lectores desde 11 o 12 años en adelante que permite una reflexión importante acerca de lo que esconden, a veces, las apariencias y de que las costumbres que se perpetúan sin averiguar el por qué, si vulneran los derechos humanos, no deben sostenerse y es bueno revelarse frente a los abusos de poder y, además, catártico, ya que todo el pueblo sale reforzado.

Maggie, en fin, vive un momento iniciático en su vida puesto que, tras esos días vividos con total intensidad, no volverá ser una niña cobarde ni miedosa, sino que adquirirá sus principales rasgos de identidad, la honestidad y el valor.


 

martes, agosto 18, 2015





El vuelo de las luciérnagas,
Ana Alcolea.
Ilustraciones: Juan Bauty,
San Pablo, 2009.

El vuelo de las luciérnagas es, sencillamente, un libro delicioso no solo por la historia que narra sino por cómo se narra. La magia, la imaginación, los recuerdos, las palpitaciones del pasado afloran al presente y permiten a nuevas generaciones sentirse en consonancia con sus ancestros. Y aún hay más.
Cerca de Génova, en una casona familiar, se van a celebrar las bodas de plata de los abuelos de Mariana, una joven adolescente española, de ascendencia italiana, que vuelve, con su madre, al escenario de su infancia, en la casa de los abuelos.
Poco a poco, van apareciendo el resto de los personajes, los primos de Mariana, sus tíos y, en especial la tía Angélica, una mujer autonóma, comisaría de policía, muy parecida, en aspecto y carácter a la propia Mariana.
La casa, como un animal dormido, se va despertando poco a poco y va dando, a cada personaje, aquello que necesita. Los recuerdos de los que se nutren la vida, la memoria de una infancia o la historia a veces no tan plácida... 
Por un lado, Mariana, su primo Carlo, a veces Marcella y, casi siempre, otro amigo, Mauricio, van a entender que los misterios a veces, sin aun saberlo, están compartidos y que un secreto puede pasar de generación a generación. Así, descubren un cuchillo oxidado a los pies del viejo teleférico, con el que se pincha Marcella y eso les lleva a fabular, aunque la respuesta la da el abuelo, en los últimos momentos del relato. También hallan una cueva que contiene un extraño secreto: tres muñecos de porcelana sin ojos, cuya explicación es más sencilla de lo que hubiéramos imaginado nunca, pero le da ese toque de misterio tan importante para el lector que se interna en una aventura como la que nos narra Ana Alcolea.
El vuelo de las luciérnagas es un texto metafórico, empezando por el título. Las luciérnagas, con su luz tenue, son un reclamo para todos los personajes y permiten conjugar las distintas historias; pero también lo son las ardillas que corretean por el tejado y las propias serpientes de agua que hay que espantar con un bastón.
El libro guarda muchos secretos, como las recetas transmitidas de generación a generación, o la memoria hitstórica del abuelo que habla de las guerras pasadas y se conmueve al hacerlo, o el amor latente entre Angélica y Marco que acaba resolviéndose al final.
Es un texto, aparentemente sencillo, puesto que va destinado a niños desde 10 años, pero con una fuerza extraordinaria. Un texto cargado de símbolos, acaso uno de los más potentes sea el viejo teleférico que acaba funcionando de nuevo. Dividido en 24 capítulos, va desgranando la historia, con mano diestra, hasta las respuestas finales.
Además, Juan Bauty, con sus ilustraciones, da la cara a los personajes, los dulcifica, gracias a sus colores cálidos, y nos los acerca, nos los hace más entrañables.
El vuelo de las luciérnagas es, por otra parte, una novela iniciática. Ni Mariana, ni sus primos, por supuesto, ya volverán a ser los mismos después de ese encuentro. Es una novela que mueve emociones, que pulsa cadencias, que hace aflorar el pasado, que permite reconciliaciones y que une a los miembros de una misma familia en un proyecto común, plagado de pequeñas confesiones y de muchas complicidades.
Cabe añadir que es un libro que puede gustar a cualquier tipo de lector, así que...¿por qué no dejarse seducir por el vuelo de unas criaturas tan efimeras y gráciles como las luciérngas? Ana Alcolea tiene varias respuestas y todas abiertas.

martes, julio 08, 2014



La isla de Susú 
Antonio G. Iturbe - Alex Omist,
Edebé, 2014.




 La isla de Susú es uno de esos libros frescos, ágiles aunque repletos de referencias literarias. Leyendo las aventuras de esta niña obstinada que es Susú uno tiene la impresión de estar ante una Pippi Langstrump, aunque más socializada, puesto que Susú se deja aconsejar y sus aventuras no son tan locas como las de Pippi.

Susú llega a la Isla Marabú con la intención de iniciar un proyecto muy ambicioso como es el de cultivar un jardín acuático. Llega acompañada de su loro, Tío Rufus, quien se muestra malhumorado y siempre dispuesto a pronunciar la misma frase: ¡Completamente equivocado! (unas veces tiene razón y otras no, todo hay que decirlo). No obstante, Susú no rompe con su vida pasada, ya que mantiene mucho contacto con sus padres por carta y los echa de menos. Ahora bien, sí se podría decir que es una especie de Robinson Crusoe a la hora de iniciar una nueva vida.

El capitán que la lleva a la isla le advierte que Marabú es un lugar habitado por seres muy especiales, a los que califica de “locos”. Susú no le hace caso y va aprendiendo de su propia experiencia. Así, conoce a la señora Pomponius, quien dirige el único hotel de la isla y tiene una curiosa afición por la gastronomía. Se encuentra con Maui, uno de los hijos de la familia Karité, con quien tiene una mala experiencia inicial ya que piensa que quiere comérsela. En ese momento, Susú se deja llevar de los prejuicios y observa que Maui va ataviado con un “taparrabos y varios tatuajes”. Gracias al farero, el señor Zin, aprende a no juzgar por las apariencias y Maui se convierte en uno de sus mejores amigos. Susú demuestra que, aunque existan diferencias culturales o raciales, es posible la amistad; es más, ella acaba aprendiendo de la generosidad de la familia de Maui.

El señor Zin es quizá uno de los mejores personajes del relato. De origen oriental, el anciano Zin aporta la nota de filosofía zen y, con sus palabras y reflexiones, muy alejadas de la prisa y del tener, va calando en el ánimo de Susú. En este momento, es cuando encontramos guiños a El principito. Concretamente, en el episodio del árbol. Susú quiere cortar un árbol que estorba y le impide salir de casa, pero Zen le hace ver el error que eso supone y Susú entiende que es “su árbol” y establece con él una relación especial, como el principito y la rosa.

El último habitante de la isla es almirante Doblón, un pirata usurero y ambicioso, que se pasa la vida corriendo y tratando de aumentar sus caudales.

Susú, rodeada por estos personajes, va iniciando su labor. Al principio le cuesta, tiene que superar obstáculos, pero acaba empleando el ingenio, la observación y la paciencia para lograr cultivar un jardín bajo del mar –y alimentarse de forma sana-, a la vez que se hace amiga de los habitantes de la isla.

Susú tiene una forma de hablar muy alegre, es una niña directa, franca, no se anda con rodeos y maneja la palabra “jopeta” con frecuencia. Es una niña que aprende rápido y que descubre que las cosas no se miden por su valor material, sino por otro valor mucho más profundo.

En su primera aventura titulada “Un jardín en el fondo del mar”, se describe cómo es la isla, los personajes y los primeros momentos de Susú en la misma, así como los obstáculos que tiene que superar. En la segunda aventura, publicada hasta la fecha, “¡Silencio, se rueda!”, se produce un choque de culturas por así decirlo, ya que a la isla llegan un grupo de personas con la pretensión de rodar un anuncio publicitario. Se producen malos entendidos graciosos y Susú está al punto de sucumbir ante el brillo de la fama. No obstante, la serenidad del señor Zin y el ejemplo de Maui la retornan a la sensatez.

Antonio G. Iturbe es el autor de esta serie destinada a los lectores a partir de ocho años y que presenta un formato muy atractivo. Son libros con tapa dura, fácilmente manejables, organizados en breves capítulos y con una tipografía que resalta aquellas frases, nombres o términos especiales para que el lector se mantenga atento.

 Las ilustraciones de Alex Omist son un ingrediente crucial puesto que no solo presentan a Susú y a sus nuevos conocidos, sino que se recrean en los detalles, en el paisaje, en el color del cielo, en la vegetación y los animales (terrestres y acuáticos). Las ilustraciones de Alex Omist se intregran perfectamente en el texto y resaltan la luz, la alegría y la ternura de La Isla de Susú.

En suma, una lectura más que recomendable en estas vacaciones.


Publicada en Pizca de Papel

lunes, junio 30, 2014





Alfredo Gómez Cerdá
Las venas de la montaña negra,
Edelvives, 2012

Las venas de la montaña mágica forman la quinta entrega de las aventuras de Nico y, como en anteriores ocasiones, no defraudará a sus lectores (de 10 años en adelante). Alfredo Gómez Cerdá no se limita a escribir una novela emocionante y dinámica, que ya serían dos buenas cualidades para un relato; sino que va más lejos y muestra, a través de los ojos de Nico y Marga, una realidad terrible y dramática como es la de los niños mineros de Bolivia, niños obligados a trabajar en unas condiciones terribles. Alfredo Gómez Cerdá se esconde detrás de sus personajes, pero emplea su pluma para denunciar esta realidad, por desgracia, vigente.
Nico y Marga se encuentran en perú visitando la ciudad de Machu Pichu y allí conocen a Eric Modesto, un muchacho que se gana la vida como "chasqui", a cambio de unas monedas de los asombrados turistas. Eric, no obstante, se ve obligado a cambiar de miras y es ahí donde entra la solidaridad de Nico y Marga quienes intentan por todos los medios disuadir al muchacho. La amistad, el honor, la injusticia, las desigualades sociales, la generosidad y la curiosidad son elementos indispensables del relato.
Aparte del retrato humano de los personajes, la novela ahonda en la cultura inca y ofrece una muy buena documentación para que el lector entienda parte de ese pasado esplendoroso y la superstición que aún genera (la esfera de oro, por ejemplo, o el huaca). El autor aporta múltiples detalles de las ciudades, las culturas, los edificios y el paisaje; tantos que permiten al lector situarse al lado de Nico y Marga y seguir con ellos, conteniendo el aliento, una aventura que podría haber sido muy peligrosa.
La novela se estructura en 13 capítulos que van acotando la historia y marcando un ritmo, como ya dijimos, rápido, casi trepidante en los últimos momentos. Novela espléndida, muy bien narrada que no debería faltar en el equipaje de los lectores para este verano. Con Las venas de la montaña negra el viaje está garantizado.  

martes, enero 22, 2013



 

Al otro lado de la esfera,
Consuelo Jiménez de Cisneros,
Luis Vives, 2011. Alandar, 78.

Al otro lado de la esfera, de Concuslo Jiménez de Cisneros, es una novela emocionante. A simple vista se podría decir que, por el tema, es una novela histórica, aunque, como veremos, va mucho más allá.
El relato, estructurado en varios capítulos y escrito en tercera persona, escoge como personaje a Pedro, un joven niño, de Castilla que, al quedarse huérfano de padre, ha de ir a La Rábida con un pariente y allí completará su educación. Pedro es un muchacho despierto, muy observador y discreto que vivirá la aventura de su vida, ya que será uno de los grumetes que acompañe a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América.
Ahora bien, que ningún lector piense que la novela es aburrida ni predecible, en absoluto. No aburre porque la autora sabe meterse en el alma de los personajes, en su trastienda por así decirlo. Parte de unos hechos históricos documentados, pero sabe cómo ahondar en las emociones y en los sentimientos.
Los personajes están hábilmente trazados y parece que el propio Colón sea también un ser de ficción o que los de ficción sean reales, tal es la simbiosis que se establece. De estas criatura destaca el plano de carne y hueso, sus anhelos, sus dudas, sus vacilaciones y su grandeza como seres imperfectos que son. El propio Colón es el ejemplo de lo que estamos comentando.
Al otro lado de la esfera narra el gran descubrimiento que hizo que el mundo fuera otro y añade el resto de viajes que hiciera Colón y los sinsabores por los que tuvo que pasar.
Se cierra con la muerte del almirante y la explicación de dónde están sus restos…
Pedro, por su parte, ha crecido, es un joven que ha aprendido a vivir, a luchar por lo que quiere, que sabe qué es la amistad y el respeto y que encuentra, al fin, el amor. Pedro ha vivido, por lo tanto, un viaje iniciático al lado de Cristóbal Colón.
La novela está repleta de curiosidades, de descripciones, de detalles que permiten al lector curioso imaginarse cómo fue de verdad la conquista. El relato mezcla, sabiamente, historia con ficción e incluye algunos episodios emocionantes y continuas reflexiones que hacen que el lector se sienta, aún, parte de esa expedición.
El propio Colón escribe, al final, una especie de testamento que viene a ser un poco esa reflexión que nos podemos hacer en voz alta tras la lectura:
“Mucha gente nos juzgará en el futuro. Para unos, seremos santos y héroes; para otros, villanos y esclavistas. Sólo Dios puede examinar nuestros corazones y el afán que guaba nuestro espíritu. Al hombre corresponde únicamente examinar los hechos: yo fui el primer, los demás me siguieron. Yo abrí el comienzo de una ruta que otros completarían”.
En suma, una novela destinada a los jóvenes lectores que también atrapará al lector adulto.

jueves, junio 07, 2012

Mandrágora,
Laura Gallego, Pearson 2012.
Alhambra Joven.



Mandrágora se publicó por primera vez en 2003. Ahora se ha recuperado en rústica y, sin duda, muchos serán los jóvenes lectores que se interesen por las aventuras de Miriam en la corte del rey Héctor.
Laura Gallego enlaza la magia con el amor, el respeto a la tierra, la amistad y la Edad Media, puesto que la acción se desarrolla en una corte medieval. El rey Héctor necesita un nuevo sabio porque el anterior, Cornelius, desapareció en extrañas circunstancias. Lo que no sabe es que se dedicaba a la nigromancia y que estaba al punto de organizar un verdadero ejército de caballeros espectrales. El nuevo sabio es Zacarías que pide, como requisito, que lo dejen vivir con su discípulo. Zacarías no va acompañado de un joven, como todos esperan, sino de su hija, Miriam, una chica que ha viajado mucho, que sabe leer, que está instruida, pero que desconoce las artes de una corte.
Mandrágora defiende la educación de la mujer y nos habla de un tiempo en que las jóvenes de clase alta, princesas y nobles, solo eran educadas para lucir bien, para ir bien vestidas y peinadas y, en todo caso, sabían bordar. De ahí que Miriam choque con su pelo rizado, sus modales poco femeninos y su gran sabiduría; ahora bien, a Miriam, como a cualquier otra joven, también le gusta gustar y también le llega el momento de sentirse enamorada, aunque sea de la persona equivocada, el príncipe Marcos.
La corte del rey Héctor es una corte que está instalada en la paz, algo tópica, muy cercana a los cuentos de hadas, aunque con cierta crítica hacia esos estereotipos, no solo por la alusión a las mujeres instruidas, sino por otros detalles, como el papel de la reina o el de la dama Brígida.
El libro también alude a algunos temas muy queridos por Laura Gallego, como son las Guardianas del Bosque, mujeres que dedican su vida a proteger la naturaleza y a recordar que sin ella el mundo no es nada porque en las fuerzas telúricas está la verdad. Es más, la propia Miriam descubre, asombrada, que ella misma es una Guardiana del Bosque, aunque al principio no lo acepte, porque no quiere ser bruja, aunque lo es. Miriam, de alguna manera, crece a lo largo del relato y entiende que ha de buscar su propia vida.
En suma, Mandrágora es un libro interesante, cuajado de referencias al latín, a la Edad Media, a las artes mágicas, a la ley de la caballería. Es un libro que gustará a los lectores desde 12 años porque, de alguna manera, plasma el crecimiento emocional que ellos mismos puedan seguir, con independencia del tiempo y el lugar. Miriam aprende a aceptarse y quiere seguir madurando, aunque eso le suponga renunciar a algunas cosas que también le gustan. Aprende también a respetar a los demás y a no juzgar de antemano. Buenas herramientas para ir por la vida.

lunes, abril 02, 2012


El Reino de Eidos,
Silvia Gosp,
Valencia, Alupa Editorial, 2011.



Tal vez Platón tuviera razón al postular que existía un mundo de formas (eidos) universales más allá de nuestra propia realidad. Ése es el mundo que Lucía ve en sueños y el que peligra ya que está al punto de caer en manos del maligno ya que los Hecatonquiros se están apoderando de él. Esta trama, tan aparentemente abstracta, es la que se narra en El reino de Eidos, de Silvia Gosp. Ahora bien, la narradora reviste el tema de una serie de aspectos tan atractivos que cuando se acaba la última página, el lector no sabe si ha vivido un sueño, una pesadilla o una historia de suspense, pero sí sabe que lo ha vivido al lado de personajes casi reales, como Lucía y Héctor.
No es la primera vez en la literatura, ni será la última, seguro, que un humano mortal viaja al submundo. Ya lo hizo Dante en La Divina Comedia. Y, mucho más recientemente, en la literatura juvenil, lo ha repetido Anne Ursu en su trilogía Las crónicas de Cronos. Silvia Gosp retoma este viaje al más allá y envía al submundo a tres jóvenes adolescentes, Lucía, Héctor y Rosa, quienes, cada uno a su manera, tienen una misión qué cumplir.
Caronte, Cerbero, la Medusa, las Erinias, Sísifo, Hermes y varios personajes mitológicos forman parte de este tejido narrativo que Silvia Gosp nos ofrece en su primera novela.
Lucía es una joven que tiene sueños especiales, casi pesadillas. Sueña invariablemente todos los lunes. Es una chica reservada, ensimismada en su mundo. Su padre decide enviarla una semana a unas colonias de inglés, contra su voluntad. Lucía, que no tiene madre, no ha encontrado su lugar en la vida. En el barco que los llevará al destino, coincide con Héctor, un joven conocedor de la mitología, ya que su abuela, una anciana ciega y sabia, le contaba cada noche un relato de un libro titulado, precisamente, El reino de Eidos. Con Héctor, Lucía, por primera vez, puede mostrarse sin reservas y ser ella misma. También coinciden con Rosa, una compañera de Lucía, bastante engreída, hija de Esther, amiga especial del padre de Lucía.
Lucía es capaz de ver más allá de las apariencias y detecta que algo no marcha bien. Es, por decirlo así, una persona de una sensibilidad clarividente. En las colonias, acaban viviendo su primer descenso al submundo. De vuelta a casa, el padre de Lucía desaparece y ésta acaba descubriendo, gracias a la abuela de Héctor, muchos de los secretos de su pasado. Su padre guardaba, en un libro hueco de Alicia en el país de las maravillas, una clepsidra, que tiene un gran poder si cae en las manos equivocadas. Además, conoce la historia de las Lucías y entiende mejor su misión. Acaban todos en un caserón de Etxalar, en Pamplona, echándole un pulso al maligno y descubriendo aún, más horrorizados, la verdadera identidad de Rosa y su madre y, lo que es peor, del propio padre de Héctor. Encuentran al padre de Lucía y todo parece terminar bien, aunque… la novela, en su último párrafo, adelanta su posible continuación, ya que el mal sigue acechando entre las sombras.
El Reino de Eidos es un relato narrado en tercera persona y escrito de una manera clara, amena y muy directa. Es fácil quedar atrapado en las páginas del relato que, por otra parte, combina imaginación, con suspense, notas de terror y mucha fantasía. No es solamente una novela que emplea la mitología como pretexto, en absoluto, ya que los tres personajes protagonistas viven sus propias existencias y, sin duda, se seguirán desarrollando en próximas entregas porque no dudamos de que ésta sea la primera parte de una posible trilogía. Animamos, si no, a la autora a que continúe la historia.
Por otro lado, el lector joven entenderá muy bien los sentimientos y reacciones de los personajes puesto que son adolescentes como él. Lucía cree que se está volviendo loca a causa de sus sueños y va al psicólogo para tratar de entenderse a sí misma. Héctor arrastra un pasado familiar que lo ha marcado de por vida. Y Rosa es difícil de definir porque ofrece distintas caras. Es un personaje que puede parecer odioso, pero que tal vez no lo sea, ya que su psicología es bastante compleja.
Otros personajes como el de la abuela ciega de Héctor beben directamente en los cuentos tradicionales, ya que esta anciana no necesita ver para entender ni para saber, puesto que su sabiduría irradia del interior.
No faltan objetos mágicos como el peine que la madre de Lucía le legó al morir y que acaba siendo su arma más poderosa contra los que quieren acabar con Eidos. Las mariposas con las que soñó Lucía, los cristales, la pureza de Eidos, la magia, la clepsidra, el paso del tiempo, los enigmas… son elementos que ayudan a que la novela se lea con fruición.
El Reino de Eidos es también una novela iniciática, de maduración, que permite a Lucía entender su verdadera identidad, al tiempo que mostrarle todo el potencial que custodia en su interior. Es, en suma, una novela bien trabada, que ayudará a los jóvenes a entender la mitología, pero que también les permitirá vivir una aventura sin igual.

Primer capítulo

domingo, febrero 05, 2012



El espíritu del último verano,
Barcelona, Edebé, 2011.



Fran sueña con su abuela y ese sueño tan perturbador remueve su alma. Tanto es así que decide volver al escenario de su infancia, a la Casa del Árbol, aunque seis años son muchos años y, a menudo, lo mejor del pasado está, precisamente, en la memoria.
El espíritu del último verano, premio Edebé de Literatura juvenil 2011,  juega con los valores simbólicos, pero de una manera realista porque, a menudo, la verdadera magia se esconde en lo cotidiano. Todos los años, durante el verano, la familia de Fran se trasladaba a la casa de los abuelos, a la Casa del Árbol y allí Fran, el niño y el adolescente que fue –y que sigue siendo en el recuerdo- se sentía libre y feliz. Nada hacía presagiar que, las últimas vacaciones serían distintas y, sin embargo, lo fueron, de ahí el título del libro.
La novela puede calificarse de novela iniciática e intimista, aunque es mucho más que eso, porque Susana Vallejo le añade elementos de novela de intriga lo cual hace que se lea de una manera rápida, a un ritmo casi trepidante. Se describen las aventuras típicas de los jóvenes, con paseos en bicicletas, con excursiones familiares, con primeros amores –y amores al margen de las convenciones sociales-, aunque la autora se apoya en bases mucho más sólidas como son el recuerdo y el paso del tiempo. Así, la novela presenta una doble línea temporal, por un lado, el Fran adulto, el Fran actual que vuelve al escenario de su infancia y, por el otro, lo vivido durante aquel extraño verano en que murió su abuela Flor.
Ese último verano la familia de Fran siguió mostrándose tan excéntrica como siempre y siguió funcionando del mismo modo. Su abuela, incluso, presidió una sesión de espiritismo, a las que tan aficionada era, en la que se anticipó la muerte de alguien de la familia, de alguien cuyo nombre empezaba por “F”. Muchos eran los candidatos, pocos los elegidos.
Por otra parte, en el relato se cuenta una aventura tan extraordinaria como es el hallazgo de un documento que los lleva a la pista, a la pista del tesoro de la Reina Mora. Los jóvenes, Fran, Alba y Feli, se entregan en cuerpo y alma, secundados por los adultos, a ese misterio y están al punto de descubrirlo. Al punto. En realidad, los abuelos, Ricard y la propia Flori, han sido los hacedores de la aventura y se lo han pasado muy bien haciendo que los chicos vivieran apasionadamente ese verano. El último.
Susana Vallejo escribe con garra, con fuerza, lleva al lector del remanso emotivo a la aventura en esta puro, de la realidad a la Edad Media, de la magia a la cotidianeidad. La novela se lee sabiendo el final, pero ignorando cuál es el secreto de la Reina Mora. Solo Fran averigua, tras 6 años, en una casa que va a ser demolida, cuál fue ese secreto y cuál fue el mensaje de la abuela. Solo él lo ha entendido.
La Casa del Árbol, según cuenta la autora, existió. También existen los lugares que se describen en el texto y el castillo de San Iscle se puede visitar en Barcelona. Ahora bien, la autora los reviste de esa aureola entre mágica y legendaria que hace que parezcan lugares inventados y, en parte, lo son porque en el relato aparecen tamizados por el subjetivismo del narrador.
El espíritu del último verano, en suma, es una novela conmovedora que tiene el don de unir a lectores de todas las edades porque, todos, en algún momento, se sentirán identificados con ciertos personajes. Es un relato limpio, escrito en primera persona, que traza una especie de círculo temporal en el que Fran es el destinatario. Fran que ya no es un adolescente, Fran que ha madurado, siente la necesidad de volver a su infancia y encuentra muchas respuestas. Su Arcadia va a desaparecer físicamente, no su espíritu… ése inunda todas las páginas del libro, sacude al lector y hace revivir –que es vivir dos veces- a Fran.

lunes, enero 23, 2012

Ana Alcolea,
Oxford, Madrid, 2010.
(El árbol de la lectura, 6)




La escritora Ana Alcolea imprime su sello propio en cada uno de los libros que presenta. Su obra es ya lo suficientemente amplia como para observar algunos elementos o temas constantes que, de alguna manera, señalan y acotan el universo narrativo de la autora.
En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta aparecen, por lo tanto, algunos de estos aspectos. Para empezar es una novela iniciática, que marca la evolución hacia la madurez de sus dos protagonistas, Carolina y Valentín. Por otro lado, se inicia con un viaje que, partiendo de España, concretamente de la patria chica de Ana Alcolea, Zaragoza, lleva a la joven, Carolina, a Zúrich, a pasar el verano con una tía y su familia. A ello se añade que Carolina no está pasando muy buen momento, por la separación de sus padres y necesita un cambio para darse cuenta de quién es y adónde va, lo cual, insistimos, es característico de los personajes adolescentes de Ana Alcolea. Además, en la trama aparece la figura de una anciana que, con su memoria y sus recuerdos, pone el punto de la experiencia, que la autora tanto valora. Hay, también, descripciones de la naturaleza llenas de fuerza que suelen aparecen en las obras de la escritora aragonesa. La naturaleza en estado puro frente al mundo retocado por el hombre. No olvida las pinceladas de culturas y esas reflexiones especiales que hacen sus personajes a la hora de encarar le vida y sus misterios.
La sonrisa perdida de Paolo Malatesta no es, sin embargo, una novela tópica ni repetitiva. Carolina es la joven que viaja a Zúrich y conoce a Valentín, un joven remero, con el que congenia enseguida y, con el que tiene su primera experiencia amorosa.
En la novela hay amor, viaje iniciático y suspense, puesto que se aborda el robo de varias obras de arte, una de las cuales, una cabeza de Paolo Malatesta –de ahí el título- aparece en el fondo del lago en el que Valentín suele remar. Por casualidad, los jóvenes encuentran la cabeza y, poco a poco, se va desgranando una trama llena de intriga y muy bien resuelta. Otros personajes aparecen para ayudar a la pareja protagonista, el comisario de policía Marius Schroeder, que emplea unos métodos especiales para lograr resultados, la vieja actriz Adine, quien guarda en su pasado una vieja historia que hace que las emociones de todos se remuevan y, en fin, los padres de Valentín, que sin estar separados lo parecen o los tíos de Carolina, una pareja bien avenida –cuya hija pequeña aún no habla- o el sobrino de Frau Adine, Gerard. No hay que olvidar al perro de la dama, Rolando.  Todos acompañan el devenir de Carolina y Valentín, dos jóvenes que se conocen y se reconocen, que comparten mucho más que una aventura y que muestran, cobre todo Valentín, una sensibilidad muy marcada. Ana Alcolea se fija en los pequeños detalles y los analiza de una manera cercana y, a la vez, llena de sensibilidad.
Otros elementos juegan un papel simbólico en el relato, como los aromas. Valentín apenas tiene olfato, mientras que a Carolina le encanta el olor de las flores y pretende apresarlo a cada instante y la dama Adine emplea el perfume de los lirios del valle, como su fragancia definitoria. El comisario de policía, por su parte, escoge un perfume distinto en cada momento.
La gastronomía es también interesante, sobre todo la repostería. Adine prepara una mermelada de mirtilos que es una delicia y hace que los dos jóvenes vayan a recogerlos para que disfruten de ese momento especial. El café Odeón de Zúrich es una referencia importante para Carolina y Valentín, sobre todo el pastel de ruibarbo.
Enlazando con lo anterior, la propia ciudad de Zúrich se convierte en un personaje más que parece tener vida y sentir como los humanos. Ana Alcolea se recrea en describirla y en dotarla de alma y hacerla, así, más cercana.
El elemento cultural es importante en el relato. Así el título alude a la relación entre Malatesta y Francesca de Riminí que tanto tuvieron que penar por un beso. Una de las obras desaparecidas, precisamente, se atribuye a Rodin quien esculpió ese beso eterno y lo situó en las llamadas “puertas del infierno” de Zúrich. Y es que el propio Dante se dolió del final de la pareja de enamorados que se convierten en símbolo del amor frustrado. Otro beso, esta vez real, es el que se dan Carolina y Valentín que hace que su vida cambie y se transforme. Las vidrieras de Chagall, con su luminosidad, son el contrapunto positivo frente a las “puertas del infierno”.
En La sonrisa perdida de Paolo Malatesta la memoria y el pasado son también referencias importantes, motivo de respeto y de reflexión. Como dice el comisario de policía: “Uno se pasa la vida guardando cosas, comprándolas, disfrutándolas; luego se muere y los herederos lo venden todo sin piedad. Triste”.
La novela, en definitiva, está llena de momentos vividos, de frases reposadas y de mucha emoción. No obstante, también es una novela muy entretenida de leer ya que presenta una estructura bien trabada. Al principio, los capítulos son reposados y casi descriptivos y, poco a poco, las coordenadas temporales se imponen y hacen que la trama se precipite hacia un final sorprendente para el lector.

martes, noviembre 22, 2011

El escritor asesino,
Blanca Álvarez,
Barcelona, Edebé, ( 8 2005). Periscopio, 46.




Jaime es un joven que, en principio, tiene la vida asegurada. Sus padres están separados y él vive con su padre en una zona residencial sin ningún contratiempo hasta que su mundo se fractura. El padre de Jaime, un escritor de moda, mujeriego y pretencioso, es acusado del asesinato de la última de sus conquistas y, a partir de ahí, comienza el verdadero desarrollo personal del muchacho quien, con la ayuda de una amiga, Carlota, deja atrás su confortable burbuja y descubre que, más allá de su casa, de su escuela, de su pequeño mundo, late otra realidad, acaso más peligrosa, menos cómoda, pero también mucho más interesante. Cabe señalar que el personaje del escritor siempre se conoce de forma indirecta
El escritor asesino, de Blanca Álvarez, es una novela de suspense, ya que Carlota y Jaime se dedican a investigar, de una forma no siempre ortodoxa, qué cabos sueltos hay en la investigación que ha condenado al escritor. No obstante, este aspecto, que es el hilo conductor del relato, no es lo más atractivo de la novela. Para nuestro gusto, lo mejor de la novela es la capacidad de la autora de entrar en la mente y el corazón de un adolescente y saber reproducir, sin fisuras, sus pensamientos. Jaime escribe en primera persona, de manera retrospectiva y recuerda el momento en que su padre vivió en la cuerda floja, no obstante ya advierte que todo se solucionó y, pese a ello, el lector tiene curiosidad y sigue leyendo. Ése es un mérito excepcional en una época en que la prisa parece ser el valor más preciado.
El escritor asesino es, en definitiva, una novela iniciática en donde un joven aprende a valorar lo que tiene, a mirar con otros ojos a su alrededor y a incorporar nuevos amigos y experiencias. Para Jaime participar en la resolución del conflicto de su padre es algo crucial, un punto de inflexión en su vida, ya que es la primera vez que hace algo importante. Hasta ese momento: “… yo tenía la sensación de vivir en una nube, en algún lugar irreal, inventado por otros y sin que yo hubiera elegido ese papel. […] Tal vez sea cierto que nos lo dan todo tan preparadito como una papilla para bebés y no acaban de crecernos los dientes. Lo malo es que nos crece la indolencia”.
La novela, por otro lado, es también un ejercicio de higiene acerca de los misterios de la literatura. El padre de Jaime es un escritor muy leído, aunque no todos en su profesión opinan lo mismo y, como bien se pregunta su hijo, “¿Quién decidía lo que era literatura con mayúsculas o pura estética de almanaque, como decían algunos de los críticos que mi padre leía?”.
El escritor asesino, por otro lado, nos introduce en distintos ambientes. Va de un lado a otro, por un Madrid que a Jaime, a menudo, le resulta desconocido. Se introduce en las agencias que investigan lo que sea sin pedir muchas explicaciones. Sabe de los anticuarios. Conoce el ambiente nocturno de la ciudad y aquel otro ambiente de la llamada “gente guapa" que, como la presunta víctima del escritor, tienen mucho qué ocultar en la trastienda, pese a sus aparentes vidas de éxito.
Blanca Álvarez escribe una novela equilibrada, no exenta de humor, en la que todas las piezas se van dando la mano y en la que no hay resquicios. Jaime es quien tiene la última palabra y quien recompone el puzzle de esos días en los que su padre estaba preso, acusado de asesinato.
La amistad, las falsas apariencias, el honor, la complicidad, el humor, la superación de los estereotipos y muchos otros aspectos son importantes en El escritor asesino.
Una novela, en suma, rápida y vibrante, pero también reflexiva y muy bien construida. Hay que añadir que la edición que se está comentando es la octava, por lo tanto, sigue siendo una obra muy leída y… valorada. Y con motivos.

martes, noviembre 08, 2011



Víctor y los romanos,
Maite Carranza. Ilustrado por Agustín Comotto
Barcelona, Edebé, 2011.



Víctor Llobregat o Víctor Yubakuto, como a él le gustaría ser llamado, cree que está al punto de cambiar de vida y ni se imagina hasta qué punto. En la anterior entrega, Víctor y los vampiros, lo dejamos emocionado porque iba a empezar en un colegio nuevo y porque, además, tenía también dos nuevos amigos, los Bel, Yoyo y tormenta. En la segunda aventura, Víctor y los romanos, Víctor comprende que los cambios no siempre son para mejorar. Y si bien ha dejado atrás a una profesora por la que sentía antipatía, ahora se da cuenta de que, en el colegio, forma parte de la banda de los “pringaos”. Ni los Bel ni su amigo mutante, el Melón, ni el propio Víctor, son capaces de enfrentarse a Barbero, el líder de la clase, el más bruto de todos y un peso pesado difícil de esquivar.
En este nuevo curso, Víctor aprenderá qué se siente formando parte de la minoría, aparte de descubrir lo importante que es la amistad y lo difícil que puede ser llevarse bien con su familia o, simplemente, llevarse.
Víctor tiene dos hermanos mayores, una chica y un chico. Aurelio es en especial un hermano extraño de definir, grande, peludo, excéntrico y… con un precioso portátil que se convertirá en parte esencial de esta aventura. Además, le ha dado por hablar en inglés, con lo cual la comunicación no resulta del todo fluida.
Toda la familia de Víctor le aconseja qué ha de hacer en clase para triunfar, todos lo hacen y ninguno acierta.
Por otro lado al tutor del grupo, Rafa, no se le ocurre otra cosa que llevarlos de colonias a Tarragona para que, en una especie de juego de rol, se repartan entre dos bandos, los romanos y los íberos. ¿Adivinamos a qué bando pertenece Víctor?
Víctor y los romanos, de Maite Carranza, es un texto muy meditado que se lee de forma fluida. La autora, sin duda alguna, ha pensado muy bien en cada una de las características psicológicas de Víctor y sus amigos. Gracias al sentido del humor y a las ocurrencias chispeantes de la banda de los íberos se demuestra que las peores situaciones pueden superarse sin aparentes traumas. De otra manera, Víctor no levantaría cabeza porque le pasa de todo. Desde enemistarse con su mejor amigo, Melón, hasta sentir celos de Yoyo, pasando por la impotencia de perder el ordenador de su hermano y por varias humillaciones a que lo somete Barbero; pero Víctor tiene un arma genial: su inventiva, su gracia a la hora de inventar apodos y esa especial socarronería con la que cuenta los peores sucesos, que a otro le amargarían la vida. Hay momentos muy especiales en el libro, como cuando se alude continuamente al viejo Monopoly de la abuela del Melón que más que un regalo es una condena, ya que, como piensa Víctor, mejor que nuestros padres no nos regalen ningún juguete especial, ya que con ello lo que hacen es regalar “recuerdos” y es difícil jugar con eso por su carga emocional.
Maite Carranza aprovecha para demostrar que la historia no es ningún rollo, que puede explicarse de forma festiva y directa, como sucede aquí gracias  también a las viñetas de Agustín Comotto. El lector conocerá a Julio César, sabrá quien era Augusto, descubrirá los entresijos de los íberos y aprenderá por qué los romanos invadieron la Península, y todo ello sin lecciones espesas ni grandes solemnidades.
Víctor y los romanos es un libro muy divertido, que se lee deprisa, porque las aventuras son continuas y las reflexiones de Víctor son tan acertadas y ocurrentes que el lector tendrá la impresión de que es él el único receptor. Nadie más que un niño de la edad de Víctor entenderá los pequeños detalles que conforman una amistad y que los adultos hemos olvidado. Víctor sabe que “cuando tu mejor amigo te dice que esa noche te llamará para preguntarte de qué llevarás el bocata al día siguiente, el resto de las cosas no importa”. Claro que no.

martes, noviembre 01, 2011




Maite Carranza. Agustín Comotto
Barcelona, Edebé, 2011.

Víctor y los vampiros es la primera entrega de una serie protagonizada por Víctor, un niño de 11 años con el que es difícil aburrirse. Maite Carranza es la autora del relato al que imprime su estilo humorístico, a veces disparatado, siempre fresco y ocurrente.
Víctor Llobregat está loco por todo lo que sea japonés; de hecho a él le encantaría llamarse Víctor Yubakuto y vivir en una tira de cómic manga. Sería feliz así, aunque también le gustan otras muchas cosas que no coinciden con las aficiones de sus padres. Pero Víctor decide dar una sorpresa a sus progenitores y aprueba el curso. No solo lo aprueba, sino que saca unas notas espectaculares, tanto que sus padres se emocionan, se vuelven locos literalmente y empiezan a ver con otros ojos a Víctor. Todo sería estupendo, si fuera verdad, pero es que Víctor ha falsificado las notas, las ha copiado de uno de sus amigos, el Melón, el compañero más empollón de su clase. El lector, poco a poco, irá descubriendo más elementos de este embrollo y asistirá, con los ojos abiertos por la sorpresa, a una aventura más que divertida.
El texto está escrito en primera persona con una prosa rápida y directa por un Víctor acelerado que se dirige a un lector cómplice a quien le cuenta, de una manera entre crítica e irónica, sus últimas vacaciones. Sus padres deciden irse a Transilvania y Víctor, en ese viaje, no solo va a descubrir las debilidades de sus padres y las de otros padres, sino que se hará amigo de los hermanos Bel –aunque al principio no fue así- e, incluso, coincidirá con el propio Melón, quien viaja con sus padres también por la zona.
Víctor y los vampiros no es un libro de viajes, no es un libro iniciático, no es un libro de humor, no es una sucesión de disparates, no… es todo eso y mucho más porque Maite Carranza es capaz de penetrar en la psicología infantil y contrastar la visión simple y real que tienen los niños de las cosas con esa otra visión más sesgada, pasada por el cedazo de los años y las convenciones que tienen los adultos.
Hay un elemento novedoso en la presentación del texto, ya que las ilustraciones de Agustín Comotto pertenecen a la propia historia. Resulta que una de las aficiones de Víctor, como ya hemos dicho, es dibujar cómic manga. Pues bien, todo lo que ve y escucha que le resulta interesante lo plasma en una tira cómica… que es, por supuesto, la tira cómica del ilustrador. Por lo tanto, es una manera muy original de unir perfectamente texto e ilustración.
El lector de 10 años en adelante encontrará en Víctor y los vampiros, una fuente de humor continua, puesto que la relación que se establece entre el niño, los Bel y el propio Melón pasa por momentos complicados que hacen, incluso, que se les confunda con vampiros y eso, en la tierra del conde Drácula, es muy peligroso.
Con un humor sensacional, como ya nos tiene acostumbrados, Maite Carranza enlaza elementos culturales, como la vida de Bram Stoker  y su obra El Conde Drácula o la realidad de Vlad Dracul con otros más cotidianos o chocantes, según se mire. El viaje que realizan los Llobregat a Transilvania forma parte de una ruta ya marcada por la agencia. De ahí que no viajen solos. Los otros turistas son pasados por el tamiz crítico de Víctor-Maite Carranza que dejan al aire las tonterías que suelen hacer los turistas y los tópicos que permiten que se sigan comportando de esa manera. A menudo, como muestra el guía que los acompaña, es más importante el decorado que la realidad en sí.
Los personajes infantiles, con Víctor a la cabeza, están muy bien retratados y sus comportamientos van evolucionando, como verá el lector.
Pensamos que la serie Víctor será todo un éxito editorial porque tiene los ingredientes necesarios para que así sea. Seguro que la evolución de Víctor y sus observaciones sagaces y directas van a dejar a más de un lector, adulto, sobre todo, con la boca abierta y es que los niños suelen enterarse más de lo que se cree y tienen su propio criterio, como bien claro deja Víctor.
En suma, Víctor y los vampiros es un soplo de aire fresco que permitirá a los niños y niñas de la edad del protagonista disfrutar con la lectura. Que buena falta nos hace.

domingo, septiembre 25, 2011


Ana Alcolea, Anaya, Madrid, 2009, (Espacio Abierto, 93)


            “El medallón perdido”, de Ana Alcolea, es una novela de aventuras, de lectura ágil y aciertos narrativos. La novela empieza y acaba en el mismo lugar. Por lo tanto, su estructura es cíclica. Su narrador, el joven Benjamín, se pasea por el Retiro entre las casetas de libros y observa el título de un ejemplar que, casualmente es también “El medallón perdido” y esta coincidencia le lleva a recordar unos acontecimientos que pasaron cinco años atrás y que cambiaron su vida.
            Benjamín perdió a su padre en accidente de aviación y su madre lo ha protegido demasiado, tanto que le ha hurtado la memoria de su progenitor; pero todo cambia cuando aparece en escena el tío Sebastián, el hermano de su padre, que lo lleva a Gabón, en donde tienen el negocio familiar y en donde falleció el padre. Para Benjamín el cambio cultural le supone una maduración rápida. Poco a poco va desprenderse de tópicos y va a ganar confianza en sí mismo.
            Gracias a Sebastián, Benjamín aprenderá a conocerse a sí mismo, sus posibilidades y sus limitaciones. “El medallón perdido” es una novela iniciática que nos habla del proceso de maduración de un joven y de cómo poco a poco va viendo qué es importante y qué no lo es.
            La narradora nos ofrece una historia hermosa, llena de referencias a las tradiciones africanas del Gabón, a la cultura, a la gastronomía… Quizá sea, en algún momento, demasiado idílica la historia, pero eso se solventa con creces gracias al desparpajo narrativo de Benjamín y a sus propias reflexiones. Y es que no solo descubrió sus posibilidades ese año mágico, sino que aprendió a respetar a los demás, a no creerse superior y, sobre todo, descubrió el amor con Sandrina, una joven que, sin renunciar a sus raíces, estudia en Europa y se prepara para ser mejor.
            “El medallón perdido” es una novela viva, llena de transparencia, que nos narra los acontecimientos de forma directa, tal y como lo ve Benjamín. Éste es un acierto, insistimos, porque gracias a la primera persona, la historia nos llega de manera más directa y veraz.
            Por último, cinco años después, cuando Benjamín descubre un libro que lleva por título “El medallón perdido” empieza a atar cabos y reconoce en la escritora que firma ejemplares, al amor imposible de Sebastián, porque todos guardamos secretos en la vida.
            En definitiva, Benjamín cambia gracias al continente africano y de ese cambio sale más reforzado, maduro y capaz para seguir su propia vida.
            “El medallón perdido” recibe este nombre gracias al objeto que Benjamín quiere encontrar en Gabón, un medallón de su padre, que para él simboliza el reencuentro y la permanencia.
            En suma, una novela de ésas que tiendes puentes y que hacen lectores; prueba de ello es que va ya por 12ª impresión.









lunes, septiembre 12, 2011




Los Ambigú y el caso de la estatua,
Madrid, SM, 2011. (Barco de Vapor, 198)


Los Ambigú y el caso de la estatua es una aventura protagonizada por tres amigos, Esther, David y Sebas, quienes, gracias a sus habilidades y conocimientos en las nuevas tecnologías consiguen, de forma asombrosa, internarse en secretos vedados para la mayoría. No se trata de tres adultos, no, sino de tres niños, quienes se reúnen en una librería viejo en el Barrio Gótico de Barcelona, “El Ambigú”, de ahí el nombre del grupo. Bernardo es el abuelo de Esther y les permite que pasen muchos ratos en el sótano que es donde tienen todo lo que pueden necesitar: “En el sótano –se lee- tenían absolutamente de todo. Un par de ordenadores con conexión rápida a Internet, cámara web, juegos para PC, grabadoras, micros, altavoces y escáner.”.
No es la primera vez que actúan los tres juntos y tampoco es la primera vez que resuelven un caso, como demuestran en El tesoro de los cátaros. De ahí que la policía los tenga, de alguna manera, fichados, en especial la teniente Cubos.
En esta ocasión descubren, de forma casual, un secreto muy bien guardado que les lleva al Vaticano, en un viaje delirante, para hacer el descubrimiento de sus vidas en torno a la Piedad de Miguel Ángel. Tras muchos problemas y no pocos peligros, logran resolver el caso.
Flavia Company tiene la habilidad de unir modernidad con tradición y logra así una combinación sugerente y muy apetecible para los jóvenes lectores quienes disfrutarán con las aventuras del trío “Ambigú” y, a la vez, aprenderán algo de arte. Y no solo eso, sino que conocerán de cerca los tejemanejes de una red de falsificación de obras de arte y aprenderán, de paso, que trabajar en equipo es mejor que hacerlo solo.
El texto se lee de forma rápida puesto que se suceden las escenas trepidantes, pero también se describen muy bien las relaciones de amistad entre los tres amigos y abunda el humor y la ironía en muchas escenas. Queremos destacar, por otro lado, la especial relación entre el abuelo, Bernardo, y los tres chicos. Bernardo aporta su experiencia y su manera de ver las cosas, mientras que los chicos se muestran espontáneos y no miden demasiado bien las situaciones de peligro a las que se enfrentan.
Hay también una particularidad en el relato y es que va muy ligado a las ilustraciones de Pep Brocal. Precisamente una de estas ilustraciones, en blanco y negro, inicia el relato y la autora, en tercera persona, advierte que, dirigiéndose a sus lectores, que esas imágenes pertenecen casi al final de la historia. Es una manera de reclamar la atención de los lectores y hacer que lean con mayor interés el relato.
Los Ambigú y el caso de la estatua es un texto destinado para los lectores desde 12 años que los inicia en la novela de aventuras, pero protagonizada por jóvenes de su edad.