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sábado, diciembre 28, 2019

"El velo de Helena"
María García Esperón,
Claudia Navarro (ilustraciones)
El Naranjo, 2019


El ser humano, desde siempre, se ha movido por los terrenos permeables de las emociones. Tres son los grandes ejes de la humanidad y tres los grandes temas literarios, el amor, la guerra y la muerte. "El velo de Helena" los recoge y los agita sin piedad para devolvérselos al lector mezclados, sin límites precisos. 
Helena, la legendaria Helena de "La Ilíada", la causante de una de las guerras más cantadas y terribles de la humanidad, la de Troya, nos cuenta en primera persona su vida, llena de extrañeza y de estupor ante ella misma y lo que era capaz de causar su belleza a la que la propia Helena era ajena puesto que no consideraba que fuese algo propio, algo que hubiera conseguido por sí misma. Helena se convierte en un trofeo para los príncipes que se la disputan, aunque a ninguno le interesan sus pensamientos ni mucho menos sus sentimientos y ella se deja hacer sin oponer resistencia. Helena se sabe en manos de la diosa Afrodita quien, por algún extraño capricho, la ha escogido como objeto de cambio entre ella y los mortales; de ahí que le haya regalado su propio velo, el que da título al libro y se convierte en símbolo del mismo.
María García Esperón no es la primera vez, ni será la última, que se deja sacudir por las entrañas de la épica y del mundo clásico en donde se pueden leer todas actitudes humanas. Ya nos habló de la desgraciada Dido, en "Dido para Eneas" y de la joven Copo de Algodón y ahora vuelve su mirada sensible hacia Helena, la aparentemente poderosa princesa espartana, primero, y troyana, después. para seducirnos con una versión de los hechos algo alejada de la oficial, aunque con los mismos personajes y las misma fuerza narrativa.
Helena escogió a Menelao, aunque tampoco sabría decirse por qué, lo hizo y eso bastaba. Vivió unos años de tranquilidad y también de aburrimiento, hasta que Paris, el tercero en discordia, apareció en su vida y la conmocionó con sus maneras, su poderío, su seguridad aplastante y la promesa de un verdadero amor. Helena es la mujer que deja atrás su vida, que quema las naves y se enfrenta, valiente, a un futuro tal vez incierto, pero que la hace sentir viva. En realidad a Helena nadie la quiso por ella misma, sino por lo que representaba, por su belleza, por ese regalo envenenado que le hizo la diosa. Nadie la quiso , es cierto, ni el rubio Menelao, ni el hermoso, aunque, quizá sí hubo alguien que la amó más allá de lo que ella representaba y ese fue Héctor, el hermano de Paris, quien la defendió y no dudó en ir a la guerra y en mantenerla si con ello la protegía. Héctor y Helena, como ella misma dice, son, en el fondo, el mismo ser humano.
Por las páginas de "El velo de Helena" se mueven, humanizados y cercanos, aunque sin perder ni un ápice de su fuerza, todos los personajes que conocemos gracias a Homero. Acompañamos a Aquiles, sufrimos por la muerte de Patroclo, lamentamos el destino de Casandra, empatizamos con Príamo, admiramos la astucia de Odiseo, lloramos por Héctor y sentimos cierto desdén por Paris que no nos cae del todo bien, que nos parece un cazador de trofeos, aunque sí somos capaces de entender que también fue un títere en manos de la diosa del amor.
La novela se organiza en 20 capítulos y un postfacio en los que Helena, como ya hemos dicho, desgrana su vida y se sorprende de, después de ser la causa de una guerra, ella, precisamente ella, siga con vida y es que los designios de los dioses poco tienen que ver con los de los mortales.
"El velo de Helena" es un relato espléndido, muy vivo, directo, que recorre todas las emociones humanas y da protagonismo a una mujer no siempre bien tratada por la posteridad. Gracias a esta nueva perspectiva podemos aceptar la grandeza de un personaje que se vio sometido a una encrucijada que ella jamás quiso y de la que no pudo huir. Es la propia Helena, por otra parte, quien teje en una labor espléndida los principales capítulos de una guerra que, aunque le duela, sabe que es primordial que nunca se olvide y que siga en nuestra memorias porque nunca debemos perder de vista ni de dónde venimos ni de qué material estamos hechos. Esa es la gran verdad de Helena, hija de dios y mortal, condenada a morir por su belleza y obligada a seguir viviendo por esa misma causa. Helena, Kalliste.
La novela va destinada al público juvenil, aunque, como siempre decimos, gustará a cualquier lector amante de la buena literatura en general y de la literatura clásica, en particular.
No olvidamos tampoco las ilustraciones Claudia Navarro que, ya en la portada, nos muestran el símbolo de la diosa y de los humanos, cual marionetas, en sus manos.

domingo, septiembre 03, 2017

María García Esperón
Hora de partir
Publicación Independiente
DosOrillas, 2017

El poeta Aurelio González Ovies prologa este libro y lo hace formulando una serie de preguntas que, por mucho que nos las reformulemos de mil maneras distintas y en otros idiomas, siempre quedarán abiertas porque no somos capaces, así es nuestra mortalidad, de darles respuesta, pero eso es también un punto de grandeza a favor del ser humano, que siempre debería ser consciente de su finitud.
Nausícaa encuentra a Odiseo, exhausto en las costas de su país y le pide a su padre que lo ayude a culminar su proyecto que no es otro que llegar a Ítaca. Siempre que hemos leído o escuchado hablar a acerca de La Odisea hemos pensado que, de verdad, Odiseo o Ulises deseaba regresar a su casa, que, por muchos que fueran los obstáculos, su determinación era tal que acabaría llegando a su casa y echando a los pretendientes que se estaban comiendo su patrimonio y abranzando a Penélope. Eso nos pensábamos y eso nos reconfortaba porque Odiseo, como todos nosotros, perseguía un objetivo, tenía un sueño y un afán y eso era bueno y eso es lo que debíamos hacer todos.
Siempre también, gracias a la poesía, gracias a los tópicos, la palabra Ítaca evoca en nosotros viaje, peligro, pero también llegada y descanso. Disfruta del viaje, nos advierte el poeta, disfruta de tu trayectoria a Ítaca. Y ese mensaje nos confortaba, nos hacía creer que valían la pena las adversidades y los peligros, si al final llegábamos, pero, ahora, tras leer Hora de partir, ya no estamos tan seguros de nada.
Nausícaa acaba condenando a su propio pueblo por amor a Odiseo y, en primera persona, nos transmite su desesperación de mujer, de persona que sabe que el principio y el fin están más cerca de lo que aparentan porque todo, después de todo, es eterno retorno, pero, para lograrlo, a veces tiene que haber destrucción, dolor, quimera y, después, un momento de calma para empezar de nuevo.
Odiseo sabe cuál es su condena y sabe por qué, sabe cuál es su misión porque así se lo exigen los dioses, aunque él, en el fondo, ya habría renunciado mucho tiempo a ese peregrinar sin meta. Odiseo quiere a Penélope, es posible, la quiere como el recuerdo de lo que fue, la quiere porque así está escrito, pero él ha crecido en esos años de desazón y su peregrinar lo ha cambiado, lo ha hecho más humano y, por lo tanto, más vulnerable. No es casi un dios Odiseo, no, es una persona, cansada, agotada, pero con una voluntad de seguir adelante porque así ha de ser.
Y así parece que quedaría todo, sino fuera porque no hay nada eterno, porque todo es cambiante y porque el divino Tiresias profetizó algo que debe cumplirse para cerrar el círculo -como bien sabe Nausícaa- o para empezar de nuevo. Y Odiseo, una vez que ha recuperado su ansiada Ítaca, ha de seguir adelante, con su remo al hombro porque, en algún lugar, alguien lo espera; porque en algún lugar alguien le dará la mano para empezar de nuevo y crear un nuevo mundo. Por eso es hora de partir y de llegar y de seguir partiendo cada día porque las aguas del mar nos llevan de un lado a otro y los caprichos de la vida o del hado no nos permiten que nada sea cierto. Y, si, es hora de partir y de llegar a la otra orilla.
Hora de partir  se estructura en 24 capítulos en torno a distintos momentos de La Odisea, aunque, insistimos, cambian las perspectivas, cambian las voces. Aquí se da protagonismo, en primera persona, a la mujer y se la permte expresar sus dudas y esa sirazón que la ha condenado, desde el principio de los tiempos, a esperar, a ser pasiva. La mujer aquí hace algo más, toma su responsabilidad y la ejerce. Entre primera y tercera persona se desgrana una historia que nos conmueve, que nos permite ver, de cerca, el lado humano de los grandes héroes, incluso de los dioses y que nos hace, por eso mismo, más vulnerables.
Al final del relato se ncluyen una serie de textos antiguos o clásicos que nos permiten reflexionar y entender un poco mejor, nunca del todo, la visión global que tiene de la vida y de la creación del universo María García Esperón que une, en la figura de Odiseo y en la de Nausícaa, la creación de un mundo al que ella misma pertenece. 
El mar sigue siendo el mismo, Odiseo aún no ha perdonado a Odiseo, pero nosotros, tarde o temprano, entenderemos que es hora de partir con nuestro remo al hombro porque, en algún lugar, alguien, a quien no conocemos aún, nos aguarda. Es hora de partir y de abrazar la cultura clásica.
Nadie como María García Esperón conoce y respeta a los clásicos grecolatinos y nadie como ella es capaz de unirlos con el Atlántico, con ese otro mundo.

viernes, julio 14, 2017

Los gatos no comen con tenedor,
Alicia Roca,
Edebé, 2917
(Periscopio, 25)


Mía, Rita y Alberto no tienen nada en común, a lo sumo la edad, están empezando el camino de la adolescencia y quizá, bien mirado, les une una forma especial de entender el mundo, pero, en principio, no parece que estuvieran destinados a ser amigos que es lo que ocurre en esta novela fresca, intimista y especial que estamos comentando hoy.
Se trata de una narración caleidoscópica en la que, en primera persona cada personaje nos introduce en sus pensamientos y en su problemática. Acompañamos a Mía, que vive con una tia, la cual la maltrata y apenas le da de comer, a Rita, una joven acogida en la casa de una, aparentemente, buena persona y Alberto, el más observador de todos y el que, de alguna manera, aglutina las tres historias.
Alberto acompaña a su familia a Cladellas, en unas vavaciones, a visitar a los abuelos ya que el abuelo ha sufrido un ictus y está recuperando, despacio, el habla. Todos deben ayudarle. Alberto observa con frescura, con sinceridad a su familia y traza una radiografía perfecta de todos ellos. Los personajes de los abuelos, la abuela y el abuelo, son espectaculares y merecerían ser retomados en una próxima novela.
La casualidad hace que se enncuentren todos en un árbol, el perfecto escondite y que todos, gracias a la información de Rita, participen en el desmantelamiento de un caso de trata de bebés muy bien orquestado por doña Rosa, la perfecta mujer, comadrona además, que acoge en su casa a la joven.
De manera rápida, pues el tiempo está muy marcado en la novela, se precipitan los hechos y se comienzan la solucionar las vidas de todos los participantes.
Los gatos no comen con tenedor podríamos decir que es una novela de amistad, pero también de amor, de ternura, del descubrimiento de las primeras veces; una novela que habla de la familia, del desamparo, de las presiones sociales, de la luz de la adolescencia.
La inocencia de estos tres chicos, por suerte, no se corrompe ya que siguen teniendo esperanza en el ser humano, aunque, el mundo adulto, tan hipócrita a menudo, queda bien desenmascarado.
En suma, una novela muy bien estructurada, rápida de leer, que conjuga una trama emocionante con diálogos ágiles y una presentación de los personajes bien resuelta. El lector, pronto, descubrirá el significado del titulo.


domingo, junio 18, 2017

Verdad,
Care Santos,
Edebé, 2917

Por fin podemos leer la segunda parte de Mentira, uno de los textos mejor valorados por los jóvenes en los últimos tiempos. En Mentira, Care Santos planteaba una historia trepidante cuya reseña también podemos consultar en este blog. Ahora, en Verdad  nos ofrece, por así decirlo, la continuidad de la historia, la otra cara del problema.
Éric, tras cuatro años de condena en un Centro de Menores, logra salir absuelto de unos cargos que le imputaron injustamente. Gracias al valor de Xenia pudo demostrar la verdad y, al principio, del relato lo acompañamos en su salida, vacilante, llena de temores, de dudas, al mundo real, al mundo que, se supone, debe acogerlo e reinsertarlo.
Éric se encuentra con todo tipo de problemas y de prejucios. Para empezar no puede acceder a su piso, que está ocupado por una mafia; debe dormir en la calle y sufrir todo tipo de sospechas y apuros. Éric está empeñado en empezar una nueva vida, más allá de su barrio, pero los padres de Xenia, que podrían haber sido sus valedores, se empeñan en ahuyentarlo y en separarlo de su hija por miedo, por sospechas infundadas. El joven acaba yendo a su barrio para pedir ayuda a una tía, quien, sí, por supuesto, lo recibe, pero no es capaz de ofrecerle aquello que él necesita.
El relato está lleno de acción y se lee rápidamente. Nos encontramos ante un clan mafioso, descubrimos quien fue el asesino del primo de Éric, averiguamos que hay que tener mucha voluntad para poder salir adelante en un barrio como el de Éric, que, no ha cambiado ni cambiará; en un barrio en donde el tráfico de drogas parece ser una de las pocas opciones de salir adelante.
La denuncia social y moral planean continuamente sobre Verdad. Éric contra las cuerdas, sin aparente salvación porque nadie parece poder ayudarle, nadie parece creer en él, aunque aún hay esperanza. Él mismo, empeñado en rehacer su vida, empeñado en conseguir el respeto de los padres de Xenia y en demostrar lo que las apariencias ocultan.
Alberto, su abogado del Centro de Menores, es quien comienza a desenmarañan el ovillo y a aclarar el futuro de Éric. Con ayuda del sargento Roig, quien monta un dispositivo peligroso, pero eficaz, se desenmascara la red de traficantes y Éric acaba recuperando su nombre, aunque a costa de poner en riesgo su propia vida porque pasa a ser confidente de la policía y eso, de alguna manera, tiene dos caras, la dura, la peligrosa y la noble, la que le permite recuperar a Xenia.
El relato presenta una línea temporal rápida y concentrada puesto que son pocos los días en los que se desarrolla la trama, aunque sí muy intensos. Se divide en tres partes (Vida Nueva, Barrio Viejo y Resplandor)  y traza un retrato certero, lleno de crítica social, que ataca los prejucios, las impresiones sin sentido, los juicios sesgados y el juzgar por las apariencias.
Verdad es, sin duda, un relato que no decepcionará y que aaba, cómo no, con otro final abierto.

domingo, octubre 02, 2016

El secreto del espejo,
Ana Alcolea
Ilustraciones: David Guirao,
Anaya, 2016

El secreto del espejo surge de la necesidad que siente su autora, la escritora aragonesa Ana Alcolea, de contar historias; pero no solo eso, sino que lo que le fascina a Ana Alcolea es la vida de los objetos, aquello que quienes los poseyeron dejaron en ellos y aún existe. De ahí que en sus novelas suela generar enigmas en torno a aquellos enseres que acompañan al ser humano, ya sea una caja azul, un medallón, una caja de música, unas cartas o, como veremos en el libro que nos ocupa, un extraño espejo.
De alguna manera, Ana Alcolea penetra en la esencia de lo humano, en sus estados de ánimo, en sus miedos, anhelos y cuitas a través de sus objetos más preciados. Hay algo mágico en los restos del pasado y eso a la escritora le atrae poderosamente y quiere contarlo porque ella necesita dar respuesta a sus propias preguntas, a sus emociones y lo hace de la mejor manera que sabe: escribiendo.
En esta ocasión, nos encontramos a personajes ya conocidos de su anterior novela, El secreto del galeón. Marga y Federico, los arqueólogos que investigan en pasado, siguen su trabajo en el Museo de Zaragoza; más bien Marga, porque Federico es un alma inquieta y no para en ningún sitio; al menos de momento. Su hijo, Carlos, el joven adolescente sensible, sigue su relación con Elena, su compañera de clase, bailarina de ballet, intuitiva y llena de contradicciones. La novela arranca cuando el abuelo de Carlos, un señor mayor viudo, celebra su segundo matrimonio con Paquita, una mujer mayor también que, de alguna manera, intenta ocupar su lugar en la familia, aunque sin lograrlo del todo. La reflexión en torno al amor que puedan sentir las personas mayores, los ancianos, es respetutosa y conmovedora. El abuelo de Carlos, que acaba de casarse con Paquita, no olvida a su primera mujer jamás y siempre, incluso en el viaje de bodas, lleva sus cenizas en la maleta. Este hecho que puede llegar a ocasionar momentos  grotescos está cargado de simbología y, por supuesto, de amor.
Como suele hacer Ana Alcolea, hay otra historia paralela, del pasado que entronca con la del presente. En esta ocasión aistimos, en el siglo I d. C., a la huida angustiosa de Ylda, una joven esclava de los druidas que, de forma fortuita, ha logrado escapar a una muerte ritual. Ylda se encomienda continuamente a su diosa, la luna, a quien ofrece todo lo mejor que ella tiene. De alguna manera, se trata de una versión, cercana a los orígenes, de Blancanieves. Ylda ha vivido siete años con los druidas y ha aprendido todos sus secretos; así que no podrá salir con vida de allí; aunque, nuestra protagonista, logra huir y acaba encontrándose con unos soldados romanos, en lucha con su propia tierra, Britania, a los que deberá la vida. Viaja con ellos, salva al tribuno Claudio Pompeyo de una muerte segura y decide seguirlos. Ylda conoce el poder de las plantas, tiene una relación especial con las abejas y la miel y ama a su tierra, aunque debe dejarla atrás; pero se lleva una rama de brezo con ella. Su futuro parece que se halla en Roma, pero decide irse a Cesaraugusta, en pos del amor hacia la persona equivocada. Ylda madura en la antigua Zaragoza y recibe, como recompensa por sus cuidados y conocimientos médicos, una villa a las afueras; una villa que nadie quería porque parecía maldita, pero que ella hace suya y, allí, logra la paz y la estabilidad y, al fin, el amor con otro romano, Cayo Vinicio, quien siempre la quiso y nunca creyó poder alcanzarla. La historia de Ylda es una historia de esfuerzo, de lucha y de agradecimiento.
Por otro lado, el espejo, hecho con una piedra lunar, unas horquillas, un jarrón con la rama de brezo, el polvo de la verbena y unas teselas sueltas acaban en el Museo de Zaragoza en manos de Marga y Federico. Poco a poco, todo va cobrando sentido y, en sueños, Marga se siente al lado de Ylda y es ella misma quien la ayuda y ella misma quien forma, tesela a tesela el mosaico que nos devuelve el rostro de Ylda y que podemos pensar que es el mismo que ocupa la portada del libro. La portada, de David Guirao, es espléndida  y nos muestra aquellos rasgos más enigmáticos de Ylda, su pelo rojizo, los ojos verdes, la relación con las abejas e, incluso, con las serpientes. 
Carlos y Elena parecen sufrir un momento de debilidad porque Elena decide irse a Ámsterdam a completar sus estudios de ballet y a tratar de crearse un nombre en el mundo de la danza. Lo que iba a ser una ruptura incial, porque Elena arrastra un pasado complicado, se convierte en una espera y en un dejar fluir el amor de ambos para que crezca y madure.
Nos queda aún hablar de otro personaje que va y viene entre las dos historias, la gata, Hermione en la vida actual y Pamina en la pasada. ¿Qué se oculta tras la gata? ¿Los miedos? ¿Los deseos frustrados?
¿La amistad? ¿La paciencia? El lector tendrá que interpretarlo.
El secreto del espejo es una novela emocionante, muy bien documentada, incluso en los detalles más insignificantes. A Ana Alcolea le gusta fijarse, por ejemplo, en el guardián de Museo, Manolo, quien, de alguna manera es el testigo de las idas y venidas de Marga, Federico, Carlos y Elena; le gusta observar lo cotidiano como la mancha de salmorejo en los zapatos de Carlos o los limones que relacionan ambas historias. Por supuesto, entra en las emociones y nos muestra personajes redondos en su evolución que cambian y se acompasan según sus propias vivencias. Federico y Marga parecen rehacer sus vidas juntos. Carlos y Elena van a darse tiempo y seguridad. Ylda y Vinicio acaban por reencontrarse. Pamina y Hermione parecen fusionarse.
El amor, la amistad, el deseo de superación, la lucha contra las adversidades, la búsqueda del espacio personal, el crecimiento propio son algunos de los temas que encontraremos en la novela. El secreto del espejo, por otra parte, está escrita en tercera persona y va fluyendo como el agua de los manantiales. Crece, como una pieza musical, de las que tanto gustan a Elena y a la propia Ana Alcolea. C
Uno de los mensajes, aunque la escritora huye de ellos, que podemos leer en el relato, lo pronuncia el propio Vinicio cuando dice: "La vida no es eterna, y si no nos arriesgamos a decir lo que sentimos, podemos perder toda la belleza que somos capaces de crear para los demás".  Se trata, por supuesto, de sumar.


domingo, septiembre 25, 2016

L`arbre de l`escola (El árbol de la escuela)
Antonio Sandoval - Emilio Urberuaga
Kalandraka, 2016

L`arbre de l`escola és un relat escrit per Antonio Sandoval -i traduït al català per Teresa Duran- que, amb clau metafòrica, ens parla de la necessitat del afecte en qualsevol manifestació humana, sobretot al món de l`educació, encara que es pot traslladar a altres àmbits. 
Un nen, en Pere, se sent atret per un arbre que hi ha a la seva escola, és un arbre petit, esquifit que ningú no es mira, però ell, un bon dia, li fa una carícia i l`arbre li dóna una fulla. En Pere, a partit d`aquest moment, no deixa l`arbre sol. La mestra, en principi, li diu que el que necessita un arbre és tranquil·litat i que ningú el toqui, però en Pere no li fa massa cas. I l`arbre comença a estar rodejat de l`afecte dels altres nens de la classe. Fins i tot, la mestra veu que cal seguir l`instint dels nens. De mica en mica, de les rames de l`arbre penja un gronxador i, fins i tot, es trallada la biblioteca escolar a la cabana que s`ha construït ente les seves branques. Finalment, neix una llavor i la història torna a començar. La llavor és regalada a una escola i, com es considera que és un arbre molt valuós, donen l`ordre de que ningú si hi acosti, fins que una nena...decideix fer-li una carícia. I novament, de manera cíclica com està estructurat el relat, la vida torna a començar.
Les il·lustracions, de l`Emilio Urberuaga, Premi Nacional d`Il.lustració 2011, ens permeten entendre una història que necessita temps per portar-se a terme. Així, es mostra com els personatges van i vénen, com canvien les estacions i com l`arbre va creixent. D`aquesta manera, de forma molt visual, el petit lector pot entendre el procés i fruir-ne, perquè són imatges plenes de colors, de llum, d`alegria i de riquesa.
El llibre, ja hem dit, és un text que es pot entendre en clau simbòlica, perquè l`arbre el podem identificar amb qualsevol altre projecte que, si volem que tiri endavant, s`ha de cuidar amb constància com ha fet el Pere. Tota una lliçó de vida.
L`arbre de l`escola és un relat, escrit en tercera persona, molt ben estructurat, que treballa força la línia temporal i que permet que el lector s`impliqui i s`identifiqui també amb els personatges. Per altra banda, la mestra, l`adulta que, en principi es deixar guiar per la raó, acaba veient que les emocions i els sentiments són bàsics i ella mateixa, com personatge rodó que és, evoluciona i lidera aquest procés.
El relat va adreçat a lectors a partir de 6 anys i agrairà molt una lectura conjunta, pares i fills, perquè és una d`aquelles històries que fa madurar i créixer al lector.

domingo, marzo 13, 2016





Todo es máscara,
Rosa Huertas.
Ilustraciones: Álex Fernández Villanueva,
Anaya, 2016.

La acción comienza en Madrid, en 1835, en un baile de máscaras. La máscara es un elemento recuerrente a lo largo del relato, no en balde da nombre a la obra y contiene una simbología que es clave para entender el relato. Nada es lo que parece, ni la ciudad, ni los personajes, ni las acciones.
En este Madrid romántico, preñado de acontecimientos políticos y de continuos sobresaltos, las gentes aprender a seguir viviendo y lo hacen, cómo no, tras una máscara.
Eugenia, una chica de clase social alta, desaparece misteriosamente en ese baile y su amiga Teresa intenta, por todos los medios, averiguar qué hay tras esta desaparición. No le resulta fácil por su condición de mujer, aunque, con la complicidad de su hermano Mateo, se oculta tras un disfraz de hombre que le permite entrar en los espacios prohibidos a las mujeres, el café Príncipe, por ejemplo, y otros escenarios. Le ayuda Lucas, un amigo de su hermano quien vive un momento de confusión y ofuscación sentimental que lo lleva a cometer alguna torpeza con Teresa o con Juan, su identidad fingida.
En el relato se mezclan personajes imaginarios con personajes reales, como es el caso de Larra quien está viviendo sus últimos años y muestra todo su dolor, a veces cinismo, frente a su relación con Dolores Armijo. No obstante, ayuda a Teresa y aprende a guardar su secrero. Larra es una pieza esencial en este puzzle de las máscaras porque él mismo se ocultaba tras una máscara de fingida indiferencia. El relato avanza hasta el fatídido 13 de febrero de 1837 en que el autor decidió quitarse la vida. Rosa Huertas recoge las reacciones de las gentes y nos permite asistir, doloridos, al final de una etapa.
Mientras, Teresa averigua el paradero de Eugenia, aunque eso ya no le importa porque ella misma está viviendo su propia peripecia sentimenal con Lucas. El lector los acompañará en las últimas páginas de una manera especialmente intensa.
Todo es máscara nos habla del papel de la mujer en el S. XIX y de las limitaciones que tenía. Teresa, en ese sentido, es una adelantada a su época que no duda en vestirse de hombre para conseguir sus objetivos, aunque termina congraciándose con su femineidad. La novela también alude a algunas costumbres o usos de la época, como puede ser el duelo e, incluso, a las diversiones comunes como son la corridas de toros. 
Rosa Huertas se pasea por el Madrid del s. XIX con toda naturalidad, por las tertulias literarias, por los mentideros, por las calles, por el teatro Real, por los hogares, por las cocinas y por los espacios más secretos. Logra un relato, así, muy vivo, en donde la ciudad es también protagonista.
Los personajes como Teresa o Lucas son seres que evolucionan conforme avanza la historia. Lo vemos a través de sus cartas, de sus diálogos. Teresa al final del relato ya no es la joven asustadiza y con baja estima que veíamos al principio, sino una mujer consciente de sus ideas, con vuluntad firme. Lucas, por su parte, ya no es el joven despreocupado del principio, algo frívolo, que se fijaba más en la belleza que en el interior, sino un hombre que ha pasado por situaciones límite, que ha estado al punto de perder la vida y que, sin saber muy bien qué le deparará su condición, aunque consciente del amor que le tiene a Teresa.
Todo es máscara es un relato espléndido que no solo interesará a los jóvenes lectores, sino a todo aquel que quiera conocer un poco más cómo fue un periodo tan interesante, como efímero, como es el Romanticismo español.
Las ilustraciones, por su parte, se centran en los espacios y en los personajes a los que retrata de manera estilizada en los principales escenarios que se describen en la novela. La portada, por ejemplo, muestra una escena femenina, interior, que queda superada con la ilustración final, de Teresa, madura y triste, rindiendo tributo a Larra.

lunes, febrero 22, 2016


L´últim truc de màgia (El último truco de magia),
Maribel Romero Soler, Edebé, 2015, (Periscopi, 47).

L últim truc de màgia és una novel·la que parla dels somnis, de les superacions de les pors i de la superació dels obstacles. Per una banda, un vell mag, el Gran Price Magic, que tot ho va tenir i que tot ho va perdre; per l`altra el quadre magnífic de Sorolla "Passeig per vora el mar". I al mig, dos adolescents, en Tristany i la Núria, un jove psicòleg, en Carles, germà d`en Tristany, i una noia sortida del no res, la Paloma. Tot junt, dóna pas a una bonia història, d`amor i d`amistat.
El mag, en un darrer esforç,fa un número impossible. treu del quadre a una de les noies, la més jove, que apareix a la platja de València, passejant, perduda i feble. Els joves la veuen i l`ajuden, pensen que ha perdut la memòria. La Paloma és una noia bonica, afable, educada i que sap pintar, però no recorda que fa allà, encara que li agrada.
Hi ha dos escenaris importants, la mar, a València i el Museu de Sorolla, a Madrid, que és on fa l`últim truc el vell mag. Després queda molt debilitat i, com que no té res, acaba a una residència pública on coneix a en Carles, un jove psicòleg amb moltes ganes de treballar.
La història va en paral·lel durant uns capítols, fins que en Carles, volent ajudar el seu germà, coneix a la Paloma i queda meravellat per la noia. 
El quadre segueix al Museu, encara que sense la jove filla del pintor Sorolla que ha desaparegut misteriosament. Un amic d´en Carles treballa allà i li explica el que ell pensa: el quadre és l`autèntic, només que sense la Maria Clotilde que és com se deia la filla d`en Sorolla.
Finalment, els personatges acaben en un sol escenari i tornant al Museu. El mag fa un nou truc, segurament l`últim de veritat, i la noia acaba vivint una segona vida al Segle XXI i al costat d`en Carles.
L´últim truc de màgia s`estructura en 20 breus capítols que, amb intensitat creixent, ens van conduint fins a un final ple d`energia i de llum. El mar Mediterrani, d`alguna manera, és protagonista del relat i d`alguna manera encomana al lector les ganes de sentir i de viure que tenen tots els personatges. No diríem que és un relat de ciència ficció, perquè no ho és ni tampoc de fantasia, ni de misteri, sinó, com diu el títol, de màgia. 
Els personatges estan molt ben caracteritzats i la història resulta creïble i emocionant fins el final. Hi ha, com dèiem, amor, amistat, però també una reflexió sobre la vida i el pas del temps. De vegades, com passa aquí, hi ha una segona oportunitat. 
 Una novel·la per a joves que agradarà a tots els lectors. La llum de Sorolla ens espera.


 

domingo, noviembre 01, 2015





El árbol generoso,
Shel Silverstein,
Kalandraka, 2015.


A veces, en la vida, más a menudo de lo que quisiéramos, las vivencias son agridulces e, incluso, tristes. La evolución personal va sumando distintas peripecias y experiencias y el balance final puede estar teñido de nostalgia o de tristeza. No obstante, podemos sublimarlo y trascendernos a nosotros mismos porque, en la vida, lo importante no es la meta sino el camino que seguimos.
El árbol generoso habla de la amistad y de las etapas de la vida. Un niño y un árbol se hacen amigos y, durante la infancia, el pequeño juega con sus ramas, se alimenta de sus manzanas, trepa a su tronco y lo tiene en cuenta. El árbol es feliz. Poco a poco, el niño se va distanciando porque a su vida llegan nuevas influencias, el amor, e deseo de hacer fortuna, el anhelo de viajar... y para todas ellas el árbol, siempre generoso como dice el título, tiene una respuesta y alivia las necesidades del joven, del adulto, del anciano.
En esta entrega sin límites el árbol va perdiendo sus ramas, sus frutos, su propio tronco... pero intenta ser feliz porque se acuerda del niño y de la amistad que tuvieron. El lector, sin embargo, empieza a reflexionar y, según la edad en que se sitúe, entenderá a sus padres, a sus mayores, a él mismo en sus propias vivencias. Cuando al tronco no le queda nada más que el tocón, el niño-anciano regresa y acepta ese último gesto de amor de su amigo que se lo ha dado todo. Y quizá, en los últimos años, vuelvan a ser felices. Los dos.
A menudo se confunde tener con ser, las necesidades con lo superfluo, lo prescindible con lo urgente. Algo así le pasa al protagonista del relato, mientras que su amigo, que no se mueve del sitio, que no ha perdido nunca los valores, sigue esperándolo y brindándole lo que él tiene que es, al fin y al cabo, lo más importante: el ser.
El árbol generoso es ya un clásico de la literatura infantil, aunque, por el mensaje que transmite, no tiene edad lectora porque, en cada momento, encontraremos una parte, una frase, un gesto que nos identifique e, incluso, nos traspase. Quizás todos tenemos un árbol que nos aguarda en algún sitio y que hemos olvidado, quizá cuando queramos recuperarlo ya será demasiado tarde.
El relato tiene más de 50 años, puesto que se publicó en 1964, pero tanto su presentación como el texto son plenamente vigentes. No hay que huir de las emociones a la hora de dirigirse a los niños, al contrario porque los niños son seres básicamente emocionales que aprenden a canalizar sus sentimientos, a ordenarlos, a darles forma... Un libro como el que estamos reseñando les puede ayudar mucho a organizar las primeras bases de su personalidad. 
En cuanto a las ilustraciones, destacan por su minimalismo, por la economía de detalles y, por lo tanto, por dejar claro el mensaje que nos quiere transmitir: lo importante no es lo que vemos, sino lo que sentimos y nos ayuda a crecer.
Por otro lado, no debemos olvidar que hay otro tema subyacente que es el respeto a la naturaleza, a nuestro entorno. El árbol se ha dado a sí mismo y el niño-joven-adulto-anciano no ha dudado en aprovecharse de él hasta que ha sido irremediable.
El texto es evocador y mantiene un tono contenido y melancólico hasta el final. Se organiza en dos bloques, el primero, más rápido y festivo, que es cuando el niño juega con el árbol y el segundo, organizado en las distintas etapas de la vida, que se va desglosando y ampliando conforme el árbol dialoga con su amigo y le pregunta qué le pasa. Para paliar la soledad, este manzano noble va desgranando sus dones, como hacía en la infancia del pequeño, pero, en esta ocasión, también los pierde y. sin embargo, no le importa... o quizá sí, pero siente que debe hacerlo. E, incluso, en su última etapa, sigue siendo protector e invita al anciano, al que él aún ve como un niño, a que se siente y descanse. Y entonces vuelve a ser feliz.

domingo, mayo 31, 2015





Entre tonos de gris,
Ruta Sepetys
Maeva, 2011.

Entre tonos de gris es un relato que te golpea desde el principio, aunque eso no te impide seguir leyendo porque la historia es una suplica, un grito, una denuncia y un clamor que a nadie puede dejar indiferente. Buena prueba de ello son las cantidad de reseñas o de comentarios que ha provocado el libro.
Ambientado en la II Guerra Mundial, en 1941, narra las penurias de un grupo de lituanos que fueron arrancados de sus casas, por el ejército ruso y enviados a un destierro brutal, en Siberia. Poco se sabe de este éxodo masivo y muchas han sido las voces que han querido callarlo, pero la represión de Stalin fue brutal y no tuvo nada que envidiar a la de Hitler. Por eso son buenos libros como este que te sacuden por dentro y te impiden olvidar. No hay que olvidar, que el olvido trae tempestades e ignorancia.
La joven Lina, de 15 años, con toda una vida por delante, es enviada, con su madre y su hermano pequeño, a un campo de trabajo. Su padre, profesor universitario, ha sido también represaliado y confinado en otra cárcel. Lina tiene una manera de expresar ese dolor y la sinrazón de lo que sucede y es a través de sus dibujos. Admiradora de Munch, Lina logra dibujar, en condiciones precarias, y deja todo un testamento gráfico para que las generaciones venideras no lo olviden
El libro está escrito en primera persona e intercala recuerdos del destierro con otros momentos felices de la vida de Lina que le permiten seguir adelante.
Lo peor y lo mejor del ser humano aparece en Entre tonos de gris. Con otro grupo de deportados, Lina y los suyos,  logran crear algo así como una familia, aunque en condiciones extremas. Y en ese momento cuando la generosidad o el absoluto egoísmo aparecen.
La pequeña esperanza, el deseo de mantener un orden y una normalidad pese a la brutalidad externa, la búsqueda de noticias, el saber qué ocurre, el amor y el dolor, la amistad, el odio y la barbarie aparecen por las páginas de este relato que, insistimos, se lee con rapidez, con vértigo, con dolor, con angustia, pero con emoción porque Lina es una muchacha luminosa, que sigue adelante y quiere, pese a todo, seguir viviendo.
El relato se organiza en capítulos breves que van, poco a poco, trazando el plano de un episodio, no tan lejano en el tiempo, que debería avergonzar a la humanidad.
Como ocurre con la buena literatura, no hay una edad de lectura marcada, porque Entre tonos de gris no tiene edad y cualquier lector sabrá empatizar con Lina y con la dramática historia que cuenta sin aspavientos, con realismo, ahondando en la psicología y contemplando con piedad al ser humano, incluso al enemigo. Y esa es una virtud insuperable.

martes, mayo 05, 2015

Napoleón puede esperar,
Ana Alcolea,
Pearson, 2012.


Napoleón puede esperar es un relato de ilusiones compartidas que se truncan, de confesiones a media voz, de dolor, de ausencia, de amor y de amistad. Ana Alcolea mantiene una estructura que comienza a ser una seña propia de indentidad narrativa, ya que ofrece dos historias y dos acciones que, de alguna manera, se dan la mano.
En el pasado, a principios del S. XVIII, conocemos al teniente de las tropas napoleónicas, Gerard Lacombe, quien ha sufrido la campaña de Egipto y no comparte las ansias de expasión del pequeño corso, como se llama, a menudo, a Napoleón. Para Gerard es muy difícil volver a la normalidad, después de tanto sufrimiento y dolor, aunque lo logra gracias al amor de si vida, Elisabet. No obstante, sabe que es un tiempo prestado porque ha de retornar a la lucha. Esta vez en la campaña española, en plena guerra de la Independencia.
En el presente, Pablo e Isabel, dos jóvenes unidos por el dolor. El padre de Pablo y el hermano de Isabel han muerto en Afganistán. El funeral se oficia en la Iglesia de San Fernando, de Zaragoza, lugar emblemático para dos de los personajes, Gerard y el padre de Pablo.
Con buen pulso, Ana Alcolea va centrando las acciones. Pablo e Isabel acaban unidos frente a la adversidad y surge, entre ellos, el amor. Gerard vive el segundo sitio de Zaragoza y se horroriza ante los desastres de la guerra.
La escritora ofrece un retrato conmovedor y realista del sitio de Zaragoza. El hambre, la miseria, la falta de humanidad se dan la mano. Personajes reales e imaginarios conviven y, juntos, ayudan al lector a captar, al menos un poco, la sinrazón humana.
Un nombre une ambas historias, Goya. Tres lienzos de Goya, que estaban en San Fernando, desaparecen en la guerra y Ana Alcolea imagina un posible itinerario para uno de ellos, el que Santa Isabel. Gerard, sensible al arte, salva los lienzos y solo ese perdura. El lienzo une pasado y presente y es indispensable para entender la novela.
El nombre de Isabel es importante en el relato, en ambos tiempos, ya que siempre hay una joven de nombre Isabel o Elisabet. El milagro de Santa Isabel, además, que convirtió los panes en rosas es una metáfora de la inutilidad de la guerra.
Hay muchas pistas que ofrece la narradora. Lo cotidiano y lo épico se dan la mano en la novela. Por un lado, la madre de Pablo que siempre se siente mejor con una taza de té, por el otro Isabel que huele tan bien o Elisabet cuya fragancia acompaña a su marido en la campaña española. Los olores limpios y puros, al lado de la podredumbre propia de los momentos bélicos.
Podríamos decir que hay un personaje global,  impactante , que s la ciudad de Zaragoza, una ciudad que en la Guerra de la Indepencia sufrió como ninguna y, pese a los que la gobernaron, salió adelante. Una ciudad que tuvo grandes heroínas quienes, con su valor, trataron de solucionar los entuertos masculinos.
Hay también otros aspectos narrativos interesantes que podemos comentar. Pablo escribe en primera persona. Las vicisitudes de Gerard se cuentan en tercera persona, pero es un narrador omnisciente quien lo hace. Eso sí, se transcriben sus cartas que son un elemento que une, como verá el lector, ambas historias.
Zaragoza y París se muestran como dos escenarios importantes. El río Ebro y el río Sena, símbolo de lo que fluye y pasa, pero siempre ahí, permanentes.
Pese a la dureza de algunas descripciones, el mensaje de Ana Alcolea es esperanzador y son frecuentes las notas lírica en su relato. La piedad, la ternura, el afecto y la caridad siguen entre las personas. Y, en suma, siempre se puede ver la vida desde el otro lado porque las casualidades a veces existen. Y como dice la profesora de literatura de Isabel, "hay que darle la vuelta" a los acontecimientos.
En suma, Napoleón puede esperar es una novela muy bien construida, que ahonda en la psicología de los personajes y que sabe captar, desde el principio, la atención del lector.
Suponemos que no habrá sido una novela fácil para la escritora ya que, seguramente, en el proceso de documentación y escritura del relato, muchos sentimientos y emociones se le habrán despertado porque Ana Alcolea conoce muy bien Zaragoza, ya que es donde ha nacido, y el Canal Imperial, escenario importante también en la vida de los personajes.

sábado, mayo 02, 2015






Cómplices,
Lydia Carreras. Ilustraciones: Claudia Legnazzi,
La brujita de papel: Córdoba, 2008.
Edición especial para el Ministerio de Educación, 2014.

Cómplices es, sin duda, un libro valiente, de esos que no permiten concesiones y van directos a lo más hondo, al corazón. Hay palabras enormes como muerte, entierro o duelo que no se sabe muy bien cómo manejar con los niños. Lydia Carreras ofrece una respuesta: hay que escuchar más a los pequeños y ofrecerles lo que necesitan, no aspectos materiales, si no, realmente, lo que importa.
En este caso, el protagonista es un niño que, en primera persona, enhebra sus recuerdos, vivencias y dudas en torno a la muerte de su abuela y, sobre todo, a lo que ocurrió después. No es habitual encontrar en la literatura infantil la alusión tan clara al entierro o a los pormenores de las herencias.
El pequeño asiste, como en una película que no entiende, a las peleas familiares, a las luchas mezquinas por lo que era de la abuela y a esa falta de sensibilidad que a menudo adoptan los adultos cuando se trata de hablar de dinero o bienes materiales.
Hay, eso sí, algún aspecto positivo que anima al niño. Su madre y su tío, que no se hablaban, vuelven a hacerlo ante la muerte de su madre, la abuela. También, hay que agradecer a la abuela, que toda la familia se reúna en torno a la mesa y permita, al pequeño, disfrutar de sus primos y de una normalidad que, por distintos motivos, se perdió.
Varios personajes se asoman a las páginas del libro. La madre del narrador, su hermano, que es bien travieso, el tío Agustín y la tía Elba, que siempre está enfadada y es bastante egoísta. Por encima de todos planea la sombra amorosa de la abuela que llevaba mucho tiempo enferma, que parecía estorbar a veces a los mayores, aunque nunca a los niños; la sombra amorosa de la abuela que compartió un último secreto con su nieto. Ese secreto, que buscan los mayores desesperadamente, es el que nunca dirá el narrador porque, gracias a su desconcimiento, la familia parece haberse unido de nuevo. Mejor que sigan buscando el tesoro de la abuela, porque, mientras lo hagan, estarán juntos.
Cómplices es un relato escrito desde la perspectiva infantil, mantiene el tono oral en todo momento y los signos de puntuación se disponen de tal manera que, mientras leemos, nos parece escuchar la voz del pequeño.
Es un relato que no debería ofrecer al lector sin acompañamiento porque, quizá, no acabaría de entenderlo y le ocasionaría dudas. En cambio, si el padre, madre o educador comparte la lectura del libro con los niños y los va acompañando en los misterios de la vida, el niño crecerá de forma armónica y entenderá aspectos que, muy a menudo, se le hurtan.
Sea como sea, el recuerdo de la abuela ilumina el relato- La abuela les forraba los libros, les preparaba la leche y les contaba cuentos. "La extraño un poquito. Un poquito bastante, pero no lloro porque ella me dijo antes de irse que yo tenía que ser fuerte como el Capitán Escarlata", piensa el narrador. El niño vive, de esta manera, su ausencia con normalidad; son los demás los que se confunden, los que crean dramas fuera de lugar, los que generan la atmósfera de angustia. Con eso queremos decir que los niños son capaces de entender la realidad si, eso sí, se les explica bien.
Las ilustraciones de Cómplices acompañan, con su planteamiento, el tono realista del relato y muestran, sin miedo, las escenas del duelo o de las disputas, pero también presentan a la familia reunida y, entonces, los colores son luminosos y alegres. La portada resume el secreto de la abuela y, si el lector sabe mirar, entenderá que la abuela no se ha ido del todo, porque su secreto, tan bien guardado, los ha puesto, al fin, de acuerdo.

lunes, enero 26, 2015

Historia de Erika,
Ruth Vander Zee - Roberto Innocenti
Kalandraka, 2014.

Casi coincidiendo con el Día Internacional de las Víctimas del Holocausto, que se celebra el 27 de enero, reseñamos un libro estremecedor y siempre oportuno como es La historia de Erika.
Los niños son capaces de entender la realidad y cualquier aspecto que la rodee, siempre que se le explique de una manera clara y adecuada a su edad. No hay que envolver las lecturas infantiles en nubes de algodón o de azúcar ya que los niños pueden -y deben- formar parte del mundo que los rodea. Eso no quiere decir, por supuesto, que no lean textos más lúdicos o imaginativos; al contrario, es bueno conocer todos los géneros y aprender a disfrutar con ellos.
La historia de Erika es un relato certero, hermoso y directo. Erika, ya anciana, le cuenta a la escritora Ruth Vander Zee su vida, la peripecia de una niña que sobrevivió al genocidio gracias a su madre.
A punto de celebrarse el 70 aniversario de la libercación del campo de exterminio de Auschwitz, el testimonio de Erika remueve las conciencias y recuerda que hay episodios de nuestra historia que aún duelen y siguen sangrando y que, por eso, debemos conocerlos, para que no se repitan.
Erika no conoció a sus padres porque estos tuvieron el coraje y la valentía de arrojarla por el tren que los llevaba a la muerte siendo aún un bebé. Alguien la recogió y la crió como hija propia y, cuando Erika pudo entender la realidad, se hizo las preguntas que recoge el libro.
Ruth Vander Zee escribe con frases claras y directas. La poesía de su textos reside, precisamente, en el arte de sugerir, de evocar, de no perderse en datos accesorios y, sin embargo, ser capaz de emocionar al lector. Es un relato que contiene elementos propios de los textos orales y que, poco a poco, nos sumerge en una atmósfera evocadora, cargada de símbolos. No obstante, Historia de Erika no es un relato triste porque Erika considera que, pese a todo, ha logrado enraizar en algún sitio y que su estrella sigue brillando, como la tantos judíos que fueron deportados y exterminados. La estrella de Erika brilla con luz propia y sirve de testimonio.
Roberto Innocenti ilustra el relato con imágenes capaces de mimetizarse con el texto y reproducir los mismos sentimientos. Es como si, mientras Erika narra su historia, las imágenes se proyentasen como una película. Emplea los tonos grises, aunque reserva el color para momentos especiales y muy impactantes, como cuando la bebé que fue Erika es arrojada por el tren y la ropa que la protege se de color rosa, un rosa que destaca entre el gris triste y doloroso de los que viajan en ese tren sin retorno.
Historia de Erika fue libro destacado en Alemania (2004) y está incluido en el Plan Nacional de Lectura de Portugal. Kalandraha lo ofrece en cuatro idiomas, catalán, castellano, gallego y portugués. El libro atrapa, visualmente, desde el primer momento porque, detrás de la solapa que lo envuelve, aparece, nítida, brillante y luminosa, la estrella de David, la estrella de seis puntas que preside todo el relato y que nos recuerda que los seres humanos tenemos los mismos derechos -o deberíamos tenerlos-.
El relato se destina a los lectores desde 10 años, aunque es un texto atemporal que ganará con cada lectura. Es un libro de esos que ayudan a crecer.
En suma, un libro necesario y, como decíamos al principio, siempre oportuno porque no hay que perder la memoria si no queremos perdernos a nosotros mismos.

sábado, enero 24, 2015





El secreto del Galeón,
Ana Alcolea,
Madrid, Anaya, 2014.


 Ana Alcolea afirma que un libro lo empieza a escribir su autor, pero no lo termina. Puede resultar una paradoja, pero tiene razón, porque un libro tiene tantas lecturas y tantos finales como lectores. Los textos de Ana Alcolea requieren un lector activo, que esté muy atento porque son innumerables los guiños al lector. Su última novela, El secreto del galeón, en este sentido, no nos defrauda. Sí abandona un escenario muy querido por la autora, Noruega, pero no deja de presentarnos a personajes en continua evolución ni de rodearlos de símbolos y objetos mágicos.
No es la primera vez que Ana Alcolea nos plantea un encuentro con el pasado. Ya en la Noche más oscura, apelaba al sueño para lograrlo e, incluso, en otros textos, ha empleado un diario, por ejemplo. Aquí, la narración se hace más compleja porque la autora aragonesa inicia un doble relato. Por un lado, el pasado y, por el otro el presente. En el pasado nos encontramos con Mariana, una joven, que regresa a España con su familia y su esclava Ramira en un galeón. En el presente, está Carlos, hijo de dos arqueólogos que, precisamente, están investigando los restos del galeón. El S. XIX y el S. XXI se dan la mano gracias a algunos de estos restos: un broche con la imagen de una mujer, una estatuilla de origen africano y una caja de música. Hay también restos humanos y mucho misterio.
La joven del broche es idéntica a Elena, una compañera de instituto de Carlos por la que él siente algo cercano al amor. Poco a poco, Ana Alcolea va tejiendo una red en donde las casualidades acaban siendo explicadas; aunque no todas. De ahí lo que decíamos al principio de los lectores activos. El lector debe contestar a algunas preguntas que se plantean en el relato y saber dar respuesta a ciertos enigmas.
El secreto del galeón es una novela muy bien documentada y muy bien escrita. Podríamos decir que está escrita con mimo, porque Ana Alcolea emplea diversos registros, desde el registro más lírico y evocador, relacionado con el mar y sus misterios más profundos; hasta el registro cotidiano, como pueden ser las clases del instituto o las alusiones a la alimentación de los personajes. 
Varios son los temas que aparecen en la novela. Sin duda, el origen de Ramira, la esclava de la familia Guzmán, nos hace estremecer. Ramira es un personaje potente, el personaje que relaciona, seguramente, los dos mundos y los dos tiempos. Ella sabía de la magia ancestral y es ella quien reza todas las noches a sus dos estatuas. Ella es también quien escoge morir cuando el galeón se hunde para salvar al resto de la tripulación. El personaje de Ramira, insistimos, es el más rotundo de todos los que describe Ana Alcolea.
Por otro lado, encontramos a los padres de Carlos, una pareja separada, que aún no ha decidido del todo su futuro. El padre es una especie de aventurero que no para quieto en ningún sitio y la madre se muestra como una mujer independiente, aunque necesitada aún del que sigue siendo su marido. Los padres de Elena aparecen más desdibujados, pero también tienen su interés, sobre todo el padre, un coreógrafo reputado, descendiente de la joven Marina. Muchos más son los personajes que se asoman a las páginas del relato, como Marcelo, el marino que se enamora de Marina o la propia madre de esta, una mujer educada muy a la antigua, que siempre esconde sus emociones.
Y dejamos para el final a los tres jóvenes protagonistas. Marina es una chica de 14 años que no aspira a casarse como sus hermanas, sino que tiene otros sueños, quiere convertirse en marinero, algo del todo imposible en su época -e incluso en esta-. Hay algo muy profundo que une a Marina con su esclava que solo el lector más atento logrará desentrañar. Carlos y Elena son los dos adolescentes del S. XXI. Carlos tiene sus vaivenes emocionales, pero es un joven que está creciendo bien, al que le gusta el judo y que sabe apreciar las pequeñas cosas. Elena es una joven desorientada, que nunca ha enraizado en ningún sitio y que vive por y para el ballet. Entre Marina y Elena hay un lazo de unión muy potente, como también descubrirá el lector.
Ana Alcolea maneja con soltura las descripciones y nos sumerge en un ambiente evocador, cuando nos traslada a alta mar, a bordo del galeón; mientras que sabe como rodear de misterio unos restos del pasado por los que los arqueólogos sienten gran respeto. Si no aprendemos a respetar el pasado, parecen decirnos, no sabremos como respetar el presente y nos perderemos sin remedio.
El secreto del galeón ahonda en los sentimientos, en las emociones, en las contradicciones de los seres humanos, en los sueños y una especie de hilo invisible que nos une a nuestros antepasados, porque, como diría Azorín: "Vivir es ver, volver". Y es que el tiempo es, posiblemente, el auténtico protagonista del relato, con sus cambios y caprichos. No es una casualidad que el padre de Elena herede, del suyo fallecido, un reloj, que perteneció al primer Guzmán. No es una casualidad, en absoluto. Tampoco es casualidad que se halle una caja de música en el fondo del mar y que otra caja de música esté en poder de la familia de Elena y que ella misma solo se sienta feliz bailando... como la bailarina que no aparece en esas cajas.
Hay, además, como decíamos al principio de este comentario, múltiples guiños al lector. Uno lo encontramos, por ejemplo, en la página 158, cuando la narradora nos explica que Elena leía un libro para poder dormirse. Pues bien, sin decir el título, ese libro es La noche más oscura, de la propia autora. Hay también alusiones a la Divina comedia, de Dante, un libro apreciado por Ana Alcolea.
David Guirao es el encargado de ilustrar la portada y lo hace con una imagen evocadora y enigmática, en donde el azul es el color dominante y las estrellas, como un rosario de luz, marcan un camino.
En definitiva, El secreto del galeón es un libro para disfrutar de la lectura que nos hará reflexionar, que nos conmoverá y que nos permitirá crecer un poco más.

domingo, enero 18, 2015






Deseo de chocolate,
Care Santos,
Círculo de Lectores, 2015.

Deseo de chocolate, de Care Santos, fue premiada con el Ramon Llull 2014. La novela, amplia y muy bien documentada, se lee de un tirón y deja al lector con la intriga de saber más acerca de los personajes que tan bien retrata la autora.
El texto nos cuenta la historia de tres mujeres, que vivieron en tiempos y lugares dispares, pero que están unidas por un objeto tan delicado como puede ser una chocolatera de porcelana y por una afición al chocolate. Estas tres mujeres protagonizan las tres partes en que se estructura el relato. La particularidad es que se inicia en los tiempos actuales (Barcelona 2014) y se acaba en el mismo origen de la chocolatera, en pleno S. XVIII.
La chocolatera es un objeto valioso en el que caben solo tres tacitas de chocolate y pertenece, como dice en su base, a Madame Adelaïde, que no es otra que la sexta hija de Luis XV.
Si nos centramos en las historias, observaremos que los personajes femeninos que describe Care Santos están perfectamente definidos y se caraterizan por su fortaleza. Todas ellas, de alguna manera, tienen que ver con el negocio del chocolate y todas ellas acaban tomando las riendas de su vida.
La primera es Sara Rovira, una mujer que recuerda los días de su primera juventud en compañía de Max, con quien se casó, y de Oriol, con el que siempre mantuvo una relación tormentosa. La noche en que, escondida, espía la conversación de estos dos hombres, se rompe su preciada chocolatera. El libro se inicia con un preludio en el que Max pega, con esmero, todos los pedacitos de tan preciada pieza. Deseo de chocolate, por así decirlo, es como un puzzle en el que todas las piezas, de la mano de la chocolatera, acaban encajando.
La segunda mujer es Aurora, en la Barcelona de 1854. Autroa está muy lejos de poder tomar chocolate, aunque lo hace a escondidas, porque es sirvienta y trabaja para los Turull. De alguna manera, la suerte se alía con Aurora y le permite pasar de sirvienta a señora y obtener, casi sin ella quererlo, el privilegio del chocolate.
La tercera es Mariana, en la Barcelona de 1777. Gracias a los escritos del secretario de Madame Adelaïde conocemos la historia. Una delegación francesa llega a Barcelona para hacer negocios con el maestro mastelero inventor de una máquina revolucionara. El maestro es el marido de Mariana y ha muerto, aunque pocos lo saben. En un gremio dominado por hombres, Mariana se va abriendo paso.
A lo largo de las páginas de Deseo de chocolate conocemos a muchos personajes, algunos históricos y otros inventados por Care Santos. Todos están abocados a un destino relacionado con el chocolate y todos, como ya se ha dicho, acaban con la chocolatera en las manos. Esa chocolatera deviene en una especie de objeto mágico, gracias al cual descubrimos las trastiendas de Barcelona desde el S. XVIII al S. XXI.
Amor, música, afán de grandeza, rencores, obsesiones, vidas pequeñas y grandes se van dando la mano para crear una obra emocionante, llena de sorpresas que plasma, con ojo crítico, irónico y, a veces, tierno, las miserias y, por qué no, las grandezas humanas.
Deseo de chocolate es, en fin, una novela dulce y amarca a la vez. Como la vida.

domingo, septiembre 21, 2014







El misterio de mi abuelo
Ana Belén Rodríguez Ros,
Edición no venal. Paris papelería, 2014



El misterio de mi abuelo, de Ana Belén Rodríguez es una de esas historias sinceras que conmueven al lector y le permiten crecer. El cuento fue el ganador de la IV edición de cuentos infantiles "Casilda Ordóñez", convocado en Palencia.


 La autora, que reside en Salou, intenta explicar, de una manera esperanzadora, a los niños, qué hay detrás de una enfermedad tan terrible como es el Alzheimer, lo cual no es nada fácil. Un buen día la protagonista del relato, Mónica, se da cuenta de algo que la inquieta: su abuelo, siempre tan capaz y dispuesto, está perdiendo la memoria y el resto de sus capacidades. Mónica se dispone a resolver el enigma y, como si fuera una pequeña investigadora, va tratando de unir pruebas para averiguar dónde se esconden la memoria, la coordinación o la orientación. No lo descubre y pregunta a su madre, que tampoco sabe darle la respuesta.
El misterio se resuelve de forma casual. Una noche, Mónica entra en la habitación del abuelo mientras duerme y descubre una pequeña criatura, un duendecillo que dice llamarse Alzheto y que le da la respuesta más imaginativa que a nadie pudiera ocurrírsele y que a Mónica le sirve, como le servirá a todos los niños que lean el cuento.
El duende vive en Fantasía y es el encargado de trasladar la Fuente de Poder de nuestro mundo al suyo para que los sueños no mueran. Hay personas, como el abuelo de Mónica, que son muy especiales porque tienen unas cualidades que ayudan a que Fantasía no desaparezca. Mónica descubre así el misterio del abuelo y se siente muy orgullosa de él porque es una persona maravillosa que, aunque pierda capacidades, sigue siendo el mejor abuelo del mundo.

El relato está escrito en primera persona, por la propia protagonista. La escritora es capaz de recoger el universo infantil porque no nos ofrece la visión de un adulto, sino la de una niña que, en este caso, es tremendamente observadora y curiosa. Dos cualidades que nos permiten avanzar en la vida.

Además, el relato está ilustrado por la propia autora, con unas ilustraciones llenas de color y energía. Los protagonistas son Mónica, el abuelo y el pequeño duende, al que no se ve con resquemor, sino con alegría porque es el portador de la magia y de los sueños, cualidades imprescindibles para el universo infantil que nunca hay que soslayar.


Además, tipógraficamente, El misterio de mi abuelo se presenta con una letra clara, que va cambiando de color en alguna palabras clave para favorecer la atención y que puede ayudar a que los primeros lectores entiendan mejor el relato.

El misterio del abuelo se presentó en Salou el pasado viernes 19 de septiembre de 2014, en el espacio de la infancia Xic`s y fue la propia autora quien leyó a los niños y adultos allí presentes el cuento. cabe añadir que el acto estaba respaladado por AFAS, la Asociación de Familiares de Alzheimer de Salou con el fin de dar a conocer esta realidad entre los más pequeños. Ana Belén Rodríguez conoce de cerca la problemática de la que habla en el relato y es la secretaria de AFAS.


A los niños hay que ofrecerles respuestas ante los avatares de la vida y la que ofrece Ana Belén Rodríguez nos parece metafórica, muy imaginativa y que conecta perfectamente con el universo infantil, lo cual, insistimos, no es nada fácil.


Nota: Maite Castellanos es la autora de las fotos que ilustran esta entrada.

lunes, junio 17, 2013

Ricardo Gómez,
Edelvives, 2013.




Samuel acaba de cumplir 10 años y eso para él es motivo de profunda reflexión porque el resto de su vida lo pasará con dos cifras. Y es que Samuel es, como indica el título del libro, “Un chico diferente”. Destaca por su habilidad obsesiva con los números. Todo para él es objeto de cálculo, desde una habitación a un árbol o unas sombras. Su vida gira en torno a ciertos miedos y ciertas manías que ha ido generando, por ejemplo, no le gusta que le toquen ni entiende de ironías ni de sutilezas verbales. Es un chico listo y muy observador, pero carece de habilidades sociales y no tiene amigos.
Su psicóloga ha tenido una idea excelente y le ha regalado el cuaderno en el que escribe su historia, la misma que Ricardo Gómez nos cuenta, porque “Un chico diferente” está escrito en primera persona, por un niño que, como cualquier niño, gusta de fabular e imaginar, pero él lo hace de una manera especial, porque colecciona cosas extrañas y hace fotografías aún más extrañas, aunque a él le apasionan y encuentra una secreta poesía en los números y sus combinaciones.
Samuel, por otra parte, siente miedo a un monstruo que vive en la zona oscura de su habitación, que es como él la llama. Es Moab, el Monstruo Abominable que siempre lo pone en aprietos porque es quien le sugiere que se salte las normas y las infrinja, con lo que Samuel acaba confundido y más angustiado.
Ricardo Gómez es profesor de matemáticas y eso se nota en el libro, pero el libro no es un libro de matemáticas sin más, en absoluto, el libro es el retrato de un muchacho con un síndrome de asperger, por ejemplo, o algún trastorno del espectro autista. Y es un libro que nos permite pensar y entender qué hay detrás de las aparentes excentricidades de Samuel, hay un niño que quiere ser feliz, que quiere vivir con sus manías y que necesita apoyo y cariño constantemente.
El libro, como decíamos, está escrito en primera persona, lo cual es un acierto indudable porque el autor podría caer en juicios más o menos paternalistas y no lo hace al permitir que sea Samuel quien se exprese con total normalidad porque para él sus colecciones, sus cuentas, sus números, sus manías forman parte de la vida, de su vida y es lo único que él conoce. Samuel reflexiona y entiende y hace esfuerzos para integrarse en la vida normal de su familia y en las rutinas de la escuela. La psicóloga juega un papel muy importante porque es quien lo guía y quien le marca las pautas. Las personas que sufren este síndrome necesitan una vida organizada en la que todo esté en su sitio y Samuel así lo manifiesta acostándose cada día a las 11, teniendo la hora de la familia a las 8 y siguiendo unos esquemas que, en cuanto se tambalean, hacen que él sufra.
Por otro lado, a Samuel le gusta la fotografía y su tío Luis lo entiende y le permite que realice las fotos que quiera, fotos inquietantes de sombras, de ramas, de objetos que a Samuel le inquietan porque no son simétricos.
Un chico diferente es un libro espléndido, sin duda, por esa capacidad que tiene Ricardo Gómez de permitir que sea Samuel quien se exprese, dibuje, piense y reflexione. Gracias a eso entendemos que quizá esas diferencias no sean tales al fin y al cabo. Jordi Vila Delclòs ilustra el texto y lo hace con acierto, captando las sombras, las oscuridades que atormentan al chico y de las que, de alguna manera, logra salir adelante gracias a las complicidades que se establecen entre otros personajes como Mar y Eva.
Una historia que no dejará indiferente a ningún lector. Muy recomendable para los educadores que traten con chicos tan especiales como Samuel.

lunes, junio 03, 2013


Una tormenta de miedo / Una tempesta de por,
Meritxell Martí. Xavier Salomó,
Castellnou/ Almadraba, 2013.



El miedo es una de las emociones más frecuentes en los niños. Conviene, para ayudarles a superar los pequeños miedos del día a día que sepan identificarlos y enfrentarse a ellos. No siempre es fácil porque, a menudo, cuesta detectar qué es lo que atemoriza al pequeño. Para ello, hay que darles herramientas para que sepan nombrar los miedos y, así, poder expresar sin temor qué es lo que les asusta y por qué. Jamás hay que reírse de estos miedos infantiles, en absoluto, más bien hay que saber acompañarlos en el camino que les llevará a crecer y a superar por sí solos los pequeños grandes baches de la vida.
De ahí que el libro “Una tormenta de miedo” (“Una tempesta de por”), de Meritxell Martí e ilustrada por Xavier Salomó, nos parezca muy oportuno. La historia que narra es divertida y cercana. Está protagonizada por dos simpáticos conejitos, Toni y Tina. Tina, en plena tormenta, va a visitar a Toni y se encuentra con que este tiene mucho miedo a los truenos y relámpagos. Tina descubre por qué y le ayuda a sobrellevar ese momento de angustia. Juntos lo pasan mejor y juntos se apoyan. Además, aprenden a conjurar los miedos con distintas fórmulas verbales y con una receta que nunca falla: un buen chocolate caliente.
La presentación formal del texto es muy importante puesto que se juega con la tipografía de las letras para señalar algunos momentos esenciales del relato. La ilustración es básica también ya que no solo se narra una historia real, sino que se evoca, en forma de cómic, una peripecia que los dos conejos pasaron una vez y que les provocó miedo, aunque, una vez superado, les hizo reír. Lo mismo sucede en esta ocasión: conforme pasa la tormenta, llega la alegría y la risa.
La editorial Castellnou / Almadraba, junto con el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona,  ha iniciado una colección protagonizada por Toni y Tina para trabajar las emociones en los niños. Es una muy buena iniciativa ya que no solo se dirige a los niños, sino a los adultos puesto que, al final de los libros, ofrece una serie de herramientas y consejos en torno a una emoción en particular.

martes, mayo 14, 2013



La pequeña coral de la señorita Collignon, Lluís Prats, Casals: 2012


“La pequeña coral de la señorita Collignon” es una narración emocionante. Un narrador cómplice, en segunda persona, va desgranando la historia. La señorita Collignon es una maestra a punto de jubilarse, que trabaja en una Escuela de la parte alta de Barcelona. Arrastra un pasado emocional complicado, ya que no ha superado una historia de amor con un músico, que, en la actualidad, es famoso. La señorira Collignon, francesa de origen, vive en Barcelona por si el amor de su vida regresa.
La existencia de esta maestra de música y francés parece rutinaria, aunque ella es feliz a su manera. Hasta que un día, el inspector decide enviarla a un colegio conflictivo del Raval y allí empieza la verdadera narración. La señorita Collignon, cargada de cariño, de justicia, de respecto, aprende a valorar a sus nuevos alumnos. Su clase está formada por distintas nacionalidad y cada uno presenta una problemática distinta; tanto es así que la propia maestra se siente en la obligación moral de intervenir para tratar de ayudar a estos niños y niñas que se portan mal porque, de alguna manera, han de llamar la atención.
Esta maestra menuda y aparentemente frágil decide montar una coral y se empeña con tal ahínco que sus pequeños niños aprenden, día a día, a respetarse y a valorarse, a la vez que ganan en autoestima. Ahora bien, el corazón de la señorita es débil y ha de ser hospitalizada. En ese momento, todo se precipita hacia el clímax final.
Los niños, obstinados y firmes, organizan un concierto emotivo que nadie olvidará nunca y lograr implicar a distintas personalidades de la música y a todo su entorno cercano. Incluso, el músico por el que suspiraba la señorita se brinda tocar el piano. El concierto es sublime, aunque, por desgracia, es el último que escuché la señorita Collignon, aunque el más importante.
La amistad, el cariño, la responsabilidad, la empatía son temas muy importantes en la novela, en la que también aparecen críticas al sistema educativo que se fija más en el rendimiento material que en el emocional. Es una novela sutil, con un final que podría ser triste, aunque el narrador tiene la habilidad de proyectarlo hacia el futuro para que entendamos que esa Coral de una escuela del Raval acaba triunfando.
“La pequeña coral de la señorita Collignon” es un texto claro y diáfano, que apela directamente a los sentimientos y que demuestra que es cierto eso de que “la influencia de un buen maestro tiende al inifinito”.
Un relato destinado a los niños que conmoverá a los adultos, sin duda. Y lo que es mejor: nos hará reflexionar acerca de los prejuicios sociales en los que, por desgracia, tantas veces nos escudamos.