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domingo, octubre 09, 2016






El patio de mi casa. Memorias (Segunda parte)
Rosa Ruiz Gisbert
Ediciones del Genal, Málaga, 2016.

No hace mucho reseñamos El cuervo de Poe, la primera parte de las memorias de esta escritora malagueña. Rosa Ruiz Gisbert. Entonces asistimos a los años de infancia, adolescencia y juventud. Fueron años de conocimiento, de dudas, de adversidades; fueron los años en los que se crea el carácter de una persona. Ya nos admiró su especial manera de narrarse a sí misma, de contarse, de observarse, sin tragedias, con aceptación de lo que fue y, sobre todo, con perdón a los que estuvieron y no siempre fueron.
Ahora, estamos en la segunda parte, la de la madurez y la vejez. Este segundo volumen al que Rosa Ruiz titula, de forma también simbólica, El patio de mi casa está, si cabe, mucho más logrado porque la autora se ha apoderado del personaje, que no es otro que ella misma, y ya, muy cerca, en el tiempo, de lo que narra, es capaz de resumir aquellos hechos, aquellos momentos que marcaron su presente y que guiaron su madurez.
Rosa Ruiz no pasa cuentas, ni siquiera con ella misma, porque está por encima de ello. Lo que pretende es dejar constancia de su camino, del proceso que siguió, lleno de dificultades físicas y emocionales, hasta lograr crecer como persona y como escritora. No es otro el camino que se narra en El patio de mi casa que el del crecimiento interior. La escritora malagueña habla de sus afectos, de su madre, a la que aprendió a estimar y, sobre todo, perdonó; de su hermano, tan presente en su vida; de sus relaciones personales, algunas fallidas, otras decepcionante, algunas soslayables.  
La honestidad y la humildad presiden las reflexiones de Rosa Ruiz. Con un tiempo que se fue y otro incierto llamando a su puerta, reflexiona acerca de la vida, del amor, de la amistad, de la familia, de las quimeras del día a día y de las limitaciones, a veces pequeñas, otras enormes, que tuvo que vencer. En este camino que fue su vida, la autora no siempre acertó, pero sí tuvo la curiosidad y la valentía suficientes como para intentar nuevas vías de autoconocimiento. Finalmente, la escritura le dio la serenidad que ella buscaba y le permitió poder plasmar aquello que sentía. Sus años en el taller de Fuentetaja, que compartió con quien escribe estas líneas, la ayudaron a asentarse y le dieron algunas herramientas para dar el salto hacia la publicación, hacia la escritura libre y certera que la caracteriza.
 No se anda por las ramas, no busca paliativos, jamás lo ha hecho, si no que pone el dedo en la llaga y observa, se observa y escribe: "Quien expone la verdad suele ser menospreciado porque nadie desea verse reflejado en ella". En este destape emocional que son sus memorias, Rosa no huye de sus propios miedos, si no que los muestra y trata de entenderlos y, como decíamos, de perdonarlos. 
Las memorias de Rosa Ruiz están perfectamente contextualizadas y, al lado de aspectos personales, aparecen las referencias históricas y sociales a una época cambiante, la de finales del S. XX y principios del S. XXI que la autora vivió, y vive, en primera persona. No olvida sus referencias cinematográficas a las que, a menudo, busca paralelismos con su propia vida ni tampoco sus viajes. La recreación de los lugares a los que ha ido es fundamental para entender estas memorias. 
El volumen es tan rico en matices, tan amplio en sentimientos y emociones que resulta difícil poderlo apresar en una reseña. Hay que leerlo despacio y, sobre todo, leer las reflexiones que hace la escritora acerca de lo divino y de lo humano, de la vida y de la muerte, de las pequeñas limitaciones del día a día, de las miserias y las grandezas del ser humano.
No podemos dejar de agradecer la lucidez de Rosa Ruiz y la valentía con la que ha escrito sus memorias. Eso sí, que sea un punto y seguido porque, pese a sus problemas de salud, Rosa Ruiz Gisbert tiene mucho que contar todavía. Y deseamos leerlo. Como ella misma dice: "...en la vida no hay más final que la muerte y esa, por fortuna, no ha llegdo aún, de modo que estamos ante un final abierto en el que puede pasar de todo".  
 

domingo, marzo 27, 2016

El cuervo de Poe,
Rosa Ruiz Gisbert, Ediciones del Genal, 2016.

Escribir un libro de memorias no es tarea fácil porque, por un lado, se despiertan vivencias o recuerdos no siempre placenteros y, por el otro, corres dos riesgos. O bien puedes dañar a terceras personas con tus palabras o bien lo dulcificas demasiado. ¿Cómo lograr un equilibrio? ¿Cómo conseguir atrapar al lector desde el principio?
La escritora malagueña Rosa Ruiz Gisbert, con un amplio bagaje de publicaciones a sus espaldas, logra, gracias a su prosa sobria, bien trabada y rigurosa, ofrecernos un texto que se lee con emoción e interés.
Rosa Ruiz evita caer en dramatismos, en lugares comunes, en quejas, en saldar cuentas pendientes... Eso no cabe ni en su cabeza ni en su manera de ser y escribir. Lo que pretende es dejar testimonio de ella misma para que la podamos entender mejor, para que podamos saber cómo fue y pensó y acaso sepamos valorar que, para que se construya una personalidad, hacen falta muchos días, muchas experiencias, muchas reflexiones y mucha honestidad. Honestidad es lo que derrocha la escritora en estas páginas.
No solo encontraremos aspectos biográficos sino reflexiones profundas sobre el ser, la existencia, las relacines personales, el amor, las emociones y los sentimientos. Rosa Ruiz es una mujer que ha leído mucho y que se muestra humilde en sus conclusiones, aunque podría darnos lecciones a todos.
Este primer volumen comprende su nacimiento, infancia, adolescencia y juventud. Nos habla de sus padres, a los que perdona y, a la vez, se perdona a ella misma. Nos cuenta las penurias de una posguerra en blanco y negro, sin alicientes, en la que había que sobrevivir cada día.  Nuestra escritora es una mujer que se hizo a sí misma, con tenacidad y esfuerzo que fue, poco a poco, tomando conciencia de sus habilidades y dándose cuenta de cómo podía evolucionar como persona y laboralmente.
Son muchos los personajes que aparecen por las páginas de este volumen, algunos ya murieron, otros leerán el libro. Las descripciones que hace Rosa Ruiz son certeras y realistas. No esconde los inconvenientes, pero tampoco disfruta contemplándolos. Los explica y sigue avanzando.
El cuervo de Poe se caracteriza, como decíamos al principio, por una prosa amplia y precisa. No acude al diálogo, sino a la reflexión personal, a la propia explicación que se ensancha y nos muestra una parte de nuestra historia reciente en la que no había avances tecnológicos, pero sí el contacto personal, las ganas de vivir, el deseo de soñar.
Agradezco a Rosa este volumen que me ha permitido conocerla mejor y valorarla como hija, como mujer, como trabajadora. No obstante, el libro se puede leer de manera indepediente; esto es, sin necesidad de frecuentar a la autora. Y ese es el gran mérito del texto, que cale su forma de escribir, esa ironía sutil que maneja, sus reflexiones siempre honestas y la gran categoría humana de la persona que es Rosa Ruiz Gisbert. 

viernes, noviembre 16, 2012



Mis (primeros) 400 libros,
Madrid, SM, 2012



Sencillamente excepcionales. Así podemos calificar las memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra, quien con la fuerza y el coraje que lo caracterizan, acaba de publicar Mis (primeros) 400 con motivo de la celebración de sus 40 años de escritor.
La obra es, como se puede suponer, de una gran envergadura puesto que rastrea todas sus publicaciones, desde sus inicios hasta casi ahora mismo. Decimos casi porque con Sierra i Fabra ningún lector está a la última, sino a la penúltima, como mucho.
El libro se organiza en torno a varios grupos temáticos y se puede leer como si fuera una novela puesto que mantiene un ritmo ágil y chispeante, lleno de notas curiosas y de reflexiones del propio autor.
Victoria Fernández, la directora de la revista CLIJ, es la encargada de prologar el libro y lo hace de una forma directa y entrañable, puesto que se acerca a los valores humanos que atesora este todoterreno de la literatura. Así, podemos leer lo siguiente: "una novela ágil y amena, ambientada en la gris España predemocrática y con un arrebatador protagonista (el niño, el joven y el adulto Sierra i Fabra) empeñado en que nadie le robe sus sueños. La historia de una pasión, en definitiva, que arrastra página a página al lector, desvelando a la vez la 'cocina literaria' de un autor, su azaroso itinerario por el mundo editorial y la fascinante forma de una personalidad limpia, directa y franca, apoyada en un 'código ético' propio, que a él le gusta resumir en cinco palabras: 'paz, amor, respeto, honradez y esperanza”.
Sierra i Fabra sigue con una introducción y un prólogo, que lo define como persona. Nos habla de sus inicios, de su vida, de las dificultades que tuvo y del espíritu de superación que siempre le ha caracterizado. El camaleónico autor justifica de esta manera sus memorias literarias: "En 2012 he cumplido 40 años como escritor. He llegado a los 400 títulos y los tengo todos documentados. Sé cuándo, dónde y por qué escribí cada uno de ellos -tengo la manía de apuntarlo todo- y me apetecía contarlo. Echar la vista atrás y reordenarlo todo. Repasar mi vida, haciendo una especie de 'memorias' (sin cotilleos personales ni nada de eso, claro) centradas en mis libros, en mi profesión de escritor porque, en realidad, esa ha sido mi vida: escribir, escribir, escribir".
Las partes en que se estructura el texto son las siguientes:
1.                              Primera parte. Los años rockeros. 1971-1976.
2.                              Segunda parte. Los años rockeros. 1976-1982.
3.                              Los años de la reflexión. 1982-1985.
4.                              Los años del crecimiento. 1985-1992.
5.                              Los años realistas. 1992-2001.
6.                              Los años de la luz. 2001-2012.
Admira y sorprende la capacidad de trabajo y de fabulación que tiene este escritor quien, entregado a su labor, nos ha regalado tan buenos títulos. Sentimos que, a menudo, no le valora como se debiera por la sencilla razón de que se dedica a la Literatura Infantil y Juvenil. Es sencillamente asombroso que un autor haya escrito 400 libros y siga mostrándose lúcido, enérgico y con ganas de seguir escribiendo. No todas sus obras tienen la misma calidad, es imposible, pero sí que rezuman todas ese estilo franco, decidido, a menudo cortantes, tan propio de Sierra i Fabra, tan, por decirlo acuñando un adjetivo, “sierraifabriano”.
Cabe añadir que la novela-memorias se subtitula “Cuándo, dónde, cómo y por qué los escribí” ya que, precisamente, es eso, un repaso a los porqués de su obra, a las motivaciones últimas, a la trastienda del escritor, que no siempre nos es presentada. Por eso agradecemos a Sierra i Fabra que comparta con sus lectores, de manera amplia y generosa, este texto-río que se lee, insistimos, con la misma agilidad que sus mejores novelas.
La editorial SM cuida especialmente el formato de la publicación y apuesta por reconocer públicamente la valía de este maestro de las Letras, así, en mayúsculas.  Como se lee en la nota de prensa de la propia editorial, acerca del escritor: “Durante su incesante vida literaria, Sierra i Fabra ha vendido diez millones de libros y ha recibido más de 30 premios, entre los que destacan el Cervantes Chico 2012, el Premio Nacional de Literatura Infantil de 2007, tres Premio de Literatura Juvenil Gran Angular (1981, 1983 y 1991) o el Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor de 2010.  Es además miembro del Patronato del Instituto Cervantes, ha sido elegido dos veces como candidato al Premio Andersen (el Nobel Infantil-Juvenil) en 2006 y 2010, y ha creado dos fundaciones para ayudar a jóvenes que, como él en su día, sueñan con ser escritores (Fundación Sierra i Fabra y Fundación Taller de Letras). “

HOMENAJE AL AUTOR Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA

Día: Jueves, 22 de noviembre
Hora: 19 horas
Lugar: Forum de Fnac Callao (Madrid)
Intervendrán:
- Jordi Sierra i Fabra, autor del libro
- Gabriel Brandariz, editor ejecutivo de Literatura Infantil y Juvenil de SM
- Begoña Oro, autora de SM y especialista en LIJ