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domingo, junio 02, 2019

"Versos y Viceversos",
Antonio García Teijeiro - Juan Carlos Martín Ramos
Ilustraciones Juan Ramón Alonso
Kalandraka, 2019

"Versos y viceversos"es un auténtico regalo para el corazón. Dos poetas, uno del norte, Antonio García Teijeiro, y otro del sur, Juan Carlos Martín Ramos, deciden apostar por el diálogo y encarar, en un fluido mágico, sus poemas. Cada poema viene precedido por una entradilla, en castellano y en gallego, y cada poema es un reflejo del otro, de ahí el juego literario con el título, no sabemos sí son "viceversos" porque los poetas quieren establecer una réplica continua entre sus versos o bien porque cada poema ocupa el lugar del otro en un juego literario que nos invita a pensar y a sentir. Sea como sea, los poemas de estos dos grandes poetas se enlazan con agilidad y se nutren los unos de los otros para ofrecer un poemario sólido y maduro, como no podía ser de otra manera; pero también lúdico y mágico. 
Los poemas aluden a distintas realidades, no son ajenos al devenir del mundo ni a sus problemas. Son poemas enérgicos que condenan la guerra, que apelan a la defensa de la tierra, que claman y se duelen; pero también hay poemas íntimos que cuentan la importancia del sueño, que nos susurran el valor de las palabras, la necesidad de la lectura. Otros poemas  juegan y se divierten con los lectores, crean ilusiones y sueños. Por encima de todos ellos, late un sentimiento común y muy potente, la necesidad de la paz: 
"Que escriba el poeta
 sus versos de paz,
que nadie se esconda
ni deje el hogar".
La lectura de "Versos y Viceversos" nos lleva al origen, a nuestras raíces y a su reconocimiento:
"No tengo nada más, 
pero me basta para recordar
quién soy,
el lugar de donde vengo,
las noches estrelladas de mi pueblo".
Muchos de los versos acarician una misma realidad y evocan un miesmo sueño, el del mar,  el del agua que fluye, el de la naturaleza, el del lugar común que a todos nos hermana y que acaba, en suma, aludiendo al poder de la palabra, de la escritura como un puente de entendimiento:
"Hay palabras, en fin,
que tejen sentimientos".
Antonio García y Juan Carlos Martín saben los secretos del oficio y nos los susurran al oído en una cadencia suave que nos mece como las olas del mar mientras nos lleva a la patria perdida:
"Guardo en un armario el mar,
olas ya deshilachadas.
Guardo un castillo de arena
y, dentro, guardo mi infancia".
Los poemas que forman el poemario mantienen un ritmo impecable, a base de la repetición de estructuras sintácticas, juegan con el arte menor y el amor, mantienen algunas rimas asonantes y se divierten con la presentación tipográfica de algunos versos que forman estructuras cercanas al caligrama. Nada hay gratuito en "Versos y Viceversos", como el lector podrá comprobar. Las metáforas, algunas aliteraciones, los juegos de palabras, ciertas comparaciones ayudan a crear una obra sin edad, simbólica y repleta de sorpresas.
Las ilustraciones de Juan Ramón Alonso, a quien todos conocemos, nos dan la suavidad, el matiz y acaban de poner los cimientos del puente que nos lleva del pasado al presente y, por qué no, al futuro y a nosotros mismos porque, aunque sean versos escritos por dos magos de la palabra; en ellos no hay trampa, todo es verdadero y muy cierto:
"Despiértate, mundo,
y vuelve a girar,
lo azul por delante,
lo gris por detrás".
En suma, un poemario para lectores de cualquier edad que quieran coleccionar "huellas en el desierto".

lunes, enero 06, 2014


Queda la música,
Antonio García Teijeiro - Tesa González,
Amigos de Papel, León, 2013.



"Pero queda la música" canta Luis Eduardo Aute al final de una de sus composiciones. Pero queda la música, ni más ni menos. Frente a los vaivenes de la vida, a los contratiempos, a las mudanzas, a las tribulaciones personales, a los sinsentidos, pese a todo y mucho más, nos sigue quedando la música. Y esa evidencia la recoge en versos Antonio García Teijeiro y la plasma en ilustraciones Tesa González en este libro precioso titulado, precisamente, Queda la música.
Al principio, el sonido se confunde con el viento, pero, poco a poco, se impone la realidad: es el eco de un instrumento. Y a partir de aquí, el pentagrama, silencioso, comienza a poblarse notas danzarinas, fugitivas, juguetonas, graciosas que, con sus bailes, van dotando de vida a los instrumentos. No hay melodía sin música. No hay música sin instrumentos. Sin partituras ¿qué hay? Las notas, como si fueran hilos, en una metáfora muy acertada, van tejiendo su especial urdimbre y surge una sonata, un violonchelo, una zanfona...
Queda la música es un paseo exquisito por los orígenes de la música, por el pentagrama, por las notas y los compases. Después, ese mundo, en apariencia abstracto, de la mano del poeta, se humaniza y la melodía se impone. De esta manera, tras un preludio de tanteos, aparecen los instrumentos, el violín, el violonchelo, el piano, la viola, el oboe, el clarinete e, incluso, la humilde gaita, en claro homenaje a la tierra del poema ("Sueños de gaita. / Canciones mudas./ Cuentos sin voz./ Notas oscuras."). Todos forman parte de una orquesta muy especial, que emociona, que divierte, que baila y sueña. García Teijeiero aprovecha también para homenajear algunos estilos como es el jazz o al grupo musical "The Beatles" que, por obra y gracia de la poesía, queda inmortalizado ("Tenían un submarino amarillo / en el que viajan / por el fondo del mar / de los sueños"). Así, se personifican el bajo de Paul, la guitarra de Harrison o la batería de Ringo porque, como resumen Lennon: "Paz, amor y rock and roll".
No olvida tampoco el poeta la armonía dulce y galante del Vesalles del XVIII ("Damas y caballeros, / con collares y sombreros, / se mueven con elegancia") ni la esencia del haiku ("En un columpio, / vaivén de notas locas./ Ríen los niños").
La melancolía, el sueño, el juego, pero también la diversión y la alegría aparecen en estos poemas que son un verdadero regalo para los sentidos. Teijeiro juega con la metáfora, con la personificación y con las elipsis para crear una atmósfera musical muy contagiosa. Son poemas juguetones que bailan al son de las palabras, que crecen y se adelgazan, que cambian de línea y vuelven a subir.  Las ilustraciones de Tesa González acentúan el lado naïf del poema. Palomas de papel que llevan en su pico mensajes especiales, las notas que se arremolinan formando un mosaico de color, el pentagrama que se "se levanta de la cama", las manchas luminosas que no significan nada pero que lo contienen todo, las letras caprichosas, un pez salado tocando el fagot, el moscardón que vuele ruidoso o el abuelo que toche el chelo e, incluso, los besos del trombón que no son solo abstractos sino besos reales o los Beatles y el ronquido del contrabajo. Y, por último, el final, en un tren singular, el de los instrumentos que: "Unas veces dicen: ¡ven! / Y otras dicen: ¡Vete!".
Queda la música es un poemario infantil, pero al alcance de todos. Cuando uno es niño, parece decir el poeta, puede entender mejor la poesía porque tiene los ojos del alma limpios y no necesita nada más que sentir. Eso se pide a los lectores del libro, que sientan y se dejen envolver. Niños y mayores unidos por el mismo embrujo, el de la música. Es un libro que apela al sueño, a la sensibilidad y a la ilusión: "Quiero soñar. /Quiero escuchar / notas que brillan / cerca del mar". Abramos nuestros sentidos y, atentos, que la música empieza.
El libro es un álbum ilustrado, editado con mimo por Amigos de Papel. Otro regalo de Reyes.

martes, noviembre 06, 2012




Hemos preguntado a Antonio García Teijeiro, uno de los grandes maestros de la poesía infantil actual, acerca de su especial relación con la palabra poética. Éstas son sus respuestas que permiten reflexionar y pensar en la importancia de la poesía infantil, a veces tan poco valorada. Antonio García Teijeiro nos ofrece, una vez más, toda una lección de vida.


  1. ¿Cómo definirías la poesía infantil?
  2. ¿Crees que hay una división clara entre poesía infantil y poesía para adultos?
  3. ¿Qué marca esa diferencia?
  4. Menciona algún poeta que te haya impactado especialmente a la hora de escribir.
  5. ¿Por qué crees que se publica tan poca poesía infantil?
  6. Recomiéndanos algún poemario de poesía actual.
  7. ¿Piensas que a los niños les gusta la poesía? ¿Por qué?
  8. ¿Cómo valoras la crítica literaria actual?
  9. A la hora de escribir, ¿te planteas tus posibles receptores?
  10. ¿Por qué crees que la poesía sigue siendo un género minoritario?
  11. ¿Por qué o para qué escribes poesía?
                                                           

1.      Dificilísima pregunta. Podríamos definirla de tantas maneras… Puede ser ese soplo, esa herramienta mágica dispuesta a crear un estado de ánimo en el lector, en este caso el niño, que le permita sentir lo que encierran las palabras, empezar a tomar conciencia de que la literatura le va a ayudar a emocionarse, le permitirá ver el horizonte que lo lleve hasta sí mismo. Comprobará que en los versos se encuentran todas las claves de su existencia .Se reirá, llorará, jugará, denunciará, sentirá los ecos del amor, sufrirá, gozará, será consciente del valor de las pequeñas cosas de la vida, de los momentos alegres y duros…y, con el tiempo, le permitirá conocerse mejor a sí mismo y conocer el mundo en el que vive. Todo a través de la palabra poética, del ritmo, de la rima, del sentido musical del poema, del afecto que los versos deben poseer hacia el lector o lectora. El carácter lírico, social y  personal  que encierran los poemas lo van a notar si se hacen buenos lectores de poesía y eso los ayudará a ser sensibles pero no débiles. Es un error confundir estos dos conceptos. Lenguaje cuidado pero accesible, temas variados según las edades, referentes conocidos y otros a los que puedan llegar, sentido lúdico inteligente, ironía… Por ello han de tener un mediador/a que los contagie para resaltar el cariño y la sensibilidad de quien  les lee, de los que escriben y cultivar la de los que escuchan, al mismo tiempo leen, para posteriormente escribir.

2.      Digamos que, no nos equivoquemos, hay una poesía dirigida a los niños. ¿Cuál es el problema? Pues creer que para los niños vale todo. Ese es un terrible error. No se puede rebajar la calidad poética en ningún momento. El lenguaje ha de ser sencillo y cuidadísimo, los temas, expresados para unos lectores a los que les faltan referencias pero que las están demandando continuamente. En esencia esas deben ser las diferencias, pero no debemos olvidar que la poesía crea miradas y deben saber buscarlas sin prisa, los temas son comunes en general, los espacios compartidos ampliarán su visión de la vida y, desde luego, también la poesía tanto a los pequeños como a los adultos les crea sentimientos y emociones positivas para su desarrollo como personas. Lo que sí es cierto es que cuando la poesía va dirigida a jóvenes la línea se diluye y eso enriquece al lector. Ahí ya no hay divisiones claras.


3.      Bueno, pues yo entré  en la poesía ya algo mayor. ¿Qué libros teníamos entonces? ¿Cómo era la educación? Mejor, olvidarlo. Y entré a través de la música. Bob Dylan, sus letras, me llevaron hacia Blas de Otero. Paco Ibáñez me descubrió la cantidad de poetas prohibidos en España. Él me marcó. Me hizo hijo de la Generación del 27, Lorca y Alberti en un principio. Y luego descubrí que en Galicia había una poesía extraordinaria en la lengua propia. Rosalía me cautivó. Es un prodigio de poeta. Y Pimentel, Manuel Antonio, Manuel María, Celso Emilio Ferreiro… en fin, que jamás dejé de llevar conmigo un libro de poesía. He de reconocer que también me impresionó Juan Ramón Jiménez, del que solo conocía Platero y yo.

4.      Llevo años diciendo que a los niños les encanta la poesía. Quienes están alejados de ella, porque no les interesa o le tienen miedo, son los adultos. Los maestros, en general, no leen poesía. Hay excepciones maravillosas que merecen mi más cariñoso aplauso. Si no la leen, si no creen en ella, no la pueden contagiar, los niños notan esa dejadez, esa falta de entusiasmo y caen en la indiferencia más lamentable. Estamos bastante lejos de trabajar la poesía en las aulas como se debe trabajar. Pesan los contenidos curriculares y esa es la disculpa. Si no hay demanda en las escuelas, las editoriales no publican. Es así de crudo.

5.      Permíteme que os recomiende poetas que ya tienen una obra sólida.
Si pensamos en jóvenes lectores, ahí van algunos poetas importantes: Juan     Kruz Igerabide, Raúl Vacas, Juan Carlos Martín Ramos, José Corredor-Matheos, Karmelo C.Iribarren, Juan Bonilla, Fran Alonso o María José Ferrada.
Si pensamos en niños más pequeños podríamos nombrar a Carmen Gil, Ana Mª Romero Yebra, Enrique Cordero, Antonio Rubio, Antonio Gómez Yebra, María Elena Walsh, Miquel Desclot, Carlos Reviejo o Marina Romero. Quizá me olvide de alguien y lo siento.
Pero un homenaje especial merece  Gianni Rodari, quien nos hizo comprender las distintas caras que la literatura infantil posee.
Y desde aquí quiero remarcar el camino que abrieron Gloria Fuertes, pese a una excesiva producción que perjudicó su obra y Carlos Murciano.
Y  ya no me voy a referir a la poesía en gallego, la que más cultivo yo, porque hay poetas, hombres y mujeres de una calidad incontestable.

6.       No hay ninguna duda. La disfrutan, juegan con ella, la cantan, la dicen en voz alta, la repiten… Mis encuentros en los colegios están cargados de afectividad. Notas enseguida quiénes están motivados  día a día y aquellos que, por desgracia, no leen un poema más que de Pascuas en Ramos. Una pena. Prefiero hacer encuentros con mis libros de poemas que con los de narrativa. Cuando están preparados disfruto una barbaridad y aprendo muchísimo de lo que hacen y prepararon con la maestra o el maestro. Esta figura, la del mediador/a, ya lo dije antes, es clave. Y da lo mismo que sea en Colombia, Miami, Galicia, Cuba o España. Lo he comprobado personalmente. La belleza de la palabra poética y las emociones que destilan impregnan de sensibilidad a los pequeños.

7.       Hay muy poca crítica de LIJ. Y que valoren poemarios, menos.
Eso sí, en diversas revistas ya se empieza a hacer intentos de reseñar libros de poesía. Cada crítico serio y honrado, que los hay, posee una visión particular de la poesía que se debe escribir para los niños. Eso es bueno porque hace pensar al que escribe y le obliga a buscar nuevas vías de expresión poética. Pero la poesía es aún demasiado invisible. Existen pocos espacios adecuados para los que la sienten como algo necesario y quieren saber más. Haber hay. Debemos sacarlos a la luz y aprovecharlos.

8.      Pues la verdad es que nunca. Sé que la pueden leer los niños, pero pienso que también los adultos. Lo de las edades me horroriza. Jamás he escrito un libro para lectores/as de tal o cual edad. Esas bandas las ponen las editoriales por un motivo estrictamente comercial que no digo que no ayude. Pero se equivocan a veces. Yo no sabría hacerlo, porque limita mi creatividad como escritor. Incluso me encanta que ciertos poemas a los lectores los fuercen un poquito a hacerlos suyos. Creo en la lectura abierta, en la reflexión a partir de la poesía, en la relectura –verdadera lectura, para mí- con el fin de que padres y madres, docentes y lectores infantiles descubran nuevas claves tanto poéticas como humanas. Creo en los libros con poemas de diversos estilos y formas.

9.      Porque la poesía exige un esfuerzo suplementario que no todo el mundo está dispuesto a realizar. El nivel lector en España es muy bajo, aunque está subiendo muy poco a poco. Se leen muchos libros banales a los que ni por asomo les llamo literatura. Ser buen lector lleva consigo superar diversas barreras para que lo leído deje el poso que toda obra de arte ha de dejar. Hay que exigir que los valores literarios prevalezcan: que esté bien escrito, que deje incógnitas en el aire para que los lectores duden, piensen y se hagan preguntas, que tengan estructuras renovadas e inteligentes, que los personajes estén bien construidos etc. Hablo de narrativa pero con la poesía ocurre lo mismo. La buena literatura te hace crecer por dentro. Y, para mí, la poesía es la literatura en estado puro. No es prioritaria en las personas porque falta formación literaria, poética. Esa formación que se debe ir adquiriendo desde abajo. Hay una falta de esfuerzo que, también, reclama la lírica. Y demasiada gente no está dispuesta a esforzarse. Una vez superadas esas pequeñas barreras el placer es infinito. Los docentes no deben transmitir a sus alumnos el miedo o el desinterés que tienen ellos por algo que alimenta el espíritu de las personas. Y estamos formando seres humanos en un tiempo de dificultades enormes.
De todas formas, que no se me entienda mal: un abrazo sentido para todos esos hombres y mujeres que, pese al papel despectivo que la sociedad les depara, están trabajando en solitario, con infinidad de problemas, para formar personas cultas y sensibles.

10.   Necesito sumergirme en las palabras, recrearlas, darles distintos sentidos, crear imágenes que puedan atravesar ese muro de la dejadez y de la incomprensión. Los niños la necesitan y les gusta. Los adultos también la necesitan, aunque no sean conscientes de ello. No podemos olvidar esto. Además, y ya en el plano personal, la poesía y la música cambiaron mi vida. Le dieron sentido en momentos difíciles, en situaciones convulsas, en un medio que me tocó vivir que puedo calificar de miserable tanto en lo humano como en lo cultural. La España gris que me marcó fue soportada en determinados momentos gracias a estas dos artes. Tenía muchos demonios internos y fueron saliendo a través de los versos. Necesité mucho tiempo. Y los niños… No había casi nada para trabajar la poesía. Así que me puse a escribir en gallego, novelas, cuentos y  poemas para los niños y niñas. A ellos les gustó y emprendí un camino sin retorno. Todo ello me ha hecho más feliz y más convencido de mi papel en la vida.

domingo, enero 29, 2012

Cuentos y poemas para un mes cualquiera,
Jordi Sierra i Fabra. Antonio García Teijeiro.
Ilustraciones: Raquel Aparicio
Oxford, 2011. (El árbol de la lectura, 16).


Cuentos y poemas para un mes cualquiera es un libro singular puesto que une a dos autores, Jordi Sierra i Fabra y Antonio García Teijeiro, de una forma singular. No es que la editorial haya decidido publicar unos relatos de Sierra i Fabra y unos poemas de García Teijeiro, no, en absoluto; es algo mucho más complicado y, a la vez, emocionante. Los dos escritores, reconocidos y valorados, cada uno en su estilo, decidieron, de una manera casual, sumar esfuerzos y crear (¿a cuatro manos o a dos mentes?) este precioso libro que contiene 31 cuentos y 31 relatos. Por lo tanto, es uno de esos libros que favorece la lectura porque presenta, para cada día del mes, una propuesta distinta.
Ahora bien, cabe matizar un poco más el alcance de la colaboración entre los dos escritores. Ni Jordi Sierra i Fabra ni Antonio García Teijeiero han hecho trampa con los lectores. Decimos eso porque el proceso de elaboración de Cuentos y poemas para un mes cualquiera es un ejemplo de colaboración perfecta. Cada texto, por así decirlo, es el espejo donde se mira el otro. El poema se refleja en el cuento y viceversa. En algunos casos es el poeta quien escribe primero y el prosista el que le contesta y, en otros, es el cuento lo primero y el poema su reflejo. De cualquier manera, pues, no se trata de textos acumulados, sino de textos encadenados y muy pensados.
Jordi Sierra i Fabra no suele escribir cuentos tan breves, aunque aquí ha hecho un esfuerzo de contención y ha limitado sus palabras, aunque no su contenido ni su estilo. Se trata de cuentos llenos de humor, que sorprenden por su final, en algunos casos, que abordan cuestiones delicadas, en otros, que muestran la magia de los relatos populares y que invitan a una lectura reposada. Y es que, a menudo, en los textos más breves se encuentran promesas de grandes historias como las que nos presenta aquí este autor, que nunca dejará de sorprendernos. Suelen ser cuentos originales, aunque el escritor acude también, en algún momento, a la cuentística tradicional.
Antonio García Teijeiro, por su parte, pone la nota más emotiva y musical. Sus poemas, en arte mayor y con rimas variadas, aunque abundan los finales en aguda, nos muestran un mundo en donde la realidad, a menudo, es solo una quimera de la verdad. La verdadera esencia de las cosas, nos dice el poeta, no está en lo que ven los ojos, sino en lo que sienten. Paralelismos, anáforas, repeticiones, juegos de palabras y metáforas hacen que estos versos estén llenos de ritmo y vibren.
Los sueños, la naturaleza, el paso del tiempo, el humor, los ideales, la vejez, la duda, el amor, el coraje, el paso del tiempo… tantos temas y sentimientos que, con sabiduría casi de viejos maestros, estos dos escritores nos van brindando, nos regalan para que reflexionemos acerca del presente, del futuro, acerca de la vida que se abre, entera, a cada paso.
Cuentos y poemas para un mes cualquiera está ilustrado por Raquel Aparicio con ilustraciones en blanco y negro que captan, en un instante fugaz, lo mejor de cada texto. Hay que señalar la portada, luminoso y alegórica, buena portada para la colección en la que se publica el libro, “El árbol de la lectura”.
Para que leamos sin cansarnos nunca, para que volvamos mes a mes a estos textos, para que sepamos observar el reflejo de la prosa en el verso y, al revés, para todo ello y mucho más Jordi Sierra i Fabra y Antonio García Teijeiro han sumado esfuerzos y, por cierto, ha valido la pena. El lector sabrá agradecerlo.

Cuaderno lector

miércoles, octubre 26, 2011

Versos con alas,
Antonio García Teijeiro. Ilustraciones Manuel Uhía,
Barcelona, Lynx, 2006, Alas de Papel, 2.



“Un pájaro en un poema permite que los versos tengan alas”. Así presenta Antonio García Teijeiro este poemario, Versos con alas. El libro está formado por un ramillete de poemas escogidos con un tema común: las aves. Ahora bien, Teijeiro no nos da una lección de ornitología. No es ésa su misión. Hace algo mucho más difícil: permite que los lectores jueguen con las aves, vuelen con ellas, gracias a la imaginación. Las palabras se convierten en aves y las aves en palabras: “palomas / y/ palabras/ mil veces/ mil, pintadas”.
En Versos con alas, el amor es un sentimiento que, de alguna manera, transmiten los pájaros. Así,  las golondrinas se van de la ciudad, pero llevan en su pico un recado amoroso. No ocurre como con las golondrinas de Bécquer que se iban… para no volver. El ruiseñor canta también melodías de vida y de amor. El poeta, por ejemplo, en otro poema se pregunta por el mirlo enamorado que se perdió.
Las aves se enlazan y juegan entre ellas, se preguntan, se contestan, se enredan en perpetuo vuelo, el gorrión, el herrerillo, el estornino, el zorzal, la alondra, el verderón, el petirrojo, el gorrión, la gaviota, el búho, el pinzón, la corneja y el ruiseñor. Todos traen más de un secreto y el poeta es capaz de transmitirlo: “Oigo sus voces / Siento sus risas,/ Pájaros tiernos / como la brisa”. No hay aves mejores que otras, todas son mágicas a los ojos del poeta.
Las aves, a veces, nos sorprenden con sus cualidades. El milano se sabe poeta, porque es sensible al paso de las estaciones. A veces, incluso, las aves y las personas interactúan, como cuando la niña toca la flauta y el gorrión la escucha extasiado.
El poeta acude a la primera y tercera persona en sus versos. En primera comparte sus ansías de libertad. El poeta, como una garza, quisiera ser libre, quisiera volar. El poeta, además, se acerca a otros personajes, a la niña, a “su tío”, a la luna y al sol.
Muchos de los poemas son puros juego, goce de escribir y de sentir. En el poema dedicado al colibrí, el poeta se extasía preguntándole y provocando su respuesta, pero el colibrí nunca para de volar, de ahí que los versos se acorten y adquieran esa especial rapidez de las alas del ave: “dime, dime, / colibrí/ dime, dime, / ¿no es así?”.
El libro se divide en dos partes. En la primera, Antonio García Teijeiro escribe poemas originales dedicados a un sinfín de aves. En la segunda parte incluye un homenaje a varios poetas que, en algún momento, escogieron al pájaro como objeto de sus versos. Son poemas, por así decirlo, eco de otros, poemas que responden a los poetas, como el que dedica a Alberti y su “Se equivocó la paloma”: “Si se vuelve a equivocar / ¿alguien lo querrá salvar?”, concluye nuestro poeta. Hay otros poemas dedicados a Juan Ramón Jiménez, a Lorca, a Machado y a Serrat, que, con pericia, ha musicado los versos del poeta sevillano.
Los versos de Antonio García Teijeiro se adelgazan o se alargan al compás de las alas del ave que, en ese momento, nos ofrezca su vuelo. Gusta del arte menor, sobre todo, y, en cuanto a la rima, asonancias y consonancias se dan la mano en el poemario.
Manuel Uhía, con sus ilustraciones, ilumina aún más, si cabe, esa manera de entender el mundo a través de sus aves. Acaso el ave, en su vuelo, simboliza la libertad, pero también, son sus trinos la música. El sentimiento de amplitud, las melodías, la magia… el juego son constantes en los versos del libro y permiten que el lector vuele, vuele, cada vez más lejos y se sienta cercano a un mundo en el que los gorriones son buenos amigos y… siempre encuentran su canción.
El libro se completa con una serie de datos más científicos sobre las aves y un pequeño abecedario. De alguna manera, los conocimientos de la naturaleza no han de estar reñidos con la poesía.
Versos con alas se destina lectores desde 10 años, pero, como decimos siempre, la buena literatura no tiene edad y la poesía de Antonio García Teijerio, fresca y musical, atrapa a cualquier lector.