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martes, octubre 11, 2011

La excursión a Tíndari,
Andrea Camilleri, Salamandra, 2004


El comisario siciliano Salvo Montalbano es el protagonista de esta novela, La excursión a Tíndari. Andrea Camilleri aúna en un mismo relato distintas peripecias personales que solo en las manos del comisario pueden acabar entrelazadas. Por un lado, el asesinato de un joven, Nené Sanfilippo y, por el otro, la desaparición de una pareja de ancianos, los Griffo, vecinos del joven. Estos dos hechos, en apariencia distintos acaban uniéndose y poniendo en evidencia una red de tráfico de órganos, auspiciada por el nieto de uno de los capos de la mafia más influyentes de Vigata.
Salvo Montalbano es un hombre que presenta una personalidad muy singular. Se caracteriza por un sentido del humor extraño y por un genio muy vivo, aunque, en la comisaría, sus hombres la aprecian y valoran. Montalbano, además, es una persona que se apiada por las víctimas cuyas muertes ha de investigar y, a menudo, se siente culpable por no haber sabido llegar a tiempo y haber evitado males mayores. También suele pecar de individualista ya que se suele exponer a grandes peligros por no querer involucrar a sus hombres. Montalbano es también amigo de sus amigos. Un amante de la buena mesa y una persona de muy buena memoria que nunca olvida a los que hacen un favor. No tiene muy buena relación con sus superiores, aunque eso no es obstáculo para que resuelva sus casos, a veces de forma algo chapucera, pero casi siempre de manera satisfactoria.
Al lado de Montalbano se encuentran otros personajes de la talla de Catarella, quien coge los recados en la comisaría de una manera estrafalaria puesto que no suele entender bien los nombres y eso lleva a situaciones llenas de humor; aunque Montalbano no se lo tiene en cuenta. Mimí es uno de los hombres del comisario, casi su hermano pequeño. En esta ocasión, Montalbano teme que pida el traslado a otra oficina por cuestiones amorosas y lo pone en contacto con una joven, Beatrice, a la que conoce gracias al caso de los Griffo y quien, si leemos otras novelas, acaba siendo la pareja de Mimí. También aparece Livia, la novia de Montalbano, con quien mantiene una relación en la distancia porque, por sus trabajos, viven separados, aunque las conversaciones telefónicas son importantes siempre para los dos. Y, por supuesto, la sueca Ingrid, una amiga exuberante del comisario quien suele ayudarlo en algunas cuestiones delicadas.
La excursión a Tíndari es una novela muy bien estructurada, que mantiene un clímax narrativo potente, gracias al cual el lector se siente atrapado desde la primera página. Camilleri inventa una ciudad, Vigata, a la que dota de las cualidades esenciales de cualquier ciudad siciliana, aunque le permite distanciarse y adoptar posturas más comprometidas o críticas que, de otra manera, no lograría. En esta ocasión alude a una excursión a Tíndari hecha por el matrimonio de ancianos que acaba dando las pistas para resolver el caso.

                                                Tíndari, por Rosa Mª Guijarro

Hay otros elementos importantes como es el uso del idioma y de los registros lingüísticos, así como el análisis psicológico que hace, sobre todo, del comisario. En esta ocasión, Montalbano encuentra inspiración en un olivo centenario al que acude para reflexionar y tratar de atar cabos.
En La excursión a Tíndari, por otro lado, el lector encontrará todos los ingredientes de un buen relato de intriga. Así, hay asesinatos, muertes que no lo parecen, trampas, errores mortales, vidas de personas anónimas que se entrecruzan, cintas de video pornográficas muy comprometidas, un médico corrupto a causa de su interés por las buenas obras de arte, la mafia, un paisaje tortuoso… y unos personajes que parecen quererse salir del libro porque parecen vivos. Con razón, Camilleri es el autor más leído en Italia en la actualidad.

jueves, septiembre 08, 2011

Un giro decisivo, Andrea Camilleri,
Quinteto, 2009


Un giro decisivo (2004), de Andrea Camilleri está protagonizado por Salvo Montalbano. Se trata, pues, de un texto que forma parte de los casos de este singular comisario de policía siciliano. Su trabajo se desarrolla en Vigatà, un pueblo imaginario,  que puede identificarse con el propio pueblo e Camilleri, Porto Empedocle. El espacio adquiere protagonismo en las novelas, tanto es así que Marinella, en donde vive Salvo, al lado del mar, se convierte en ese refugio al que anhela volver tras un día difícil.
De una manera casual, Salvo se ve involucrado en un caso muy retorcido. Encuentra un muerto mientras nadaba y este muerto, desfigurado completamente, le lleva, tras una serie de elementos, a atar cabos y a relacionarlo con una red de tráfico de inmigrantes. Este muerto con unos profundos cortes en muñecas y en tobillos, no parece un ahogado más, como se descubrirá durante el relato.
Un giro decisivo es, por lo tanto, una novela crítica en donde se denuncia la corrupción de ciertas personas que, por dinero, miran para otro lado y permiten, por ejemplo, que se trafique con niños inmigrantes.
Un doble caso es el que tiene que resolver el comisario, la identidad del muerto y qué se esconde tras un niño inmigrante muerto por accidente de tráfico en circunstancias poco claras.
Salvo es un personaje de una humanidad desbordante, aunque con una manera de reaccionar muy típica. Es un hombre honesto, con un sentido del humor extraño y que a veces se muestra bronco, cuando, en realidad, no lo es. Su manera de ver la vida está llena de matices. Todo ello hace que Salvo Montalbano sea un personaje redondo, lleno de recovecos que nunca se terminan de descubrir.
En la novela también se alude a su compañera a distancia, Livia, con la que mantiene una relación también peculiar. Y, sobre todo, cobra especial relevancia una de sus amigas, la sueca Ingrid Sjostrom, quien, con su pericia a la hora de conducir y con su liberalidad ayuda a Salvo y le permite empezar a resolver el caso.
Montalbano, en este caso, está pensando en presentar su dimisión. No se siente a gusto, piensa que está envejeciendo y no soporta a sus jefes directos, que parecen prepotentes y sin ningún valor. Ahora bien, sí respeta, y mucho, a sus compañeros de comisaría quienes, a su vez, lo aprecian mucho, sobre todo Catarella, un hombre en un cuerpo de niño, que siempre se equivoca al coger el teléfono, que siempre se confunde y que logra, así, unos momentos de humor realmente soberbios. Catarella reverencia a Salvo. Otros de sus hombres son Fazio, que, en esta ocasión, velará como un ángel de la guarda por Salvo; Mimí Augello con quien no siempre está de acuerdo, pero que es su amigo. Mimí, en la novela, está desquiciado por el embarazo tan difícil de su mujer, Beba. Torreta, en el libro que nos ocupa, es un policía al que no llegamos a conocer, pero por el cual sentimos mucha curiosidad puesto que parece tener una especie de bazar en la comisaría, ya que las cosas y objetos más dispares se le pueden pedir a Torreta.
Salvo, por cabezonería, se empeña en trabajar solo, se expone demasiado y en  Un giro decisivo lo dejamos malherido, de camino al hospital, pero con el caso resuelto.
Salvo tiene amigos y confidentes, que lo respetan y acuden a él para desvelarle datos, como el singular periodista que aparece en la trama y lo pone sobre aviso de la trata de niños inmigrantes. Montalbano desdeña a la gente que comercia con los demás y se siente e impotente cuando piensa que él mismo puede haber contribuido, sin querer, a la muerte de uno de esos niños inmigrantes. En ese momento, se desvela la psicología de Montalbano, quien no cejará hasta descubrir qué hay detrás de todo.
Montalbano, por otro lado, se nos presenta como un hombre de carne y hueso, con sus limitaciones y errores. Eso es lo que lo hace más atractivo. Le gusta mucho la buena mesa y en el texto está buscando un lugar para comer que sustituya la hostería de San Calogero que acaba siendo, después de mucho investigar, la Trattoria de Enzo. Los momentos gastronómicos del libro son realistas y muestran que la comida es mucho más que alimentarse. Su sirvienta, Adelina, también le prepara algunas comidas, aunque no siempre esté muy acertada.
En suma, Un giro decisivo no es una novela más de Montalbano, no; es una novela comprometida, crítica, con muchas referencias a la política que sigue mostrando la evolución del comisario y que está admirablemente escrita. Son destacables los diálogos que tratan de reproducir las jergas, los usos dialectales o los vulgarismos del habla siciliana. En este caso, hay una labor del traductor admirable.
Montalbano, que creía que lo había visto todo, se da cuenta de que el horror no tiene límites y, paso a paso, dando giros y rodeos, de una manera poco ortodoxa, descubre la verdad y sigue comprendiendo que su evolución como persona aún no ha terminado.