jueves, diciembre 20, 2012

El zoo d`un poeta, de la A a la Z
Ricard Bonmartí – Marta Biel,
Castellnou, 2012.


La poesia sempre està de moda, sempre és actual i la poesia infantil és més que necessària pels nens i nenes. Els ajuda a crear una especial sensibilitat i a apreciar valors importants, els ajuda a créixer.
El zoo d`un poeta, de la A a la Z és un abecedari poètic on els animals es passegen   amb les seves característiques i encants. Així trobem, per exemple, l`àguila o el conill, però també el flamenc, la tortuga, l`elefant, l`ovella o el quetzal... tants animals com lletres té l`abecedari. Animals domèstics i salvatges, mamífers i aus.
Els més petits, els primers lectors, de ben segur, s`ho passaran molt bé amb aquests animals a la vegada que aprendran les lletres de l`alfabet, però ho faran amb alegria, amb il·lusió, com s`han de fer les coses veritablement importants a la vida. I aprendre a llegir és una de les més importants.
Ricard Bonmartí, l`autor, dedica quatre versos a cada un dels animals i ens descobreix aquelles petites grans coses que ens passen desapercebudes, perquè un poeta en sap de descobrir petites grans coses. A més, les il·lustracions de Marta Biel ens deixen jugar encara més amb la idea de que per aprendre, és clar que no, no fa falta patir.
Tots els poemes es poden aprendre de memòria, si es vol, o es poden llegir en veu alta o cada nen pot triar-ne un i fer-ne la seva pròpia versió. El cas és que El zoo d`un poeta, de la A a la Z no és un llibre que passi de moda, perquè està ple de llum, de imatges, de vida i, sobretot, d`alegria.
El llibre forma part de la nova col·lecció “Abecedaris” de Castellnou que vol ser una eina lúdica, però molt potent, perquè els nens i les nenes aprenguin les lletres relacionant-les amb les corresponents il·lustracions.


La mejor bellota,
Almadraba, 2012.




La mejor bellota es uno de esos libros mágicos que resisten lectura tras lectura puesto que lo que narra nunca pasa de moda, es tan actual como la esencia del ser humano. Pep Bruno, el autor, escribe acerca de la importancia de los cuentos, de la fascinación que todas las culturas han sentido por la tradición oral y de la importancia de saber esperar.
El relato adquiere un aire de leyenda no solo por el texto en sí, sino por las ilustraciones de Lucie Müllerová, que evocan un bosque en otoño; un bosque misterioso y, a la vez, acogedor y cálido. Solo en ese escenario pudo darse la historia de La mejor bellota.
En ese bosque había una encina de la que colgaba, como dice el título, “la mejor bellota”. Los ratones la ansiaban, pero la bellota estaba protegida por una serpiente, un búho y una familia de cuervos. El rey de los ratones prometió un queso a quien la consiguiera y todos los ratones empezaron a pensar posibles planes. Uno tras otro fracasaron. Ni la valentía ni el ingenio pudieron hacer que la bellota cayera del árbol. Hasta que un día el ratón más viejo tuvo una idea extraña, quizás excéntrica, pero que resultó. Dijo que si todos permanecían juntos, conseguirían el propósito, pero el ratón no pretendía ir a coger la bellota, sino sentarse tranquilamente a contar cuentos. Y la fascinación por el viejo arte de narrar invadió el bosque: “Así pasaron las horas, y los días, y cuando el viejo ratón se paraba a descansar, algún otro ratón ocupaba su lugar y seguía contando viejas historias y leyendas”. Hasta que un buen día, la bellota, ya madura, cayó por su propio peso, aunque eso al rey ya no le importó demasiado.
La mejor bellota, sin didactismos explícitos, ni moralejas trasnochadas, muestra cómo la paciencia es esencial en la vida y cómo hay que saber esperar para conseguir algo. Aunque también, como hemos dicho, se centra en la magia de la palabra que siempre será más poderosa que cualquier otra arma. Tiene que serlo.
La mejor bellota, en definitiva, es un cuento idóneo para los primeros lectores o para celebrar alguna sesión de “cuenta cuentos”, ya que la historia permite una lectura en voz alta sin resentirse. Los dibujos, insistimos, aportan la calidez y la ternura al relato.
El libro está muy bien editado y es, pensamos, un regalo muy apropiado para los más pequeños de la casa, aunque, por cierto, los adultos podrán descubrir, si leen bien, despacio, sin prisas, muchos valores simbólicos que nos acercan a los orígenes de la literatura que, como ya sabemos, fueron orales.

lunes, diciembre 17, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2010.



La cruz del verbo es un poemario cargado de fuerza y de verdad. Rosario Bersabé que ya ha aprendió a domeñar el idioma en su anterior obra, De roca y yerbabuena, no quiere olvidar la forma y el respeto a la métrica, aunque sabe que, a veces, el ritmo no necesita de corsés, sino de libertad; de ahí que se permita ciertas licencias con la rima. A Rosario le gustan los versos impares, esos propios de la métrica italiana, el endecasílabo, el heptasílabo e, incluso, el pentasílabo que organiza, a veces, de una manera polimétrica. Arte mayor y arte menor se dan la mano en este poemario.
La cruz del verbo es un título de clara evocación religiosa, aunque Rosario no escribe poemas religiosos, sino laicos, aunque comprometidos con el ser humano y con la dignidad del mismo. La cruz es ese lado duro de la vida, el dolor que se sobrelleva, las ausencias, el desamor, las injusticias, la soledad…; el verbo, en cambio, es la palabra; la palabra que se derrama que llega consoladora, que sabe arrojar luz donde antes hubo tinieblas.
Un poeta es un ser especial que sabe ver más allá de las cosas. Eso hace Rosario quien, con mirada clara, se pasea por los distintos registros emocionales. De esta manera, organiza su obra en distintos apartados que se relacionan entre sí, de alguna manera, porque la voz directa de su autora así lo quiere. En “Vientos de otoño” se concentran los poemas inaugurales. Canta, para empezar, como hiciera el propio Homero, a su musa y le pide cuentas. “Oh, mi musa rebelde, / ¿por qué me eres esquiva?”. Rosario necesita tener a la musa de su lado para poder contar aquello que tiene y que, con humildad, piensa que no es innato en ella, por eso le pide a la musa: “concédeme el don de tu presencia”. La soledad, el desamor, la indiferencia, el olvido… son los temas que completan este primer apartado. Después, “Como un soplo de brisa” se encarga de ahuyentar las quimeras y esta vez ya es la oda al poeta, a ese “Cultivador de versos que de tu alma / emergen cual altivo surtidor”. La primavera, el amor, la nostalgia de la tierra y un poema deliciosamente hermoso, “El teatro de las ingenuidades” siguen derramando la brisa en el alma del lector.  Rosario recuerda una infancia y, gracias a los alejandrinos, nos la presenta amplia y pura: “Fueron días dichosos, de muñecas de trapo, / caballos de cartón con riendas inventadas”.  “Llora el poeta” es el siguiente capítulo formado por poemas personales, de tristeza, en los que la poeta reflexiona acerca de la brevedad de la vida y lo hace en carne propia. “El coraje de soñar” trata de superar este mal momento y Rosario se nos muestra osada, fuerte, con la ilusión intacta y apegada a “esa niña que llevo tan adentro… aún tiene el coraje de soñar”.
Dicen que la verdadera patria del hombre es la infancia y Rosario Bersabé lo sabe muy bien; de ahí que no olvide, en ningún momento, a esa niña que fue y que, en el fondo, sigue siendo. “Nacido en desabrigo” es un conjunto de poemas de corte social, de denuncia. No quiere ser ajena la voz poética al dolor ni al llanto de los niños. No quiere ser ajena ni indiferente.
El poemario se completa con un ramillete de espléndidos “Sonetos”, estrofa en la que Rosario es ya una auténtica maestra. Son sonetos vibrantes, que emocionan y que calan en el alma de quien los lee. “Padre que estás en los cielos” pudiera muy bien ser una oración y, de hecho lo es, la oración de una hija hacia su padre que ya no está; un padre al que añora y al que reclama, a la vez que presiente. Sin duda un soneto de una pieza. La risa de su nieta, la pequeña Niara, consigue espantar los miedos mientras que la amistad recoge los momentos más preciosos, a la vez que surgen afectos, deudas, gustos y vacilaciones. Rosario reflexiona y crea, poco a poco, su especial cosmos, su especial manera de sentir y de ver. Y por encima late ese sentimiento de pertenencia a una tierra, a la que aspira: “En tu seno vislumbro mi destino, / vergel de sueño, ¡tierra astigitana!”.
Rosario Bersabé, es cierto, no lleva muchos años escribiendo, pero sí lleva años, toda una vida, soñándose a sí misma, viendo, contemplando, atesorando momentos, inventando sensaciones, acariciando palabras; toda una vida que se derrama, verso a verso, en La cruz del verbo.
No hace falta, Rosario, que invoques a los hados… la poesía está de tu parte.

jueves, diciembre 06, 2012


Roberto Santiago y Ángela Armero,
Barcelona, Edebé, 2012.



“Alexandra y las siete pruebas”, de Roberto Santiago y Ángela Armero es un relato trepidante que arranca en el capítulo 100 y acaba en el 0. Narra una competición especial, de que sostienen los niños del colegio Armando Muñoz Vaca para conseguir probar el último videojuego del Alfonso Giménez Dom.
La historia está contada desde varios puntos de vista. Por un lado, la protagonista, Alexandra, de 11 años, quien, en contra de la voluntad de sus padres, decide participar en ese concurso y pasa una semana en compañía de sus compañeros de clase y aprendiendo mucho acerca de sí misma y de los demás. Para Alexandra la competición es algo así como una prueba iniciática, de la que sale fortalecida. No obstante, el narrador tradicional, en 3ª persona, ocupa buena parte del relato puesto que varios son los elementos externos que no puede controlar Alexandra, ya sea la preocupación de sus padres, sus desencuentros y el descubrimiento sensacional que hace el propio Dom.
La trama se desenvuelve de manera rápida, casi trepidante, al ritmo de las pruebas que los niños van tratando de superar. No hay tiempo para la reflexión, todo sucede a gran velocidad y el estilo narrativo de los autores se ajusta al tema. Las frases son breves y cortantes. No caben los análisis psicológicos, aunque, eso sí, entrevemos la evolución de algunos personajes, en especial de Alexandra y de sus compañeros Ricardo, el empollón de clase, y Bodémer, el chulito.
“Alexandra y las siete pruebas” es, por decirlo así, un videojuego literario ya que cada prueba aparece bien descrita y, lo que nos parece más difícil, perfectamente integrada en el papel de los personajes. Son escenas plásticas, sugerentes, vivaces y, por supuesto, con mucha acción.
Paralelamente a la competición, surge la vida de Dom y la de los padres de Alexandra, Julio y Aurora. Sus vidas acaban unidas para siempre puesto que, en una especie de regate literario, los autores deciden darle un cambio al relato y ceder a los deseos de Alexandra que pide otros padres. El lector tendrá que descubrir el enredo y decidir si le parece creíble o no, pero no cabe duda que le da cierta intriga al relato.
La novela está destinada a los lectores adolescentes, a partir de 11 años, aunque pensamos que el lector adulto también la puede degustar con interés, sobre todo porque bucea en un tema tan actual como son los videojuegos, sobre los cuales se pueden adoptar distintos puntos de vista. La novela no es especialmente crítica, aunque sí realista. Deja que el lector opte y extraiga sus propias consecuencias y, sobre todo, permite que la imaginación siga siendo mucho más poderosa que cualquier juego.

viernes, noviembre 30, 2012

Rosario Bersabé Montes,
Silva Editorial, Tarragona, 2008.


Un poeta nace y se hace. De eso no hay duda. Rosario Bersabé comenzó a escribir poemas casi de manera casual, como sin querer, aunque con gusto y afición. Poco a poco se dio cuenta de que la poesía es una amante esquiva, pero también agradecida a la que hay que volver y no descuidar bajo pena de quedar para siempre trastornado para siempre.
De roca y yerbanuena es un poemario generoso que muestra la especial perspectiva que tiene Rosario de la vida, de sus circunstancias, de ese devenir pequeño o grande, según se quiera entender, pero esencial para ella. De ahí que se sienta, a veces, firme como una roca y, otras, olorosa y frágil como una rama de hierbabuena. Para este ecijana afincada en Vila-seca (Tarragona) “El verso es una flor en su pujanza, / es color, es promesa, es aventura,/ es río, / es mar crecido en su bravura, / es el rito sublime de la danza”. Un verso es capaz, en su línea sencilla y breve, de contener todo el mundo, todo un universo personal como de la autora.
La memoria, el paso del tiempo, la soledad, las dudas, las ausencias, los miedos, los afectos, la tierra, el trabajo, la poesía y sus poetas… son algunos de los elementos temáticos a los que acude Rosario, que, instalada en una madurez vital y plena, no quiere renunciar a la juventud que vivió, pero se sabe en un camino que ya no tiene retorno:
“Recorriendo los huecos de mi ser / fulgurar de añoranza / conciertos de mis días, / en bandadas recuerdos del ayer / de prontas primaveras / placeres y alegrías”.
Acaricia con sus palabras el presente pero no quiere pasar de puntillas por el pasado, al que vuelve una y otra vez hasta que el dolor cede paso a la nostalgia o a las constatación de que es quimera querer revivir lo ya vivido porque: “Quieres pensar y no puedes / y con la mirada al suelo / indiferente respondes: / ¡no lo sé… no lo recuerdo!”.
Rosario Bersabé Montes maneja con destreza y oficio el verso. Gusta del arte mayor, sobresalen los endecasílabos, aunque acompañados de los heptasílabos. Prefiere la rima consonante, más plena, aunque no renuncia al romance ni a los ecos de la poesía más popular y tradicional. Se embebe de todo y goza con demostrar sus raíces.
El libro se organiza en torno a diversas secciones, como una miscelánea del sentimiento, aunque queremos destacar “Los sonetos del arraigo”. Dicen que para ser poeta de verdad tienes que haber escrito algún soneto porque es una de las estrofas más complicadas y, a la vez, más agradecidas. Rosario se explaya con generosidad y se siente a gusto con este metro. Sus sonetos se nutren de sus emociones más íntimas, su padre, su madre, su hermano…, la tierra de acogida… el amor, el mar… el deseo de seguir vida y clamarlo una y otra vez porque, al fin y al cabo, la existencia es la suma de cada minuto que se vive, de cada instante que Rosario ha vivido con intensidad y humildad. Ahora bien, no nos engañemos, ella sabe de sí misma y no renuncia a nada porque, llena de vehemencia, exclama que “No pido nada, porque nada quiero / ya tengo todo cuento necesito”. No en balde el soneto que se inicia con estos versos es el que cierra el poemario.
Rosario juega con las palabras, emplea las enumeraciones y las metáforas; engarza ritmos de manera certera, sabe del encabalgamiento y del hipérbaton. Es, en suma, una poeta consciente de su verso. Una poeta fuerte y frágil, a la vez, como es De roca y hierbabuena.


Prólogo al libro, por Hugo González Hernández

domingo, noviembre 25, 2012

Tengo el gusto, la alegría y la satisfacción de publicar en este blog el primer relato que mi buena amiga Mª José Millán se atreve a compartir con los lectores. Llevamos, juntas, una andadura interesante en torno a los misterios de la creación literaria y puedo decir que Mª José atesora un caudal de palabras y de sentimientos que están deseando tornarse relatos. Mientras esperamos que se decida a publicarlos, aquí va una primicia. ¡Que lo disfrutéis!...





EL MEDALLÓN PERDIDO              

Rebeca y su hermano Pablo habían vuelto al pueblo de sus abuelos a pasar el fin de semana. Acababa de empezar la primavera y el paisaje rebosaba de aromas y colores.

Por fin iba a volver a ver a Carlos. Se habían conocido durante el verano y se hicieron más que amigos. En navidades empezaron a salir. Carlos era un chico del pueblo que vivía con sus tíos desde que sus padres fallecieron en un accidente de tráfico. Hacia más de diez años, aunque los echaba de menos. Últimamente tenía problemas con los estudios, se saltaba las clases, suspendía asignaturas y todo ello empeoraba la relación con su tía. Clara era la hermana mayor de su madre y, aunque no había tenido hijos, quería a Carlos como si fuese suyo. De un tiempo a esta parte su relación se había resentido y todo eran problemas, su marido y ella no sabían que hacer para volver a conectar con su sobrino.

-¡Rebeca, hola! ¡Qué alegría de volver a verte! Estás preciosa como siempre. ¿Qué tal, Pablo, cómo va?
-Bien,  Carlos.  ¿Y tú por aquí alguna novedad?
-Pues sí, mañana si os parece he organizado una excursión a las afueras del pueblo para enseñaros la cascada y el pequeño lago. Pasaremos todo el día fuera, será divertido

Carlos informó a sus tíos que pasaría el día fuera de casa con sus amigos, que los llevaría a la cascada, Clara le pidió que tuviesen cuidado y no volviesen muy tarde.
Al llegar, dejaron las bicicletas en un claro cerca del lago. El paisaje era precioso: los tonos verdosos, irrumpían por doquier, también había matices ocres y amarillentos.  El agua clara de la cascada que rugía de forma ensordecedora, para sosegarse en un remanso de paz en el lago azulado y transparente. El aire desprendía un olor especial gracias a los matorrales de tomillo y lavanda que crecían en las rocas las cuales parecían trepar hacía la ladera de la montaña.


-¡Carlos es precioso!........... -comentó Rebeca fascinada.

-¡Ostras! Si que bonito y relajante -comentó Pablo.

-Pues aún falta lo mejor -les dijo Carlos misteriosamente.

Y así fue como Carlos con una sonrisa, empezó su relato referente a la antigua historia que comentaban en el pueblo. Los más ancianos hablaban de una gruta escondida detrás de la cascada de la cual no  regresaba el que entraba. Pablo se burlo y pidió que no contara trolas. Carlos, para no quedar en mal lugar delante de Rebeca, les convenció para comprobar si era verdad o no.

Anduvieron y escalaron un buen trecho montaña arriba, aunque había un sendero fácil de seguir. Cuando se quisieron dar cuenta estaban detrás de la cascada. El agua caía estrepitosamente y casi no podían oírse entre ellos. Pablo que siempre iba despistado, se sentó a descansar en una piedra cubierta por la maleza. Empezó a sentir un soplo de aire fresco detrás de su espalda. Carlos se atrevió a adentrarse y, sin esperárselo encontró la entrada a la gruta detrás de unos hierbajos.
Los tres decididos, a salir de dudas se internaron en la cueva, pero Pablo era el más  reticente que incluso se ofreció a esperar fuera, aunque lo pensó mejor y los siguió. No tenía claro si le daba más miedo averiguar que había allí o quedarse solo en aquel paraje.


Con sus linternas en mano, fueron hacia el interior. Todo era muy oscuro y había un fuerte olor a humedad. Casi ya estaban decididos a volverse, en vista de que no descubrían nada, cuando una luz cegadora apareció frente a ellos. Rebeca, del susto, tropezó y se torció un tobillo. Aquella luz los envolvió y cuando volvieron en sí, se encontraron tumbados en un prado. A sus espaldas había una enorme montaña, delante se veía un precioso pueblecito que les resultó muy familiar.

-¿Rebeca, cómo estás? -Bien Carlos, no te preocupes. Me duele un poco el pie, tengo un rasguño, ¿pero……… dónde estamos?

-Ya os lo dije yo que sería mejor no entrar y ahora qué ............. ¡Ya no volveremos nunca a casa!  -Empezó a lamentarse Pablo.
-Tranquilos –Carlos intento calmar a sus amigos- iremos al pueblo y averiguaremos dónde estamos, no te pongas nervioso Pablo. Seguramente hemos salido por el otro lado de la gruta, tan solo será necesario volver a encontrarla y regresaremos, ya lo veréis.

Llegaron al pueblo, después de andar un buen trecho. Les sorprendió  que la gente fuese vestida tan rara. Buscando un hospital, encontraron una casita donde había un cartel que ponía Médico. Llamaron, les abrió una joven, que dijo llamarse María. Comentó que era la enfermera y que el doctor había salido. Ella misma curó a Rebeca y le puso un pequeño vendaje. Comentó que era un simple rasguño y que estuviesen tranquilos. La dejaron descansar acompañada de Pablo. A Carlos le había llamado la atención el medallón que llevaba María. La enfermera y el joven salieron al jardín.

Empezaron a charlar, él le explico como llegaron allí, de dónde venían y ella no entendía nada, ¿venían del futuro? Eso era imposible aunque notaba algo especial por aquel muchacho, y Carlos, a su vez, estaba tranquilo y muy a gusto en su compañía. Le explicó los problemas que había tenido en los últimos meses, porque ella le inspiraba seguridad y confianza. Se atrevió a preguntar por el medallón, que desde el principio, le había atraído. Ella le contestó que había sido un regalo de su hermana mayor. La piedra era un cuarzo rosa, que simboliza el amor y la amistad y da paz interior a su propietario. A Carlos el tiempo le pasó volando en su compañía. Hablaron de muchas cosas, estaba muy a gusto a su lado.

María en un gesto espontáneo, se quitó el medallón y le dijo que se lo regalaba, a ella le había ayudado mucho y ahora le tocaba a él. Carlos no podía aceptarlo porque se habían conocido hacía unas pocas horas. No le dio tiempo a reaccionar y se encontró abrazado por ella y recibiendo un beso en su mejilla.  Una oleada de amor, paz y tranquilidad lo envolvió.

Se despertó al oír a sus amigos que lo llamaban:

-Carlos, venga despierta,  chaval te has quedado dormido después del chapuzón y la comida. Tenemos que volver a casa –le decía Pablo mientras lo despertaba.

¡Cómo!..... ¿Un sueño?..... No podía ser, reflexionaba Carlos, ellos habían encontrado la gruta y habían entrado. María le había dado su medallón, eso si que era real: lo tenía en su bolsillo. No se atrevió a decir nada a sus amigos y guardo el secreto.

Al llegar a casa de sus tíos, Clara lo estaba esperando intranquila. Confuso y nervioso, corrió hacía ella y se lanzó a sus brazos. Y, apresuradamente, le relató todo lo sucedido. Carlos le pidió perdón por los malos ratos que le había hecho pasar últimamente. Ella no daba crédito a lo que estaba escuchando “¿que le pasaba al muchacho?” Cuando su sobrino sacó el medallón, los ojos  de Clara se inundaron de lágrimas: - Es el regalo que le hice a mi hermana María en una fecha muy especial. ¡Creía que estaba perdido!



                                                                                                                  Septiembre 2012.
                                                  

viernes, noviembre 23, 2012

Don Juan Tenorio, José de Zorrilla,
Everest, 2012. Punto de Encuentro con los clásicos
Adaptación en prosa, edición y notas de Anabel Sáiz Ripoll




¿Por qué adaptar el texto de Zorrilla en prosa? Quizás pueda ser motivo de escándalo, ya que se trata de una de las obras dramáticas más representadas en nuestro país, pero  pensamos que se encuentra algo lejos del joven lector y, de alguna manera, hay que aproximárselo para que, cuando lo conozca, quiera leerlo en verso ya hecho suyo.
Esta prosificación pretende ser una herramienta de consulta para acercar el Tenorio a los jóvenes lectores de hoy en día y permitir que les sea más fácil su comprensión e, incluso, facilitarles la puesta en escena.
 El verso de Zorrilla, muy sonoro y a menudo de rima fácil, es rotundo y muy solemne. Jamás esta versión en prosa aspirará a sustituir el texto original –ni lo pretende-, al que nos remitimos, frecuentemente, pero sí es como una primera etapa que permitirá al lector adentrarse en la psicología de los personajes inmortales y acaso acercarse más a ellos sin la barrera que a veces puede ser la solemnidad del verso. Se trata de clarificar, de hacer comprensibles y verídicos los diálogos, de tratar de hacer hablar a Don Juan de la misma manera que todos hablamos. ¿Por qué no?
No quisiéramos que nadie pensara que es osadía esta versión en prosa, sino solo acercamiento ya que se ha hecho con ánimo divulgativo. Así, se respeta en todo momento la línea del texto original, pero se evitan los giros propios del verso, el hipérbaton, la rima facilona aunque se mantienen, en general, los giros lingüísticos y los arcaísmos.
La riqueza del texto de Zorrilla es tal que pensamos que su prosificación lejos de restarle interés, hará que se acorten las distancias entre el texto romántico y la visión actual.

(De la introducción en Everest)

martes, noviembre 20, 2012


Raffaella Bolaffio,
Castellnou, 2012



El Bru és un cavall eixerit i simpàtic, però una mica maldestre. Sempre s`equivoca, encara que ho dissimula força bé. Un dia, arriba a la granja una euga molt maca, la Blanca, i el Bru vol ser el seu amic, encara que torna a ficar la pota i la Blanca s`enfada. La solució? El Bru decideix aprendre a ser millor i s`apunta a l`escola de cavalleria del senyor Teixó i així aprèn educació, bons modals i a ser millor. Per fi, el Bru sap com portar-se en públic i ser gentil. El seu sacrifici té una recompensa: un petó de la Blanca.
El Bru i la Blanca, de Raffaella Bolaffio, és una deliciosa història adreçada als primers lectors, doncs es presenta amb lletra lligada, que farà les delícies dels nens i les nenes, perquè es llegeix amb claredat i perquè té unes il·lustracions molt adequades, plenes de llum i de color.
Els animals, al llibre, no estan humanitzats, sinó que es presenten com animals, però, això sí, amb actituds humanes. El Bru, per exemple, necessita un motiu per superar-se a sí mateix, igual que ens passa a les persones.
Gràcies al llibre, els nens i les nenes sabran que és normal equivocar-se, però que sempre es pot millorar i que només depèn de nosaltres mateixos. També valoraran la importància de l`amistat que, sovint, ens fa ser millors persones.
El llibre s`inclou a la col·lecció “Primeres pàgines” i inclou una sèrie d`activitats lúdiques per augmentar la concentració i l`atenció en els petits lectors.
En definitiva, un llibre molt adequat per aprendre a llegir i fruir amb la lectura.

viernes, noviembre 16, 2012



Mis (primeros) 400 libros,
Madrid, SM, 2012



Sencillamente excepcionales. Así podemos calificar las memorias literarias de Jordi Sierra i Fabra, quien con la fuerza y el coraje que lo caracterizan, acaba de publicar Mis (primeros) 400 con motivo de la celebración de sus 40 años de escritor.
La obra es, como se puede suponer, de una gran envergadura puesto que rastrea todas sus publicaciones, desde sus inicios hasta casi ahora mismo. Decimos casi porque con Sierra i Fabra ningún lector está a la última, sino a la penúltima, como mucho.
El libro se organiza en torno a varios grupos temáticos y se puede leer como si fuera una novela puesto que mantiene un ritmo ágil y chispeante, lleno de notas curiosas y de reflexiones del propio autor.
Victoria Fernández, la directora de la revista CLIJ, es la encargada de prologar el libro y lo hace de una forma directa y entrañable, puesto que se acerca a los valores humanos que atesora este todoterreno de la literatura. Así, podemos leer lo siguiente: "una novela ágil y amena, ambientada en la gris España predemocrática y con un arrebatador protagonista (el niño, el joven y el adulto Sierra i Fabra) empeñado en que nadie le robe sus sueños. La historia de una pasión, en definitiva, que arrastra página a página al lector, desvelando a la vez la 'cocina literaria' de un autor, su azaroso itinerario por el mundo editorial y la fascinante forma de una personalidad limpia, directa y franca, apoyada en un 'código ético' propio, que a él le gusta resumir en cinco palabras: 'paz, amor, respeto, honradez y esperanza”.
Sierra i Fabra sigue con una introducción y un prólogo, que lo define como persona. Nos habla de sus inicios, de su vida, de las dificultades que tuvo y del espíritu de superación que siempre le ha caracterizado. El camaleónico autor justifica de esta manera sus memorias literarias: "En 2012 he cumplido 40 años como escritor. He llegado a los 400 títulos y los tengo todos documentados. Sé cuándo, dónde y por qué escribí cada uno de ellos -tengo la manía de apuntarlo todo- y me apetecía contarlo. Echar la vista atrás y reordenarlo todo. Repasar mi vida, haciendo una especie de 'memorias' (sin cotilleos personales ni nada de eso, claro) centradas en mis libros, en mi profesión de escritor porque, en realidad, esa ha sido mi vida: escribir, escribir, escribir".
Las partes en que se estructura el texto son las siguientes:
1.                              Primera parte. Los años rockeros. 1971-1976.
2.                              Segunda parte. Los años rockeros. 1976-1982.
3.                              Los años de la reflexión. 1982-1985.
4.                              Los años del crecimiento. 1985-1992.
5.                              Los años realistas. 1992-2001.
6.                              Los años de la luz. 2001-2012.
Admira y sorprende la capacidad de trabajo y de fabulación que tiene este escritor quien, entregado a su labor, nos ha regalado tan buenos títulos. Sentimos que, a menudo, no le valora como se debiera por la sencilla razón de que se dedica a la Literatura Infantil y Juvenil. Es sencillamente asombroso que un autor haya escrito 400 libros y siga mostrándose lúcido, enérgico y con ganas de seguir escribiendo. No todas sus obras tienen la misma calidad, es imposible, pero sí que rezuman todas ese estilo franco, decidido, a menudo cortantes, tan propio de Sierra i Fabra, tan, por decirlo acuñando un adjetivo, “sierraifabriano”.
Cabe añadir que la novela-memorias se subtitula “Cuándo, dónde, cómo y por qué los escribí” ya que, precisamente, es eso, un repaso a los porqués de su obra, a las motivaciones últimas, a la trastienda del escritor, que no siempre nos es presentada. Por eso agradecemos a Sierra i Fabra que comparta con sus lectores, de manera amplia y generosa, este texto-río que se lee, insistimos, con la misma agilidad que sus mejores novelas.
La editorial SM cuida especialmente el formato de la publicación y apuesta por reconocer públicamente la valía de este maestro de las Letras, así, en mayúsculas.  Como se lee en la nota de prensa de la propia editorial, acerca del escritor: “Durante su incesante vida literaria, Sierra i Fabra ha vendido diez millones de libros y ha recibido más de 30 premios, entre los que destacan el Cervantes Chico 2012, el Premio Nacional de Literatura Infantil de 2007, tres Premio de Literatura Juvenil Gran Angular (1981, 1983 y 1991) o el Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor de 2010.  Es además miembro del Patronato del Instituto Cervantes, ha sido elegido dos veces como candidato al Premio Andersen (el Nobel Infantil-Juvenil) en 2006 y 2010, y ha creado dos fundaciones para ayudar a jóvenes que, como él en su día, sueñan con ser escritores (Fundación Sierra i Fabra y Fundación Taller de Letras). “

HOMENAJE AL AUTOR Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA

Día: Jueves, 22 de noviembre
Hora: 19 horas
Lugar: Forum de Fnac Callao (Madrid)
Intervendrán:
- Jordi Sierra i Fabra, autor del libro
- Gabriel Brandariz, editor ejecutivo de Literatura Infantil y Juvenil de SM
- Begoña Oro, autora de SM y especialista en LIJ

martes, noviembre 13, 2012


Jorge Luis Peña es un joven escritor cubano con una exquisita trayectoria literaria. Su poesía, clara y sincera, se dirige, a menudo,  a los niños (un ejemplo es Donde el jején puso el huevo). Nos hemos acercado a Jorge Luis Peña y éstas son las respuestas, amplias y lúcidas, que nos ofrece.

"Poner el sentimiento en formas llanas y sinceras"


¿Cómo definirías la poesía infantil?

La poesía para niños es para mí un subgénero literario que evoluciona de una perspectiva moralizante y una intención didáctica hacia conceptos más próximos al arte, a la sugerencia de un discurso más respetuoso e interactivo. Se caracteriza por la brevedad, la musicalidad (utilización casi siempre de la rimas), la ingeniosidad, la sencillez y el aprovechamiento de los referentes afectivos del niño, en virtud de una mejor comunicación con este destinatario.

¿Crees que hay una división clara entre poesía infantil y poesía para adultos? ¿Qué marca esa diferencia?

No hay una línea divisoria definida. Son dos caminos de una misma evolución que van por líneas paralelas, y a veces se cruzan de acuerdo a las exigencias, necesidades y evolución  del lector. Cuando incluyo al adulto como lector potencial en la literatura para niños que entrego, trato de no hacer tan  visible esta distinción respecto a estética literaria. El romance como estructura poética es casi restrictiva del mundo infantil, de un tiempo a la fecha, no porque en un principio se destinara a ellos, sino porque tiene elementos atractivos que los niños hicieron suyos, como la musicalidad, la transparencia, el apoyo en una historia  y el gusto por la imagen, por citar elementos en la poética de  Lorca, usándola como referente. Una diferencia sustancial entre la poesía infantil y adulta, son  los excesos en la construcción del discurso. No creo que el niño tenga desarrollada su capacidad de abstracción, por eso estamos obligados a usar historias o sentimientos conocidos, sin proponerles complejos niveles polisémicos. Creo que es importante ser cuidadosos en el trabajo con los símbolos. Usar el humorismo y la sencillez que no debe implicar  la mojigatería y el didactismo ramplón. Por otra parte al adulto le indigna el tono aleccionador que subyace en el discurso lírico tradicional para el público infantil. Otra categorización moderna es la poesía para jóvenes que intenta dialogar con ambas naturalezas de acuerdo a las características  de sus consumidores.
Menciona algún poeta que te haya impactado especialmente a la hora de escribir.

Martí es siempre mi referente, mi piedra angular, porque dejó una reflexión trascendental para la historia de la literatura. Al sumergirse en estas aguas, tanto en la poesía para adultos como para niños, estableció una línea imprecisa, de acuerdo a sus altos conceptos estéticos. Su río se lanzaba impetuoso al mar, como si los cauces no pudieran contener sus inquietudes.  Muchos dudan  que el Ismaelillo sea literatura infantil, otros tienen que aceptar que Los Versos sencillos se hicieron literatura para niños a partir de la acogida que hicieron éstos de un  abordaje autoral que  satisfizo a ambos públicos. Su proyección y respeto a la infancia las tengo siempre presentes e incluso su dimensión latinoamericana, cuanto perfiló  todavía es medular en los infantes para formación  de su identidad y un compromiso con su tiempo. Sin dudas Martí fundó la literatura para niños en América y más allá. Esta frase resume su concepción, vigente para todos los tiempos. “Amo la sencillez, y creo en la necesidad de poner el sentimiento en formas llanas y sinceras ”

¿Por qué crees que se publica tan poca poesía infantil?

La poesía para niños carece del aparato promocional que tanto evoluciona para los géneros narrativos. Adolece de una relación con el cine que extiende  los horizontes del cuento o la novela. Tiene a su favor  la posibilidad de convertirse en canción, pero forma parte de  una industria musical menor. No ha logrado salir de las aulas por su valor instrumental que tantas herramientas educativas provee, esta utilización la restringe y prostituye su concepto, su carácter. Las grandes editoriales no se arriesgan con poemarios para niños, excepto si éstos son libros álbumes de autores conocidos y eso es una relación que ilustra la aplastante cantidad de concursos de narrativa respecto al género lírico. 
Recomiéndanos algún poemario actual.

No me atrevo a proponer un poemario actual para niños porque estoy ajeno a buena parte de lo que se publica en materia lírica, incluso en Latinoamérica, que ni la red puede satisfacerme. Conozco fragmentos de la obra del colombiano  Jairo Anibal Niño, y me parece notoria su carrera, amo la gracia y el diálogo que Jairo logró con el público infantil, destaco estos elementos, porque abunda una literatura para niños bien escrita, aceptada, pero carente de la gracia que me parece fundamental, frecuente en la literatura de la narradora Ana María Machado o de María Elena Walsh. Tengo por su hondura y madurez que ir una y otra vez al libro La Noche de Ecxilia Saldaña, una de las autoras que más respeto.

¿Piensas que a los niños les gusta la poesía? ¿Por qué?

Siempre que comparto lecturas con los niños, me convenzo del error del mercado. La musicalidad los seduce, la ingeniosidad se interna  y se confunde naturalmente en ellos. El humor es un vehículo magnífico para enamorarlos. Los niños prefieren  la amenidad, la síntesis de las estructuras poéticas, la magia de la palabra oída, en tanto el cuento y la novela requieren de un lector atento, escaso en las primeras edades.

¿Cómo valoras la crítica literaria actual?

¿La crítica de la literaria infantil  existe? Los autores se lanzan confiados con su libro, porque los lectores no pueden  enfrentárseles y la crítica es amiga más de la crónica que del ejercicio del criterio. Abunda más la reseña que los acercamientos profundos y esto se lo atribuyo a las sociedades cada vez más veloces, centradas en sí mismas  y menos entregadas a promover y afirmar al otro. Se necesita tanto el cascabel como el látigo, pero la crítica, la que aparece, es muy tendenciosa y pasional. No ayuda a la formación de un gusto estético como al que idealmente aspiramos y en esa medida los autores se establecen casi siempre por la cantidad de libros y no por sus aportes al género.

A la hora de escribir, ¿te planteas tus posibles receptores?

Prefiero  no saber con claridad para qué edades escribo, pero sin duda, estamos empujados a encasillar la literatura que hacemos, de acuerdo a las exigencias del mercado. Cuando tenemos la oportunidad de proponer, que no siempre es así, se requieren  temas, tonos, edades y conceptos comprendidos,  de formas muy rigurosas. Es como cuando un concurso de poesía incluye en sus bases una pieza no mayor de 25 versos,  que hable de  la localidad que auspicia y por encima lo encierra a los residentes mayores de dieciocho años. Uno sospecha que no buscan promover el arte, sino eludir un impuesto con el excedente de algún  lucro habitual. Y nosotros, nos lanzamos  a semejante aventura, es una consecuencia de la crisis o de las pocas opciones editoriales y  a ciencia cierta no sabemos que harán con nuestros textos.
Disfruto cuando me planteo un destinatario, encontrarme luego a seguidores con edades por debajo  o por encima de mis conjeturas. Eso me dice que escribir es un acto de fe, al que le sigue la buena ventura o el olvido.

¿Por qué o para qué escribes poesía?

Aunque la poesía sigue siendo la cenicienta de la literatura para niños, yo apuesto por esta hija menor, debido a  las potencialidades que tiene para establecer un diálogo con el niño y responderle esas preguntas que muchas veces los adultos dejamos inconclusas. Me dio mucho placer  contemplar a mi hija de siete años pegada a su primer libro, en  una faena íntima de  lectura y que ésta la haya propiciado  el poemario  La Flauta de Chocolate de la cubana Dora Alonso, eso me indica que la poesía tiene todavía una magia y que si no lee más es porque la literatura que hacemos suele ser aburrida o carente del encanto que ellos buscan.
Escribo poesía porque creo más en los niños que en el mercado, porque donde vivo es el género más recurrente. Aprendí con la décima los recursos de la síntesis a partir de esa estrofa que en mi país llaman una cárcel de aire puro, y creo que esa definición abarca todo el hacer desde el verso. Inicié como  poeta para adultos y se me volvió una alforja demasiado pesada, por eso alcancé más luz en el juego con la palabra, durante el contacto con los niños. Disfruto la multiplicidad del símbolo, el trabajo con los tropos poéticos, las rimas, aunque no desecho la posibilidad del verso libre.
Las estructuras cerradas me retan a elaborar un discurso ceñido a esos breves espacios de la métrica. Me siento más a gusto en esa casa, aunque tenga leyes más rígidas, que el cuento, la novela o el teatro. Acaso la poesía necesita de la contención para burlar  los muros que ella misma establece.

 ¿Por qué crees que la poesía sigue siendo un género minoritario?
    
En Cuba el fenómeno del mercado no es la razón fundamental, existe una amplia estrategia para publicar a los poetas para niños y hubo cierto esplendor en una etapa en que por ausencias de escritores en el género, se convocaron a poetas de la talla de Nicolás Guillén, Eliseo Diego y de tantos otros que significaron la lírica en los primeros años de Revolución. Además de la suerte de haber tenido a Martí. En Cuba hubo una singularidad respecto a otros países latinoamericanos. No existe una raíz aborigen palpable que trunca buena parte de las inquietudes raigales de un pueblo y debido a un discurso de extrema política desaparecieron las motivaciones religiosas del discurso destinado a los niños. Son pocos los que luego del 59 basaron algunos de sus textos en personajes o temas bíblicos. Se impusieron temas relacionados con las gestas, los héroes y todo cuánto debía estimularse en aquellos contextos, todavía muchos textos escolares reflejan esa etapa y eso lamentablemente no dejó grandes huellas, aunque se consolidaron muchos de esos autores en el panorama literario nacional.  Se publica tan poca poesía por las leyes del mercado y sus dividendos respecto a la interacción con otras formas expresivas de tipo mediáticas. También creo que tiene más exigencias formales y es más difícil abrirse paso desde el verso hacia los escenarios internacionales.

domingo, noviembre 11, 2012


Misterio en el vestuario de fútbol,
Luisa Villar Liébana,
Macmillan, 2012.

Misterio en el vestuario de fútbol, de Luisa Villar, es el quinto caso de Cloti, una detective bien particular y pizpireta. Cloti, a la que ya conocemos de las anteriores entregas, es una gallina singular, moderna, al día, llena de energía y con tanto magnetismo que tiene a Matías, su ayudante en las lides detectivescas, enamorado de verdad y celoso a más no poder de todos los que miran a Cloti. Matías es un conejo muy puntilloso, pero resulta un buen complemento para Cloti. A la gallina le encanta bailar y a Matías el fútbol… Por una vez esa afición les será de gran ayuda.
La afición de Villa Cornelia está revolucionada porque su equipo estelar, las galácticas Gallinas Coloradas, están perdiendo todos los partidos para consternación de su presidente, Don Mentolín. Partido tras partido, las aclamadas jugadoras parecen perder fuerza y sufren derrotas humillantes, tanto es así que el presidente decide encargarle a Cloti el caso. Ahora bien, hay un pequeño problema… nuestra detective no tiene ni idea de fútbol, aunque para eso está Matías, el mejor hincha de las Coloradas.
Misterio en el vestuario de fútbol es un relato fresco y muy divertido, que gustará a los pequeños lectores (a partir de 8 años) y que arrancará más de una carcajada a los mayores ( de cualquier edad) puesto que Luisa Villar, de forma amena y entretenida, aborda un tema de relevancia actual: el fútbol de élite y todos sus entresijos. Cada lector puede entender lo que quiera, pero las situaciones que plantea, los personajes que aparecen y algunos de los nombres de las jugadoras son trasuntos de la realidad, aunque en clave de fábula moderna.
Cloti y Matías se sumergen en los vestuarios y observan de forma minuciosa todos los detalles. Tanto es así que Matías acaba de árbitro contra su voluntad. Las galácticas Coloradas juegan siempre una primera parte brillante, es en el segundo tiempo cuando las cosas comienzan a ir francamente mal. Parecen como idas, sin personalidad propia. ¿Qué ocurre en el descanso? Aparentemente las Coloradas toman su refrigerio con normalidad y no pasa nada. ¿O sí? Cloti acaba descubriendo un caso de corrupción porque, como dice Matías: “El dinero corrompe. Hay que estar alerta, muy alerta, porque corrompe de verdad”. Y la narradora ahí sí pone el dedo en la llaga. Al lector le queda descubrir el resto.
El relato, en suma, está bien planteado, contiene momentos de humorismo, aventura, reflexiones y diálogos chispeantes entre Cloti y Matías. Los personajes, como siempre, están muy bien caracterizados y presentan hábitos y usos o manías humanos, como Don Mentolín que colecciona y lleva corbatas, a cual más estrafalaria. Las ilustraciones de Emilio Urberuaga saben compaginar y plasmar con acierto esa dualidad de los personajes, que no pierden sus rasgos animales, por mucho que se vistan como humanos. Cloti es una esbelta gallina que gusta de los tejanos, mientras que Matías prefiera la pajarita y las corbatas.
En suma, una narración divertida e ingeniosa, de las que crean lectores.

jueves, noviembre 08, 2012

¡Navidad, Navidad! Antología literaria,
Edición de Fernando Carratalá,
Madrid, Castalia, 2011, Castalia Prima, 68.


El Doctor Fernando Carratalá nos ofrece en esta antología comentada una selección de textos relacionados con la Navidad de indudable calidad y prestigio literarios. ¡Navidad, Navidad! es un libro excepcional, sin ninguna duda.
La antología se organiza en torno a distintos apartados, el más importante es el dedicado a los textos literarios. El lector encontrará el “Auto de los Reyes Magos” como obra más antigua relacionada con la Navidad, pero también poemas de distintos autores que, en orden cronológico, alguna vez han aludido en sus obras a la Navidad. Sin duda faltan autores, es imposible contener en una antología a todos ellos, pero los que aparecen sí son esenciales y los poemas que los representan constituyen, de igual modo, un acierto. Desde Gil Vicente a Rubén Darío, pasando por San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Gabriela Mistral, la generación del 27 y tantos otros autores, como Pemán, Borges, carmen Conde, Luis Rosales y el propio antólogo, los versos se unen y se dan la mano para formar un mosaico exquisito de nuestra literatura. Encontramos fórmulas tradicionales, visiones dulces y emocionadas, otras más críticas, algunas responden a la literatura tradicional, otras son más elaboradas, pero todas ellas ayudan a que los poemas de ¡Navidad, Navidad! estimulen al lector más exigente y le ayuden a entender mejor qué se esconde detrás de estas celebraciones.
El libro no se para en la poesía, en absoluto, sino que incluye una serie de cuentos o fragmentos en prosa de autores igualmente importantes, aunque en menor número, como Pereda, Pardo Bazán, Blasco Ibáñez, Rubén Darío, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez y, en franco homenaje, Juan Farias, autor de literatura infantil tristemente fallecido que merece estar en ésta y en todas las antologías.
¡Navidad, Navidad! añade varios villancicos populares, lo cual nos parece un acierto porque los Villancicos son el alma de la Navidad y forman parte de la literatura tradicional y del imaginario colectivo.
El doctor Carratalá, además, incluye una introducción en donde, de forma muy clara y amena, nos habla acerca del origen de la Navidad. Cierra el libro con un apartado titulado “Para saber más” con información y contenido diverso para entender mejor los textos y disfrutarlos ampliamente.
¡Navidad, Navidad! es un libro muy adecuado para trabajar en las aulas de Secundaria y Bachillerato puesto que se pasea por toda la literatura española. No obstante también puede leerse –y gozarse- sin ninguna intención didáctica, por el simple placer de entrar en una Navidad distinta, en la que las palabras son lo más importante, en la que las emociones están formadas por voces dispares y, a la vez, armónicas.
Es, en suma, un libro que nos parece, sencillamente, imprescindible en estas y próximas fechas.

miércoles, noviembre 07, 2012

El poeta cubano  Enrique Pérez Díaz, autor de una obra amplia y premiada, sabe también del compromiso con la palabra. Destaca su poemario Versos al nunca jamás.



A continuación el lector disfrutará de las respuestas a las siguientes preguntas:
  1. ¿Cómo definirías la poesía infantil?
  2. ¿Crees que hay una división clara entre poesía infantil y poesía para adultos? ¿Qué marca esa diferencia?
  3. Menciona algún poeta que te haya impactado especialmente a la hora de escribir.
  4. ¿Por qué crees que se publica tan poca poesía infantil?
  5. Recomiéndanos algún poemario de poesía actual.
  6. ¿Piensas que a los niños les gusta la poesía? ¿Por qué?
  7. ¿Cómo valoras la crítica literaria actual?
  8. A la hora de escribir, ¿te planteas tus posibles receptores?
  9. ¿Por qué crees que la poesía sigue siendo un género minoritario?
  10. ¿Por qué o para qué escribes poesía?

Enrique Pérez Díaz:

1. La poesía, sea para la edad que sea, es siempre un milagro: un misterio, un secreto, una casualidad, un don que alguien nos entrega y a veces no sabemos utilizar adecuadamente y otras… pues nos fluye como manantial.

2. No creo que exista esta diferencia en cuanto al hecho poético en sí, que es un todo, un modo de hacer, de enfrentar algo que se quiere llevar desde el sentimiento al papel. Particularmente, me gustan los poemas con historia, que digan algo, no el verso muy trabajado y casi críptico de la modernidad.
La diferencia estaría marcada en el tono y asunto de lo que se toma como inspiración. Está claro que a un niño no se le habla de realidades complejas, sino más evidentes, aunque esto no desdeña que se les hable con tropos, imágenes, un estilo propio del poeta, que no debe descender a la infancia sino hacer que el lector suba hasta él.

3. Me han impactado poetas como Martí, Eliseo Diego, Dulce María Loynaz, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés, Mirta Aguirre. Pero cualquier poesía me puede transportar bien lejos, como la de Emily Dickinson, Walt Witman, los haikus japoneses, la poesía árabe tradicional, los grandes del Siglo de Oro español, las generación del 27 española.

4. Obviamente, por intereses comerciales de los editores, porque se apuesta más a la novela o los álbumes. Pero la gente lee poesía. Mi libro de Sopa de libros (Anaya): Versos al Nunca jamás, va por su tercera edición y ha tenido críticas muy elogiosas y soy un poeta cubano en Cuba, que no voy a colegios, no estoy en ninguna operación de Marketing…

5. Sería difícil hacer esa recomendación, más bien recomendaría poetas: de mi tierra, José Manuel Espino, de España el gallego Antonio García Teijeiro.

6. Creo que a los niños les gusta la poesía. Pero tienen varios niveles de comprensión del hecho poético: en una primera infancia se vinculan más a lo más rimado sobre el mundo cotidiano, luego a lo lúdico, después el lirismo que apuesta por temas más trascendentes como el amor, los sentimientos, les pueden tocar muy de cerca. Creo que toda persona es capaz de ser sensible ante la sensibilidad de quien escribe. Al leer se produce una comunión entrambos y los niños son, por naturaleza, seres muy sensibles, abiertos y desprejuiciados.

7. Tengo la impresión de que en todas partes la crítica está muy comprometida o a intereses extraliterarios o a intereses literario-comerciales. Eso, donde existe, pues las más de las veces leemos reseñas o comentarios con elementos de crítica, pero poca crítica literaria en sí.

8. Para nada, escribo desde el más puro sentimiento: me hablo a mí, a mis fantasmas, a mis amores imposibles, a mi sueño más acariciado e irreal. El receptor que me pueda leer es secundario. A la hora de publicar y organizar un libro sí me planteo para quién puede ir mejor, pero no mientras estoy escribiendo.

9. No creo que sea un género minoritario. Si acaso en algunos contextos. Por ejemplo, en Cuba es un género mayoritario, todo el mundo escribe o lee o declama poesía. Es una verdadera fiebre. Se suele decir que: das una patada en una esquina y salen cien poetas!

10. Escribo poesía para no estallar, para decirme aquello que no me atrevo a hablar o para dirigirme a un idealizado interlocutor a quien no soy capaz de hablarle de viva voz.