jueves, octubre 31, 2019

"Bellezas de la naturaleza",
Virginie Aladjidi - Emmanuelle Tchoukriel,
Kalandraka, 2019


"Bellezas de la naturaleza" es un libro enciclopédico que nunca pasará ni de moda ni de edad porque a todos ha de interesarnos el mundo que nos rodea; aunque nos parece muy bien que se ofrezca a los primeros lectores, de ellos es el futuro; pero nuestra es la responsabilidad de que lo tengan en perfectas condiciones.
A partir de la colección "Inventarios ilustrados", de la que también nos hemos hecho eco en este blog, se reúnen 457 láminas para mostrar, de manera resumida, aunque suficientemente amplia, la diversidad de nuestro mundo. Así, se agrupa el contenido en distintas secciones, empezando por los mamíferos, aves, anfibios, reptiles, peces, insecotos, arácnidos..., siguiendo  con hongos y líquenes, álbores, palmeras y acabando con las flores, las frutas y las verduras.
Cada ser se muestra con una lámina realista, realizada con la técnica de la acuarela que sigue muy de cerca los dibujos científicos y naturalistas. Además, la ilustración, ya de por sí genial, se acompaña de un texto, breve, objetivo, que indica el nombre del animal o vegetal en castellano, su nombre en latín, la clase y, en algunos casos, algunas características imprescindibles. No hay, por así decirlo, la menor distracción entre el texto, la ilustración y el lector que disfrutará, de manera directa, denotativa, del festín de la naturaleza.
"Bellezas de la naturaleza" es, de manera implícita, un canto al mundo que nos envuelve y un toque de atención para que se pueda seguir conservando así.
Se trata de un libro, repetimos, hecho para el deleite visual y para la reflexión. Cualquier lector pasará muy buenos ratos dejándose llevar y atrapar por las imágenes y los textos. Casi siempre las palabras se nos quedan cortas, en esta ocasión, mucho más, porque es necesario observar el libro para entender todas las posibilidades que nos ofrece. Por decirlo de alguna manera, "Bellezas de la naturaleza" es un cofre del tesoro, al lector le corresponde coger la llave y abrirlo para toparse con el lobo, la urraca, el íbice, los gatos domésticos, la babosa, la humilde correhuela o el suculento caqui, por mencionar unos ejemplos. ¿Quién da más?

"Cançó de fer camí",
Maria Mercè-Marçal
Il·lustracions Carolina T. Godina,
Sembra Llibres, 2019

Maria Mercè-Marçal no necessita presentació, les seves paraules valentes i fermes tenen avui més vigència que mai. Per això donem la benvinguda a aquest llibre necessari que conté un dels poemes més emblemàtics de la poeta, "Cançó de fer camí". Es tracta d`un himne adreçat a les dones de qualsevol generació que les uneix amb un mateix vincle de solidaritat i amb uns mateixos valors de reivindicació feminista, doncs aquesta és la lluita que ens planteja el text quan comença: "Vols venir a la meva barca?". Aquesta barca va arreplegant dones i les fa viure amb tots els sentits alerta, amb el cors, amb el cor, amb l`ànima oberta; dones que miren el cel, dones que anhelen el vent i que es mouen amb la lluna, dones-bruixes o fades, per què no, sempre amb un univers secret, colze a colze, amb la mar com a teló de fons. Dones que, un dia, "juntes farem nostra la nit".
El poema, colpidor i vehement, es presenta amb unes il·lustracions motivadores, que representen diferents tipologies de dones, velles, joves, nenes, madures; dones que obren la porta i surten al carrer, que es donen la mà en un gest de solidaritat, que no tenen por i que respiren, sense limitacions, l`aire pur del mar. Aquesta dansa vegetal, aquesta unió intergeneracional és la que ens deixa clara Carolina T. Godina, amb imatges realistes, dolces, plenes de llum i de color; lliures, en definitiva.
Un llibre oportú, no en tenim dubte, que han de llegir els nenes i les nenes d`avui si volen, de veritat, un món més just i més sensible.
"Cançó de fer camí" és un títol metafòric que uneix, en una mateixa causa, diferents dones, amb diferents idees i diferents formes de pensar, però unides, com hem dit, per una relació invisible molt forta. Aquestes dones, juntes, fan camí i, de mica en mica, van augmentant, perquè és seu el futur. En definitiva, un llibre màgic i rebel.

miércoles, octubre 30, 2019

"Juegosde letras",
Antonio Rubio - Óscar Villán,
Kalandraka, 2019

Los pre-lectores tienen en este precioso libro de tapas duras una herramienta de primera categoría que los va a acompañar, de manera lúdica, para que conozcan el abecedario sin ningún problema y, de paso, les estimulará la imaginación.
Antonio Rubio, a quien la conocemos por la colección "De la cuna a la luna", nos ofrece esta vez otra forma de entender la poesía infantil, a través de sus ya conocidos poegramas, esto es, textos rimados de tres versos. En esta ocasión, vienen marcados por las letras del abecedario, ya que a cada una le corresponde un poema y una ilustración. Óscar Villán es el encargado de dar color a los versos y lo hace con objetos cercanos al lector y conocidos por él, animales, frutas, emociones, instrumentos... Así, por ejemplo, la H se representa mediante dos personas dándose un abrazo y el poema es: "Con una H / se abrazan en el baile / los dos danzantes". Y así ocurre con todas las letras que se definen de manera ocurrenta, para nada tópica o esperada, como le ocurre a la P: "Y con la P / se come una banana/ el chimpancé" y, efectivamente, es lo que se dibuja, aunque con forma de P. Y, así, todas las letras, para deleite y sorpresa del niño. 
Estos poemas están en la línea de la greguería de Gómez de la Serna, por su frescura y su alegría y, sin duda,  por el  uso de la metáfora como figura retórica esencial.
Otro acierto lo vemos en el formato, detrás de cada letras, en mayúscula, se oculta, mediante una solapa el poegrama y el dibujo correspondiente. Además, una oruga es el personaje que guía al lector por este viaje al abecedario, lleno de ideogramas y de palabras frescas y cercanas.
Sin duda, un libro estimulante y muy recomendable para los más pequeños que huye del didactismo hueco y a cambio ofrece diversión, imaginación y muchas palabras.
Cada letra es un personaje singular que se muestra al niño con alegría, con luminosidad; es más, las rimas pueden ser objeto de memorización con lo cual el aprendizaje está asegurado, aunque de una manera, como ya hemos dicho,  más lúdica.

Miguel de Unamuno,
"Selección poética",
Kalandraka, 2019, Trece Lunas

Miguel de Unamuno no necesita presentación. El contradictorio rector de la Universidad de Salamanca está más vigente que nunca, prueba de ello es la reciente película de Amenábar, "Mientras dure la guerra".
Unamuno perteneció a la Generación del 98, escribió ensayo, novela y poesía. Fue una persona de carácter fuerte y agudo, aficionado a la papiroflexia y creador genial y en perpetua evolución. Su poesía bronca y directa no está exenta de lirismo y de una gran sensibilidad. A Unamuno le gustaban los juegos de palabras, la literatura tradicional y fue el creador de un lenguaje secreto, que se basaba en la "p" y que yo, de niña, utilicé con mis amigos sin saber quién era su creador. Así decíamos ""ton-po-ta-pa" y la niña en cuestión a la que iba destinado el adjetivo se quedaba tan ancha, si no estaba en el secreto e ignoraba que acabábamos de llamarla "tonta". Genial, don Miguel. Siempre.
El libro que nos ocupa contiene, como indica la colección a la que pertenece, trece poemas del "Cancionero" del poeta. Que sean infantiles o no, eso ya lo decidirá el lector. Ahora bien, como decía Juan Ramón Jiménez, los niños pueden leer de todo, con las consabidas excepciones.
Miguel de Unamuno repasa el abecedario, por ejemplo y juega con las letras, aunque se le escaba un "!Ay terrible abecedario!"; acompaña al grillo en si cri-cri, invoca la fórmula "Érase una vez" para reflexionar sobre ella, no olvida los juegos infantiles, como la rueda, ni su afición a hacer figuras de papel, ni el cielo estrellado, ni la golondrina, ni siquiera se olvida del ocho, que, el pobre, está partido en dos ceros.  El último poema de la antología es uno de los más célebres, una canción de cuna dedicada a su nieto, "La media luna es cuna". No se olvida don Miguel, entre verso y verso, de hablar de la infancia y de recrear palabras rotundas, a veces poco poéticas, pero siempre oportunas. 
Los poemas se presentan acompañados de las ilustraciones de Artur Heras quien le da el toque actual a los versos y nos permite entender su valor simbólico y establecer asociaciones mentales para entender el ingenio del poeta. 
No es un libro para leer de forma rápida y pasar a otro, no, don Miguel no lo permite; es un libro para leer y entender, para leer y pensar, para leer y recrearse en las ilustraciones, para leer y crecer.



Este curso tengo la suerte de contar con muchas alumnas lectoras porque, sí, básicamente son chicas. Les gusta leer y les gusta compartir sus lecturas conmigo, es más, me prestan con total generosidad sus libros que yo trato de leer a la velocidad del rayo para no defraudarlas y para comentar con ellas qué me ha parecido y establecer, así, un diálogo sobre letras y autores, sobre lo importante y lo secundario.
Esta vez, he leído Bajo la misma estrella, El puzzle de cristal  y El día que el océano te mire a los ojos. Si a mis alumnas de 4 de la ESO les han enganchado estos libros, podrá pasar lo mismo con otros lectores.


Bajo la misma estrella,
John Green,
Nube de tinta, 2012


Edurne es quien me ha prestado el libro, lleno de posits de colores con el ruego de que no se los cambie de sitio. Así he hecho.
La novela, de la cual se ha hecho una conocida versión cinematografica, ahonda en la fibra más sensible del ser humano y se dirige, directamente, al público adolescentes puesto que los dos protagonistas son adolescentes. Hazel, de 16años, es una joven brillante y muy inteligente, enferma de cáncer de tiroides que se ha extendido a los pulmones y participante de un programa que experimenta con su enfermedad y que parece haberla detenido. Impulsada por su madre, participa en un grupo de apoyo y conoce a August, otro joven al que le han amputado la pierna también a causa de un cáncer. Entre los dos se establece una corriente de atracción que resulta emocionante y emotiva para el lector quien sigue, con el alma en vilo, su historia condenada, a causa de la enfermedad, a terminar. A Hazel le gusta mucho la novela "Un dolor imperial" y es tanto su afán que August hace realidad su sueño de ir a Amsterdam a conocer al autor, aunque no sea un encuentro demasiado positivo, al menos en un primer momento.
"Bajo la misma estrella" es una novela de superación, emotiva, fácil de leer que hace reflexionar a los lectores y que nos sitúa frente a una enfermedad cruel que va minando la parte física sin clemencia. Hazel y August viven una conmovedora historia de amor, llena de momentos dolorosos, pero también de ingenio y de humor y, sin duda, de esperanza.

El puzzle de cristal,
Blue Jeans,
Planeta, 2019

Francisco de Paula Fernández González es el autor de la novela, quien utiliza el pseudónomo Blue Jeans para llegar de manera más directa. Blue Jeans ha encontrado una fórmula perfecta, la de la novela negra protagonizada por unos mismos personajes en forma de trilogía con un final abierto y un ritmo trepidante que no deja al lector indiferente.
Candela es quien me ha prestado el libro, que he leído en cuatro noches, con creciente interés porque, aunque ya me advirtió Candela, continua con los personajes de la primera parte, "La chica invisible", se puede entender muy bien y seguir la peripecia de los personajes. En esta ocasión Julia, la joven protagonista, está muy deprimida por la explosión del metro que tuvo que sufrir, ella y sus amigos. Decide ir a visitar a su abuela porque ha recibido una extraña llamada telefónica de un amigo de su antiguo novio, Iván Pardo. El amigo, Hugo Velero, muere en extrañas circunstancias y aquí se inicia la trama trepidante y llena de incógnitas hasta un final bien trabajado.
En la novela interesa mucho la figura de la abuela, una mujer ciertamente vital, amante de las novelas de misterio, que disfruta enormente con el caso.
En la novela hay otros personajes, Emilio, Vanessa, Ingrid, los compañeros del piso de Iván... Poco a poco se va tejiendo una tela de araña que desvela más de un misterio y más de una contradicción de nuestra sociedad. Las redes sociales y su fuerza, para bien y para mal, el móvil, internet... todo forma parte de esta historia bien construida y con mucho gancho.


El día que el océano te mire a los ojos,
Dulcinea,
Rocabolsillo, 2017

Martina es, en esta ocasión, quien me ha prestado este libro que también forma parte de una trilogía, aunque se puede leer de manera independiente.
Dulcinea es el pseudónimo de Paola Calasanz, la joven youtuber que tan éxito está teniendo entre los jóvenes.
La novela, escrita en primera persona, narra la disyuntiva de Aurora, una joven libre, creativa e impulsiva, que es diagnosticada de una enfermedad terminal a la vez que descubre que su novio la engaña con otra persona. En la vida de Aurora todo se comienza a mover. Ella tiene una cosa clara, no quiere dar pena y aprovecha para vivir sus últimos meses de vida de una manera consciente e intensa. Al pueblo llega Narel, el guardafauna marino, y su hija, la pequeña Sam. La vida de Aurora se trastoca de arriba abajo y, con este cambio, llega también su transformación como persona.
El lector seguirá el pensamiento de Aurora y aprenderá a meterse en su piel y a vivir con ella momentos irrepetibles, llenos de ternura, de sensualidad y de conciencia ecológica. El ritmo narrativo es ágil y nos lleva a un final un tanto previsible pero no excento de fuerza. 

Con estas tres lecturas, observamos que hay valores como la amistad, la solidaridad, el amor, el afecto, la lucha por lo que uno quiere, la obstinación... y también ciertas críticas a la sociedad, consumista, hipócrita, de usar y quitar, asi como la llamada a la necesidad de un cambio en nuestras vidas, no solo particulares, sino en lo que afecta al mundo. Todas, en fin, son de alguna manera novelas iniciáticas.


sábado, octubre 05, 2019

"Antes del fin del mundo",
Emilio Calderón,
Ediciones Versátil, 2019


En pleno Siglo XXII, nuestro planeta ha sucumbido al desastre ecológico. Los mares y océanos ya no admiten más contaminación. Las personas, los llamados sapiens, han perdido la chispa que los hacía humanos y viven vidas prestadas por la tecnología. Es la Era Tablet. Por otro lado, se ha perdido la noción de humanidad y nuestros descendientes viven sometidos a Deus, un ente tecnológico que almacena y guía la conciencia colectiva. No hay nada, no hay amor, no hay libertad, no hay deseo, no hay coraje. Este es el telón de fondo de "Antes del fin del mundo", una distopía directa, cruda y muy bien narrada, aunque deseamos que no se cumpla jamás.
Por si no fuera poco, los llamados hombres peces conquistan la tierra y someten al hombre data en una guerra que no ha hecho nada más que empezar y que no parece tener fin.
Un grupo de humanos se refugian en el desierto y plantean lo que se podría llamar resistencia. Jan Drake es un piel limpia, es decir, alguien que ha nacido después de la Era Tablet y que, por lo tanto, es humano cien por cien, sin implantes. Este joven de 21 años es la voz del relato. En primera persona, en algunos momentos, y en forma de diálogo, en otros, se desgrana ante el lector un panorama apocalíptico.
Drake  es uno de los escribanos de la colonia, es quien está llamado a conservar la memoria de la humanidad gracias a la escritura, aunque Drake tiene también sus dudas. Su amada, Tea, que ejercía de psicóloga en los interrogatorios que ambos planteaban a los sobrevivientes, se ha visto obligada a marcharse porque su cuerpo comenzaba a mutarse con la aparición de la primera escama.
Drake recuerda a Tea y la evoca con nostalgia, con un amor puro, no obligado por Deus. Echa de menos y anhela volver a encontrarla. En esos momentos, en primera persona, el lector asiste a pensamientos de gran lirismo, llenos de ternura, de humanidad, de tristeza. El joven Drake se siente perdido e invoca, para consolarse, a un poeta, a Rumi y trata, a través de sus versos, de sobrellevar esa vida hostil y dura.
Otros personajes nos llaman la atención, la joven Gioconda, Tupac, Finisterre, Bonifaz, Lando Norris, Morrissey, Morabito... Todos acaban dándonos distintos puntos de vista del desastre y todos  intentan vivir o sobrevivir. La colonia decide trasladarse hacia otras tierras, más al norte, mucho más al norte, cerca de Noruega en donde se preserva la memoria de la humanidad y desde podrán alcanzar, si la suerte le es propicia, Última Thule y empezar de nuevo. El camino es duro y agotador, son muchas las pérdidas y pocas las recompensas. Finalmente, en el Monasterio de Santa Catalina, se produce el desenlace que, según se mire, es aún más estremecedor que la distopía en sí. Al lector le corresponde la última palabra.
"Antes del fin del mundo" es una novela que podríamos calificar de ciencia-ficción, aunque con matices. Historia apocalíptica, sin aparente esperanza, muestra un mundo terrible, en donde el único rayo de esperanza lo aporta la escritura, la memoria, la sensibilidad del protagonista. 
Conviene insistir en la estructura del relato que marca muy bien las localizaciones espaciales y cambia de registro con maestría. Cuando es Drake quien piensa, el texto es amplio, melancólico, personal, poético; cuando se reproducen, en el Cuaderno de Bitácora, los interrogatorios se acude a un tono neutro, que intenta ser objetivo y testimonial. En el momento en que se narra el camino hacia la posible salvación, la novela adquiere ritmo narrativo. Emilio Calderón, por lo tanto, sabe muy bien cómo conducir la historia y como desgranar, poco a poco, los distintos momentos hasta llegar a un callejón sin salida. 
"Antes del fin del mundo" puede leerse como una alegoría de los tiempos que nos esperan si no somos capaces de cambiar de rumbo o también como una advertencia a la soberbia humana e, incluso, como una llamada de atención hacia la importancia de las humanidades en un mundo que cada vez las relega más y más.
No hay duda de que el lector no quedará indiferente ante este conmovedor relato, duro, ácido, crítico, pero también emocionante y humano. Ahora, es el turno de las preguntas y de las reflexiones, que cada uno haga su parte porque Emilio Calderón ha hecho la suya: agitar conciencias y poner el dedo en la llaga sin clemencia y sin temor.


viernes, octubre 04, 2019

"Toma y daca"
Janet García Morago
Alejandro Arias de Celis
Luis Villalba Abril (ilustraciones)
Punto Didot, 2019

La poesía no sabe de fronteras y se lleva muy bien con las nuevas tecnologías, goza de estupenda salud y florece cuando se la invoca. Eso lo saben bien los autores del libro que estamos reseñando, que es un libro singular no por el hecho de ser un poemario, que también lo haría especial porque estos, como diría la canción, siguen sin ser buenos tiempos para la lírica, sino por la forma en que surge y por el planteamiento tan original que presenta. Si ya de por sí, como decimos, es meritorio escribir poesía, mucho más si se sabe cómo se ha creado "Toma y daca". Para empezar los autores, que son amigos, no comparten el mismo espacio físico y, para acabarlo de complicar, aún se suman otros compañeros, que, de alguna manera, auspician y son testigos de ese combate poético. Gracias al whatsapp y a las nuevas tecnologías, este grupo de amigo sigue en contacto y es capaz de reírse de todo y de nada, de cuestionar las aparentes verdades inamovibles y de sonreírle al abismo.
En el prólogo se nos explica el proceso creativo. Janet García es quien provoca a Alejandro Arias con comentarios, al principio y más adelante, como maga mordaz y certera, con pies forzados, en forma de estrofas endecasílabas. Alejandro acepta el reto y se lanza a escribir sonetos, a los que él llama zonzonetos. Así, según el origen de los poemas, el texto se estructura en tres bloques, anectodario, pies forzados y glosas.
Así, casi una treintena de sonetos, algunos con estrambote, se abren paso en bromas y veras, para asombro del lector y para deleite de sus creadores que juegan, como niños perversos, con el idioma. Y es que Alejandro Arias es muy buen conocedor del alma humana, como filósofo que es, y sabe que no hay verdad trascendental que aguante si no es a través del humor, de la socarronería y de la sana autocrítica. Sus sonetos, que de zonzos no tienen nada, ya que son avispados y muy sagaces, beben directamente de la literatura barroca, de Quevedo, sin duda, también de Lope de Vega y acaso del propio Cervantes. Son frecuentes los hipérbatos, los requiebros, los cortes secos, la sorpresa de la anécdota, la metáfora escatológica, pero a la vez profunda. Como si de un juego se tratara, Janet y Alejandro pasan revista a todos los agujeros oscuros de esta sociedad, a la moral, al pensamiento abstracto, a la existencia de Dios, al mundo, a la soledad, a la muerte y al paso del tiempo. Sonetos y pies forzados directos, procaces, chocarreros a veces, siempre directos, llenos de guiños al lector; sonetos que convierten lo lúdico en algo particularmente serio porque, bien sabemos, que detrás del sarcasmo, de la ironía, se ocultan las grandes verdades. Así, como quien no quiere la cosa, se van destapando los tarros de las esencias, porque "Ni es todo diversión ni todo es arte, / ni eternamente sale el sol ni asoma". 
No hay amargura en los versos ni en los pies, pero sí, a veces, muchas ganas de provocar, de polemizar, de iniciar una buena discusión, como tiene que ser, porque acaso "¿Vas a salir huyendo? No te alteres". En "Toma y daca" cabe todo, nada se excluye, nada que tenga que ver con lo humano: "¿Te perturba el picor que te traspasa?" Algunas veces, el autor se irrita ante los pies forzados y no evita alguna exclamación, en principio, antipoética, aunque totalmente coherente con lo que dice: "A ver, que no es normal, puñeta...". Tampoco son infrecuentes momentos líricos que nos seducen por su levedad: "y hasta casi el destello de tu pelo". Alguna vez, el poeta se pone solemne, aunque se le escapa la risa: "Porque aunque muda el pelo la raposa, /su natural no troca....". La irreverencia se torna profunda, sin duda, y supera la anécdota en muchas ocasiones: "¿Es un pedo de Dios el Universo?".Elementos prosaicos, como comprar una nevera, se dan la mano con otros como el hecho de escribir, de componer, de pensar, de dudar y de intentar encontrar respuestas a este sinsentido que es, a menudo, la vida.
En suma, mucho más podríamos escribir sobre "Toma y daca" que no solo contiene zonzonetos sino mucho más, como verá el lector. Y es que tras lo aparentemente frívolo se esconde mucha seriedad y mucho oficio. 
"Toma y daca" además se presenta con las ilustraciones de Luis Villalba Abril, que siguen provocando al lector en este diálogo que no ha hecho más que empezar porque los amigos, como buenos conversadores, van a seguir tomándonos el pelo, irritando el orden establecido y vulnerando las verdades eternas. Como tiene que ser. Y como esperamos que sea.

martes, octubre 01, 2019

"La princesa manca",
Gustavo Martín Garzo,
Kalandraka, 2019

Esteban es un niño extremadamente sensible y tímido que vive con su abuelo de los frutos que da la tierra. Una vez al mes bajan al mercado del pueblo y el pequeño disfruta con ello tanto que, en su corazón, desearía quedarse allí, mas, a la vuelta, recupera la calma de la naturaleza y recupera la calma. Esteban, además, es muy inocente y bondadoso. No tiene malicia ni sospecha que exista la maldad humana, para él la palabra es importante, así como la amistad. Cuando muere su abuelo, continúa con su vida, respetando el ciclo de la naturaleza y respetándose a sí mismo. No necesita nada más. Un día se encuentra con un extraño anciano al que da de comer, aun a pesar de quedarse sin provisiones. Este anciano se olvida algo, una caja en apariencia valiosa. Esteban observa e intuye que dentro de la caja hay algún tipo de vida; así que fuerza la cerradura y no da crédito a lo que encuentra: una mano, una manita delicada. Semejante prodigio es difícil de explicar, pero Esteban lo acepta y se hace amigo de la mano, hasta el punto de preferir su amistad a su propia salud, como el lector observará. Y ahí empieza el nudo del relato.
"La princesa manca" recrea una atmósfera sutil, la de las cosas pequeñas, la de la naturaleza, la de los sonidos del bosque, la del respeto y la calma; pero también aporta muchos elementos de la tradición cuentística árabe, judía, occidental. Varios cuentos van nutriendo esa especial manera de sentir de los personajes y su destino final.
Esteban aprecia mucho la amistad de la manita, tanto que, por ella, es capaz de hacer aquello que nunca creyó. Vive aventuras, está a punto de morir, asiste a extraños episodios y descubre, finalmente, un jardín de otras manos que ocultan un secreto y un enigma.
Martín Garzo, con la maestría que le caracteriza, va desgranando esta historia de amistad entre seres distintos y nos va presentando otros personajes, entre tradicionales y maravillosos, el rey, la princesa, el sabio, el leñador, el estudiante, los pastores... Todos ocupan su lugar en el relato sin fisuras, con naturalidad.
En ese lejano reino donde una princesa nació sin mano, parece que el tiempo se haya detenido y todas las mujeres tienen asumido que deben perder la mano izquierda también para no sentirse superiores a la reina y todas lo aceptan con serenidad y parecen felices, aunque acaso no lo sean, como viene a desvelar el propio Esteban.
La lectura de "La princesa manca" se saborea porque es posible paladear las palabras, el sonido del agua, el crepitar de la leña, el arrullo del viento, el zumbido de las abejas, el latir de los árboles y sus frutos... No hay nada pequeño en el relato, nada se da por hecho, cada ser tiene su esencia y cada ser es importante. La oralidad, asimismo, es muy importante en "La princesa manca".
El dolor y la salud, la vida y la muerte, el lenguaje secreto de los sueños, la amistad y el amor son aspectos que se dan la mano en el relato y lo conducen, de forma fluida y armoniosa, hasta un final de cuento, por un lado, pero también abierto por el otro. El lector debe leer y dejarse seducir sin más.
Las ilustraciones de Mo Gutiérrez Serna van, como flores, sembrando de color y de ensueño el relato. Son evocadoras y permiten la contemplación ensimismada del lector.

sábado, septiembre 28, 2019

"El lobo de arena",
Åsa Lind (texto)
María Elina (ilustraciones),
Kalandraka, 2019

Zackarina es una niña de unos 8 años que vive con su padre y su madre en un lugar precioso, cerca de la playa. Como les sucede a todos los niños, a ella le gustaría que sus padres no trabajasen tanto o que no se buscasen ocupaciones complementarias porque lo que ella necesita es su compañía. No es que sus padres sean distantes, en absoluto, a menudo están con ella, la escuchan cantar, se ríen de sus ocurrencias, le dejan espacio suficiente para soñar, pero Zackarina quisiera más. Siempre es "ahora no tengo tiempo" o "espera un momento". A veces, incluso, es peor. Los adultos hacemos ver que nos estamos enterando de todo, cuando no captamos nada. Eso le sucede a Zackarina quien es una niña feliz, por supuesto, pero que anhela más la presencia de sus padres. Eso es. Ni más ni menos.
Un buen día, con su padre leyendo el periódico, Zackarina hace un descubrimiento que le cambiará la vida. Conoce al lobo de arena que es un ser atemporal que va acompañarla mientras ella crece. Gracias al lobo de arena, nuestra niña entenderá qué es eso de trabajar, superará el miedo a la oscuridad, empezará a captar la relatividad del tiempo y, en suma, reforzará su autoestima. Con el lobo de arena, Zackarina vivirá muchas aventuras. Es un ser paciente que nunca se enfada, que tiene una memoria prodigiosa aunque no recuerde lo inmediato, es un ser que sabe todo acerca de la tierra y del cielo. Con él tomará té, con él montará en bicicleta, con él perderá los miedos a hacer el ridículo; gracias a él aprenderá a ser más paciente con sus padres y, por lo tanto, con los adultos en general. 
El lobo de arena es un personaje maravilloso, propio de los cuentos de hadas, un amigo necesario en la infancia; pero también es un verdadero filósofo que introduce a la niña en cuestiones trascendentes como cuando le cuenta que, en realidad, nada desaparece, sino que se transforma: "El universo es todo, ¡todo lo que existe! Es aquí y ahora, y entonces y allí. Es la luz y la oscuridad, las galaxias y las estrellas, los planetas, los cometas, las trompetas y las águilas y los osos, y esos pequeños caramelos rojos con pelusas que a veces se encuentran al fondo del bolsillo de los pantalones".
La acción trascurre durante un verano y se organiza en distintos capítulos. Cuando llega el otoño, la niña ha de volver más pronto a casa y el lobo de arena le hace ver que el tiempo sigue siendo el mismo, aunque los días acorten.
Un momento muy emocionante en el relato es cuando Zackarina habla con su abuela y descubre, en la playa, una piedra grabada por su bisabuela Brita en la que hay dibujado el lobo de arena. Ese descubrimiento le produce vértigo a la pequeña que en un momento ve que la madre de su abuela también fue pequeña y que ella misma un día será abuela. Son unas reflexiones llenas de calidez y de profundidad.
El texto, muy conocido en Suecia, de donde es la autora, está escrito de manera sencilla, pero no exenta de poesía. El diálogo es particularmente importante porque es así como Zackarina aprende. Diálogo entre ella y su nuevo amigo, pero también entre ella y sus padres que la quieren y la miman, aunque no siempre tengan ni las respuestas ni todo el tiempo del mundo.
No debemos olvidarnos de las ilustraciones, cálidas y doradas, como la propia arena, como el verano, que nos trasladan a un lugar donde la imaginación es la reina y donde el tiempo transita lentamente, como ha de ser en la infancia.
"El lobo de arena" es, en suma, un relato tierno y realista, que profundiza en el alma infantil. Su autora, Åsa Lind, conoce muy bien ese universo y entiende muy bien cómo se siente Zackarina, su a veces soledad, su a veces frustración, pero también entiende a sus padres y sus limitaciones. Cuando los adultos crecemos, aunque, por fortuna no todos, nos olvidamos de nuestro lobo de arena. Ojalá este texto nos lo devuelva íntegro y perfumado de recuerdos y haga que los ojos adultos aprendan, de nuevo, a ver el mundo de otra manera, más sencilla, más auténtica, más noble. Bienvenida sea esta traducción, hecha por Mónica Corral y Martín Lexell, que encantará a los lectores ya autónomos y hará reflexionar a sus padres y profesores.

martes, septiembre 24, 2019

"El collar de lágrimas",
Franca Perini - Anna Pedron
Kalandraka, 2019

Alguna vez a todos nos gustaría que alguien nos desbrozase el camino y nos lo despejara de dolores y de sinsabores; alguien que, como la protagonista de "El collar de lagrimas", recogiera todas las lágrimas negativas y se las llevase lejos, muy lejos, donde a nadie estorbasen y, a cambio, nos dejara las lágrimas de alegría. Ahora bien, ese personaje enigmático cuya misión es atesorar, con mimo, las lágrimas carga con un peso emocional que no le corresponde, aunque acaso haya asumido como propio.
En el texto, de finísima elegancia, se alude a todo tipo de sinsabores, al paso del tiempo, a la ausencia de palabras de afecto, a las injusticias, a los regalos que nunca se hicieron, a los amores frustrados, a las enfermedades, al dolor de la naturaleza, al hambre, al desarraigo y a la soledad. No se juzga de ninguna manera ni se cuestiona, no, simplemente se mencionan estas lacras que se filtran por las vidas de las personas y las corroen. No parece que quien recoja estas lágrimas y se haga un collar con ellas, se sienta mal por hacerlo o crea que es el salvador del mundo, no, más bien lo hace de forma anónima, con armonía y serenidad.
Si todos, de alguna manera, ensartásemos algunas de estas lágrimas y las cambiásemos por otras de felicidad, sería mucho mejor este mundo en el que vivimos. El texto nos alerta acerca del sufrimiento, de los males actuales de esta sociedad nuestra, aunque lo hace, insistimos con serenidad y fe en el ser humano.
"El collar de lágrimas" no es un libro pesimista, no, en absoluto, ya que nos habla de la esperanza, de la capacidad que todos tenemos de enjugar las penas y convertirlas en alegrías.
Las ilustraciones son tan evocadoras y sugerentes como el texto. La simbología se adueña de las páginas del libro y nos conduce a lo más hondo del ser humano, allí donde no se puede fingir, donde las emociones son reales y donde es imposible esconderlas.
En suma, un viaje al interior del alma con pulso sensible y una gran carga poética. Se destina a lectores a partir de 8 años, pero, sin duda, una mirada adulta puede y debe acompañarlos.
Xosé Ballesteros es el traductor del relato que también puede leerse en gallego e italiano.
¿Quién nos secó las lágrimas cuando éramos pequeños? ¿Quién nos desbrozó los caminos? ¿Somos capaces de ser conscientes de ello? Y nosotros, ¿a quién evitaremos las lágrimas? ¿Podremos  hacerlo?