Mostrando entradas con la etiqueta Novela épica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Novela épica. Mostrar todas las entradas

lunes, septiembre 04, 2017

María García Esperón
El escudo de Aquiles,
DosOrillas, 2017

El escudo de Aquiles es una novela épica, enérgica y vibrante que se centra en un objeto, en un símbolo, en una leyenda, en una quimera tan descomunal como es el escudo de Aquiles, del gran héroe, del héroe por antonomasia.
Lo valioso de la novela es su forma de contar una historia que nos puede sonar, porque las alusiones a La Illíada, son constantes, pero su autora, María García Esperón, logra narrarlo como si fuera nuevo, como si estuviera sucediendo aún ante nuestros ojos y es muy acertada esta visión en presente porque, hoy en día, en cualquier lugar, en cualquier rincón, siguen dándose luchas, pulsos de poder, errores de cálculo, injusticias, arrebatos, guerras, amores, cuitas, llantos y heroicidades, porque, mientras el hombre conserve un ápice de su humanidad, no podrá ser ajeno a las grandes historias, a las epopeyas griegas en donde, y los dioses del Olimpo bien lo saben, se contiene toda la peripecia de los pobres mortales.
El escudo de Aquiles tampoco es una novela al uso no solo por la manera de tratar a los personajes, que son héroes y divinos, pero también finitos y prestos a equivocarse, sino por la estructura. La novela se divide en 24 noches y se va desgranando desde el final hasta la noche primera, en donde empezó a fraguarse la leyenda, en donde Tetis, la madre de Aquiles, suplicó armas para su bienamado, y también vulnerable, hijo.
La novela, así, se podría leer de dos maneras, desde atrás o desde el principio y, aunque leeríamos lo mismo, la visión de los hechos cambiaría. Si comenzamos en el capítulo XXIV nos situamos en la actualidad, en un lugar sin nombre, lejos del campo de guerra en Pérgamo, cerca de Alemania, donde un arqueólogo decide enterrar esas armas fabulosas porque considera que así deben pasar su posteridad. A partir de aqui, como en un sueño, hacia atrás, los personajes van deshaciendo el camino y van mostrando qué siempre hay varias maneras de resolver los conflictos, aunque una predomina y triunfa, pero el lector es capaz de ver las dos ya que, como si de un caleidoscopio se tratara.
Los grandes personajes de la Iliada, los viejos amigos de Homero, cobran otra dimensión en el libro, se nos aparecen menos ajenos, porque entendemos sus defectos y observamos sus virtudes gracias a su comportamiento, a su manera de actuar.
Con El escudo de Aquiles no nos podremos sentir indiferentes porque toda la gama de las emociones humanas se nos presentan, además de manera muy abigarrada, tanto que nos dejan sin aliento y comprendemos y también odiamos a Aquiles, a su hijo que qusi vengarlo, a Odiseo, de nuevo por estos lares, a Héctor, a Príamo y todo el dolor que sintió, a sus hijos, a su mujer, a Helena y sus contrariedades, a Eneas, marcado con otro destino...
El escudo de Aquiles es una novela, de acción trepidante, sin duda, pero que también reflexiona acerca de los compartimientos humanos y de las casualidades a las que estos conducen. La guerra de Troya, acaso, fue una casualidad, acaso nunca tuviera que haberse dado y, pese a todo, fue capaz de hacer aflorar lo mejor y lo peor del ser humano. Como todas las guerras, como todas las sinrazones, aunque esta contaba con el apoyo de los dioses.

martes, diciembre 20, 2011

Laura Gallego,
Madrid, SM, 2011.


Viana, la heredera del duque de Rocagrís, estaba destinada a ser feliz y a vivir un cuento de hadas. Nada hacía presagiar que su mundo y su vida iban a cambiar. La joven Viviana había sido educada con esmero y estaba prometida a Robian, el amor de su vida. Soñaba con esa boda y se sentía la mujer más dichosa cuando llegó, como todos los años, a celebrar el aniversario de la coronación del rey de Nortia, la víspera del solsticio de invierno. Ahora bien, esa vida muelle y tranquila, sin preocupaciones, se resquebraja con la invasión de los bárbaros que sacuden los cimientos de Nortia y hacen que ya nada sea igual. Viviana pierde a su padre en la batalla y asiste, estupefacta, a la humillación de Robian, que no se rebela ante la situación y acepta a los nuevos jefes bárbaros. Vivian es dada en matrimonio a uno de esos jefes, como sucede con todas las mujeres de Nortia, doncellas o no. Las penalizaciones y los quebrantos pasan a ser el nuevo panorama vital de la joven. Viana, no obstante, sale adelante y se convierte en toda una leyenda, al dar muerte a su propio marido y huir al bosque, en donde conocerá a otro ser legendario, el caballero Lobo, quien la cuida, la protege y le enseña a sobrevivir y, lo que es más importante, a cambiar su sistema de valores. Viana forma parte de la resistencia y, como rebelde, tiene un papel importante que jugar que no se corresponde en nada al que le habían asignado al nacer. Gracias a su espíritu indomable se interna en el bosque, buscando respuestas, y allí conoce a Uri, un joven extraño, que va a formar parte de su vida de una manera perenne.
Donde los árboles cantan, de la escritora Laura Gallego, es un libro que combina el aliento épico con el romanticismo de la historia, porque, al lado de las escenas bélicas, aparecen momentos reposados, de una ternura increíble.
Destacan algunos personajes, excelentemente trazados por la autora. Viana es el más importante con su evolución, de una joven melindrosa a una chica fuerte, justa y capaz, con ese punto de intrepidez que nunca la abandona. El caballero Lobo, un noble renegado, es otro punto importante en la narración. Un hombre fuerte, de sólidos principios, con un código del honor y de la lealtad muy estrictos. Uri, el extraño muchacho del que se enamora Viviana y que sufre un proceso que el lector tendrá que averiguar, con el alma en vilo y el aliento entrecortado, porque Uri no es lo que parece, sino un ser especial, mágico.
En torno al bosque que señala la frontera de Nortia hay muchas leyendas y los juglares las entonan, tanto es así que Viana siente una curiosidad por conocer qué hay de verdad en ese bosque, que ocultan sus árboles y realiza dos visitas. En la primera conoce a Uri, a quien va a proteger a partir de entonces. Y, en la segunda, descubre el secreto de los árboles que cantan y de su savia vivificante. Viana, al final, se convertirá ella misma en objeto de leyenda que el viejo juglar Oki, muy importante en el relato, sabrá contar mejor que nadie.
Dos mundos se enfrentan en Nortia, el de los nobles y el de los bárbaros, el de la justicia y el de la intolerancia, el de la cultura y el de los bajos instintos. Viana asiste a esta lucha y toma partido a favor de los oprimidos y de los que sufren. Eso le pasa factura y pierde a su padre, a su mejor amiga, pierde todo lo que quiere, pero conserva la dignidad intacta.
Hay varios símbolos en el libro, como las joyas de la madre de Viana que ésta conserva en su castillo y quiere recuperar, le cueste lo que le cueste; o las enseñanzas de Lobo en torno a cómo perdió su oreja (un tema recurrente que nunca explica igual), o la magia de los árboles que son capaces de dar la vida a quien los tala.
Donde los árboles cantan, es una amplia novela, escrita en tercera persona y que sigue el esquema de los cuentos tradicionales, por eso se lee con esa creciente emoción, porque sabe insuflar en sus personajes y en la trama que plantea ese aliento épico del que hablábamos hace un momento. Ambientada en la Edad Media, recrea un mundo en donde los ideales del honor y el valor eran muy importantes.
Es un libro completo, redondo, un texto bien trabajo, sin resquicios. Una obra que, sin duda, consolida a Laura Gallego como una autora imprescindible en nuestra literatura actual. Y conste que no hablo de literatura juvenil, sino de LITERATURA.