miércoles, septiembre 21, 2011

De la cuna a la luna (colección de poesía infantil),
Antonio Rubio y Óscar Villán,
Kalandraka, 2005.


            “De la cuna a la luna” es una hermosa colección de cinco libros, en formato manejable y con tapas duras, que contienen los primeros versos destinados a los niños más pequeños, a aquellos que, incluso, ni saben leer todavía aunque las imágenes, a cargo de Óscar Villán son también pura poesía.
            Es difícil escribir poesía para niños y también es difícil editarla porque la poesía, por desgracia, no es un género mayoritario cuando debería serlo porque si cultivamos la sensibilidad desde “la cuna” quizás tendríamos ciudadanos y ciudadanas más comprometidos, más cívicos y, sobre todo, más humanos porque la poesía nos hace ser mejores, embellece lo que vemos, nos permite imaginar y abstraernos de nuestra cotidianeidad, a veces gris o mezquina. A los niños no debemos hurtarles la magia del ritmo, el calor de unas palabras acogedoras, el regazo de unos sonidos que emanan tranquilidad, calma y armonía.
            Todo eso es “De la cuna a la luna”. Los libros que la integran son “Miau”, “Luna”, “Cocodrilo”, “Cinco”, y “Pajarita de papel”. Vamos a detenernos un momento en cada uno de los títulos. En “Cinco”, Antonio Rubio nos ofrece un texto muy sencillo que trata de hacer contar al pequeño del 1 al 5, pero no de una manera memorística ni aburrida, sino con amenidad. Eso se logra gracias a los dibujos. Las realidades que se mencionan son cuatro: la luna y el sol, como elementos de los sueños del niño y el pez y el gato, como animales domésticos. Esos son el número cuatro. Pero, ¿y el cinco dónde se mete? Ahí llega el factor sorpresa propio de la poesía: “Luna, sol, pez, gato y brinco”.
“Cocodrilo” combina los colores con el texto y los dibujos. Maneja mucho la repetición anafórica y nos brinda una historia concatenada que nos lleva del cocodrilo al piojo, pasando por una granja. ¿Cómo lo logra? Hay que leer el texto y seguro que al niño no le va a extrañar nada este proceso. “Luna” va dedicado al satélite de la tierra al que se le van sumando distintos elementos, el sol, el girasol, el ruiseñor... En este caso se trabajan las agudas con motivo de la creación de una rima rotunda y sonora. “Miau” es otra composición curiosa puesto que va explicando las onomatopeyas de algunos animales y, cuando más confiados estamos, nos da la sorpresa: “Mamá mamá, dice el niño”. “Pajarita de papel” es la historia de un amor y de unos preliminares puesto que la pajarita organiza la mesa y la comida con primor ya que espera, ni más ni menos, que ¡al pajarito! ¿Algunas vez habíamos pensando que la pajarita de papel tuviera masculino? Pues parece que en los libros de “la Cuna a la luna” todo es posible.
            Son textos, insistimos, muy sencillos, limpios de adornos superfluos, concretos que nos hablan de lo esencial y que juegan con las palabras y los colores. La colección es muy recomendable para leer en voz alta a la vez que se van comentando los dibujos o, simplemente, disfrutar de la lectura y la imagen. Sin más.
            Los libros se ofrecen en un estuche que los contiene lo cual es muy acertado porque da unidad a la colección ya que el estuche está ilustrado con una mano y, por supuesto, con los números del 1 al 5, que son los ejemplares de la colección hasta la fecha. Cabe señalar que no están numerados y que empiezan de repente, con el texto y el dibujo, sin preámbulos. Abres el libro y toda la magia de la poesía está allí, intacta para que, por primera vez, el niño la goce.








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