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viernes, julio 22, 2016

El gas del olvido,
Fernando Lalana-José Antonio Videgaín,
Edebé, 2010

El gas del olvido es, sin duda, una lectura muy recomendable para el verano. Contiene todos los ingredientes para enganchar al joven lector (a partir de 12 años). Es una novela de acción, de misterio, de humor, de emociones y de afectos familiares. ¿Qué más podemos pedir?
En esta ocasión, Raúl, el protagonista, se las prometía muy felices pensando que iría a veranear a Salou, pero no. Su abuelo comienza a padecer periodos de amnesia y toda la familia se traslada al pueblo, Secarrazos, a pasar un verano bastante más movido de lo que pudiera parecer en un principio, sobre todo para Raúl. El nombre de Sacarrazos, cargado de ironía, ya indica cómo debe ser el lugar.
Ni el abuelo es un anciano, ni sufre de desmemoria; ni el psiquiátrico en donde está internado es un centro de salud mental ya que, entre el asombro y la perplejidad, conforme vayamos leyendo descubriremos que el pueblo se formó alrededor de una base secreta de misiles, organizada en la época de Franco y que el abuelo, don Matías, era uno de los agentes secretos más brillantes. Ahora, comienza a haber problema y la antigua responsable del complejo, Úrsula Sandoval, aparece con otros planes.
El abuelo sufre de amnesia a causa de un gas que le están haciendo inhalar, el gas del olvido, para que  no separ ni quién fue ni qué puede pasar si se activa la base de nuevo. No contaban con la audacia de Raúl ni la inteligencia de eme-eme, Matilde, la compañera empollona de Raúl que también veranea en el pueblo. En principio Raúl y Matilde no se toleran, son opuestos, pero, poco a poco, se van acercando y entre los dos surge una amistad y algo más. Esa es una fórmula a la que suele acudir Fernando Lalana y que le da muy buenos resultados.
El libro va lanzando pistas constantes que no se resuelven hasta casi el final, como la importancia de  La isla del tesoro para desbaratar el plan de Sandoval o los juegos con el santoral y varios elementos más, como el café que es el antídoto contra la desememoria.
Otro elemento interesante es la estructura, el libro se inicia en el día cero y acaba en el día setenta y siete. Se divide en cinco capítulos de extensión desigual y está narrado en primera persona por el propio Raúl. 
El final es ciertamente inesperado y lo dejamos abierto para que el lector sea quien lo descubra. Surgirán, entonces, nuevas preguntas. No hay duda.
En definitiva, un libro divertido, escrito con gracejo, lleno de elementos orales, con muchos diálogos y un gran sentido del humor.

domingo, marzo 13, 2016






Un esguince en el cerebro
Alfredo Gómez Cerdá.
Ilustraciones: Francesc Rovira,
Edebé, 2016.

Un esguince en el cerebro es una metáfora paródica de lo que puede suceder si seguimos confundiendo lo esencial con lo superfluo. Hay mucho de postureo en nuestra sociedad, en nuestra forma de vivir más pendiente del tener que del ser. No es la primera vez que Alfredo Gómez Cerdá nos da un toque de atención al respecto.
El protagonista del relato es un niño cuyos padres, pensando que lo quieren mucho, lo han rodeado, desde la cuna, de toda clase de objetos electrónicos. La visión humanista o humanizante se ha perdido y, en su lugar, hay consolas y televisores por doquier y ordenadores y móviles y todo armatoste que tenga teclas y pueda conectarse.
Piensan los padres de Godofredo que están criando a un ser superdotado y no entienden que en el colegio no lo sepan detectar.
Todo va bien hasta que la profesora del niño tiene una idea, diríamos que subversiva. Pretende que todos lean un libro. Los padres de Godofredo se indignan y ponen el grito en el cielo, aunque acaban comprándolo, pero con todas las precauciones. El niño lo lee casi como si estuviera haciendo algo prohibido y los padres lo observan como a un bicho raro. La ironía, fina y recurrente, aparece en todo momento en las distintas situaciones que se describen en la novela.
Un buen día, Godofredo siente dolores de cabeza y, tras muchas pruebas, a cual más extraña, se le detecta un esguince en el cerebro. Sí, en el cerebro. No en la rodilla o en la pierna o en el brazo,  que sería lo más común, sino en el cerebro. Los padres amenazan a la profesora y el niño, mientras, trata de encontrar soluciones. Y las encuentra, pero eso deberá averiguarlo el lector.
El caso es que el cerebro, si no se alimenta convenientemente, corre el riesgo de atrofiarse o de, como le ocurre al protagonista, sufrir un esguince. Eso sí, hay aún remedio, pero, como tardemos en aplicarlo, todos acabaremos con el cerebro enfermo. O, si no, al tiempo.
Un esguince en el cerebro está escrito en clave de humor, como hemos dicho, pero contiene una carga crítica que solo con humor e ironía se puede formular. Los personajes y las situaciones se exageran y rozan el esperpento, pero eso nos permite que nos distanciemos y observemos a los personajes con curiosidad y pasmo y, por qué no, cierto miedo ya que, de seguir así, como decíamos, habrá pronto muchos padres que, como los de Godofredo, prefieran la tecnología a los libros. Es más, y eso si no que da miedo, quizá ya los haya.
El relato se destina a niños a partir de 10 años, pero haremos bien en leerlo los mayores. Se estructura en 13 capítulos y se narra en tercera persona de una manera ágil y vivaz. Los diálogos son certeros y los pensamientos de los personajes nos permiten entender mucho mejor la historia. Las ilustraciones de Francesc Rovira, por su parte, humanizan a Godofredo y nos lo muestran como un niño normal, pese a la influencia de sus padres. 
En definitiva, un libro punzante, crítico, divertido y que da pie, sin decirlo expresamente, a muchos debates. Sea como sea, la lectura se salva y sobrevive a tanta tontería y sinrazón.

martes, diciembre 01, 2015



El niño bisiesto

José Luis Alonso de Santos.

Ilustraciones de Federico Delicado,

Kalandraka, 2015, (Siete Leguas)


Daniel es el narrador y protagonista de “El niño bisiesto”. Lo apodan así en el colegio porque nació un 29 de febrero. A Dani el detalle de haber nacido en año bisiesto no le hace ninguna gracia y se compara, por ejemplo, con Julio César y Augusto que crearon sus propios meses porque le gustaría ser como ellos. Además, nació en un montacargas y, por si fuera poco, es un niño dado a sufrir percances y fracturas que se pasa media vida en el hospital. Ahora bien, Dani es también un niño listo, divertido y crítico.
“El niño bisiesto” está estructurado en 11 capítulos que suponen una reflexión irónica y sagaz, en primera persona, de Dani quien, aconsejado por su madre, decide escribir su propia historia, hilando palabras, y se la dirige a un tú imaginario que es, en realidad, el lector. Se trata de un juego narrativo interesante y difícil porque el uso de la segunda persona es arriesgado y supone un dominio de los recursos literarios, por parte del autor, ciertamente notable.
Dani repasa su vida de niño de 10 años. Habla de sus hermanas, de sus padres y de la relación que tiene con ellos. Comenta los aspectos propios de la escuela, con los típicos matones de clase; sus primeros amores, las dudas y vacilaciones propias de su edad. Nos habla de sus miedos, de sus torpezas, del temor al ridículo y, sobre todo, nos transmite una mirada fresca, directa, no contaminada, de la infancia y sus problemas porque, no nos engañemos, ser niño no es tampoco una tarea fácil. Son muchos los frentes abiertos que tiene Dani y muchas sus preguntas, aunque aún sean pocas las respuestas.
A menudo se alude a ejemplos literarios, pero sin afán enciclopédico ni didáctico, solo como referencia. Así, aparecen el Quijote y Sancho, el pueblo de Fuenteovejuna, "Platero y yo", "La historia interminable" o "Robison Crusoea", por poner unos ejemplos. De alguna manera su autor, José Luis Alonso de Santos, brinda un homenaje a la literatura clásica y a sus propias raíces culturales y profesionales, porque son muchas las alusiones a las letras, a las palabras, a los libros e, incluso, al teatro. Recordemos que José Luis Alonso de Santos es uno de los autores teatrales más reconocidos de nuestra letras en la actualidad. Además, hay aspectos biográficos en el relato que le permiten al autor esa mirada, ya comentada, limpia y directa.
“El niño bisiesto” es un libro divertido y ocurrente protagonizado por un antihéroe ya que Dani es algo torpe, algo desgarbado, no tiene éxito con las niñas; aunque sí sabe cómo jugar con las palabras y convertirlas en sus aliadas.
El relato va destinado a los lectores desde 7 años, pero pensamos que gustará mucho a los pre-adolescentes, la edad en donde está instalado Dani y, sin duda, al lector adulto, a aquel que no ha olvidado qué es ser niño y quiere seguir siéndolo e, incluso, al que lo ha olvidado y necesita que se lo refresquen.
Dani, por último, nos cuenta que está aprendiendo a escribir poesía y que ha decidido copiar algunos versos al principio de cada capítulo, lo cual nos parece una prueba más de diversión, de juego, porque son poemas jugosos y cercanos al nonsense.
Federico Delicado, por su parte, ilustra el libro con aportaciones llenas de color, de luz y muy centradas en aquellos episodios imaginativos, como puede ser el cuello espectacular de su amigo Carlos que le crece de un día para otro o el episodio del alacrán que el lector descubrirá en el capítulo "La granja".
Daniel no es un niño problemático aunque, en el colegio, un psicólogo se empeña en diagnosticarle transtorno de déficit de atención. Ahí el autor lanza una crítica contra las etiquetas con las que, a menudo, se marca a los niños para clasificarlos o justificar errores de los propios adultos. En el caso de Daniel, la nueva psicóloga desbarata el transtorno y lo se molesta en observar a Dani y entender sus intereses. Así, a él no le gusta el fútbol y prefiere el ajedrez y no por eso ha de ser catalogado como un niño raro.
En definitiva, un relato divertido, con mucha ironía y cierta crítica que permitirá que los lectores se oxigenen.

domingo, marzo 15, 2015





13 perros,
Fernando Lalana,
Bambú, 2013.

13 perros es una novela que crea adicción desde la portada, a cargo de Francesc Punsola.
La trama, muy lalaniana, por decirlo así, puesto que Fernando Lalana es un autor que imprime su personal estilo en cada una de sus obras, nos lleva de lo cotidiano a lo extravagante, de lo real a lo extraño, de lo cómico a lo serio.
El teniente Felipe Manley, del Centro Nacional de Inteligencia, descubre que el Meteosat está en peligro porque, en cuatro días, si no se resuelve el misterio, otro satélite, el Cuencasat, se autodestruirá y dañará al satélite europeo.  Ya al leer el nombre del Cuencasat, el lector se desequilibra y sigue haciéndolo al descubrir qué descabellado proyecto se esconde tras su puesta a punto.
Mientras, una maestra en paro, Elvira Ballesteros, decide sacarse el título de detective provado y logra, por casualidad, su primer caso. Tiene que descubrir la extraña desaparición de un galgo persa. Félix, su hijo de 15 años, va ayudarla; es más, será casi quien tome las riendas en el asunto.
Parece que es un caso sencillo. ¿Parece? Nos estamos equivocando al prejuzgar porque, detrás de esa y otras desapariciones, se oculta la respuesta al caso que atormenta a Manley.
La novela se desarrolla en Zaragoza, en unos escenarios reales, en donde Félix y sus amigos, en especial Cuca, progresivamente, van atando cabos y descubriendo que la venganza, es cierto, se sirve en un plato frío, más bien helado y, si no, que se lo pregunten a don Vicente, uno de los artífices del Cuencasat.
13 perros es, en principio, un relato de detectives, pero supera el género gracias a la comicidad. Las situaciones son hilarantes, pero los comportamientos de los personajes son realistas; por lo tanto se produce un contraste que hace que el lector vaya de un registro a otro, si saber si reír o preocuparse.
Por otro lado, se incluyen otros temas en el relato, como es el amor, la recuperación de la memoria, la importancia de saber mantener la palabra, el respeto a los ancianos, el valor de la palabra, la amistad o la superación de las propias limitaciones.
En cuanto al aspecto temporal, es una novela muy bien trabada, que se divide en seis capítulos y que transcurre en unos pocos días, de lunes a viernes; aunque haya referencias al pasado que nos aclaran la situación del presente. De ahí que el ritmo sea ágil y en continua expansión.
Por otro lado, los personajes, trazados con gracia y desparpajo, logran que 13 perros sea también una novela que fomenta la lectura. En especial, los jóvenes lectores se sentirán identificados con Félix, que es un muchacho con un humor especial. Cabe señalar, por supuesto, que Félix cuenta en primera persona todo el relato, por eso, su desarrollo psicólogico es notable. Es Félix también quien nos habla del resto de los personajes; de ahí que el autor desaparezca y se convierta, casi, en un espectador divertido y alborozado ante su propia obra.
13 perros es una novela destinada a un lector juvenil, pero que no desgradará a cualquier lector aficionado a la novela de detectives y al cine negro.

lunes, abril 14, 2014






Las aventuras de Fito, 
Susana Rico - David Guirao,
Algar, 2014.


No siempre es fácil encontrar textos frescos, dinámicos y llenos de humor dedicados a los niños pequeños; textos que contagien la alegría de vivir y que no contengan cargas pedagógicas añadidas. Pues bien, Susana Rico consigue recrear algunos episodios de la vida de Fito, para deleite de los lectores y susto de su familia y demás personas que lo rodean. Y no es que Fito sea un niño con malas ideas, en absoluto, solo que no se da cuenta del alcance de sus ocurrencias. Fito actúa sin reflexionar, pero también sin mala fe, por eso cae simpático.
Divertidas son sus excentricidades. Por ejemplo, pretende curar a su tía que teme a los bichos, llenándole la habitación de saltamontes o es capaz de organizar un caos absoluto en la playa. Es más, se toma al pie de la letra eso de "operación bocadillo" y casi envenena a su maestra. De todas formas, el problema de Fito es que se toma al pie de la letra las palabras de los mayores y, cuando trata de llevarlas a la práctica es cuando "mete la pata". En realidad, el texto es una llamada de atención a esa doble manera de ver las cosas que, a veces, tienen los adultos. La madre de Fito, por ejemplo, dice algo y luego lo contrario como cuando le autoriza a gastar su dinero en lo que quiera y luego pone el grito en el cielo cuando lo ha hecho. Esas pequeñas contradicciones son las que Fito no sabe distinguir y son las que lo llevan el error. De ahí que el libro, además de ser muy oportuno para los niños y niñas desde 8 años, suponga materia de reflexión para las personas mayores, padres y educadores. ¿Cómo nos dirigimos a los pequeños? ¿Somos claros, precisos, coherentes o, simplemente, esperamos a que adivinen nuestras intenciones? Fito, desde luego, no tiene ese poder. Ni falta que le hace, también es verdad.
Susana Rico escribe con gracejo, recrea de manera plástica las situaciones y reproduce unos diálogos muy realistas. Además, los dibujos de David Guirao insisten en los episodios más hilarantes.
Las travesuras de Fito, pensamos, bien pueden tener una continuación porque suponemos que Fito, mientras sea pequeño y tenga la imaginación propia de los niños, pura y sin dobleces, seguirá ocasionando revuelo a su alrededor. Eso esperamos.

martes, abril 30, 2013

Mejor Manolo, Elvira Lindo, Barcelona, Círculo de Lectores, 2012.

                                                           

Han pasado diez años desde las últimas aventuras de Manolito García Moreno, Manolito Gafotas. “Mejor Manolo” pone remedio a tanto silencio y, de la mano de Elvira Lindo, volvemos a reencontrarnos con el mismo Manolito, aunque más mayor, pero igual de ocurrente. No hay duda de que el personaje ha evolucionado porque ha crecido y eso se refleja en sus reflexiones. No obstante, sigue siendo el mismo chico que hizo reír a tantos lectores con sus ocurrencias y que vuelve, en plena crisis, a recordarnos cómo vive una familia media de Carabanchel (Alto) con la que es fácil identificarse.
En esta ocasión, la familia de los García Moreno ha aumentado con el nacimiento de una hermana, Catalina, a la que todos llaman Chirli, por una ocurrencia del abuelo. El Imbécil ha sido destronado y ocupa el lugar de “secundario de lujo”. Y Manolito sigue buscando su sitio en la familia y en el “mundo mundial”.
Reconocemos las mismas expresiones que hicieron célebre la serie, los mismos giros y el mismo gracejo que no ha perdido ni un ápice de modernidad ni de frescura. Manolito se mantiene en forma y llega con ganas de recuperar el tiempo perdido.
Elvira Lindo se esconde tras el personaje que emplea, como siempre, la segunda persona narrativa para dirigirse a un lector cómplice deseoso de leer sus peripecias. No defraudará a los más veteranos que añorábamos nuevos títulos protagonizados por el muchacho ni a los nuevos lectores que, tal vez, descubran por el final a Manolito y quieran conocerlo más leyendo el resto de sus aventuras.
Manolito es un niño sabio, cargado de razón y de lógica, que observa a sus familiares y vecinos, que sabe escoger la palabra justa y castiza para describir una situación y que es capaz de meterse en líos sin quererlo solo porque es así.
“Mejor Manolo” gustará a todos porque presenta situaciones actuales, porque aborda temas variados con una ironía muy fina, pero llena de crítica a la situación actual y porque ha sabido ajustarse a los tiempos. El Imbécil, por ejemplo, es un niño prodigio con los ordenadores que no está ajeno a las redes sociales.
El libro, por otra parte, está ilustrado por Emilio Urberuaga de manera inconfudible. Manolito muestra una mirada mitad sorprendida, mitad curiosa, con la que observa su entorno y lo retrata de manera directa y muy ocurrente. Pero… eso sí, ahora ya comienza a estar cansando de ser Manolito y prefiere “mejor Manolo”.

lunes, abril 08, 2013

Conrado, un científico enamorado,
Pep Castellano,
Algar, 2013, Calcetín, 82.



“Conrado, un científico enamorado”, Premio Vicent Silvestre de Literatura Infantil, es un relato divertido, a menudo disparatado y siempre brillante. Su principal cualidad narrativa es, precisamente, el punto de vista. Se opta por la primera persona, aunque no siempre es el mismo personaje quien refleja la acción, con lo cual el relato de enriquece y la perspectiva también. Marta, la niña protagonista, y el propio Conrado se encargan de explicar los mismos acontecimientos, aunque desde distintas posiciones.
Conrado es un científico aparentemente chiflado que experimenta con distintos elixires. Uno de ellos, a base de kiwi, es el que toma Marta, quien comienza a actuar como si estuviera en un anuncio publicitario.
El libro habla de la amistad, entre Marta y Amado, de los contratiempos que se viven en la niñez, pero también del amor entre adultos; un amor aparentemente inalcanzable porque Conrado se siente atraído hacia María, la madre de Marta, aunque esta inicialmente no le corresponde e, incluso, logra denunciarlo a la policía por el tema del elixir.
La novela muestra que la ciencia puede ser divertida y que no está reñida con la vida cotidiana, antes al contrario.
Por otro lado, el relato está escrito con mucho humor e ironía. Marta es una niña sagaz, que afina muy bien cuando hace un comentario y que sabe juzgar a las personas, a sus compañeros, sobre todo, pero también a su propia madre. Y es que algunos de los personajes son bastante excéntricos. Todo ello contribuye a que el lector, desde el principio, se sienta atrapado por una novela que le permitirá divertirse sin olvidar que, en la vida, a menudo, los buenos amigos no se “ven” a la primera.
“Conrado, un científico enamorado” está indicado para lectores desde 10 años, aunque, como siempre decimos, puede leerse a cualquier edad. Las ilustraciones son de Jorge del Corral y presentan a un Conrado descoyuntado y a una Marta divertidísima. Ahora bien, a menudo las apariencias engañan, claro que sí, y ni Conrado está tan loco ni Marta se lo pasa tan bien. De ahí que la novela también invite a la reflexión.

martes, enero 29, 2013







¡Sálvese quien pueda!(Coolman y yo)


Rüdiger Bertram. Heribert Schulmeyer,
Algar, 2012.



 Los niños y niñas suelen acudir a un amigo imaginario que les ayuda en su crecimiento. Hasta aquí todo normal, pero ¿qué pasa si este amigo imaginario decide no marcharse y nos hace la vida literalmente imposible? Ése es Coolman. Posiblemente muchos lectores, jóvenes y adultos, lo conozcan gracias a la primera aventura de la serie “Coolman y yo”. Si no, tampoco es indispensable porque no tardarán en hacerse una idea de quien es semejante criatura y, por supuesto, no tardarán en hacer de la lectura una diversión llena de estímulos y, por qué no, de sobresaltos.
En esta ocasión, el joven Kai viaja a Londres un par de semanas con un grupo de compañeros para mejorar su nivel de inglés. Ahora bien, la narración empieza por el final presentando, en primera persona, como suele hacer el autor, a Kai en una situación comprometida: a punto de ahogarse. Si queremos saber cómo ha llegado allí tendremos que leer el libro.
“¡Sálvese quien pueda!” nos ofrece una visión crítica e irónica de las estancias estudiantiles en el extranjero para aprender idiomas. La familia que le toca a Kai y a dos de sus extraños amigos no es precisamente un ejemplo de convivencia, aunque Kai es especialista en líos, ya sean de primera mano o a través de Kai.
Los personajes que aparecen en el texto suelen ser planos y esperpénticos, por eso favorecen la risa y aun la carcajada. A Kai le ocurre de todo y, es más, él, llevado por su amor hacia Lena, es capaz de hacer el ridículo más espantoso.
Rüdiger Bertram conoce bien la psicología del adolescente y se esconde tras Kai sin que notemos su presencia porque es Kai siempre el que cuenta, con total naturalidad, sus andanzas. En esta ocasión, acaba comiendo comida de gato, vistiéndose como una rana, conociendo a la mismísima reina de Inglaterra y aventurando diversas hipótesis en torno a un robo. Eso sí, lo más extraño en el libro es lo real y lo más lógico suele ser lo inventado.
En suma, un libro divertido, que combina texto con viñetas, y que está escrito con gracia, con transparencia y esa fina ironía que solo un adolescente es capaz de presentar.
El libro es una herramienta excelente para atrapar nuevos lectores y supone una bocanada de aire fresco en las posible lecturas escolares.

miércoles, diciembre 07, 2011


Rüdiger Bertram. Dibujos de Heribert Schulmeyer,
Algar, 2011.


Kai tiene 11 años, va a la escuela y suele meterse en líos, aunque él no tiene la culpa. Eso no es ni novedoso ni interesante, podrá pensar el lector. Es algo que suelen hacer chicos y mayores, echar la culpa a otros. ¡Alto ahí! Lo que ignora el lector es que Kai tiene una particularidad especial: un amigo invisible. ¡Pues vaya cosa!, pensará más de uno. Eso del amigo invisible es tan antiguo como el mundo. Los niños, para crecer, a veces, acuden a un amigo invisible que, en cuanto cumple su función, desaparece y ya está. Kai desearía no tener ningún amigo “invisible” porque a Kai le fastidia profundamente vivir con Coolman. Coolman es una especie de héroe patoso, que se mete en problemas, aunque, como nadie lo ve, el que acaba enfangado es el propio Kai.
Coolman y yo, de Rüdiger Bertram e ilustrada por Heribert Schulmeyer, no es ni una novela ni un cómic, pero tiene algo de ambos, puesto que narra una historia e incorpora viñetas de algunos sucesos que vive Kai. Es más, el último capítulo, en forma de cómic, preludia una nueva entrega de las aventuras de Kai y de Coolman o de Kai instigado por Coolman, para ser más exactos.
Kai cursa 1º de ESO y no se siente muy feliz en el colegio, precisamente por culpa de Cooman, quien siempre va a su lado para hacerle meter la pata, para ponerlo en serios aprietos y comprometerlo delante de todos. A Kai le gustaría vivir su vida con tranquilidad, porque es un niño reflexivo y serio, pero no lo logra y siempre termina viviendo situaciones al límite y dando una imagen que no es la suya en realidad, aunque sí es la que todos ven. Por otro lado, la familia de Kai no es, precisamente, una familia al uso. Para empezar, sus padres, actores profesionales, tienen una manera de entender la vida muy particular y su hermana, Anti –Antígona- mantiene la estética gótica y acostumbra a no tener en cuenta las opiniones de Kai.
En primera persona, Kai escribe, dirigiéndose a los lectores como si fueran colegas, ya que emplea el “tú”, para explicarles su vida y tratar, al menos, de contar su versión de los hechos. ¿Por qué acaba en un contenedor de basura cuesta abajo?, ¿por qué se ve metido en una fiesta salvaje en su casa?, ¿por qué acaba en comisaría?, ¿por qué mete la pata con una chica que le gusta?, ¿por qué, por qué, por qué…? Siempre es Coolman la respuesta.
El libro se lee deprisa y se recorre con una sonrisa, puesto que Coolman y yo es una historia divertida, llena de ingenio e ironía. Es una historia para congraciarse con la lectura que demuestra que el humor no está reñido con la literatura. Cabe añadir que Laura Almiñana realiza una excelente traducción ya que es capaz de trasvasar las peripecias de Kai a nuestra propia realidad, con lo cual es proceso de asimilación e, incluso, identificación con el lector es más fácil y la lectura resulta mucho más amena también.
Son muchos los temas que se pueden observar en el relato, algunos ya se han mencionado, pero cabe señalar, por ejemplo, es acoso escolar. Kai sufre acoso escolar y, de alguna manera, acaba dándole la vuelta y cayendo en gracia a sus perseguidores, gracias a su hermana, quien siempre guarda un as en la manga. También aparece el tema de la vejez, en la fihura de Adolf Schmitz, un viejo gruñón que vive en una residencia de ancianos y que acaba llevándose bien con Kai porque él también ha soportado toda la vida a un amigo invisible, tan plasta como Coolman. Otro elemento divertido es cuando Kai decide escaparse de casa para escapar al enfado de sus padres por el destrozo de la casa en la fiesta que su hermana ha organizado y que, a la mínima contrariedad, decide volver.
A menudo las escenas de humor son tan disparatadas que chocan con el disparate. Un ejemplo lo tenemos es el momento en que Anti decide robar toda la compra en el super y, al no lograrlo, se hace pasar por ciega y, lo que es aún más rocambolesco, se sienta al volante del coche a conducir bajo la atenta mirada del encargado del súper que no parece extrañado ante el hecho de que una presunta ciega conduzca.
En suma, Coolman y yo es un libro fresco, divertido y muy ocurrente.

Primer capítulo