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miércoles, octubre 30, 2019

"Juegosde letras",
Antonio Rubio - Óscar Villán,
Kalandraka, 2019

Los pre-lectores tienen en este precioso libro de tapas duras una herramienta de primera categoría que los va a acompañar, de manera lúdica, para que conozcan el abecedario sin ningún problema y, de paso, les estimulará la imaginación.
Antonio Rubio, a quien la conocemos por la colección "De la cuna a la luna", nos ofrece esta vez otra forma de entender la poesía infantil, a través de sus ya conocidos poegramas, esto es, textos rimados de tres versos. En esta ocasión, vienen marcados por las letras del abecedario, ya que a cada una le corresponde un poema y una ilustración. Óscar Villán es el encargado de dar color a los versos y lo hace con objetos cercanos al lector y conocidos por él, animales, frutas, emociones, instrumentos... Así, por ejemplo, la H se representa mediante dos personas dándose un abrazo y el poema es: "Con una H / se abrazan en el baile / los dos danzantes". Y así ocurre con todas las letras que se definen de manera ocurrenta, para nada tópica o esperada, como le ocurre a la P: "Y con la P / se come una banana/ el chimpancé" y, efectivamente, es lo que se dibuja, aunque con forma de P. Y, así, todas las letras, para deleite y sorpresa del niño. 
Estos poemas están en la línea de la greguería de Gómez de la Serna, por su frescura y su alegría y, sin duda,  por el  uso de la metáfora como figura retórica esencial.
Otro acierto lo vemos en el formato, detrás de cada letras, en mayúscula, se oculta, mediante una solapa el poegrama y el dibujo correspondiente. Además, una oruga es el personaje que guía al lector por este viaje al abecedario, lleno de ideogramas y de palabras frescas y cercanas.
Sin duda, un libro estimulante y muy recomendable para los más pequeños que huye del didactismo hueco y a cambio ofrece diversión, imaginación y muchas palabras.
Cada letra es un personaje singular que se muestra al niño con alegría, con luminosidad; es más, las rimas pueden ser objeto de memorización con lo cual el aprendizaje está asegurado, aunque de una manera, como ya hemos dicho,  más lúdica.

domingo, febrero 12, 2017





Las alas del avecedario,
Antonio Rubio - Rebeca Luciani
Kalandraka, 2017

¿Será posible, escribir abecedario con v? No solo será sino que es porque el poemario que estamos reseñando rompe las convenciones y se lanza a una aventura cromática y lingüística llena de sugerencias. Para ampezar, si los protagonistas de este singular viaje a la poesía son aves, ¿por qué no llamarlo avecedario? Así a lo largo de 25 flamantes poemas se asoman a las páginas del libro aves humildes como el gorrión, fastuosas como el quetzal o delicadas como el ruiseñor. Cada ave, por supuesto, tiene sus propias señas de identidad. De ahí que el tono de los poemas cambie según sea el protagonista.
Antonio Rubio, buen conocedor de los secretos del verso, juega con las palabras. Maneja el registro formal, cuando se requiere, pero pasa al coloquial sin ningún apuro y, mientras, antes nuestros ojos, ante nuestra imaginación, se van entrelazando juegos de palabras, onomatopeyas, repeticiones rítmicas,  metáforas, exclamaciones, juegos acentuales y mucha diversión. 
Los poemas permiten, a veces, el diálogo y ceden protagonismo al ave. De esta manera, leemos, en el poema "El Kiwi":
"Y si la madre pregunta:
-¿Dónde está el pollo, marido?
Kiwi padre le contesta:
Apenas salió del huevo,
se fue y ni se ha despedido.
¡Ay, qué desagradecido!".
En el momento de hablar del dodo,  un ave ya extinguida, no deja de lamentarse:
"El dodo, ¡ay, qué pena!,
ya no es...era".
El juego verbal es muy recurrente porque el afán de Antonio Rubio también es lúdico. A la hora de hablar de "El mirlo":
"(Y el mirlo
mirlibustero,
enlutado y pinturero,
casi se quita el sombrero)".
Los elementos musicales son evidentes en los poemas. El herrerillo, el estornino o el negrón, por citar unos ejemplos, son aves que destacan por su sonido:
"Y entre gaita y pitos clásicos,
vuelve al África más mágico".
El juego se acentúa a la hora de rimar y la sonoridad aumenta cuando se escogen palabras esdrújulas como en el poema dedicado a la oropéndola: 
"Y es monógama y esdrújula.
Si te apetece...¡Dibújala!".
No es ajeno Antonio Rubio a la poesía tradicional española ni a la popular, como se observa en el poema destinado a la tórtola:
"Aguardando que mi amor
antes del alba llegara,
aprendí en la Fontefrida
arrullos de enamorada".
Cabe añadir que cada poema viene subtitulado con el nombre en latín del ave. Notamos asimismo influencias de Gloria Fuertes lo cual da aún más valor al poemario. Entre bromas, música, palabras encadenadas, juegos acentuales y mucho ingenio niños y grandes disfrutamos con estas aves, a cual más hermosa, a cuál más sugerente.
Si los poemas ya conforman una cosmovisión especial y única, ya, al añadir las ilustraciones, el festín se multiplica porque si mágicas son las palabras, mágicos son los colores de la paleta de Rebeca Luciani, quien, desbordando luz y color, reproduce las aves, algunas humanizadas, otras tratadas de forma realista. Sea lo que sea, son aves hermosas, con carisma, que posan elegantemente entre las páginas del libro.
Un poemario, en suma, para disfrutar en familia que destina a los niños desde 7 años y que abre los ojos a la naturaleza desde una perspectiva exuberante y siempre siempre motivadora.

domingo, noviembre 20, 2016

Aurelio,
Antonio Rubio - Federico Fernández,
Kalandraka, 2016


Un murciélago quiere estar bello y busca nombre. Decide jugar con las vocales y encuentra el nombre de su vida, uno bien sonoro: Aurelio. Entre Aurelio y murciélago hay algunas semejanzas, la evidente es que ambas palabras contienen las cinco vocales. Y este encuentro feliz es lo que le da pie al autor, Antonio Rubio, para escribir una deliciosa historia rimada en donde las vocales son las verdaderas protagonistas. Los versos van creciendo poco a poco y el ritmo es el señor absoluto de los mismos. Con metáforas sencillas y efectivas, onomatopeyas, juegos de rimas y, como acabamos de decir, un ritmo muy marcado, se va escribiendo este poemario que introduce a los más pequeños en el fascinante mundo del abedecedario, en este caso, de las vocales. Así, por ejemplo, la a va con "la/sal/al/mar." o "Con una i, / la flor de lis/ para ti" e, incluso, "Con una o, /sale el sol,/ pinto un dos,/ tengo tos,/ digo flor".
El murciélago,  no contento con encontrar su nombre, se anima y, finalmente, empieza a robar aquellas palabras que contienen las cinco vocales y la diversión llega a su punto máximo con este juego de palabras tan ocurrente y fresco.
Las imágenes que se encadenan en los versos, directas, jóvenes, recién creadas, están en la línea de la poesía de Gloria Fuertes puesto que juega no solo con los significados sino con los sonidos y da una nueva oporunidad a palabras cotidianas que, gracias a estos versos, encuentran su momento de gloria.
Las ilustraciones de Federico Fernández, por otro lado, se enredan con las palabras, las protegen y las realzan, muestran cómo las vocales aparecen en los sitios más insospechados y, gracias al color y al fondo neutro, logran que el lector no solo paladee el verso sino que encuentre, entre las divertidas imágenes, a las vocales juguetonas que quieren esconderse.
En suma, Aurelio  es un texto original, lleno de luz y de fuerza que gustará a aquellos que aún no saben leer y encantará a los que ya leen. Su propuesta lúdica se puede aplicar a nuevos juegos que permitan ir encadenando palabras y aumentando el número de sílabas. Un buen regalo, sin duda.

jueves, abril 05, 2012

Antonio Rubio. David Pintor.
Kalandraka, 2012



La orquesta de cuerda, de violas y violines, no para de tocar y, a lo largo del año, entona distintas melodías. Todos los meses del año tienen su encanto y la orquesta lo sabe, por eso siguen el compás del frío de enero, del viento de marzo o de la lluvia de abril, sin olvidar las vacaciones de agosto o el concierto final de diciembre. Si el lector abre las páginas de Almanaque musical, seguirá de cerca este concierto especial, en donde los músicos, según sea el mes del año, tocan una u otra melodía. Antonio Rubio compone poemas en arte menor, con rima asonante, y ofrece una historia con principio y fin, la historia de la orquesta de cuerda, por supuesto. Sinfonías, pentagramas, batutas e instrumentos se afinan en los versos de Antonio Rubio.
Los doce poemas, siguiendo este eje temático, se adaptan a la particularidad de cada mes y ayudan, al lector, a entender ese especial devenir temporal en que el paisaje, la naturaleza, se viste con unos u otros ropajes.
Las ilustraciones de David Pintor, en esta ocasión, conforman otras melodías paralelas, ya que dibujan a los miembros de la orquesta, a lo largo del año, en diversas posiciones, pero siempre con los instrumentos bien afinados. Estos músicos han perdido la solemnidad de las salas de concierto, pero han ganado espontaneidad y diversión, han ganado vida. Animales y humanos forman una orquesta capaz de hacer morir de envidia a cualquiera. El gran elefante, con su violín, es, de alguna manera, el músico más vistoso, aunque los demás, con sus sombreros y sus aspectos estrafalarios, no le van a la zaga.
Almanaque musical es un libro bellísimo que va destinado a los lectores pequeños, a partir de 7 años. Los poemas que lo integran son transparentes, están llenos de imágenes cercanas a los niños y ofrecen la cotidianeidad desde otro punto de vista, el punto de vista musical, lleno de ritmo y notas. Sin ir más lejos, al final del texto, se incluyen unas recomendaciones muy sugerentes de distintos “Conciertos de cuerdas”.
Almanaque musical, en formato de álbum, invita a soñar, a sentirse vivo y feliz, porque los poemas irradian optimismo, son luminosos y muy alegres. Un buen libro, sin duda, que ofrece un concierto a lo largo de las cuatro estaciones. Un concierto sin igual.

miércoles, septiembre 21, 2011

De la cuna a la luna (colección de poesía infantil),
Antonio Rubio y Óscar Villán,
Kalandraka, 2005.


            “De la cuna a la luna” es una hermosa colección de cinco libros, en formato manejable y con tapas duras, que contienen los primeros versos destinados a los niños más pequeños, a aquellos que, incluso, ni saben leer todavía aunque las imágenes, a cargo de Óscar Villán son también pura poesía.
            Es difícil escribir poesía para niños y también es difícil editarla porque la poesía, por desgracia, no es un género mayoritario cuando debería serlo porque si cultivamos la sensibilidad desde “la cuna” quizás tendríamos ciudadanos y ciudadanas más comprometidos, más cívicos y, sobre todo, más humanos porque la poesía nos hace ser mejores, embellece lo que vemos, nos permite imaginar y abstraernos de nuestra cotidianeidad, a veces gris o mezquina. A los niños no debemos hurtarles la magia del ritmo, el calor de unas palabras acogedoras, el regazo de unos sonidos que emanan tranquilidad, calma y armonía.
            Todo eso es “De la cuna a la luna”. Los libros que la integran son “Miau”, “Luna”, “Cocodrilo”, “Cinco”, y “Pajarita de papel”. Vamos a detenernos un momento en cada uno de los títulos. En “Cinco”, Antonio Rubio nos ofrece un texto muy sencillo que trata de hacer contar al pequeño del 1 al 5, pero no de una manera memorística ni aburrida, sino con amenidad. Eso se logra gracias a los dibujos. Las realidades que se mencionan son cuatro: la luna y el sol, como elementos de los sueños del niño y el pez y el gato, como animales domésticos. Esos son el número cuatro. Pero, ¿y el cinco dónde se mete? Ahí llega el factor sorpresa propio de la poesía: “Luna, sol, pez, gato y brinco”.
“Cocodrilo” combina los colores con el texto y los dibujos. Maneja mucho la repetición anafórica y nos brinda una historia concatenada que nos lleva del cocodrilo al piojo, pasando por una granja. ¿Cómo lo logra? Hay que leer el texto y seguro que al niño no le va a extrañar nada este proceso. “Luna” va dedicado al satélite de la tierra al que se le van sumando distintos elementos, el sol, el girasol, el ruiseñor... En este caso se trabajan las agudas con motivo de la creación de una rima rotunda y sonora. “Miau” es otra composición curiosa puesto que va explicando las onomatopeyas de algunos animales y, cuando más confiados estamos, nos da la sorpresa: “Mamá mamá, dice el niño”. “Pajarita de papel” es la historia de un amor y de unos preliminares puesto que la pajarita organiza la mesa y la comida con primor ya que espera, ni más ni menos, que ¡al pajarito! ¿Algunas vez habíamos pensando que la pajarita de papel tuviera masculino? Pues parece que en los libros de “la Cuna a la luna” todo es posible.
            Son textos, insistimos, muy sencillos, limpios de adornos superfluos, concretos que nos hablan de lo esencial y que juegan con las palabras y los colores. La colección es muy recomendable para leer en voz alta a la vez que se van comentando los dibujos o, simplemente, disfrutar de la lectura y la imagen. Sin más.
            Los libros se ofrecen en un estuche que los contiene lo cual es muy acertado porque da unidad a la colección ya que el estuche está ilustrado con una mano y, por supuesto, con los números del 1 al 5, que son los ejemplares de la colección hasta la fecha. Cabe señalar que no están numerados y que empiezan de repente, con el texto y el dibujo, sin preámbulos. Abres el libro y toda la magia de la poesía está allí, intacta para que, por primera vez, el niño la goce.