martes, septiembre 13, 2011

El bosque invisible.
Alfredo Gómez Cerdá. Ilustraciones Teo Puebla,
Everest, 2011, Dichosos humanos


Un buen día, cuando ya ha acabado el periodo de hibernación el oso se despierta y sale de su cueva. Tiene hambre y está deseando recorrer el bosque, su bosque. Lo que se encuentra lo deja pasmado. No se ven señales del bosque. Parece que no existe. El oso cree que debe hacerse confundido de cueva y decide ponerse en camino para encontrar su bosque. Otro animal, el lobo, está haciendo el mismo recorrido. El lobo dejó el bosque y ahora, a su regreso, tampoco lo encuentra. Los dos animales hacen un recorrido que los deja pasmados porque todo son cosas extrañas que antes no estaban allá. Alfredo Gómez Cerdá, de una manera indirecta, describe las grandes obras de los humanos que, en pos de la civilización, acaban con bosques y espacios naturales para construir carreteras, puentes y túneles… Eso es lo que se encuentran el oso el lobo. Al final, medio muertos de hambre, son recogidos por otros humanos que tratan de deshacer los entuertos de sus semejantes y llevados a un espacio protegido en donde fingirán ser felices, pero no lo serán. Nunca más.
Alfredo Gómez Cerdá critica de una manera sutil y llena de ironía la acción humana que destroza la naturaleza y, con ella, el hogar de miles de animales. Y lo peor de todo es que eso se hace con total impunidad, sin pensar en las consecuencias ni en los posibles desastres ecológicos.
El bosque invisible es un título muy apropiado para describir la realidad con la que se encuentran dos animales que, en principio, nunca se han relacionado, pero que entienden que es mejor caminar juntos.
Teo Puebla, nuevamente, ilustra el texto y dota a estos dos animales de una magia especial, porque se recrea en los detalles más entrañables del oso y del lobo. De esa manera la crítica del texto encuentra un remanso en las ilustraciones, con lo cual los niños, los pequeños de 6 años en adelante, pueden entender el mensaje del autor, pero sin dejar de recrearse en las imágenes.
Los dos animales representan la libertad amenazada, los derechos vulnerados. Es más, el lobo se queja, y con razón, de la imagen que se tiene de él en los cuentos y habla con resentimiento de Caperucita Roja. Y es que, en el mundo animal, hay también muchos tópicos, todos ellos creados por los humanos. Otra vez. Dichosos humanos.

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