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viernes, abril 02, 2021


 

"Desde mi orilla",

Rosa Ruiz Gisbert

Ediciones del Genal, Málaga, 2020


"Desde mi orilla", de la poeta malagueña Rosa Ruiz Gisbert, recoge una colección amplia de los poemas que la autora, por los motivos que fuera, no publicó; de ahí que lo subtitule "Poemas reunidos".  Por lo tanto, no se trata solo de un poemario sino de varios ya que, si miramos con detenimiento el índice, veremos que son varios los títulos que conforman este libro misceláneo que es un auténtico regalo para la mente y el corazón. Así, desde "Primeros poemas" hasta "Postales" pasando por "Desde la rabia", "Pequeños poemas II", "Carta desde mi orilla", "Alborada", "Homenajes" y "Sonetos, entre otros, Rosa Ruiz se nos ofrece con total generosidad.

Queremos ver en el título "Desde mi orilla" reminiscencias del soneto que Leopoldo Panero dedicara a su hijo y que comienza con  las palabras "Desde mi vieja orilla".  De alguna manera, Rosa Ruiz quiere dar testimonio de su obra y lo hace en este libro que es un broche en su producción literaria, aunque deseamos y esperamos que se anime a publicar también en un volumen el resto de su producción que aparece dispersa en revistas, antologías o selecciones poéticas.

El libro que nos ocupa es desigual puesto que abarca muchos años de la vida de un poeta y señala su evolución y sus gustos literarios a la vez que indica su madurez y su consolidación como poeta. No obstante ya, desde el principio, observamos una mirada atenta, traspasada de sensibilidad hacia lo cotidiano: "De la breve mano / va surgiendo la vainica / como un milagro".

La poeta no es indiferente a las zozobras del mundo y se muestra crítica cuando la situación así lo requiere o, como ella misma dice, con rabia. "Como la edad postrera / encierra todas las edades" nos confiesa" y añade, "Es tiempo de crecer y multiplicarse / de borrar ecos y perfiles adolescentes...". Tras esa reflexión intensa "la ternura llega como un sollozo".

No es ajena a la lucha de sexos tampoco y manifiesta que deben mirarse a la misma altura, pues son como espejos: "Dos fuerzas más dos dulzuras / pero no idénticos del todo..".

Muchos de sus poemas contienen todo un pensamiento existencial, otros se nutren de la filosofía de María Zambrano, algunos de la propia experiencia, pero todos contienen esa carga de verdad, de certeza, de hondura compartida: "Porque es vivir un pretexto / para abrir los ojos cada mañana...". Más adelante escribe: "Algo hice con mi vida, sin duda, / pero se me escapa su contenido / y ese día que empezó ilusionado, / sin quererlo yo, me llevó a la melancolía.

Muy hermosos son los poemas que componen la sección "Homenajes" y que ella dedica a los poetas que la han hecho crecer como Miguel Hernández, Rosalía de Castro, César Vallejo o Gabriela Mistral, entre otros.

No olvida Rosa Ruiz sus deudas y afectos, la ausencia de su madre, de sus seres queridos; tampoco soslaya sus dificultades para salir de una depresión ni nos hurta la especial mirada que ella ha tendido sobre los lugares a los que ha viajado.

La poesía de "Desde mi orilla" es difícil de comentar de forma uniforme puesto que, como estamos viendo, no es homogénea, pero ahí está su virtud y su esencia. Encontramos versos de arte menor, con ausencia de rima, pero mucho ritmo, al lado de versos clásicos, como el soneto. Aparecen poemas muy largos, casi como confesiones, en donde el encabalgamiento está siempre presente. Notamos una abundancia de metáforas, al lado de anáforas o personificaciones. Son poemas muy trabajados, a los que su autora les ha dedicado tiempo y mucho mimo, aunque parezcan espontáneos. Ese es otro secreto de la buena poesía.

 Los poemas de Rosa Ruiz son espejos en los que acaso ella se haya reflejado alguna vez pero que, ya en el libro, nos reflejarán a nosotros mismos. Esa es la gran verdad de la poesía, su capacidad para tejer urdimbres y aprisionarnos dentro.



domingo, febrero 09, 2020

"12 poemas de Antonio Machado"
Ilustrados por Pablo Auladell
Kalandraka, 2020

Don Antonio Machado siempre tendrá algo que decirnos porque su palabra, generación a generación, se sigue escuchando pura y nítida. De ahí que sea una idea excelente introducir a los niños de hoy en día en la lectura de un poeta atemporal quien, justamente, defendió que la poesía era "palabra en el tiempo". Nadie como don Antonio para hablarnos de la infancia, del recuerdo que dejó en él, ya adulto, su niñez o del paso del tiempo, siempre cambiante y burlón o de los sueños, de los que nunca se sabe a ciencia cierta si son verdad o no. El poeta sevillano escribió acerca de los limones de su infancia, acerca de la nostalgia de sentirse aún niño en un cuerpo de adulto; pero también supo ver qué había detrás del paisaje, no solo emociones, sino vivencias y personas que lo habitaban.  No desdeñó temas más duros como la muerte, la de sus amigos y referentes, la de su amada esposa-niña Leonor, la de Federico García Lorca, la de él mismo, siempre premonitoria.
La selección que presenta Kalandraka está realizada por Manuela Rodríguez y Antonio Rubio. Muy difícil habrá sido para ellos escoger solo doce poemas, pero lo han hecho con soltura y acierto. En el libro hay una evolución marcada desde el Machado de las "Soledades", hasta el de "Campos de Castilla" e, incluso, la elegía dedicada al asesinato de García Lorca. Poemas tan emblemáticos y conocidos como "He andado muchos caminos", "Pegasos, lindos pegasos", "Recuerdo infantil", "Las moscas", "La saeta", "A un olmo seco" o "Retrato", el poema que inicia "Campos de Castilla" y que se ha escogido para cerrar el libro por su fuerte carácter autobiográfico. Son poemas musicales, de distinta métrica, algunos de ellos muy conocidos por las versiones de Joan Manuel Serrat, que se ofrecen, limpios y emocionados, al niño de hoy pues la poesía de Antonio Machado no tiene edad, ya que, como él mismo dejó escrito, "Hoy es siempre todavía".
Nos interesa mucho destacar las ilustraciones de Pablo Auladell que no ocultan la esencia machadiana, ni la desdibujan, antes la dibujan de manera potente y muy directa. Gracias a estas ilustraciones elegantes, de suaves pinceladas y claroscuros, es más fácil entender la atmósfera machadiana, su esencia, esa continua nostalgia del mundo mágico, de su infancia, del sol de su Sevilla natal. Como muy bien nos dice el propio Pablo Auladell, tal vez don Antonio, el poeta bueno por excelencia, siempre estuvo en el Palacio de las Dueñas y desde allí, a través de los sueños, las galerías y la evocación, nos habló del tiempo, del agua que fluye, de las fuentes amigas y hermanas siempre con honestidad, sobriedad y rigor. De ahí que las ilustraciones evoquen, como no podría ser de otra manera, ese lugar al que todo quisiéramos volver algún día y que algún poeta calificó de verdadera patria del hombre. Don Antonio Machado lo sabía muy bien.

viernes, octubre 04, 2019

"Toma y daca"
Janet García Morago
Alejandro Arias de Celis
Luis Villalba Abril (ilustraciones)
Punto Didot, 2019

La poesía no sabe de fronteras y se lleva muy bien con las nuevas tecnologías, goza de estupenda salud y florece cuando se la invoca. Eso lo saben bien los autores del libro que estamos reseñando, que es un libro singular no por el hecho de ser un poemario, que también lo haría especial porque estos, como diría la canción, siguen sin ser buenos tiempos para la lírica, sino por la forma en que surge y por el planteamiento tan original que presenta. Si ya de por sí, como decimos, es meritorio escribir poesía, mucho más si se sabe cómo se ha creado "Toma y daca". Para empezar los autores, que son amigos, no comparten el mismo espacio físico y, para acabarlo de complicar, aún se suman otros compañeros, que, de alguna manera, auspician y son testigos de ese combate poético. Gracias al whatsapp y a las nuevas tecnologías, este grupo de amigo sigue en contacto y es capaz de reírse de todo y de nada, de cuestionar las aparentes verdades inamovibles y de sonreírle al abismo.
En el prólogo se nos explica el proceso creativo. Janet García es quien provoca a Alejandro Arias con comentarios, al principio y más adelante, como maga mordaz y certera, con pies forzados, en forma de estrofas endecasílabas. Alejandro acepta el reto y se lanza a escribir sonetos, a los que él llama zonzonetos. Así, según el origen de los poemas, el texto se estructura en tres bloques, anectodario, pies forzados y glosas.
Así, casi una treintena de sonetos, algunos con estrambote, se abren paso en bromas y veras, para asombro del lector y para deleite de sus creadores que juegan, como niños perversos, con el idioma. Y es que Alejandro Arias es muy buen conocedor del alma humana, como filósofo que es, y sabe que no hay verdad trascendental que aguante si no es a través del humor, de la socarronería y de la sana autocrítica. Sus sonetos, que de zonzos no tienen nada, ya que son avispados y muy sagaces, beben directamente de la literatura barroca, de Quevedo, sin duda, también de Lope de Vega y acaso del propio Cervantes. Son frecuentes los hipérbatos, los requiebros, los cortes secos, la sorpresa de la anécdota, la metáfora escatológica, pero a la vez profunda. Como si de un juego se tratara, Janet y Alejandro pasan revista a todos los agujeros oscuros de esta sociedad, a la moral, al pensamiento abstracto, a la existencia de Dios, al mundo, a la soledad, a la muerte y al paso del tiempo. Sonetos y pies forzados directos, procaces, chocarreros a veces, siempre directos, llenos de guiños al lector; sonetos que convierten lo lúdico en algo particularmente serio porque, bien sabemos, que detrás del sarcasmo, de la ironía, se ocultan las grandes verdades. Así, como quien no quiere la cosa, se van destapando los tarros de las esencias, porque "Ni es todo diversión ni todo es arte, / ni eternamente sale el sol ni asoma". 
No hay amargura en los versos ni en los pies, pero sí, a veces, muchas ganas de provocar, de polemizar, de iniciar una buena discusión, como tiene que ser, porque acaso "¿Vas a salir huyendo? No te alteres". En "Toma y daca" cabe todo, nada se excluye, nada que tenga que ver con lo humano: "¿Te perturba el picor que te traspasa?" Algunas veces, el autor se irrita ante los pies forzados y no evita alguna exclamación, en principio, antipoética, aunque totalmente coherente con lo que dice: "A ver, que no es normal, puñeta...". Tampoco son infrecuentes momentos líricos que nos seducen por su levedad: "y hasta casi el destello de tu pelo". Alguna vez, el poeta se pone solemne, aunque se le escapa la risa: "Porque aunque muda el pelo la raposa, /su natural no troca....". La irreverencia se torna profunda, sin duda, y supera la anécdota en muchas ocasiones: "¿Es un pedo de Dios el Universo?".Elementos prosaicos, como comprar una nevera, se dan la mano con otros como el hecho de escribir, de componer, de pensar, de dudar y de intentar encontrar respuestas a este sinsentido que es, a menudo, la vida.
En suma, mucho más podríamos escribir sobre "Toma y daca" que no solo contiene zonzonetos sino mucho más, como verá el lector. Y es que tras lo aparentemente frívolo se esconde mucha seriedad y mucho oficio. 
"Toma y daca" además se presenta con las ilustraciones de Luis Villalba Abril, que siguen provocando al lector en este diálogo que no ha hecho más que empezar porque los amigos, como buenos conversadores, van a seguir tomándonos el pelo, irritando el orden establecido y vulnerando las verdades eternas. Como tiene que ser. Y como esperamos que sea.

jueves, agosto 23, 2018

Miguel Romero Saiz
"La memoria del alma"
Diputación de Cuenca, 2017
Papel Mojado

"La memoria del alma" es un texto singular ya que es la primera vez que el Doctor Romero Saiz decide publicar sus poemas y compartirlos, de esta manera, con el público lector. Acostumbrado a escribir acerca de la historia y sus personajes, Miguel Romero en "La memoria del alma" hace un ejercicio de introspección y de entrega personal puesto que se nos ofrece desde el primer verso. No es la primera vez que escribe poesía, ya que, desde joven, ha gustado del ritmo y de la especial cadencia de este género, pero sí es la primera vez que, instalado en una madurez plena y llena de proyectos, muchas realidades y muchas más satisfacciones, se ha decidido a indagar en su interior, en su mapa personal e íntimo, eso es, ni más ni menos, "La memoria del alma".
El poemario, escrito en verso libre, con medidas cambiantes que tienden al arte mayor, va dedicado a su madre quien, pese a los años, siempre ha estado la primera para compartir lo bueno y lo malo que le ha pasado a nuestro autor.
Más de 30 poemas forman este hermoso libro que tiene una particularidad interesante. Miguel Romero compagina poesía con aforismo o máxima y, así, antes de cada poema se lee una sentencia que, de alguna manera, resume el sentir de los versos siguientes. Desde el paso del tiempo, hasta la soledad, pasando por el amor, las deudas y afectos, la familia, la melancolía, la reflexión de la propia vida, la infancia, el paisaje, el compromiso social y algún tema más, Miguel Romero Saiz va dando riendo suelta a su caudal contenido, va limpiando su alma y entregándola madura, inquieta, curiosa, precavida, reflexiva y generosa.
El propio poeta en el prólogo nos confiesa sus dudas, sus inquietudes, ese pudor del que se revisten los poetas antes de entregar sus obras, sus principios y sus señas de identidad. Vale la pena leerlo despacio para entender, mejor, lo que viene después. 
Así, por ejemplo, al intentar explicar qué es poesía nos dice: "Me dijeron que la poesía nunca tiene /explicación, porque la vida misma no la tiene". Y es que, para él, vida y poesía van unidas, el poeta no puede desligarse de ninguna de las dos. Sin duda, son muchas las horas que el poeta ha dedicado a la reflexión y muchas las lecturas que le acompañan. De ahí que pueda escribir en otro momento: "Creer que estás creyendo  y /saber que amando libre creerás que estás despierto". Muy consciente del paso del tiempo escribe: "Me asusta la memoria que no tengo, / pues mi otoño se encuentra ahora sentado/ en la Sala de Espera del invierno". Fiel a sus principios y siempre honesto es capaz de afirmar con vehemencia: "Huyo de la ignorancia / como huyo de las sombras que la cubren".
Miguel Romero Saiz lleva a Cuenca en su corazón, de eso no hay duda; de ahí que en sus versos no dejen de asomarse ni el paisaje ni las gentes que lo habitan. Nos habla de los poetas de la Hoz, de Carlos de la Rica, de Federico Muelas y de tantos otros; pero también de la catedral, ese hermoso templo: "Rueda el crisol de sus cristales, / crepúsculo de luces y colores...".
El poeta, el hombre, no se olvida de su familia, de sus hermanos, del abuelo, de su madre, ni de sus amigos, ni de su compañera...Todo fluye en su alma, rostros, tiempo, palabras, afectos, trabajos, esfuerzos...todo forma su existencia de hoy, todo eso ha hecho que sea como es: "me siento torpe en mi final y es, ahora, cuando puedo soñar, / recitar, reír y cantar, pensando en voz alta...".
En definitiva, un poemario sincero, honesto, directo y de una pieza, como es su propio autor.

domingo, marzo 26, 2017

La lucidez del alba desvelada,
Santiago Montobbio,
Los Libros de la Frontera, 2017
(El Bardo, 43)

La lucidez del alba desvelada es un libro río, un libro torrente que fluye en alocada -y viva-  carrera hacia el mar, hacia el poso y la reflexión, hacia, como leemos en el título, la lucidez del alba desvelada. Imaginamos al poeta, sin sueño, abocado a una desazón personal, a una inquietud que tiene un origen humano, un origen eterno, y que no es otra que el amor, pero no el amor pensado o anhelado, el amor trágico y desolado, no, más bien es el amor que se aguarda, que se echa de menos, que se sabe de uno, pero acerca del que se tienen dudas porque nunca podemos estar seguros de nada en este peripecia sentimental en la que caen todas las convenciones y habla nada más el alma. Imaginamos, pues, al poeta, maduro y sereno, desvelado, en un amanecer; un amanecer fecundo puesto que le da pie para ponerse a escribir poemas y más poemas, breves, en prosa, amplios, desolados, esperanzados, cargados de miedo, de lucha, de reposo, respetuosos, evocadores; poemas amplios y generosos como es la palabra del poeta. Y en este devenir que nos lleva del amanecer al día, Montobbio escribe y traza palabras y las encadena y las deja libres, y la invoca y las rechaza y las quieres y las maltrata porque así es el sentimiento del amor que aguarda, del amor que no es, pero sí es, que no llega, pero quizá llegue, que no está, pero que sí está.
Santiago Montobbio escribe estos versos entre 2010 y 2012. Son, por lo tanto, sus últimos poemas publicados. Cabe recordar que en 2009, después de veinte años sin publicar y acaso sin escribir, que es lo más duro, el poeta se desató, abrió sus compuertas y nos ofreció una tetralogía inmensa, La poesía es un fondo de agua marina, Los soles por las noches esparcidos, Hasta el final camina el canto y Sobre el cielo imposible. Con La lucidez del alba desvelada culmina, por decirlo así,cierra  esta primera etapa de madurez y lo hace ofreciendo un libro que, como estamos viendo, gira en torno al amor.
Escribe el poeta en el poema que abre el texto los siguientes versos:
"Amor que empieza, que canta, que anda.
Amor como el sueño sobre una playa".
Parece que, al principio de este largo amanecer, el poeta se sintiera optimista:
"En el temblor, en el dolor, en la luz
alta de esperanza y de mañana,
música que es solo ya cifra del alma".
 Es como si el poeta, gracias a este amor, rejuveneciera:
"Vivir en el amor esplende.
A este puerto llegue, y tú
me esperes".
En otro momento escribe:
"Sobre mi vida tú amabezcas,
luz o flor nacida para mi amor
y entre mis dedos, tras tanta espera".
Vive el amor como puerto, como llegada y como descanso, como mañana y como aire; pero también como espera confundida o como sueño y así, poco a poco, en esta duermevela, el poeta se siente desfallecer, se confunde y no distingue el sueño de la realidad:
"Eres solo un sueño, o este
temblor en que canto y
me estremezco. Adiós, beso".
Y continua, dejando atrás la esperanza:
"Eres ese poema triste
y su soledad que se desangra".
Y ponemos el dedo en la llaga al hablar de soledad, la lucidez de Motobbio es darse cuenta de que aguarda, pero lo hace en soledad y no sabe si tiene o no que seguir aguardando porque duele la espera. Continuamente empieza ahora el diós:
"y eres adiós, alba, alba,
huérfana en la nada destrenzada".
Ese amor de primavera, casi de Petrarca, se esfuma y llegan las sombras:
"Te he querido, te quise, sí, en un momento
seguro y cierto. Pero te he perdido."
En esta historia que va de la esperanza al sueño, al adiós, a la duda y a la desolación, se llega, coincidiendo con el amanecer, de nuevo al asombro, a la posibilidad de que todo es verdad, de que sigue el amor y vale la pena esperar:
"El amor da sus pasos, y tiene alas.
El amor me alcanza. Sea en él
contigo alma, alba, mañana".
Montobbio, en este camino de introspección, de autoconocimiento, acaba dándose cuenta de que es en él mismo donde acaso hallará la respuesta y trata de regresarse, de entenderse, de aceptarse:
"He tenido que volver a ser antiguo. Que ser limpio.
Que ser otra vez niño".
Al final de este periplo, los versos se trocan en prosa y evocan momentos vividos, lugares compartidos, gustos personales, afectos, aciertos y desaciertos, evocan ternuras, nostalgias y tristezas, pero son absolutamente lúcidos porque el autor está alcanzado esta clarividencia propia de los que sienten mucho, de los que tienen mucho qué decir y mucho qué sentir...Al fin "te quiero siempre viva, siempre conmigo -y siempre viva".
Sin duda son muchos más los elementos que podríamos comentar, pero valgan como anticipo para una lectura en la que el lector encontrará, dependiendo de su edad, una respuesta o una pregunta, pero jamás la indiferencia.

jueves, marzo 31, 2016

Sobre el cielo imposible,
Santiago Montobbio, Libros de la Frontera.
 Colección El Bardo, 40. 2016

Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) comenzó, en su juventud, una carrera poética quese auguraba brillante, pero que, en apariencia, dejó truncada. En 2009, tras 20 años sin escribir, rompió el dique de la contención poética y escribió, en muy poco tiempo, 942 poemas. Había sido tanto el silencio que sus versos fluyeron libres, como el agua que, al fin, encuentra el cauce y arrastra, a su paso, todo aquello que perturba su camino. El poeta ha decidido agrupar todos estos poemas en una tetralogía formada por La poesía es un fondo de agua marina, Los soles por las noches esparcidos, Hasta el final camina el canto y Sobre el cielo imposible, libro que se presentará en Barcelona el próximo 7 de abril y que vamos a tratar de reseñar en las próximas líneas.
La poesía en Montobbio es amplia, se construye con periodos sintácticos extensos y enlaza, verso a verso, las partes de una misma historia, la del propio poeta. Santiago Montobbio, instalado en una madurez espléndida, ya no quiere ni puede callar y necesita explicarse a sí mismo el mundo que lo rodea, sus propios sentimientos, las cicatriz que le ha ido dejando la vida y, sobre todo, necesita constatar que está vivo, que la vida, pese a todo, es lo más importante y vale la pena ser vivida, aunque sea a través de luces y sombras, aunque sea "sobre un cielo imposible".¿Acaso el cielo no es para todos? ¿Acaso es una ilusión que nos hemos creado? ¿Es el cielo el reflejo de otra realidad? Quizá el poeta sienta que, con sus armas, pacíficas y abstractas, no pueda conquistar el cielo, pero sí llegar a rozarlo. Algún día, el cielo, gracias a los poetas, será, al fin, posible. Mientras, nos debemos conformar, como en el mito de caverna, con los reflejos, con las sombras, con la imagen de lo que pudo haber sido y quizá nunca sea.
Montobbio facilita al lector la comprensión del poemario porque no solo los numera (del 697 al 942), sino que suele fecharlos, con lo cual se entiende que son poemas correlativos, que han ido surgiendo, uno detrás del otro y que el poeta no ha tratado ni de falsear ni de edulcorar. A veces, hasta duele el sufrimiento de quien escribe unos versos tratando de dar respuestas y encontrando, a su paso, muchas nuevas preguntas y, a menudo, imposibles de contestar.
Los conceptos, el oficio del poeta, el sentido del poema, la misión de los versos son temas recurrentes en el poemario; así como el amor, sobre todo el desamor y la herida que deja, que no cicatriza, que siempre supura. El poeta, preñado de palabras, trata de darles sentido, pero no siempre sabe si lo hace y acude a otros lectores, a amigos, a seres queridos que le dan la opinión. Una de sus amigas opina que, en realidad, lo que Motobbio quiere es escribir prosa porque sus versos son un puro acopio de palabras, de sentimientos, aunque, algo ahí, la prosa tiene unas convenciones y la poesía otras y, en el caso que nos ocupa, no es prosa lo que fluye, sino poesía, aunque no encorsetada ni siquiera medida, más bien libre, pero poesía siempre. En otro momento, alguien le comenta que, para escribir lo que escribe, "es una persona normal". ¿Dónde está la línea que cruza lo normal y la supera? ¿Alguien tiene la patente de normalidad? Un poeta es aquel capaz de ver la normalidad donde no la hay. Que cada uno saque sus consecuencias.
Resulta muy complicado poder unificar, en unas cuantas líneas maestras, el propósito de Sobre el cielo imposible, entre otros muchos aspectos porque ni el poeta tiene claro ese propósito. ¿Por qué empeñarnos en buscarlo? La idea es leer, dejar que te acompañen, en este viaje, las palabras, los escenarios (Barcelona, muy a menudo), los recuerdos, las emociones, las sensaciones y las premoniciones.
Montobbio busca siempre el futuro, el renacer, la vuelta al principio y, en ese punto, reconoce que los niños tienen en sus manos la clave del misterio de la vida porque:
"Los niños hacen andar el mundo.
Le dan cuerda debajo de las sombras".
Tiende el poeta, como un demiurgo, a separar las luces de las sombras porque:
"Se asoma la luna, se asoma el alba.
Qué vivir tendrá mañana, y será
para él el tiempo una ventana.
El hombre mira por ella siempre a la esperanza".
Y es que la poesía, una vez puesta en pie, nunca acaba:
"El poema pide más. Pide vida. Y no termina".
La magia de los versos y esa especial manera de ser de los poeta nos salen al paso:
"(...) El poeta
es nuevo y viejo, es el mismo,
y es otro en su yo más profundo
y puro, como la soledad
que digo. El poeta
siempre es hechicero".
¿Qué hay detrás de los versos? ¿Qué busca el poeta?:
"(...) Yo solo escribo
y así no digo, solo en el arte
cabalgo, lato, me deshago, y siento que todo
lo que pueda decir fuera de él
es un sinsentido. Los poemas
se explican a sí mismos , o no se explican 
en modo alguno."
Sea como sea:
"El arte es aire claro y  a la vez
es siempre enigma."
El vacío, el abismo también aparece en los poemas de Montobbio y ese deseo de darle nombre a lo que nadie ha podido nombras jamás.La vida y el paso del tiempo, implacable, que parece no ser, pero que hace su labor a conciencia:
"Es este tiempo herido y fiero y que no es
nada, como la nada que el poema canta".
Y si es nada, ¿por que escribir?. Más aún, como le pregunta su propia madre: ¿Sobre qué los haces?:
"(...) Creo que yas los hago 
sobre nada, le respondo. Y es sobre nada
que los hago, o sobre la vida que pasa,
el latido o el ritmo con que la siento
y en el verso la ausculto, y en el viento
que lo modela, como junto al mar
al pino, y la luz y la sombra y las dagas
en ellas escondidas."
No se oculta el poeta, es más se nos ofrece, en total sinceridad, sin evitarse el desasosiego y la contradicción que lo amenazan:
"Ante el dolor siempre estoy solo".
Le diríamos que no es cierto, pero él mismo se da una respuesta pocos poemas más adelante:
"El poema da nombrea este desierto".
Ojalá, se dice, no tuviera que haber escrito estos versos, de dolor y de desamor, aunque no ha sido así, y le agradecemos la transparencia:
"Por este amor que aun así
ha sido una vida. Una vida, claro,
estúpida, y perdida, solo
de soledad transida".
Ahora bien, nos quedamos, siempre, con sus últimos versos que constatan la fuerza que aún le queda al poeta:
"Porque / vivir quiero".
Y no hay más que la vida y el paso del tiempo y la soledad y el desamor y las palabras y el ansía de trascenderse. Y no hay más ni menos, podríamos decir.
Sobre el cielo imposible es, como los otros libros de la tetralogía que comentaremos en otro momento, un libro río, un libro padre, madre y pan. Recomendamos al lector que sea despacio el prólogo del propio Montobbio y esas reflexiones que va intercalando a lo largo del libro que son, por así decirlo, como faros en medio de un mar. El mar de las palabras. O como dice el poeta:
"El silencio. La bendición del silencio.
Quiero un campo de trigo dentro del cuerpo.
Para hacer pan muy verdadero,
y como poemas extenderlo por tu recuerdo,
o el mundo entero".



sábado, noviembre 21, 2015

Luminaria,
Ana María Romero Yebra,
Torremozas, Madrid, 2014 (La Noctámbula)

La poesía nos salva del abismo, nos consuela y nos permite salir del ensimismamiento. La poesía ayuda a curar las heridas aunque suponga hacerlas más evidentes conforme uno va hurgando, verso a verso, en su recuerdo, en su pena. La poeta Ana María Yebra escribe una elegía a su madre y, a la vez, sacude todo su dolor, todo su miedo, todo su poder de mujer que busca consuelo, que busca en la memoria una razón, una luz, un destello. Decía San Agustín que la primera pena que te causa una madre es, precisamente, su muerte. Ese no estar abismal, esa sinrazón, ese desasosiego de no poder tender la mano, de no sentirse niño de nuevo, de no ser amparado como solo sabe amparar una madre.
El poemario, inmenso, lúcido, es el homenaje a una mujer que vivió los años difíciles de la preguerra, la guerra y la posguerra y, pese a ello, no perdió su alegría de persona luminosa.
Luminaria  se divide en dos bloques, "Curriculum vitae" y "Versos de otoño". En la primera parte, como se intuye, se recogen los hitos biográficos más importantes de la madre, desde su nacimiento, su precaria escolarización, el conocimiento del amor, la boda, el nacimiento y la crianza de las hijas y la muerte del marido que supuso un mazazo para ella. No obstante, supo salir adelante y recuperar el espacio de su infancia para los suyos y acondicionar de nuevo su casa y sus brazos y todo su amor. La "extraña vejez adolescente", como la califica su hija; esos últimos años repletos de asombro, como una niña: "Quiero ser como tú cuando envejezca ./ Quiero ese rostro dulce, esa caricia / oferente en tus manos / y tu infantul asombro ante la vida". 
Ana María recuerda las pequeñas alegrías de la vida en ese tributo íntimo y, a la vez, universal, que le brinda a su madre. Se siente cercana a la mujer que le dio la vida y, de alguna manera, sigue mirando la vida como si tuviera que contársela aún a su madre. Como hizo siempre : "por pagar una parte / de la dicha que guardan las paredes / de mi hueco en el aire / cuando vienes a casa". Siente la poeta, la necesidad de agarrarse a su madre para salvar, de esa manera, la hora triste de su partida.
En la segunda parte, "Versos de Otoño", repasa la escritora, con nostalgia, como si volviera a suceder, los últimos días de su madre, esa esperanza que aún tenía en la vida, en el renacer: "Si tú pudieras, madre, rebrotar como el árbol", le dice a su madre enferma. El otoño, la estación terrible de la ausencia, se mostraba en plenitiud, mientras el tiempo hacía su trabajo, pese a la resistencia de una hija, ya adulta, que se siente indefensa como cuando era niña: "Levántate que tienes que llevarme / igual que acostumbrabas, / cogida de tu mano generosa / a compartir el gozo por la vida". Pese a todo, el recuerdo que le queda es el de la sonrisa: "No pedo recordarte de otra forma / que no sea sonriendo / a todo cuanto el mundo te ofrecía". De hecho, la esperanza no se puede enterrar. "Siempre tendré tu abrazo pendido en la memoria". Se sabe Ana María sin su madre, pero no vacía de ella porque: "no puedo estar vacía / pues llenaste de amor todas mis ánforas" porque, y con ese mensaje acaba el poemario: "Hay madres que están vivas aunque se hayan marchado".
Luminaria es un canto dolorido, pero lúcido y esperanzado porque, tras la ausencia del cuerpo, nos invaden los recuerdos, llegan las compañías pequeñas de lo que fue, el espíritu, el reposo de la memoria y rebrota, al fin, el árbol que aún es la madre y que seguirá siendo siempre.
Los versos de Ana María Romero fluyen, amplios, serenos, para acompañar a la propia poeta y a sus lectores en ese tránsito del cuerpo al espíritu, de la enfermedad a la serenidad, de la presencia a la esencia.
Un libro espléndido, luminoso y nostálgico a la vez. Un libro pleno, tan pleno como es el otoño.

domingo, marzo 08, 2015






Hágase según arte,
Mireia Farriol Gil ,
Edicions Carena, 2015.

La expresión "Hágase según arte" proviene, como es sabido, de latín, "fiat secundum artem". Se refiere a la habilidad en el arte farmacéutica para combinar los distintos elementos (mineral, animal y vegetal) y obtener una solución que sirva para calmar o paliar algunas dolencias.
En principio podría parecer que un término científico como este se encuentra muy alejado de la poesía pero, si lo miramos bien y, si seguimos el itinerario que nos traza Mireia Farriol, encontraremos que, además de los tres Reinos mencionados -mineral, animal y vegetal- tenemos otro, no menos importante, que es el espiritual. Probado está que la actitud del enfermo es vital para su recuperación y la Dra. Farriol entiende, mejor que nadie, dada su profesión, que ciencia y poesía van de la mano. Como debe ser.
El poemario que estamos comentando es un trabajo casi de orfebrería porque, a partir de los elementos más pequeños que conforman nuestra vida, de objetos cotidianos, de sensaciones, de vivencias mínimas, Mireia Farriol conforma un universo poético donde nada nos es ajeno, donde el amor, la soledad, el paso del tiempo y la palabra siempre están ahí. Ahí. A la vuelta de la esquina. Teresa Martín Taffarel, quien prologa el libro, lo califica de "medicina poética" y es verdad, aunque una medicina que no nos conforma, que a menudo inquieta y que nos arroja, de nuevo, a la vida y a sus quimeras para que, al fin, lidiemos solos en la arena de nuestra existencia.
Divide el poemario en cuatro partes:
-Amor. Escoge el amor como orrigen de todo porque así es, aunque es un amor capaz de traspasar el tiempo: "Las voces de los muertos, /jazmines en las dunas, / neblina de la memoria". Es el sentimiento que nos cura: "No necesito ir al médico / ni píldoras, ni medicamentos". No obstante, a veces también nos provoca cierta orfandad: "Nunca se encontrarán las manos / en los bolsillos de otra gabardina". El amor es, en suma, constatar el paso del tiempo y tratar de detenerlo: "tal vez conjugues en presente / este verbo postergado".
-Espacios: Mireia Farriol traza las líneas invisibles que nos separan del otro y de nosotros mismos. Acaso una rama, el aliento, el sueño que nos separa del otro o esa especial manera de sentirse en el mundo: "El enigma es estar solo; / el misterio, estar contigo". A menudo, la poeta se asoma a los versos y los mira con ojos cansados, con ojos que parecen volver de un largo viaje: "La estela de mi barca / dibuja las aguas heladas". La añoranza, el mar, el otoño, el lago y las aguas que van y vienen, que dejan y cogen y que nos ignoran: "Agua que no puede mojar / las aguas del mar".
-Tiempo: Entramos en la eterna cuestión del tiempo, en el enigma del que nos nutrimos y que nos mata día a día: "Hoy, / casi nada de nada". Las horas mueren sin remedio y nos engañamos a nosotros mismos con una trampa: "No tengo tiempo. / palabras de ficción / bien exprimidas". La memoria, el reloj, los latidos, el tañido de la campana, el final del tiempo o esa sensación del enfermo en la UCI: "Allí donde no existen los recuerdos / ni los días que pasan/ ni horas en el corredor verde acuoso / ni la voz del viento entre los árboles". Y esa sensación de impotencia, "Este camino tan largo..."  en donde "Todo huele a tiempo seco".
-Otros remedios: En esta parte del poemario, la final, es donde encontramos esos remedios a la soledad, a la melancolía, a la desazón de vivir. Los encontramos en un "té frío de menta", en un sorbo de café, en el verdor del jardín, en una limonada que nos endulza las noticias diarias. También encuentra remedios Mireia Farriol en las canciones, en algún bolero, en el swing... o en elementos más sencillos como es una brisa, el murmullo del mar y esa especial necesidad de detener la mente y dejarla en blanco que nos preserva del caos. La conclusión, sea como sea, la encontramos en el último verso, donde nos deja la gran verdad de la vida: "quieres volar / libre/ siempre/sola".
Hay un poema en el tercer apartado, titulado "Epílogo" que recoge, de alguna manera, la sensación dura que provoca en paso del tiempo en nosotros y como, para no perderlo en obstinaciones inútiles, deberíamos ser conscientes de que, aunque no lo queramos:
"Sí era cierto: / la vida es cuestión de horas / amarillas / agrestes, / imposibles./ Tragicomedia en tres actos / y un epílogo. / Cae el telón... / El argumento de la obra / se ha olvidado".
Para que no se nos olvide nuestro propio argumento, la Dra. Farriol nos regala este poemario bilingüe, en catalán y castellano (traducido por ella misma) y nos lo sirve en vaso alto, con palabras que huelen a menta, que saben a café, a nostalgia, a pasado y a paresente. Mireia Farriol, mujer firme y conocedora del alma y el cuerpo, entiende que la vida no es eso que nos han contado que es, sino lo que cada uno vive y atesora en su memoria.
Como bien dice la prologuista. "La poesía, remedio para aliviar esperas y dolores, sueños y ausencias; para curar recuerdos enfermos y tonificar vivencias dichosas, para fortalecernos ante las buenas o malas noticias que nos trae cada día que pasa". La poesía. Bendita poesía.

Presentación del poemario

lunes, julio 22, 2013


Ramón García Mateos,
Kalandraka, 2013

 

De los álamos el viento, de Ramón García Mateos, es un poemario que demuestra que no hay diferencias entre la poesía infantil y la poesía sin más. Son 21 poemas de tradición popular e impecable composición. García Mateos conoce bien todos los metros y sabe de la poesía clásica y la moderna, pero, en esta ocasión, ha optado por la de raíz tradicional, tan vinculada con los orígenes de la poesía y tan cercana a los niños porque la cadencia asonante, los juegos de palabras, los estribillos, el vaivén musical son los propios de los juegos, de las retahílas, de las canciones y eso Ramón García Mateos lo sabe muy bien.
Nos felicitamos por este poemario y felicitamos el acierto de Kalandraka al publicarlo. No solo son poemas hermosos y abiertos, sino que las ilustraciones de Fernando Vicente ya forman, ellas solas, otro poemario. Sin duda, entre el autor y el ilustrador ha habido una sólida complicidad porque Fernando Vicente recoge la esencia de los poemas y juega con todos los sentimientos y emociones que la palabra nos pueda evocar. La portada ya es, sin duda, una ventana abierta al interior con el reflejo de los álamos en forma de mano abierta, para dar, para tender, para acoger.
Un lector adulto puede entender mejor, quizá, el origen de los poemas y discernir las influencias que recoge García Mateos. No obstante, a un niño le importa poco si Góngora o Blas de Otero o el Arcipreste de Hita están entre las influencias del autor, porque lo que a un niño le importa es que los textos hablen de aquello que es esencial para él, de su mundo, de la imaginación, de la fantasía, de los sueños, de ese otro espacio en el que aún es posible ser feliz y que, sin duda, está en la infancia.
Son muchos los temas que resuenan en De los álamos el viento. García Mateos es una persona que siente los orígenes, que sabe qué es la tierra, qué es el agua y qué es el pan y quiere proyectar esa verdad en sus versos. Habla del amor, de la ternura, pero también del olvido, de la memoria, del paso del tiempo, del sabor de lo antiguo y de la riqueza de lo añejo. Aúna, en sus versos, el hoy con el ayer porque el poeta no se resigna a que se pierdan las voces recias de aquellos que cantaban mientras trabajaban. La luna, el sol, las flores, las profesiones vinculadas con el campo, las fiestas, las tradiciones… se enredan en los versos del poeta salmantino y juegan al corro con las rimas asonantes. Nada le es ajeno a Ramón.
La metáfora, la personificación, los paralelismos, los juegos de palabras son algunos de los recursos que podemos observar en el texto y que ayudan a enriquecer todavía más la palabra.
El poeta también sabe de ternuras y las derrama en sus nanas: “Duérmete mi vida / duérmete mi bien / flor de la mañana / luz de amanecer”.
El poeta, como un juglar, recoge la voz del pueblo y le da cuerpo y le da contenido y esencia. Intuye que, al caer el día, “A lo lejos sin remedio / tiembla la voz en el alma. / Canto sin quiero cantar / pero lloran mis palabras”. No es, De los álamos el viento un libro fácil ni superficial porque hay algo más, aparte de las melodías, de los sones y las canciones, hay una reivindicación de lo que es importante y una nostalgia por lo que, tal vez, hayamos perdido por el camino: “Nadie queda ya / entre los adobes” nos dice el poeta con cierta nostalgia en su poema “Ausencia”.
Sin duda, los lectores de todas las edades podrán encontrar en De los álamos el viento un ramillete de poemas que sacien su sed de palabras, esas palabras que nunca pasan, que, por mucho que las usemos, siempre lucen, como bien demuestra Ramón García Mateos.

miércoles, mayo 01, 2013


Rosario Bersabé: “Poética en Gredos. Primera Antología”,
Alkaid Ediciones, 2013.

Rosario Bersabé participa en la “Primera Antología” de “Poética en Gredos” con una muestra de ocho poemas que la describen como una poeta completa y madura dueña de una voz  propia.
En esta ocasión, esta ecijana afincada en Vila-seca, ahonda en sentimientos profundos y cargados de desazón e, incluso, impotencia. No son poemas fáciles ni alegres los de Rosario sino rotundos y comprometidos con la misma entraña del ser humano, condenado a vivir con más preguntas que respuestas.
Los sueños, las pesadillas, las presencias que palpitan,  el insomnio y ese no saber si se está en plena vigilia o simplemente fuera del mundo, se observan en varios de sus versos:
“Huraño huésped que mi sueño vela
Arrópame con las sombras de la noche”
 “Humedecía con lágrimas sus manos
Mientras dormía”.
 Rosario Bersabé traza los caminos que llevan al centro de su alma. Busca refugios que no sabe ciertos. Añora protección y se siente desvelada e, incluso, perdida. Mujer de una pieza, busca la verdad en lo esencial y no siempre es fácil desdeñar viejas creencias y tópicos que nos rodean, aunque ella afirma:
“No me importa la muerte, ni me importa la vida,
Desterré los demonios del lamento
Y en ángeles no creo”.
Solo le queda seguir su camino, a veces duro, para lograr una recompensa que no siempre es la deseada porque, al fin, el ser humano siempre está solo, por muchas presencias que se tengan alrededor y eso Rosario lo sabe muy bien cuando alerta:
“Y no confíes en las aguas mansas,
Que por la umbría encrucijada del silencio
Se agazapan victoriosos los demonios”.
Los poemas que ha escogido Rosario Bersabé para que el lector la conozca buscan la luz, pero no la hallan. Son poemas que nos hablan de angustia, de demonios personales, de itinerarios inciertos. La vida, al fin, es singular para cada uno y nadie tiene el mapa con el camino trazado:
“Me arrojo al mar sin brújula y sin barca”.
Cierra su colaboración con “Tres sonetos para Isabel”. No podía faltar este metro tratándose de Rosario Bersabé a la que le gusta el soneto y sabe tejerlo de forma impecable. En esta ocasión describen el dolor personal y enorme que provoca la muerte de alguien a quien se quiere y que no debería haberse marchado. De manera bronca, potente y llena de lirismo, asistimos a esta herida que no se cierra.
Rosario Bersabé emplea palabras enormes, cargadas de significado, palabras bien matizadas. Es equilibrada en su verso y, pese a que se impone sus condiciones métricas, sus versos estallan, rompen como cristales en nuestros corazones… Suenan y resuenan y no nos pueden dejar indiferentes.

lunes, diciembre 17, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2010.



La cruz del verbo es un poemario cargado de fuerza y de verdad. Rosario Bersabé que ya ha aprendió a domeñar el idioma en su anterior obra, De roca y yerbabuena, no quiere olvidar la forma y el respeto a la métrica, aunque sabe que, a veces, el ritmo no necesita de corsés, sino de libertad; de ahí que se permita ciertas licencias con la rima. A Rosario le gustan los versos impares, esos propios de la métrica italiana, el endecasílabo, el heptasílabo e, incluso, el pentasílabo que organiza, a veces, de una manera polimétrica. Arte mayor y arte menor se dan la mano en este poemario.
La cruz del verbo es un título de clara evocación religiosa, aunque Rosario no escribe poemas religiosos, sino laicos, aunque comprometidos con el ser humano y con la dignidad del mismo. La cruz es ese lado duro de la vida, el dolor que se sobrelleva, las ausencias, el desamor, las injusticias, la soledad…; el verbo, en cambio, es la palabra; la palabra que se derrama que llega consoladora, que sabe arrojar luz donde antes hubo tinieblas.
Un poeta es un ser especial que sabe ver más allá de las cosas. Eso hace Rosario quien, con mirada clara, se pasea por los distintos registros emocionales. De esta manera, organiza su obra en distintos apartados que se relacionan entre sí, de alguna manera, porque la voz directa de su autora así lo quiere. En “Vientos de otoño” se concentran los poemas inaugurales. Canta, para empezar, como hiciera el propio Homero, a su musa y le pide cuentas. “Oh, mi musa rebelde, / ¿por qué me eres esquiva?”. Rosario necesita tener a la musa de su lado para poder contar aquello que tiene y que, con humildad, piensa que no es innato en ella, por eso le pide a la musa: “concédeme el don de tu presencia”. La soledad, el desamor, la indiferencia, el olvido… son los temas que completan este primer apartado. Después, “Como un soplo de brisa” se encarga de ahuyentar las quimeras y esta vez ya es la oda al poeta, a ese “Cultivador de versos que de tu alma / emergen cual altivo surtidor”. La primavera, el amor, la nostalgia de la tierra y un poema deliciosamente hermoso, “El teatro de las ingenuidades” siguen derramando la brisa en el alma del lector.  Rosario recuerda una infancia y, gracias a los alejandrinos, nos la presenta amplia y pura: “Fueron días dichosos, de muñecas de trapo, / caballos de cartón con riendas inventadas”.  “Llora el poeta” es el siguiente capítulo formado por poemas personales, de tristeza, en los que la poeta reflexiona acerca de la brevedad de la vida y lo hace en carne propia. “El coraje de soñar” trata de superar este mal momento y Rosario se nos muestra osada, fuerte, con la ilusión intacta y apegada a “esa niña que llevo tan adentro… aún tiene el coraje de soñar”.
Dicen que la verdadera patria del hombre es la infancia y Rosario Bersabé lo sabe muy bien; de ahí que no olvide, en ningún momento, a esa niña que fue y que, en el fondo, sigue siendo. “Nacido en desabrigo” es un conjunto de poemas de corte social, de denuncia. No quiere ser ajena la voz poética al dolor ni al llanto de los niños. No quiere ser ajena ni indiferente.
El poemario se completa con un ramillete de espléndidos “Sonetos”, estrofa en la que Rosario es ya una auténtica maestra. Son sonetos vibrantes, que emocionan y que calan en el alma de quien los lee. “Padre que estás en los cielos” pudiera muy bien ser una oración y, de hecho lo es, la oración de una hija hacia su padre que ya no está; un padre al que añora y al que reclama, a la vez que presiente. Sin duda un soneto de una pieza. La risa de su nieta, la pequeña Niara, consigue espantar los miedos mientras que la amistad recoge los momentos más preciosos, a la vez que surgen afectos, deudas, gustos y vacilaciones. Rosario reflexiona y crea, poco a poco, su especial cosmos, su especial manera de sentir y de ver. Y por encima late ese sentimiento de pertenencia a una tierra, a la que aspira: “En tu seno vislumbro mi destino, / vergel de sueño, ¡tierra astigitana!”.
Rosario Bersabé, es cierto, no lleva muchos años escribiendo, pero sí lleva años, toda una vida, soñándose a sí misma, viendo, contemplando, atesorando momentos, inventando sensaciones, acariciando palabras; toda una vida que se derrama, verso a verso, en La cruz del verbo.
No hace falta, Rosario, que invoques a los hados… la poesía está de tu parte.

viernes, noviembre 30, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2008.


Un poeta nace y se hace. De eso no hay duda. Rosario Bersabé comenzó a escribir poemas casi de manera casual, como sin querer, aunque con gusto y afición. Poco a poco se dio cuenta de que la poesía es una amante esquiva, pero también agradecida a la que hay que volver y no descuidar bajo pena de quedar para siempre trastornado para siempre.
De roca y yerbanuena es un poemario generoso que muestra la especial perspectiva que tiene Rosario de la vida, de sus circunstancias, de ese devenir pequeño o grande, según se quiera entender, pero esencial para ella. De ahí que se sienta, a veces, firme como una roca y, otras, olorosa y frágil como una rama de hierbabuena. Para este ecijana afincada en Vila-seca (Tarragona) “El verso es una flor en su pujanza, / es color, es promesa, es aventura,/ es río, / es mar crecido en su bravura, / es el rito sublime de la danza”. Un verso es capaz, en su línea sencilla y breve, de contener todo el mundo, todo un universo personal como de la autora.
La memoria, el paso del tiempo, la soledad, las dudas, las ausencias, los miedos, los afectos, la tierra, el trabajo, la poesía y sus poetas… son algunos de los elementos temáticos a los que acude Rosario, que, instalada en una madurez vital y plena, no quiere renunciar a la juventud que vivió, pero se sabe en un camino que ya no tiene retorno:
“Recorriendo los huecos de mi ser / fulgurar de añoranza / conciertos de mis días, / en bandadas recuerdos del ayer / de prontas primaveras / placeres y alegrías”.
Acaricia con sus palabras el presente pero no quiere pasar de puntillas por el pasado, al que vuelve una y otra vez hasta que el dolor cede paso a la nostalgia o a las constatación de que es quimera querer revivir lo ya vivido porque: “Quieres pensar y no puedes / y con la mirada al suelo / indiferente respondes: / ¡no lo sé… no lo recuerdo!”.
Rosario Bersabé Montes maneja con destreza y oficio el verso. Gusta del arte mayor, sobresalen los endecasílabos, aunque acompañados de los heptasílabos. Prefiere la rima consonante, más plena, aunque no renuncia al romance ni a los ecos de la poesía más popular y tradicional. Se embebe de todo y goza con demostrar sus raíces.
El libro se organiza en torno a diversas secciones, como una miscelánea del sentimiento, aunque queremos destacar “Los sonetos del arraigo”. Dicen que para ser poeta de verdad tienes que haber escrito algún soneto porque es una de las estrofas más complicadas y, a la vez, más agradecidas. Rosario se explaya con generosidad y se siente a gusto con este metro. Sus sonetos se nutren de sus emociones más íntimas, su padre, su madre, su hermano…, la tierra de acogida… el amor, el mar… el deseo de seguir vida y clamarlo una y otra vez porque, al fin y al cabo, la existencia es la suma de cada minuto que se vive, de cada instante que Rosario ha vivido con intensidad y humildad. Ahora bien, no nos engañemos, ella sabe de sí misma y no renuncia a nada porque, llena de vehemencia, exclama que “No pido nada, porque nada quiero / ya tengo todo cuento necesito”. No en balde el soneto que se inicia con estos versos es el que cierra el poemario.
Rosario juega con las palabras, emplea las enumeraciones y las metáforas; engarza ritmos de manera certera, sabe del encabalgamiento y del hipérbaton. Es, en suma, una poeta consciente de su verso. Una poeta fuerte y frágil, a la vez, como es De roca y hierbabuena.


Prólogo al libro, por Hugo González Hernández

domingo, noviembre 06, 2011

Antonio y Manuel Machado.
Selección de Antonio Rodríguez Almodovar. Ilustraciones Patricia Metola
Edelvives

            El libro que estamos reseñando es un volumen de gran calidad, tanto por el contenido como por la forma. Se trata de una pequeña joya, encuadernada con tapas duras, e ilustrada por Patricia Metola con unos trabajos hermosísimos que dignifican la palabra de los hermanos Machado al tiempo que enriquecen su mensaje gracias a la finura y a la sutileza de sus creaciones.

            Antonio Rodríguez Almodóvar ha unido en el libro a los dos hermanos Machado, Manuel y Antonio, como lo estuvieron en vida, ya que ambos fueron inseparables y se educaron siguiendo una misma línea de pensamiento, la propia de la Institución Libre de Enseñanza. No obstante, ambos sufrieron peripecias vitales distintas. Cuando estalló la guerra, Manuel optó por permanecer en Sevilla y Manuel siguió el itinerario de la República, por lo tanto, el exilio y una serie de penurias que ya todos los que gustan de su poesía las saben. La historia ha sido injusta con Manuel y lo relegó a un segundo término, aunque sus poemas son de gran calidad literaria y su pensamiento también es digno de tenerse en cuenta. No hay por qué comparar a los dos hermanos, sino darles a cada uno su relevancia.
            En el libro, Antonio Rodríguez Almodóvar escoge una serie de poemas populares, de tema tradicional en su mayoría o cercano, que tratan de recoger el sentir de la tierra andaluza, pero muestra cómo Antonio y Manuel a veces tratando el mismo tema lo hacen de manera distinta. Antonio mira más hacia dentro, en un modernismo sobrio y contenido, mientras que Manuel es más vistoso, sigue más de cerca la estela rubeniana y da más color y más alegría a sus poemas, aunque quizá Antonio sea el más profundo.
            Merece la pena revisar a los clásicos y releerlos y darles nuevo brillo y nueva luz para que los jóvenes se acerquen sin prevención a la poesía, sin pensar que se trata de textos polvorientos y anquilosados que nada dicen. No hace mucho, con una alumna leí unos poema de Manuel Machado, de este mismo libro, los que dedica a la pintura y me confesó que le habían impactado sus imágenes y que le gustaría leer más. Eso es lo que pretende Antonio Rodríguez Almodóvar y lo va a conseguir.
            “Caminos y cantares”, como el buen vino, contiene una serie de poemas reposados y meditados que darán al lector joven la idea de que lo añejo no tiene por qué estar anticuado y que, en definitiva, desde que el mundo es mundo, las aspiraciones de los seres humanos han sido siempre las mismas, y eso bien los saben los poetas. Lo saben Don Antonio y don Manuel.

































viernes, agosto 19, 2011

Hace años escribí el relato "Ha sido en el pozo". En ese momento, la imagen poderosa de la luna de Lorca con un niño de la mano me impactó y presidió todo el relato. Lo incluyo en esta entrada como homenaje particular al poeta universal y añado el poema original, "Romance de la Luna Luna".



Romance de la luna luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.




HA SIDO EL POZO, MADRE

 “Vivir es ver volver”
 Azorín
"Por el cielo va la luna con un niño de la mano”
F. García Lorca
      
“Ha sido en el pozo, ha sido en el pozo”. 
Juan, Anselmo y Jesús iban gritándolo por todo el pueblo. La noche estaba en calma y una luna grande y lechosa iluminaba sus rostros angustiados. 
“El pozo”. Un agujero oscuro y sucio. Nido de reptiles y alimañas. Tu tío y tu padre fueron los primeros, después llegaría la Guardia Civil y, al final, el silencio. Lo recuerdas con frío y dolor. Las mujeres del pueblo cosían sudarios blancos y la vieja nunca volvería a reír: el pequeño había muerto. Jesús regresó tiritando, de madrugada. La casa, desde entonces, es más pequeña y más triste. Me duele en el alma; pero hoy no debo ser cobarde. Tus ilusiones, tus esperanzas se fueron esa noche tras Juan, Anselmo y Jesús y murieron con el pequeño. Mi vientre concibió, mis desvelos lo arroparon y un mal aire me lo arrebató. Luego llegaron las lamentaciones, el sosiego, la paz. Tu madre está hecha de retazos mal cosidos. Tu madre no sabe vivir... Tu madre, tu madre. Mi madre permanece aún en los 30 años, llena de rosas y jazmines, abrumada por la soledad y la fatiga. Todos me han hablado del hermano, menos ella. Todos dicen que soy igual, menos ella. A veces la zarandearía, la golpearía para demostrarle que yo estoy aquí, que yo sí estoy vivo. Las flores no hay que enterrarlas.
La sirena sigue sonando. Hace 20 años de aquello. Ella se fue al pozo y no saldrá de él. Se reunió con el pequeño. Las mujeres aún recuerdan los sudarios blancos y los dientes amarillos de la vieja. No nos lo hubiéramos imaginado nunca; su madre tampoco pudo saberlo. Pero, ¿por qué esta noche?
No fracasarás de nuevo. Hace tiempo que lo llevo intentando. Juan, Anselmo y Jesús han ido a la ciudad; pero su grito se sigue oyendo en noches como ésta. Lo desempolvaré y saldrá de nuevo: limpio, rubio y grande. Mi niño buscando hierbas malignas para la hechicera. Mi niño hecho de espumas y nácares. Ahora veo esa luna redonda, blanca y letal. Ahora. “Ha sido en el pozo, madre. Ha sido en el pozo”. Por la mañana notamos su ausencia. Él nos dijo: “Está con el pequeño”. Todos nos miramos y asentimos. En la calle estaba lloviendo. Nadie se asomó al patio a recoger la ropa mojada. Apareció flotando entre sapos y algas, con el vientre hinchado y la cara morada. Tenía en las manos un mechón de pelo rubio. 
“Ha sido en el pozo, madre. Ha sido en el pozo”.  

(incluído en Relatario, Varios Autores, Librería Fuentetaja, 1992)

domingo, abril 24, 2011




“Nunca es casualidad que las palabras
tengan ecos distintos según lo que hayas
escuchado y leído, pero sobre todo escuchado.”
(Mª Rosa Serdio)


DATOS BIOGRÁFICOS, EL BUEN HUMOR DE UNA MUJER SERIA

Mª Rosa Serdio González (Ayuntamiento de Langreo, Asturias, 1953) es una mujer que ha hecho de su vocación poética parte de su oficio, como veremos. Gracias a Mª Rosa Serdio y a su trabajo en el colegio “Elena Sánchez Tamargo” se ha n creado cientos de lectores. No en balde ha obtenido el Premio “Leer es vivir”, concedido por Everest, en el apartado Animación a la Lectura. Como la define la también escritora María García Esperón, en la presentación del colectivo “Voz y Mirada”, al que pertenece, Mª Rosa Serdio es “poeta, educadora y promotora cultural”.
Así, en esta sección nos acercamos hoy a los poemas de Mª Rosa Serdio, una poeta que siempre creyó que su poesía nacía de las circunstancias y que nunca pensó que merecía importancia, cuando es justamente lo contrario. Sus versos fluyen naturales y rítmicos, se nos enlazan al corazón del niño que fuimos –y que podemos seguir siendo- y nos hablan con palabras claras y rotundas de los colores de la vida. Mª Rosa Serdio es una docente convencida de que su trabajo es importante, que se toma muy en serio estar en clase delante de un grupo de niños y niñas, de jóvenes que esperan que les dé lo mejor de sí misma que es lo que hace, curso a curso. Es una mujer generosa, volcada en su familia, en su oficio, en sus amigos. Una mujer que siempre quiere permanecer en segunda línea, dejando a los demás el protagonismo, cuando ella misma, ahora mismo lo comprobaremos, tiene mucho que contarnos puesto que es un ejemplo de tesón de voluntad, de disciplina, pero también un oasis de esperanza, de ternura y de comprensión. Ella misma trata de definirse de esta manera: “Creo que, gracias a mis padres y a su ejemplo, soy trabajadora. Tengo la suerte de hacer lo que me gusta, por tanto soy muy afortunada. Soy comunicativa pero reflexiva, bastante optimista y creativa, insistente y realista. Según los niños exigente y divertida. Soy seria pero con buen humor. Y, como tengo bastante buena salud, puedo permitirme el lujo de trabajar bastante, cosa que me trae no pocos problemas de ajustes de horarios y tener muy poco tiempo para leer para mí. ¡Y esto es una PROTESTA!”
La propia Mª Rosa Serdio, “Rosa la larga” como la llama su buen amigo, el también escritor y reciente Premio Nacional de Literatura Alfredo Gómez Cerdá, nos habla de su temprana iniciación en la lectura que aprendió de su abuelo al que recuerda con gratitud y cariño. De él también aprendió a escuchar y a valorar la música. Por eso se define como “una gran oreja, al igual que otros son grandes narices, y me encanta TODA la música que me acompaña siempre en el trabajo o el ocio. Y eso también es cosa que aprendí de muy pequeña escuchando canción asturiana, copla o canción coral. Más tarde canté en el coro del colegio, en una coral local y en el coro veraniego de la Universidad de Grenoble durante mi estancia de especialización en francés para edades tempranas.”
Nuestra escritora estuvo escolarizada en su escuela rural hasta los 9 años, después pasó al colegio hasta los 15 y estudió en la Escuela Normal de Magisterio (Plan 72) hasta los 18 años. Entonces, nos cuenta, “comencé a trabajar en mi colegio de Oviedo “Sagrada Familia” del barrio de San Lázaro, recién salida de la escuela. Allí aprendí la importancia de la presencia, la palabra y el valor del ejemplo de un maestro en la vida de los más necesitados pues su alumnado era, en su mayoría, de orígenes desfavorecidos.” Tuvo ocasión, en esos años, de estudiar en la Alianza Francesa y participar en distintos cursos de verano en diferentes Universidades francesas para perfeccionar el idioma: Quimper, Sorbona, Grenoble. Por fin, aprobó las Oposiciones de Profesora de EGB por Filología Castellana y Francesa en 1976. Así, llegó, y le cedemos de nuevo la palabra, a su “primera escuela definitiva en mi colegio de Cádiz, en San Martín del Tesorillo hasta 1980, a mil kilómetros de casa, una experiencia deseable para todo profesional: conocer la punta opuesta de su país y, si tiene una especialidad lingüística, vivir en esa lengua y en el país que mejor la hable.” Por fin, desde el curso 90-81, imparte su docencia en lo que ella llama “mi colegio,el “Elena Sánchez Tamargo”, de Pola de Laviana con alumnos que fueron de mayor a menor edad y, durante varios cursos, combiné adolescentes con niños de ocho años a los que daba clase de francés precoz.”
Para Mª Rosa la relación con sus alumnos y alumnas es una fuente constante de alegría: “ Las clases me encantan. Explicar me apasiona. Me encanta escuchar y aprender, aprovechar y buscar materiales. Me gusta prepararlas, ver cómo puedo llegar a donde parece imposible, convencer, animar, descubrir dónde puede estar escondido un futuro mejor para cualquiera de ellos, un texto que llegue a donde ni lo intenta el libro de texto. Una hora de clase bien conseguida es un premio para todos.”
Desde siempre, como dijimos al principio, la vocación de Mª Rosa Serdio ha sido doble –o triple-, por un lado, su docencia, su entrega al alumnado, con total dedicación y, por el otro, su pasión por las letras, por la escritura, por la música. Así, no es extraño que afirme que hay una constante en todos los centros por los que, no nos cabe duda, ha dejado su huella: “ la biblioteca, la lectura, la palabra, la poesía, los libros que no eran de texto y la música para todo como animadora de la expresión, la emoción y la acción. Siempre un libro en el bolso y alguno más a mano y a disposición de cualquier posible lector pequeño o mayor.”

LECTURA, MONTONES DE LIBROS POR TODAS PARTES

Tras los versos de Mª Rosa late un profundo respeto a la lectura, a la literatura, a la palabra escrita porque, como nos comenta, entre la emoción y la nostalgia, “pertenezco a la generación de lectores que leyeron sin libros, que amaron los textos y a los autores a través de los fragmentos de las Antologías, que al no disponer de libros propios ni de bibliotecas cercanas, memorizaron cualquier poema que sintieron como importante incluso textos largos en francés y ¡en prosa! Trufando los estudios y las experiencias vitales fueron apareciendo las historias narradas en largas veladas sin tele, los romances recitados mientras se hacía la cena, las canciones de todos los juegos posibles de corro, pelota, comba y de recreo mezclados, cinco minutos más tarde, con Berceo, Santillana o con Manrique, el Romancero, Gabriela Mistral, Quevedo y Lorca, Hernández y Juan Ramón unidos a los autores franceses de referencia para mí como Rimbaud, Paul Fort, Prévert bien aliñados con las canciones de Brassens, Brel, Moustaki, Nana Mouskouri, Serrat o Storni, Calchaquis y Quilapayún para completar la “educación textual” y, como puede verse, poética casi sin sentirlo.”
Las lecturas que realizó siendo niña le marcaron parte del camino y ella las recuerda con agradecimiento, como un tesoro que quiere compartir con nosotros: “Recibí regalos inauditos para una niña de pueblo como unos discos, que aún conservo, con poemas de Mª Elena Walsh: La Reina Batata, don Enrique del Meñique, El Gato Confite... Todos estos tesoros surgían, de tanto en tanto, de las maletas de mis tíos, emigrantes en Argentina, que también me surtieron de música folk de Chalchaleros a los que aún escucho, de Atahualpa Yupanqui o de Roberto Carlos de quien guardo como tesoro su primer cassette cuando aún nadie cantaba “El gato triste y azul”. Y por él me llegó toda la música-poesía brasileña de Vinicius y demás familia.”
Ya de mayor, ha seguido siendo una muy buena lectora. Así nos traza, en pocas líneas, el panorama de sus lecturas: “Me gusta la literatura de viajes, la que sucede en lugares lejanos en el tiempo y en el espacio, la literatura que narra experiencias vitales. Y me acuerdo de un verano leyendo a Cortázar “Los autonautas de la cosmopista” un experimento entre sociológico y literario o las aventuras de diferentes viajeros por los lugares más insospechados. Los libros me llegan y hay otros que están y no me llegan nunca. Últimamente abrí paréntesis para leer “En tierras bajas” de Herta Müller y me fue muy difícil sustraerme al ambiente que crea esta especial autora. Empecé por leer poesía de Tahar ben Jelloum, periodista y novelista francés y acabé por seguir su trayectoria personal durante años. Lo mismo me pasó con Michel Tournier y con Ana Mª Matute o con Juan Farias a los que cada vez regreso para ver cómo se transmiten sentimientos con maestría. Del verano de Neruda ya sería largo de hablar pero...me dura aún y seguramente que, cuando acabe de enumerar recordaré a alguien infaltable en mis lecturas. Y Whitman al que vuelvo todos los años para revolver entre la naturaleza humana mejor contada y sentida. Naturalmente olvidaba una colección Reno de novelas de bolsillo donde leí a todos los rusos, a Hesse y a los americanos de la generación de Hemingway cuyo Viejo y el mar no deja de asombrarme.”
Mª Rosa Serdío, con todo el bagaje cultural y popular que llevaba a sus espaldas, era inevitable que acabase escribiendo. Lo tenía marcado en su camino. Con sentido del humor reconoce que: “Se agita todo esto durante un tiempo de transición y, si no explota, puede resultar un buen caldo de cultivo para tener recursos de donde tirar en clase o en un fin de fiesta con guitarras.” Y, por fin, encontró el hilo de donde tirar, lo que ella llama la época del “ “Resarcimiento” donde me recuperé de las carencias lectoras infantiles preparando para mis alumnos materiales para usar en clase, leyendo vorazmente para ir un pasito por delante de ellos que venían demandando. O eso me parecía a mí, que sí conocía mis carencias.” Así, se hizo una gran conocedora de la literatura infantil y juvenil y sigue tratando de contagiar, generación a generación el veneno de la lectura. Sin olvidar su oficio, une la preparación de sus clases, el respeto que le merecen sus alumnos, con su propio gusto lector. Así, siempre está en perpetua búsqueda de “todo lo que me ayude a leer mejor, a interpretar mejor los textos que elijo y a ofrecerles, a puertas abiertas, lo que yo vi cerrado en aquellos armarios bajo llave que no olvidaré nunca por ser una belleza inútil, quieta y vedada. Tal vez por eso mi clase tiene, desde siempre, montones de libros por todas partes a disposición de quien quiera, incluso perderlos, en el trayecto de su lectura.” Una de sus debilidades, y ahora entendemos por qué, es la Biblioteca de su colegio a la que dedica horas, cariño y atención. Con gracia comenta que: “aún sigue en construcción pero pienso dejarla en plan cuando acabe mi estancia en el colegio.”
Mª Rosa Serdio no es pesimista cuando se le pregunta por los niños y la lectura; es más, piensa que leen “Sí y mucho. De papel, de revistas y de pantallas. Si contamos cuánto leí yo a su edad, y hemos de verlo así, ellos me dan mil vueltas. Los lectores, también hoy, sacan tiempo de debajo de las piedras o de debajo de las mantas como toda la vida. Además, leen más variedad de textos y sobre soportes diversos. Leen sin darse cuenta y con mucha más intención de la que se cree.” Ahora bien, añade, “Otra cosa es la llamada calidad de lo que leen.”
En cuanto a la Literatura Infantil y Juvenil actual comenta: Yo que empecé a leerla con tres colecciones, ahora encuentro dificultad para seguir el ritmo a los buenos autores y tratar de descubrir los nuevos entre los que hay estupendos talentos.
Necesitaríamos una crítica fuerte y bien formada y que las editoriales no fuesen complacientes, sobre todo a la hora de entregar los premios como si fueran dones entre grupitos de amigos.
Tenemos un plantel de excelentes autores, algunos ya clásicos, que continúan dando muestras de por qué lo son en cada obra nueva y que se lo ponen muy difícil a los jóvenes por su experiencia, porque aún asumen riesgos, por oficio y, sobre todo, por conocimiento del público lector. Llevan 20 años pateando y escuchando lo que dicen estos lectores en evolución. Jordi Sierra, Andreu Martin, Alfredo G. Cerdá, Ricardo Gómez, Gonzalo Moure, Mercedes N-C, Carmen Gómez Ojea, Blanca Álvarez, Fina Casalderrey, etc. Para mí la lista sería interminable.”

DOCENCIA, GANAS POR CONTAGIO

Mª Rosa Serdio habla con agradecimiento de su estancia en la escuela rural y de la impronta que puso en ella su maestra, doña Consuelo. Ella considera que, en su labor actual, solo devuelve un poco de lo mucho que la comunidad educativa la ha dado. Su trabajo no es un trabajo usual, puesto que es fruto de una elección, de un cariño, de una vocación, de un darse a todas horas. Para ella: “El día a día en el aula está dedicado a que los niños estén convencidos de lo importante que es SABER y de que, para hacerlo, hay que trabajar con alegría, método y tesón, abriendo muchas puertas diferentes para llegar a comprender que los objetivos verdaderos de una actividad, sea cual sea, son comprender y disfrutar.” Y es que sus ideas son novedosas y para ella, no es importante el tiempo, sino otros aspectos que si se tratan de soslayar impiden que se repose lo aprendido, que se vivan con alegría las clases. Para ella, “el tiempo, tan acuciante ahora, no es lo más relevante en el aprendizaje. Me interesa más la profundidad de lo aprendido y los sentimientos que genera. Me gustan los árboles añosos por su sombra y plantar nuevos por imaginar sus frutos futuros. Se tarda en enseñar y en aprender, y de un tiempo a esta parte más, pero mis alumnos son mi mejor respuesta. Ellos evalúan continuamente mis objetivos lo mismo que yo califico los suyos porque los vemos juntos y HABLAMOS MUCHO. El programa es una cosa y la vida de la clase otra que lo contiene pero que lo deja muy corto.”
Las reflexiones de Mª Rosa Serdio en torno a la docencia y a la manera de llevar una clase no tienen nada que ver con los programas encorsetados y polvorientos y sí con la vida, porque Mª Rosa contagia vida, da herramientas para que todos sepan emplearlas, no corta las alas, sino que ayuda a que se desplieguen, porque, “lo mejor de la clase no aparece escrito porque es la percepción que cada uno tenemos de lo que allí sucede y de lo que cambia en nosotros cuando aprendemos”.
Por su interés comentamos algunos de las “fórmulas” que ella emplea para tratar de motivar a sus alumnos, tarea nada fácil, por cierto:
1.- Yo les leo a diario y, a veces, durante mucho rato y en otras clases que nada tienen que ver con Lengua.
2.- Tienen libros a disposición de todos los temas y tamaños y, de cuando en cuando, leemos juntos para hacer algo especial con la lectura como reencontrarnos con su autor/a. Lo del reencuentro es vital ya que empiezan a ver autores con 3 añitos.
3.- Leemos para otros, les vamos a recitar a sus clases, leemos para los familiares en casa TODOS LOS DÍAS y para los mayores del la Residencia de la 3ª edad de vez en cuando.
4.- A veces jugamos a que yo no encuentro un libro sobre tal o cual tema en un tiempo X. Resulta apasionante leerse luego los hallazgos. Es una especie de caza primitiva cuya recompensa es doble o triple.” Y es que ella se recuerda “leyendo el papel de los caramelos para ver de dónde venían. Por eso trato de sembrar las ganas por contagio de textos, de fragmentos, de préstamo de libros muy especiales para mí como los dedicados por autores especiales, por raros, por antiguos. Volvemos al etc. Y como cada curso los niños varían...la aventura está servida.”
La escritora-maestra asturiana va con los tiempos y trata de unir modernidad con tradición, que, en absoluto están reñidas. Así, mantiene un blog hermosísimo y muy visitado que complemente, de alguna manera, su afición a escribir sus ideas en cuadernos, en miles de libretas, ahora lo hace en el PC, aunque, mujer realista, se lamenta de que ahora que “¡Tengo las dos cosas! Y menos tiempo que nunca para aprovechar todos los medios de que dispongo.” El blog, en suma, lo creó “para aprender a llevar el del colegio porque el compañero que lo mantenía se cambió de centro y no queríamos dejarlo morir. De ahí hasta el día de hoy han pasado ya dos cursos y lo que va de éste. Ahí está, tranquilo pero activo. He aprendido mucho con él, sobre todo de la repercusión de la palabra y he escrito como nunca antes. Nunca me gustaron los diarios ni las agendas al uso y, sin embargo, al blog le veo la utilidad de que los niños y los compañeros puedan usar las ideas o las lecturas que vamos enseñando y se comentan como apoyo a su tarea o a su ocio. Además, me gusta que tenga unas ilustraciones interesantes y eso me ha hecho descubrir muchos caminos de búsqueda y perder bastantes horas tras una idea que no acababa de concretar. O sea, como todos.”

ESCRITURA “DE USO INTERNO”

Mª Rosa Serdio, divertida y con cierta sorna, dice que escribe desde nunca y desde siempre aunque, añade, “yo oficialmente no escribo porque no he publicado nada propio aunque sí una traducción y una investigación sobre el folklore escolar “Pin Pineja” (Júcar) en colaboración con otros compañeros de tres escuelas más. Pero siempre me ha tocado escribir para decir, para pedir, para presentar, para regalar o sea, sí escribo pero para uso interno, como a mí me gusta decir.” A Mª Rosa no se le “resisten las palabras. No se me resisten las palabras. Sólo se me resiste el tiempo y, tal vez por eso, la poesía me eligió para dar forma a lo que precisaba en clase.”
Para ella escribir poesía fue algo natural que describe de manera metafórica: “ No fue más que llegar a la fuente y coger el cubo necesario para el momento. Poesía como agua salvadora, tal vez sería la definición que me pides. Básica y sencilla. Vital. No elegí el género. Es así como me llega y no siempre. ¡Menos mal!”
La poesía para ella ha sido “como un hilo azul que va anudando las cosas importantes que pasan en mi vida. Siento que SIEMPRE está ahí la melodía, aun en lo más prosaico. O sea, como el sol en los días nublados.” Ahora bien aunque sabe cómo manejar las palabras, no siempre las ideas que tiene cobran forma porque: “no sé cuándo una idea va a querer que tire del ovillo redondo y azul que trae todo lo que luego será un texto.”


PALABRAS DE PAZ

Los poemas Mª Rosa Serdio tienen una base metafórica importante y son una buena muestra de rica adjetivación. Con palabras cotidianas logra imágenes hermosas, claras, muy ricas y, a la vez, fáciles para que los niños, sus principales receptores, las entiendan. Eso no menoscaba ni el ritmo ni la rima que ella mantiene con gracia. A menudo una excusa, una celebración está tras el origen de un poema.
Muchos de sus poemas giran en torno a la paz y, en manos de Mª Rosa Serdio, esta palabra tan enorme, a veces desgastada por el uso, a veces desprestigiada y ninguneada cobra protagonismo, irradia luz propia, se convierte en niña y, por tanto, tiene aún todo el mundo en sus brazos. Con sus poemas sabe que no logrará cambiar el mundo, pero lo intenta e viste de ilusión todos sus mensajes. En primera persona, la poeta le da la bienvenida y trata de borrarle los malos sabores porque:
“Las noticias acechan, constantes,
Convirtiendo la vida en dolor…
Entonces sólo la bandera blanca
Me arropa y cura el corazón.

Hoy es día de luz y de amigos,
Es jornada de vida y acción
Por eso vuela mi bandera blanca
Paloma del aire, deseo, ilusión. “ (Día de la Paz, 2006)

Y es que la paz, personificada, nos renueva por dentro:
“Se acerca, llama a tu puerta.
Hace que tengas
nueva ilusión.
Te sonríe desde las cumbres.
Puede que llores
de la emoción.
Te llama, llama a la calma.
Toca tu vida
con nueva voz.” (“Ella”, 2009)

Mª Rosa Serdio se sabe acompañada y siente una gran responsabilidad ante lo escribe, por eso nunca olvida a los demás, a los que menos tienen porque:
“Sobre sus palmas
muestran tu alma.
Sirven amor
y, si hace frío,
te dan calor.

Secan tu llanto,
tocan tu piel
y, si hace falta,
son tu mantel.

Dame la tuya.
Te doy mi mano
y somos hermanos.” (Día de la Paz)

Su poesía a veces se vuelve lúdica, juega, enumera con brío, para recibir a la Paz; aunque no es una alegría sin más, sino realista puesto que no olvida que la situación es mejorable:
“Enero, algodones,
plumas blancas
voz,
almas dulces,
canto,
sonrisas, color…
paloma que lleva
olivos y amor.
El globo que asciende
hasta el mismo sol.
Y, abajo, la Tierra:
el hambre,
el dolor
la bala que hiere…
¿Dónde está la flor?
Semilla escondida
en mi corazón.” (Día de la Paz 2005)

Trata de encontrar los lugares en los que se halla la Paz y la descubre en su quehacer cotidiano, lo cual es un buen aliciente para todos. No hay que buscar lugares exóticos, ni realidades ajenas a las nuestras porque la Paz llega a todas partes, si sabemos buscarla y propiciarla, eso sí:
“En el paseo que doy con mi perro,
En el primer rayo de sol matinal,
En el pájaro que inicia su viaje…
Encuentro la paz.” ( Día de la Paz 2006)

La Paz germina en nuestros corazones de manera tan gráfica como ésta:
“Mano de paloma
corazón en flor…
¡Quién quiere acordarse
del ronco cañón!

Ojos sin miradas
futuro en dolor…
¿Quién irá a llevarles
justicia y calor?

Deseo que anuda
cintas de color…
¡Goma de mi clase
que borra el horror!

Bolsa de semillas,
hermosa canción…
Pronto dará fruto
la siembra de hoy.” (“Siembra de Paz”).

Véase como las herramientas de su oficio aparecen en sus versos, para que los niños se identifiquen más; en este caso, la goma de borrar.

Los juegos de palabras también brotan en sus versos como leemos en “Conjugar la Paz”:
Paz para bien vivir.
Para disfrutar, paz.
Paz para conseguir
tu libertad.

Y es que ella, en definitiva, también se implica en sus versos y:
“También yo quisiera
ser un corazón
blanco, blanco, blanco
de paz y perdón.” (2007)

La realidad se impone y muchas veces todo se queda en un sueño del cual no se quisiera despertar:
“No hay fronteras
en el aire
ni límites
de color.

¡Hemos ampliado el mapa
sobrevolando el dolor!

Ya no existe
la injusticia
ni ha resistido
el rencor.

¡Hemos alegrado el mundo
con una nueva canción!

Todo sería perfecto pero…
estoy soñando yo.” (“Soñando Paz”)


COLORES Y MÁS COLORES

Si alguna cualidad tiene la poesía de Mª Rosa Serdio es el colorido y la gracia que tiene para enlazar una imagen tras otra, en continua enumeración como los vemos en estos versos que tratan de describir hermoseándolo –y lo logran- el color:
Rojo/ Roja la ampola/Rojo del rosal/Rojo el corazón/. Los versos anteriores pertenecen a su poemario “Colores y más colores” y en ellos nos recrea los distintos colores con imágenes atrevidas como “Naranja zumo”, “Verde Andalucía”; otras más remansadas como “Azul de tus ojos” o tópicas como “Negro gato”, “Violeta color”; pero todas ellas armoniosas y sugerentes: “Amarillo yema”; “Gris es la niebla /y tu pantalón” o “Marrón para usted”.
La cualidad de estos versos es que están organizados a manera de paralelismos en los que apenas hay verbos y lo que domina es el adjetivo del color que aparece, de manera llamativa, como si fuera el sustantivo, ya que, en estos versos de Mª Rosa, las cualidades propias de la adjetivación las adquieren los sustantivos, por eso son versos tan impactantes, que nos llaman la atención porque en ellos la poeta juega con la gramática y no solo con las imágenes poéticas.

LA NAVIDAD

En el colegio –y en la vida real- la Navidad es objeto de alegría, que siempre está llegando y nos pilla como por sorpresa o, al menos, es corriente escuchar esa expresión, ante los árboles y las luces, medio asombrada, que pronunciamos muchos: “Ya estamos en Navidad” y es que:
“ Cuando crees que la has olvidado,
sonriente, bordeando el tejado,
llega, despacio, a tu lado
una nueva Navidad.”

Porque… ¿quién nos dice que ya ha llegado la Navidad? ¿Qué indicios tenemos?:
“Una flor roja de Pascua,
en el corazón un ascua,
luz, regalos, hermandad…
¿Será esto Navidad?

Escarcha, nieve, temblor,
beso que mata el dolor,
turrón, cuentos, mucha PAZ…
¡Que viva la Navidad!”

La poeta también recrea la alegría que supone la Navidad, con sus canciones, con sus colores, con su música:
“Y las castañuelas
empieza a tocar.
Y la pandereta.
¡Que ya es Navidad!”

Y es que en Navidad todo parece como recién hecho:
“Gorro de lana,
manoplas,
nuevo abrigo,
rojas botas
y dorado corazón…•

La navidad tiene unos elementos importantes que le sirven de decorado como el árbol, pero la poeta se resiste a cortar el pino y prefiere, en un claro mensaje ecológico, adornarlo en el propio monte:
“No llevaba hacha…
Me la había dejado
pues creo que un árbol
no es árbol cortado.

A casa me fui
cogí los adornos
y al monte volví.

Y ya estamos todos.
¡ Llegó Navidad
y el monte es de oro!”

No olvida todos los preparativos en torno al árbol o al belén, cómo las figuras surgen y casi cobran vida gracias a la magia navideña. La novedad, no obstante, aparece en sus versos porque es la propia María quien inventa un decorado para la Navidad:
“Con piñas y mazapán,
con un corcho
y algodón
estaba haciendo María
los ropajes de Melchor.”

Y es que, en definitiva, todos podemos sentirnos protagonistas en esas fechas:
“Por el caminito
que va hasta Belén
viaja mucha gente.
¡Y yo voy también!”

Animales y personas, tienen su lugar en el mapa de la Navidad:
“Por un caminito
camino a Belén,
camina un sapito.
Camina ¿lo ves?
Con su pata rota,
con su lento andar,
con su glo-glo inquieto”…(“¿Vienes a Belén?”)

Y por supuesto, sin olvidar a los personajes principales (el Niño, María y José), los Reyes Magos (a los que se pueden pedir cosas o sentimientos: “amor para el mundo./ Amor, mucho amor.) o los más recientes (Papa Noel), pero que Mª Rosa no olvida y teje villancicos para sus niños y niñas llenos de emoción y de alegría como el siguiente:
“A Belén va la rosa
de los rosales
y le llevará al Niño
rojos pañales.

Al portal el jacinto
azul del cielo
para darle a María
perfumes nuevos.

A Belén margarita,
la flor del campo,
le llevó a San José
un blanco manto.

Al portal el clavel,
rojo de amor,
dejando su mensaje:
¡¡Mundo mejor!!

Al belén de tu casa
todas las flores.
Al corazón del mundo
amor y dones.” (2007)

En definitiva, lo importante de la Nochebuena es que:
“y a las doce…
Nació Jesús.
¡Qué gran noche!”

La llegada de la Navidad ha de suponer para todos un principio, una posibilidad de mejora, porque la Navidad no es una excusa comercial sino mucho más:
“¡Ponte el alma nueva!
Vamos a cantar
y a esperar soñando
otra Navidad.”

Ahora bien, Mª Rosa va con los tiempos y ofrece a sus alumnos y alumnas distintas perspectivas acerca de la Navidad, con elementos innovadores o divertidos que provoquen la sonrisa sin olvidar la ternura:
“Estaba una oveja negra
soñando junto al portal
que le traían lo Reyes
unas gafas de soñar.

Con ella dormía un perro
de peluche y algodón
que ladraba por las noches
do, re, mi, fa, so, la, sol.

Llegaron dos niñ@s frí@s
a visitar a Jesús
y le llenaron de besos
de oro y coral ¡Ya ves tú!

Entonces dijo la mula
mientras tejía un jersey:
- El primero que sonría
oirá cantar al buey.

Cuando llegaron los Magos
fiesta había en el portal.
Todos bailaban contentos
y comían mazapán.

Esto que aquí os escribo,
que no parece verdad,
me lo contó mi abuelita
un día de Navidad. (Navidad 2006)


MENSAJES PARA ELEGIR

“Mensajes para elegir” es otro poemario inédito en Mª Rosa Serdio en donde, como reza el título, múltiples son las posibilidades a la hora de escribir un poema. No hay que buscar excusas, las ocasiones se presentan cada día. Hay, eso sí, que estar atentos y nuestra poeta es un excelente barómetro poético que sabe escoger las palabras precisas, los temas y la forma más adecuada. Bien cierto es que la poesía lo hermosea todo y dota a la realidad que podría parecer gris y monótona de una especial dimensión. Por ejemplo, Mª Rosa invita a sus alumnos a ir a la biblioteca y lo hace de una manera mágica:
“Es una casita
bien llena de gente
de tamaño vario
y humor diferente.

Cada piso, un puente;
cada puerta, un juego...
Vengo en la mañana
y, por la tarde, vuelvo.

Te invito a que vengas.
¿Trae a tus amigos
y saldremos todos
a jugar contigo!

En esta casita
tan llena de gente
nos faltan tus ojos.
¡Ven ¡ ¿Qué te detiene?” (“¡Ven!, ¡Ven! Ven a leer”, 2005)

Cuando ofrece textos nuevos no lo hace de una manera casual, sino pensada porque sabe que los libros son mucho más que hojas llenas de letras, son amigos:
“Sueño un libro con orejas
que escuche todas tus penas.

Es un libro en que navego
pintando mi mundo nuevo.

¡Toma este libro! Es mi amigo.
¡Comprobarás lo que digo!” (Día del Libro Infantil, 2009)

¿Cómo se pueden explicar las cosas más sencillas de la vida, los colores, el paso del día a la noche, las estaciones? (Grita el trueno entre las nubes:/ -¡Cambio grises por azules!/ Y en medio, ordenando,/ el sol:/ -¡Arco iris, por favor!). Las personificaciones hacen que los fenómenos de la naturaleza se humanicen:
“La tarde juega a la ronda
Con la playa,
Con el aire,
Con la nube…
Para no sentirse sola.” (“Paisaje de verano”)

A veces pasamos sin ver y nos perdemos momentos estelares como, por ejemplo, cuando aparece la escarcha en nuestros paisajes:
“El panadero
Perdió la harina
Sobre el arbusto
De la colina.”(Escarcha)

O la luna a la que describe así:
“Blanca, redonda
Sobre el tejado
Queso de nata,
Fulgor helado…”(“Luna en febrero”)


Las palabras a veces no bastan y hay que acudir al ritmo, a la cadencia especial de la poesía:
“ Hoja verde,
Viento alegre,
Rosa nueva…
PRIMAVERA.

Campo lozano,
Sol enamorado,
Mar habitado…
VERANO.

Hoja crujiente,
Viento insistente,
Frutos tesoro…
OTOÑO.

Campo dormido,
Sol aterido,
Corazón eterno…
INVIERNO (“Estaciones”)

¿Cómo son los receptores de sus poemas? ¿Cómo son esos niños y niñas que bullen llenos de vida? ¿Dónde se les observa mejor? ¡En el recreo, no hay duda! Y Mª Rosa, paciente y cariñosa, se prende de sus niños y niñas y les escribe versos a la vez que les desea un buen futuro:
“Niños, voces,
Juegos, saltos,
Ojos abiertos, sonrisas,
Fragor de besos
Y abrazos.

Niñas, luces,
Trenzas, manos,
Corazón alerta, brisa,
Fulgor de rostros,
Milagros.

Edad dulce,
Cuerpo alegre,
Mente abierta
¡Seais por siempre!” (“Patio de recreo”)

Los juegos, las rimas sencillas, los diminutivos, las repeticiones y paralelismos hacen que sus versos puedan aprenderse y sean un motivo más de alegría para los pequeños lectores (“Canta, trenecito./ Canta esa canción / que cuenta los sueños de mi corazón.” (2008). Los niños y niñas de hoy también buscan ocasiones para jugar juntos, para danzar, para ser felices y Mª Rosa Serdio les encuentra la oportunidad de realizar sus sueños (A la rueda rueda 7 del afilador, / quien más pronto sueñe,/ vivirá mejor.) Hay otros momentos en que la fiesta es importante como las celebraciones de los cumpleaños (Para el cumple de mi campo / he colgado de un cordón/ una piñata de nube / hecha de tul ilusión.) Y es que, como leemos en uno de sus versos, Mª Rosa Serdio tiene “una varita de hada” con la que todo lo que toca lo convierte en amor, en ilusión, en ocasión para aprender, para soñar, para crecer;
“Avivan tu mente,
Vuelan por tu frente
Y visten colores.
¿Son plumas?
¿Son flores ?
¿Qué crees?” (“Plumas, plumas”)

No hay nada mejor que aprender jugando, que aprender de una manera activa y directa, como en el siguiente poema en el que explica qué es una onomatopeya:
“¡Tip! ¡tap!
¡tap! ¡tip!
Yo trabajo así.
¡Top! ¡top!
¡top.! ¡top!
Así clavo yo.”( ¿Onomato…qué?)
La poesía, en suma, tiene su día y todos la celebran:
“Día de la poesía…
viento, nieve ¡algarabía!
ojos nuevos,
roja guía,
mar bravío…
¡Es el día!

Día de la poesía…
juego, sorpresa, armonía
mano amiga,
luz vigía,
cielo eterno…
hoy…¡tu día!

Día de la poesía…
marzo, silencio, alegría
faro atento,
tiempo abierto,
camino lento… ¡POESÍA! (“Día D”, 21-3-07)


LOS POEMAS DEL BLOG

Desde el curso 2007 hasta hoy mismo, Mª Rosa Serdio llena su blog con poemas, con imágenes, con canciones, con ilusión. Para ella el blog supone, como se lee en uno de sus poemas dedicados a la biblioteca; “Tu lugar para soñar”. Las letras. En manos de Mª Rosa se vuelven cantarinas, cada una tiene su misión y juntas celebran la fiesta de la poesía:
“Las letras cantan.
Hoy es su día.
Bailan, celebran
la poesía
pues cada letra,
que es gran poeta,
puede entregarte
joyas secretas.”

Pero…¿Dónde viven los poemas? ¿Dónde se cocinan? ¡Ella tiene la respuesta!:
“COMPRANDO POEMAS
(Para ti que cocinas versos gustosos)

Con carrito nuevo
me voy a la compra.
Necesito magia
para hacer mi sopa.

Me voy al mercado
con paso ligero.
Llevo mi varita
en el monedero.

Me acerco, sonrío,
saludo al tendero.
Él suele guardarme
secreto y misterios.

Me tiende un paquete
que recetas guarda.
Tiene letras tiernas
y dulces palabras.

Cuando vuelvo a casa,
el carrito lleno,
regreso cantando
y soñando en verso.”

La escuela, a menudo, recibe visitas especiales, como las de escritores y poetas y entonces todo es algarabía, sorpresa y emoción:
“Si de verdad un poeta
nos viniera a visitar...
- ¿Estás segura, maestra,
que eso nos vaya a pasar?”

Los libros, como dijimos ya, son mucho más que conjuntos de hojas escritas:
“He diseñado mi casa
en un libro de hojas blancas.

La vieja hiedra de versos
cubre la puerta de entrada
para que esté camuflada.

Cestas de mimbre, canela
y manzanas reinas de amor
pongo en el recibidor.

Una jaima en el salón,
alfombras de seda y cielo,
muchos cuentos, siete velos...

En la cocina un herbario:
azafrán, cilantro, menta...
¡Un jardín extraordinario!

Mi habitación en las nubes,
sueños, poesía, canción,
nanas para el corazón...

En el baño las burbujas
de sabia rosa mosqueta
y los versos del poeta.

Cuando vayas a marchar
y comiences a salir
Sé que querrás regresar.
¡Pon migas al porvenir!

He decorado mi casa
con libros.¡A ver si pasas!” (Día Internacional del Libro 2009)

Los juegos con consonantes a los que tan aficionada es la poeta porque provocan música y son lúdicos aparecen en algunos de los poemas de su blog como en:
“Mamá mimbre,
mamá miel,
mamá mano,
mamá mies.

Mamá música,
mamá manto,
mamá maga,
mamá mar.

Murmullo madre,
misterio amá,
marea mare,
nai membrar.

¡Madre! Mayo.
madre milagro.
madre manto
madre maná.

Mamá... madre
y mucho más.” (“M… de madre”)

Como ya hemos visto en poemas anteriores, Mª Rosa se recrea en el paso de las estaciones, las dota de cualidades humanas; habla también de las clases; desgrana el paso del tiempo y todo con lo hace aludiendo a las cosas sencillas, a los sentimientos, a elementos cotidianos, aunque siempre provoca sorpresa porque, al humanizar las cosas o los fenómenos de la naturaleza, hace que se nos aparezcan revestidos de magia, como ocurre con el otoño, en “Caballero dorado”:
“Llega el caballero
de los pasos de oro
que llena los campos
con sus mil tesoros.

Repartirá uvas,
traerá castañas
y de calabazas
llena tu cabaña.

Llega el caballero
que cubre de aliento
las cumbres, los prados,
el río, el sendero...

Regalará perlas
a la reina araña,
pintará de estrellas
cielos y montañas.

Ese caballero,
con soplo de artista,
les dirá a las aves
que vuelen deprisa.

Cubrirá de luces
las ricas manzanas
para que sea dulce
la sidra dorada.

El buen caballero,
de nombre sonoro,
regresa a tu pueblo
y se llama Otoño.”


PALABRAS FINALES, EL RITMO PRECISO

Mª Rosa Serdio escribe poesía sin pensar en publicarla y así nos lo dice: “No me inquieta porque mi futuro no es ser poeta. O, si es que he de escribir más textos, será como cuando hago crochet: tirar del hilo e ir viendo si redondo o cuadrado, según para qué o cuánto va a durar, si se parecerá a alguno de mis admirados o a un juego que, en aquel momento, me da el ritmo que preciso.”. Nosotros opinamos, a la luz de los ejemplos que hemos comentado y de los poemas que hemos leído que ya va siendo hora de que Mª Rosa Serdio publique sus poemarios de poesía infantil. La poesía infantil no es tan abundante, en las colecciones literarias actuales, como la prosa. Creemos que es un error porque en cada poema se encierra un universo que puede ayudar al niño o a la niña a crecer, a fomentar su sensibilidad y su imaginación.
Mª Rosa Serdio une, como ya se ha dicho, un doble amor hacia la docencia y hacia la poesía. Cede su palabra a los distintos acontecimientos que se celebran en su escuela, el Día de la Poesía, el Día de la Paz, el Día de las Madres, la Navidad… o cualquier día porque todos tienen su afán y todos, para Mª Rosa, son importantes.
Acabamos de ver una poesía limpia, cercana a la canción. La poeta busca poesía que pueda recitarse, por lo tanto es muy musical, con rimas consonánticas sonoras. Los temas que maneja son sencillos y muy cercanos a los niños, la Navidad, la Paz, los colores, las clases, el pino de la escuela, los libros, las bibliotecas, los sueños, las madres, las estaciones y, en suma, el devenir de la vida que hace que niños y niñas vayan creciendo, despacio, pero sin pausa. Logra imágenes muy impactantes gracias a las metáforas, personificaciones y a los juegos de palabras e, incluso, a la repetición de sintagmas. Emplea la primera persona y la segunda muy a menudo para implicar en su juego al lector u oyente. Son, por lo tanto, frecuentes los apóstrofes, pero también las descripciones, las exclamaciones y las interrogaciones retóricas.
Invitamos, en suma, a los lectores de “Mundo de letras” a que entren en el blog de Mª Rosa Serdio, descubrirán un mundo nuevo y esencial. Seguro.



“Si no te gusta algo es porque nadie te lo ha puesto a mano para, por lo menos, investigarlo un poco.”
(Mª Rosa Serdio).

PARA SABER MÁS

http://rosaserdio.blogspot.com

SERDIO GONZÁLEZ, Mª Rosa:
.”Palabras de paz”
.”Colores y más colores”, Editorial Pintar Pintar, Oviedo, 2010. Ilus. Esther Vallina.
.”Mensajes para elegir”, inédito.