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lunes, enero 04, 2021

"La cuerda y el aire",

Alejandro Arias de Celis,

LibrosIndie, 2020

 

Alejandro Arias parte de un verso de César Vallejo para titular este su primer poemario en solitario. "La cuerda y el aire" está formado por 128 poemas, que siguen numeración romana y que, a primera vista, pudieran parecer sonetos, aunque no lo son, porque el poeta gusta de crear trampantojos y de jugar con lo que parece y lo que no es. Sus versos son potentes y están muy enraizados en la tierra, en lo cotidiano, que, gracias a Alejandro, adquiera categoría poética. Se caracterizan por un lenguaje directo y por un uso importante del encabalgamiento lo cual nos hace estar siempre empezando de nuevo, como en la vida misma. 

En cada uno de sus poemas se cuenta una historia marcada por unos versos finales que suelen encerrar la esencia del propio poema; es como una almendra envuelta en su cáscara, ni dulce ni amarga, primero la cáscara y, para terminar, en unos versos, o tres o seis, una almendra cargada, a su vez, de nuevos enigmas y de más preguntas porque Alejandro Arias siempre está empezando, siempre está pensando en el valor de la palabra, en buscar su esencia ya que es consciente de que no es fácil de hallar y eso le crea alguna zozobra y alguna incertidumbre que tampoco es ajena a sus versos: "por eso no vacilará / la mano que sostiene el lapicero, / dispuesta a aniquilar / estos muy mal trabados versos".

Confiesa el poeta que, en la actualidad, está "a otras cosas", que estos poemas ya no le pertenecen del todo, que son ya de quien los lea, como bien diría don Antonio Machado. No obstante, sí, si hacemos caso del título, entenderemos que vienen marcados por una dicotomía: "mejor sería reinventar / la boca, el ojo, el sexo, / darle la vuelta al guante, a ver si así".

 A menudo, la realidad, los sueños, las percepciones no son o blancas o negras, si no que, como ocurre con los antónimos, se establece una gradación que va de la luz a la oscuridad, del dolor a la salud, de la alegría a la tristeza, del saber al ignorar... de la cuerda al aire: "cuando termina cada tarde y / cuelga en los labios la / inútil cuerda del deseo". Por un lado, la cuerda, en medio de lodo, podríamos decir, tratando de amarrar, de dirigir, de enconsertar, de ordenar lo que, a veces, es en sí un caos; por otro lado, el aire, dando margen, dejando fluir, permitiendo la duda, el misterio. Sí, la cuerda y el aire, o lo que es lo mismo: "Algunas hebras de / serenidad para la almohada".

Decíamos al principio que el poeta sabe muy bien del poder de las apariencias y de la capacidad que tienen nuestros sentidos para incitarnos al error y eso, lejos de incomodarlo, hace que se sienta mejor, siendo consciente de su vulnerabilidad porque parece que estemos condenados a repetir los patrones ajenos y ese hastío del que tanto sabía el poeta sevillano y que Alejandro, que bebe en su fuente, conoce tan bien conoce: "chisporrotean las palabras, a / través de la ventana mira el niño / la lluvia gris, el tiempo que no pasa".

Es el amor y el desamor, el deseo y el desapego, la soledad y las gentes que van y vienen lo que hace que estos poemas se levanten fuertes y enérgicos blandiendo su verdad: "alzas la antorcha que custodias y / arden los ojos asombrados con / la luz que tiembla antes del alba". Es esa angustia por no hablar o por callar demasiado o por no saber o saberlo todo: "cómo has venido a dar / con la carta peor de la baraja, /esa que yo te ofrezco".

"La cuerda y el aire", como una de cal y otra de arena, ha de leerse despacio, con calma, con ternura, incluso, sorteando los versos, las palabras duras, esas otras más blandas, las quimeras, las decepciones, las ausencias porque "Lo demás, por demás, sigue a su modo; / es vida sin apodo, fíjese, / sin acomodo, así, calle sin más". 

Al fin y al cabo, "La cuerda y el aire" no son más que eslabones de la cadena de una vida: "destrezas de ese oficio de ser hombre / para ganar lo que antes se me daba / solo con el vivir, con el deseo."

 


 

miércoles, junio 17, 2020

"El poeta de Velintonia. Homenaje a Vicente Aleixandre",
Emilio Calderón - Carmen García Iglesias
Edelvives, 2020

La memoria está hecha de sutiles retazos y, pese a ser frágil, su poder es inmenso y necesario. Emilio Calderón, muy buen conocedor de la vida y obra de Vicente Aleixandre, escribe, en el libro que nos ocupa, un relato en tercera persona que maneja lo realista y lo mágico ya que se mueve en el terreno propio de las palabras, la ofrenda perpetua a la imaginación. Villa Velintonia, en mi recuerdo, forma parte de mis clases de literatura en el instituto cuando uno de mis mejores profesores evocaba ese lugar, mágico, idealizado, como un oasis de libertad y de energía creadora. Entonces parecía que no pudiera tener fin y hoy, por desgracia, Villa Velintonia necesita un empuje de las instituciones y un compromiso firme para que vuelva a ser ese remanso de creación y la casa de las palabras; la casa de Vicente Aleixandre.
Vicente Aleixandre, uno de los miembros destacados de la llamada Generación del 27, fue uno de los pocos intelectuales que no marchó al exilio, su salud no se lo permitía. Él y alguno más, como su gran amigo Dámaso Alonso o Gerardo Diego se quedaron aquí y ayudaron a que la riqueza de la llamada Edad de Plata no se perdiera del todo o, al menos, no quedara en el olvido.
El poeta y su familia, procedentes de Málaga. aunque él había nacido en Sevilla vivieron en una casa en la hoy calle Vicente Aleixandre, la actual Villa Velintonia, que era el nombre de la calle entonces. El poeta estudió Derecho y Comercio, aunque tuvo que parar obligatoriamente por una dolencia renal que lo marcó para siempre. Muy relacionado con la Residencia de Estudiantes, Vicente Aleixandre comenzó en la década de los 20 a escribir sus poemas. Podemos recordar libros como "En un vasto dominio","Espadas como labios" o "La destrucción o el amor". En 1977 recibió el Premio Nobel, lo cual avala su trayectoria literaria. No obstante, Emilio Calderón no nos habla de eso, no, sino de la amistad que el poeta brindó siempre en su casa. Villa Velintonia era parada obligatoria para otros poetas quienes se sentían allí acogidos y reconocidos por Vicente Aleixandre. Con suma habilidad y calidez, Emilio Calderón nos habla de la relación de Aleixandre con otros poetas, Luis Cernuda, Federico García Lorca, Pablo Neruda y, sobre todo, Miguel Hernández, a quien acogió con generosidad cuando el autor de las "Nanas de la cebolla", sin ningún aval económico, recaló en Madrid.
Un gato callejero a quien Vicente Aleixandre llama Verso es, de alguna manera, el hilo conductor del relato. Verso advierte la magia en el poeta y se deja seducir por él. Es capaz de pasar un rato al lado de Cernuda y de provocar a Miguel Hernández para que se suba a la rama de unos de los árboles del jardín a hacerle compañía e, incluso, aprecia, como el que más, no solo los piñones que comparte con Aleixandre y su perro sino las naranjas que trae consigo Miguel. También observa con curiosidad la mariposa del aire que Lorca parece invocar con sus versos y su interpretación al piano.
Verso también acompaña al poeta cuando llega la guerra y han de dejar su casa y refugiarse juntos hasta que pase ese fantasma del odio. Al regreso, Villa Velintonia no es ni sombra de lo que era. Por otra parte, los buenos amigos o han muerto o se han exiliado, pero Aleixandre no se deja doblegar y vuelve a reconstruir ese espacio de libertad para ofrecerlo a los jóvenes y convertirse, así, en un referente para ellos. 
"El poeta de Velintonia" no es solo un homenaje a Aleixandre, sino a todos los poetas con los que trató y a la fuerza de las palabras. El jardín parece hechizado con los versos que todos algún día enterraron en él y que parecen aguardarnos aún.
El relato no termina sino que presenta un final abierto. El poeta, es verdad, ya no está, al menos de forma física, pero lo que él amó no tiene por qué desaparecer. El gato se convierte en el centinela de la casa y arranca una y otra vez el cartel de "se vende". Al fin, un chico, descendiente de uno de los amigos del poeta, que también se llama Vicente, descubre a Verso y lo confunde con su nieto, cuando, de todos es sabido que los gatos tienen siete vidas, y decide que todo puede cambiar y volver a empezar, así cambia el cartel por este otro: "Casa de la Poesía. Se busca poeta". Y con ese mensaje nos quedamos, con la idea de que Villa Velintonia vuelva a ser la casa de la poesía. 
Carmen García Iglesias ilustra de forma realista, pero sin renunciar a la magia, este relato y nos permite observar a Vicente Aleixandre, sentado en su butaca, a Lorca tocando el piano, a Miguel Hernández sentado en el árbol; así como permite que contemplemos las flores del jardín, esos versos que dan fruto, las naranjas de Miguel Hernández que son tesoros dorados o la propia casa del poeta, resistente y con vida propia.
Emilio Calderón narra una historia llena de guiños para el lector adulto y muy emocionante para el lector infantil. Intercala versos en el texto y consigue una historia poética, viva y muy actual;  sin duda, una historia necesaria.
Rafael Alberti, en la primera parte de "La arboleda perdida", da muchos detalles acerca de su generación y de sus amigos y muestra la faceta más humana de todos ellos, como hace Emilio Calderón quien deja a Verso, a quien queremos imaginar aún vivo, como guardián permanente de una casa que no se puede destruir porque guarda los mejores tesoros que nos podamos imaginar, los de la amistad y la poesía.



domingo, febrero 09, 2020

"Hoy es siempre todavía"
(Antología poética)
Antonio Machado,
Selección y prólogo de Anabel Sáiz
Algar, 2020

Con inmensa alegría presento esta Antología que la editorial Algar ha tenido la deferencia y confianza de encargarme. Don Antonio Machado siempre ha sido un poeta cercano para mí, de ahí la enorme ilusión que he sentido al realizar este trabajo. Se trata de una muestra muy amplia de la obra del poeta sevillano, de la que se ha suprimido la prosa, pero sí se ha incluido, íntegro, el romance "La tierra de Alvargonzález".
Si el lector lo desea, en el prólogo encontrará las claves para entender tanto la poesía como la vida del poeta, así como algunas pinceladas del tiempo que le tocó vivir.
Es una antología que aparece en una colección juvenil, lo cual es una oportunidad de que los versos del poeta lleguen a chicos y chicas que aún no los han leído y que podrán disfrutarlos, como si fueran nuevos, ya que la poesía de don Antonio Machado nunca envejecerá, al contrario, va ganando juventud conforme pasan los años. Muy bien nos dejó dicho que, para él, "poesía era palabra en el tiempo". Ojalá esa palabra llegue a muchos lectores.

"12 poemas de Antonio Machado"
Ilustrados por Pablo Auladell
Kalandraka, 2020

Don Antonio Machado siempre tendrá algo que decirnos porque su palabra, generación a generación, se sigue escuchando pura y nítida. De ahí que sea una idea excelente introducir a los niños de hoy en día en la lectura de un poeta atemporal quien, justamente, defendió que la poesía era "palabra en el tiempo". Nadie como don Antonio para hablarnos de la infancia, del recuerdo que dejó en él, ya adulto, su niñez o del paso del tiempo, siempre cambiante y burlón o de los sueños, de los que nunca se sabe a ciencia cierta si son verdad o no. El poeta sevillano escribió acerca de los limones de su infancia, acerca de la nostalgia de sentirse aún niño en un cuerpo de adulto; pero también supo ver qué había detrás del paisaje, no solo emociones, sino vivencias y personas que lo habitaban.  No desdeñó temas más duros como la muerte, la de sus amigos y referentes, la de su amada esposa-niña Leonor, la de Federico García Lorca, la de él mismo, siempre premonitoria.
La selección que presenta Kalandraka está realizada por Manuela Rodríguez y Antonio Rubio. Muy difícil habrá sido para ellos escoger solo doce poemas, pero lo han hecho con soltura y acierto. En el libro hay una evolución marcada desde el Machado de las "Soledades", hasta el de "Campos de Castilla" e, incluso, la elegía dedicada al asesinato de García Lorca. Poemas tan emblemáticos y conocidos como "He andado muchos caminos", "Pegasos, lindos pegasos", "Recuerdo infantil", "Las moscas", "La saeta", "A un olmo seco" o "Retrato", el poema que inicia "Campos de Castilla" y que se ha escogido para cerrar el libro por su fuerte carácter autobiográfico. Son poemas musicales, de distinta métrica, algunos de ellos muy conocidos por las versiones de Joan Manuel Serrat, que se ofrecen, limpios y emocionados, al niño de hoy pues la poesía de Antonio Machado no tiene edad, ya que, como él mismo dejó escrito, "Hoy es siempre todavía".
Nos interesa mucho destacar las ilustraciones de Pablo Auladell que no ocultan la esencia machadiana, ni la desdibujan, antes la dibujan de manera potente y muy directa. Gracias a estas ilustraciones elegantes, de suaves pinceladas y claroscuros, es más fácil entender la atmósfera machadiana, su esencia, esa continua nostalgia del mundo mágico, de su infancia, del sol de su Sevilla natal. Como muy bien nos dice el propio Pablo Auladell, tal vez don Antonio, el poeta bueno por excelencia, siempre estuvo en el Palacio de las Dueñas y desde allí, a través de los sueños, las galerías y la evocación, nos habló del tiempo, del agua que fluye, de las fuentes amigas y hermanas siempre con honestidad, sobriedad y rigor. De ahí que las ilustraciones evoquen, como no podría ser de otra manera, ese lugar al que todo quisiéramos volver algún día y que algún poeta calificó de verdadera patria del hombre. Don Antonio Machado lo sabía muy bien.

miércoles, octubre 30, 2019

Miguel de Unamuno,
"Selección poética",
Kalandraka, 2019, Trece Lunas

Miguel de Unamuno no necesita presentación. El contradictorio rector de la Universidad de Salamanca está más vigente que nunca, prueba de ello es la reciente película de Amenábar, "Mientras dure la guerra".
Unamuno perteneció a la Generación del 98, escribió ensayo, novela y poesía. Fue una persona de carácter fuerte y agudo, aficionado a la papiroflexia y creador genial y en perpetua evolución. Su poesía bronca y directa no está exenta de lirismo y de una gran sensibilidad. A Unamuno le gustaban los juegos de palabras, la literatura tradicional y fue el creador de un lenguaje secreto, que se basaba en la "p" y que yo, de niña, utilicé con mis amigos sin saber quién era su creador. Así decíamos ""ton-po-ta-pa" y la niña en cuestión a la que iba destinado el adjetivo se quedaba tan ancha, si no estaba en el secreto e ignoraba que acabábamos de llamarla "tonta". Genial, don Miguel. Siempre.
El libro que nos ocupa contiene, como indica la colección a la que pertenece, trece poemas del "Cancionero" del poeta. Que sean infantiles o no, eso ya lo decidirá el lector. Ahora bien, como decía Juan Ramón Jiménez, los niños pueden leer de todo, con las consabidas excepciones.
Miguel de Unamuno repasa el abecedario, por ejemplo y juega con las letras, aunque se le escaba un "!Ay terrible abecedario!"; acompaña al grillo en si cri-cri, invoca la fórmula "Érase una vez" para reflexionar sobre ella, no olvida los juegos infantiles, como la rueda, ni su afición a hacer figuras de papel, ni el cielo estrellado, ni la golondrina, ni siquiera se olvida del ocho, que, el pobre, está partido en dos ceros.  El último poema de la antología es uno de los más célebres, una canción de cuna dedicada a su nieto, "La media luna es cuna". No se olvida don Miguel, entre verso y verso, de hablar de la infancia y de recrear palabras rotundas, a veces poco poéticas, pero siempre oportunas. 
Los poemas se presentan acompañados de las ilustraciones de Artur Heras quien le da el toque actual a los versos y nos permite entender su valor simbólico y establecer asociaciones mentales para entender el ingenio del poeta. 
No es un libro para leer de forma rápida y pasar a otro, no, don Miguel no lo permite; es un libro para leer y entender, para leer y pensar, para leer y recrearse en las ilustraciones, para leer y crecer.


viernes, octubre 04, 2019

"Toma y daca"
Janet García Morago
Alejandro Arias de Celis
Luis Villalba Abril (ilustraciones)
Punto Didot, 2019

La poesía no sabe de fronteras y se lleva muy bien con las nuevas tecnologías, goza de estupenda salud y florece cuando se la invoca. Eso lo saben bien los autores del libro que estamos reseñando, que es un libro singular no por el hecho de ser un poemario, que también lo haría especial porque estos, como diría la canción, siguen sin ser buenos tiempos para la lírica, sino por la forma en que surge y por el planteamiento tan original que presenta. Si ya de por sí, como decimos, es meritorio escribir poesía, mucho más si se sabe cómo se ha creado "Toma y daca". Para empezar los autores, que son amigos, no comparten el mismo espacio físico y, para acabarlo de complicar, aún se suman otros compañeros, que, de alguna manera, auspician y son testigos de ese combate poético. Gracias al whatsapp y a las nuevas tecnologías, este grupo de amigo sigue en contacto y es capaz de reírse de todo y de nada, de cuestionar las aparentes verdades inamovibles y de sonreírle al abismo.
En el prólogo se nos explica el proceso creativo. Janet García es quien provoca a Alejandro Arias con comentarios, al principio y más adelante, como maga mordaz y certera, con pies forzados, en forma de estrofas endecasílabas. Alejandro acepta el reto y se lanza a escribir sonetos, a los que él llama zonzonetos. Así, según el origen de los poemas, el texto se estructura en tres bloques, anectodario, pies forzados y glosas.
Así, casi una treintena de sonetos, algunos con estrambote, se abren paso en bromas y veras, para asombro del lector y para deleite de sus creadores que juegan, como niños perversos, con el idioma. Y es que Alejandro Arias es muy buen conocedor del alma humana, como filósofo que es, y sabe que no hay verdad trascendental que aguante si no es a través del humor, de la socarronería y de la sana autocrítica. Sus sonetos, que de zonzos no tienen nada, ya que son avispados y muy sagaces, beben directamente de la literatura barroca, de Quevedo, sin duda, también de Lope de Vega y acaso del propio Cervantes. Son frecuentes los hipérbatos, los requiebros, los cortes secos, la sorpresa de la anécdota, la metáfora escatológica, pero a la vez profunda. Como si de un juego se tratara, Janet y Alejandro pasan revista a todos los agujeros oscuros de esta sociedad, a la moral, al pensamiento abstracto, a la existencia de Dios, al mundo, a la soledad, a la muerte y al paso del tiempo. Sonetos y pies forzados directos, procaces, chocarreros a veces, siempre directos, llenos de guiños al lector; sonetos que convierten lo lúdico en algo particularmente serio porque, bien sabemos, que detrás del sarcasmo, de la ironía, se ocultan las grandes verdades. Así, como quien no quiere la cosa, se van destapando los tarros de las esencias, porque "Ni es todo diversión ni todo es arte, / ni eternamente sale el sol ni asoma". 
No hay amargura en los versos ni en los pies, pero sí, a veces, muchas ganas de provocar, de polemizar, de iniciar una buena discusión, como tiene que ser, porque acaso "¿Vas a salir huyendo? No te alteres". En "Toma y daca" cabe todo, nada se excluye, nada que tenga que ver con lo humano: "¿Te perturba el picor que te traspasa?" Algunas veces, el autor se irrita ante los pies forzados y no evita alguna exclamación, en principio, antipoética, aunque totalmente coherente con lo que dice: "A ver, que no es normal, puñeta...". Tampoco son infrecuentes momentos líricos que nos seducen por su levedad: "y hasta casi el destello de tu pelo". Alguna vez, el poeta se pone solemne, aunque se le escapa la risa: "Porque aunque muda el pelo la raposa, /su natural no troca....". La irreverencia se torna profunda, sin duda, y supera la anécdota en muchas ocasiones: "¿Es un pedo de Dios el Universo?".Elementos prosaicos, como comprar una nevera, se dan la mano con otros como el hecho de escribir, de componer, de pensar, de dudar y de intentar encontrar respuestas a este sinsentido que es, a menudo, la vida.
En suma, mucho más podríamos escribir sobre "Toma y daca" que no solo contiene zonzonetos sino mucho más, como verá el lector. Y es que tras lo aparentemente frívolo se esconde mucha seriedad y mucho oficio. 
"Toma y daca" además se presenta con las ilustraciones de Luis Villalba Abril, que siguen provocando al lector en este diálogo que no ha hecho más que empezar porque los amigos, como buenos conversadores, van a seguir tomándonos el pelo, irritando el orden establecido y vulnerando las verdades eternas. Como tiene que ser. Y como esperamos que sea.

martes, septiembre 04, 2018



"UniVersos"
Marisa Alonso Santamaria - Elizabeth Aguillón
Proyecto Verkami
2018

“UniVersos” es un poemario compuesto por doce poemas que su autora dedica, como dice el título, a elementos del universo, básicamente la luna y el sol, aunque también aparecen las estrellas y los cometas.
De forma deliciosa y muy sugerente, se humanizan estos personajes, lo cual permite al lector infantil sentirlos muy cercanos, con sus mismas emociones e intereses. Así, entre la Luna y el Sol se establece una relación de afecto muy especial, son amigos y se valoran, aunque sean distintos. Todos los elementos del universo se necesitan e interactúan porque no hay nadie más importante, sino que todos son necesarios: “Todos se columpian / y revolotean / en el universo / todos juntos juegan”. El elemento del juego, el elemento lúdico es fundamental en estos versos: “La luna baila en el cielo / junto a la Tierra y el sol./ También juegan a esconderse. ¡Ay, qué revoltosos son!”
Son actitudes que irradian energía, que contagian ganas de vivir: “Entre luceros y estrellas / el sol baila un rock and roll, / la tierra baila una samba/ y la luna un charleston”. Juegan también al escondite y eso hace que, hasta que no llegue el sol, el cielo se quede a oscuras.
La luna muestra sus diversas caras, se enfada si el sol no la atiende, se ruboriza a veces; mientras el sol trata de complacerla y se muestra siempre conciliador. Y es que, en definitiva, la luna y el sol son amigos y así lo demuestran siempre: “Si dieron dos besos / y un gran achuchón./ ¡Ay, cuánto se quieren / la luna y el sol!”.
“UniVersos” es un ramillete de poemas en arte menor cuyos versos mantienen un ritmo muy marcado. A menudo se acude a las rimas agudas las cuales dan mucha sonoridad y a las estrofas populares, con rima asonante. Son versos para ser recitados en voz alta, para ser aprendidos y cantados en los juegos, que entroncan con el origen de la poesía, hecho de música y de ritmo, hecho de melodía.
La personificación constituye el eje semántico de todo el poema, aunque la autora no olvida ni los juegos de palabras, ni las exclamaciones ni las enumeraciones. Todo permite lograr un conjunto estético muy apto para los más pequeños.
No podemos olvidar las ilustraciones de Elizabeth Aguillón que son explosiones de alegría y de luz. Sobre el fondo negro, que imita el cielo oscuro, se pasean todos los personajes en sus actitudes humanas. Mediante el collage, nos acercamos a los rostros del sol y la luna, a las estrellas, vemos las luciérnagas y, por supuesto, observamos a los propios lectores que acaso puedan interactuar y jueguen a pintar el sol y la luna o a coger una escalera y visitarlos. La imaginación es libre, sin duda.
En suma, un libro muy visual, lleno de guiños al lector, que apela a la amistad, al compromiso personal, al respeto por los demás y a la alegría de vivir.

jueves, agosto 23, 2018

Miguel Romero Saiz
"La memoria del alma"
Diputación de Cuenca, 2017
Papel Mojado

"La memoria del alma" es un texto singular ya que es la primera vez que el Doctor Romero Saiz decide publicar sus poemas y compartirlos, de esta manera, con el público lector. Acostumbrado a escribir acerca de la historia y sus personajes, Miguel Romero en "La memoria del alma" hace un ejercicio de introspección y de entrega personal puesto que se nos ofrece desde el primer verso. No es la primera vez que escribe poesía, ya que, desde joven, ha gustado del ritmo y de la especial cadencia de este género, pero sí es la primera vez que, instalado en una madurez plena y llena de proyectos, muchas realidades y muchas más satisfacciones, se ha decidido a indagar en su interior, en su mapa personal e íntimo, eso es, ni más ni menos, "La memoria del alma".
El poemario, escrito en verso libre, con medidas cambiantes que tienden al arte mayor, va dedicado a su madre quien, pese a los años, siempre ha estado la primera para compartir lo bueno y lo malo que le ha pasado a nuestro autor.
Más de 30 poemas forman este hermoso libro que tiene una particularidad interesante. Miguel Romero compagina poesía con aforismo o máxima y, así, antes de cada poema se lee una sentencia que, de alguna manera, resume el sentir de los versos siguientes. Desde el paso del tiempo, hasta la soledad, pasando por el amor, las deudas y afectos, la familia, la melancolía, la reflexión de la propia vida, la infancia, el paisaje, el compromiso social y algún tema más, Miguel Romero Saiz va dando riendo suelta a su caudal contenido, va limpiando su alma y entregándola madura, inquieta, curiosa, precavida, reflexiva y generosa.
El propio poeta en el prólogo nos confiesa sus dudas, sus inquietudes, ese pudor del que se revisten los poetas antes de entregar sus obras, sus principios y sus señas de identidad. Vale la pena leerlo despacio para entender, mejor, lo que viene después. 
Así, por ejemplo, al intentar explicar qué es poesía nos dice: "Me dijeron que la poesía nunca tiene /explicación, porque la vida misma no la tiene". Y es que, para él, vida y poesía van unidas, el poeta no puede desligarse de ninguna de las dos. Sin duda, son muchas las horas que el poeta ha dedicado a la reflexión y muchas las lecturas que le acompañan. De ahí que pueda escribir en otro momento: "Creer que estás creyendo  y /saber que amando libre creerás que estás despierto". Muy consciente del paso del tiempo escribe: "Me asusta la memoria que no tengo, / pues mi otoño se encuentra ahora sentado/ en la Sala de Espera del invierno". Fiel a sus principios y siempre honesto es capaz de afirmar con vehemencia: "Huyo de la ignorancia / como huyo de las sombras que la cubren".
Miguel Romero Saiz lleva a Cuenca en su corazón, de eso no hay duda; de ahí que en sus versos no dejen de asomarse ni el paisaje ni las gentes que lo habitan. Nos habla de los poetas de la Hoz, de Carlos de la Rica, de Federico Muelas y de tantos otros; pero también de la catedral, ese hermoso templo: "Rueda el crisol de sus cristales, / crepúsculo de luces y colores...".
El poeta, el hombre, no se olvida de su familia, de sus hermanos, del abuelo, de su madre, ni de sus amigos, ni de su compañera...Todo fluye en su alma, rostros, tiempo, palabras, afectos, trabajos, esfuerzos...todo forma su existencia de hoy, todo eso ha hecho que sea como es: "me siento torpe en mi final y es, ahora, cuando puedo soñar, / recitar, reír y cantar, pensando en voz alta...".
En definitiva, un poemario sincero, honesto, directo y de una pieza, como es su propio autor.

martes, julio 17, 2018

"Poesía en Roma",
Santiago Montobbio,
Los libros de la Frontera, 2018
(El Bardo, 48)



Santiago Montobbio (Barcelona, 1966) es un poeta que escribe cuando tiene algo qué decir. Eso que, resulta una obviedad, no lo es si nos fijamos en su trayectoria. De joven escribió algunos libros y, después, pareció que había olvidado sus inquietudes poéticas hasta hace pocos años en que, como un torrente al que se le deja libre el cauce, no ha cesado de escribir y de producir poemas de una manera, acaso, algo distinta a la manera tradicional porque Santiago Motobbio escribe cuando le apetece y en el momento en que le surge la idea la apunta, ya sea caminando, tomando un café, sentado en un banco u observando una pintura. De esa manera su creación es más directa, no pasa por el filtro del recuerdo ya que surge, así, como él la siente y en el momento en que la siente.
Para nuestro poeta, además, la poesía no es un ejercicio formal de virtuosismo en el que uno debe estar pendiente de la forma, de las sílabas, de que las palabras cuadren, de que todo parezca obra de un orfebre, no, para él la poesía es vida y, como tal, brota y se encarna en la palabra, a veces metafórica, por supuesto, pero otras cercana a la prosa, humilde, cotidiana y, por eso mismo, espléndida y genial. Es, por decirlo así, como si en campo de tréboles, todos iguales, de repente surge uno que, sin dejar de ser trébol, presenta otras características, ya sea que tenga tres hojas o unas motas de otro color.Más bien es la obra de un alquimista.
Hemos tenido la ocasión de reseñar alguna de sus obras, con gusto e interés y ahora lo hacemos con “Poesía en Roma” que se nos antoja una obra muy personal, la que nos acerca más al almario de Santiago Montobbio, la que nos habla de sus recuerdos, de su familia, de sus sentimientos, de sus contradicciones y de ese anhelo por reflejar, en cualquier momento, la vida que pasa, demasiado a menudo, desapercibida.
El poeta, de manera muy sencilla, nos explica en la primera página, el origen del libro. En 2017 fue invitado a presentar su poesía en la Real Academia de España en Roma el 29 de octubre. Así estuvo en la capital italiana del 26 de octubre al 6 de noviembre y, en esos días, escribió los poemas que forman el libro que nos ocupa, un libro voluminoso de más de 500 páginas que puede leerse del principio al fin, como he hecho yo o que puede ser gustado y picoteado, como el lector quiera. Si se lee desde el principio, eso nos parece, se puede entender más el aspecto personal del poeta puesto que leer sus poemas es como si nos pusiéramos de puntillas y le observásemos por encima del hombro mientras piensa, deambula, reflexiona.
En los poema nos habla de una buena amiga, Carmelita, muy presente en sus versos que es la persona que lo presentó en Roma y con quien comparte gustos y aficiones, mas, por regla general, los poemas de Montobbio se escriben en soledad, se gestan a través de su mirada y de su sensibilidad. Así lo vemos paseando por Roma, parándose en plazas y en iglesias, observando más allá de las apariencias y estableciendo paralelismos con su vida. Los ángeles, por ejemplo, en los primeros poemas se nos muestran a menudo, pero no como esos seres melifluos que a veces contemplamos en las pinturas, si no, como unas criaturas destartaladas, aunque siempre presentes, acaso como esas iglesias añejas o esas plazas escondidas en donde los turistas apenas se detienen ya que, si lo hacen, son incapaces de ver nada.
Montobbio nos habla también, y mucho, del soporte en el que escribe, de sus libretas, de cómo, poco a poco, van cumpliendo su función y deben ser relevadas por otras y de cómo él las escoge con particular fruición porque son importantes, porque le ayudan, porque son la extensión de su mano y de su corazón. No faltan los cafés ni las pizzas ni los helados porque Roma es todo eso y mucho más; tampoco faltan los momentos de desorientación personal y aquellos otros de confesión y de recuerdo. El padre del poeta, muy vinculado a Roma, le sale muchas veces a su paso, y su tía y su propia madre, a la que tiene presente en cuanto ve algo que cree que debe contarle cuando regrese porque el poeta siempre regresa, siempre sabe que volverá y, por eso, atesora esos momentos tan delicados que son sus poemas.
No faltan tampoco los poetas en los que re reflexiona acerca de la belleza, de la creación, de la vida y de la muerte (“ (…) La muerte como un mar, la muerte como/ un sol. En la muerte duerme / y se encierra el secreto de la vida.”), del paso del tiempo y de sus consecuencias.
Hay muchas alusiones a los textos que le gustan, a los poetas que le han marcado, a su propia biografía poética. Montobbio no deja de homenajear sus raíces. Acude al río, no podría ser de otra manera estando en Roma, y en el Tíber, como en un eco manriqueño, encuentra también el origen de la vida y su pasar: “(…) La vida del hombre / es la noche sobre el río..”
Montobbio no olvida tampoco la metaliteratura, esto es, la explicación de su poesía:
“Hay mucha cosa escrita sobre Roma. / También sobre las sombras. Esto / me digo, y escribo estas dos líneas/ que en el corazón podemos sentir como un poema”.
Y esa es la clave de su poesía, no el aspecto más académico, ni más formal, como decíamos, sino el sensorial, el personal, el anímico, como podemos leer en este rotundo verso: “Esto eres, poema. Eres el hombre”.
Para Montobbio la poesía es paralela al devenir del mundo, es escuchar la vida de otra manera:
“Debajo del ruido del mundo / un poeta ha de sentir como fluye ,( debajo de las apariencias y las cosas, tal un río”.
Mucho más podríamos decir de “Poesía en Roma”, porque los pasos del poeta nos llevan a los grandes monumentos romanos, pero también al ruido, al tráfico, a sus contradicciones como ciudad eterna, acaso como la propia alma del poeta. A veces en Roma llueve, otras sale el sol; otras las puertas se cierran, otras se busca un camino y se encuentra otro, en ocasiones el banco en el que quieres sentarte está ocupado por otras personas y, por encima de todo, esos ángeles destartalados de la memoria, del recuerdo, que te acompañan, que no te dejan y la melancolía de la despedidas y el buen aroma de la amistad porque eso, y mucho más, es el poemario, un brindis a la amistad, un brindis a la contemplación ensimismada y un brindis a la vida.

domingo, abril 29, 2018

Per fer el retrat d´un ocell
Jacques Prévert -Mordical Gerstein,
Kalandraka, 2018


Jacques Prévert l´any 1943 va escriure un poema preciós que, ara, Kalandraka, amb traducció de Miquel Desclot, ens ofereix en català. La versió espanyola es titula "Para hacer el retrato de un pájaro". També el podem llegir en gallec, euskera i portuguès.
Bon moment per oferir un text tan bonic com aquest a petits i grans. Faula atemporal, plena de llum i bellesa, en Jacques Prévert ens parla de la llibertat, del temps, de la paciència i, sobretot, ens permet pensar i reflexionar sobre les coses, sobre l´efímer, sobre nosaltres mateixos. El poema és, ni menys i més, una reflexió sobre l´ésser humà i la seva finitud. 
Ens trobem amb un protagonista, un noi pintor que decideix pintar una gàbia, però amb la porta oberta. Després, como a deferència cap l´ocell, pinta una cosa senzilla, una cosa maca i una cosa útil. Llavors cal esperaren un parc, en un jardí, en un bosc, al costat d´un arbre. Cal esperar amb paciència i amb els ulls del cor obert perquè les coses, de vegades, triguen o, fins i tot, no arriben, però això no vol dir pas que nosaltres no tinguem el dret de somniar-les. Un bon dia, quan ja no ho esperem, l´ocell entrarà a la gàbia i semblarà que tot estigui acabat. Ens equivoquem si creiem que podem tenir l´ocell tancat, en absolut, perquè és lliure i així ho sap el jove pintor que esborra tots els barrots i crea un decorat bonic perquè l´ocell canti. Quan canta, si és que ho fa, es quan es pot signar el quadre. En aquell moment, ja a la nit, l´ocell empren el seu vol i el quadre es queda buit... Ara bé, con podem llegir, "demà en podràs pintar un altre".
Al llibre, il.lustrat per Mordicai Gerstein, ens mostra com es va pintant el quadre; és més, primer arriba la il.lustració i després el text. Ens permet captar com es passa del món en tres dimensions al pla bidimensional. Es tracta d´un homenatge a la creativitat i a la naturalesa magnífic. No pots deixar de mirar les il.lustracions i et sembla veure com l´ocell comença a volar. Una obra d´art, sense dubte.
"Per fer el retrat d´un ocell", mitjançant algunes imatges surrealistes, permet al més petits començar a entendre que les coses no són d´una manera o d´una altra, que tot és relatiu, que no podem pretendre tenir-ho tot i que és bonic saber gaudir de la bellesa sense ser-ne propietari. Dir adéu és bo i ens permet tornar a començar.

martes, septiembre 05, 2017

Príncipe silencio (Poesía)
María García Esperón
DosOrillas, 2017

Príncipe silencio es un poemario que recoge un abanico de poemas nacidos de la emoción, de la contemplación, de ese momento en que el alma se ensimisma y vuelve a la infancia y trota, alegre, al lado de un unicornio y vuela, presurosa, con el hada más pequeña y le arranca, sin problemas, todas las palabras al príncipe más callado de los cuentos. Es en ese momento, cuando el lector se siente arropado por una antmósfera de fantasía, de riqueza expresiva, en que todo y nada, hoy y ayer, silencio y palabra se dan la mano porque, al fin y al cabo, principio y final son lo mismo, solo que desde otro punto de vista.
Los poemas del libro van desde el arte menor al mayor, desde la rima muy marcada a aquella otra leve y etérea, desde un personaje claro hasta la intuición de una presencia que es y no es al mismo tiempo.
Varios son los temas que la autora roza con su varita de ritmos. Así, el sueño es uno de los más importantes. Soñar que soñamos, soñar al otro, soñar el amor, soñar que el sueño el real, soñar, por qué no, despierto. La palabra es asimismo otro motivo de la autora, palabra callada, palabra apenas pronunciada y que ya no nos pertenece, las preguntas, sobre todo aquellas que carecen de respuesta se asoman, sin miedo, entre los versos de este libro. El paso del tiempo y la confluencia de los aspectos temporales, el hoy y el ayer y el mañana, en una especie de eterno retorno es quizá uno de los temas destacados. Los elementos de la naturaleza, las plantas, el mar, la tierra van entrelazándose para dar cuerpo a los poemas y permitir que los sentimientos fluyan. El amor, el desamor, la soledad, la búsqueda del destino y la verdad se columpian del brazo del príncipe silencio y le dan la mano al hada infinito.
Son poemas muy rítmicos, llenos de imágenes visuales, de sinestesias, que nos permiten oler, paladear, sentir, estar, ser protagonistas de muchas de las escenas que la autora nos muestra. A menudo la primera persona se hace dueña y señora de los versos y muestra un poso de ternura lleno de magia, pero también de melancolía, una melancolía de la infancia, del recuerdo, del tiempo que se nos fue, de aquel destino que nos aguardaba y pasó de lejos. Cerca y lejos, sí, como leemos en uno de los poemas, así va galopando el príncipe silencio, entre lo que no pudo ser y lo que acaso sea, pero que aún no es. La paradoja es, sin duda, una de las bazas del poemario.
En definitiva, un poemario para degustar muy despacio, para dejarse envolver sin miedo, para sentirse seducido por el poder de las palabras.

sábado, mayo 27, 2017



Empatía,
Rosario Bersabé Montes
Círculo Rojo Editorial, 2016

"Empatía" es un libro que contiene una selección de poemas que Rosario Bersabé escribió entre 2006 y 2016 llevada por la conmoción que sentía al leer o escuchar, en las noticias referencias a malos tratos o muerte, incluso, de mujeres a manos de sus parejas. Es, por lo tanto, un libro serio, conmocionado y muy ligado, por desgracia, con la actualidad que vivimos en torno a las llamadas cuestiones de género. Rosario, nos dice que “Si con mis escritos lograra que al menos una mujer aprendiera a decir basta sentiría que mis pensamientos no cayeron en terreno baldío”. Ojalá cumpla ese propósito. Son poemas especiales, con una entidad propia, con cuerpo y personalidad. Poemas que rezuman angustia, que causan desazón, que ponen el dedo en la llaga, que hieren, pero que también construyen y buscan puentes de esperanza.
De Rosario Bersabé se podrían decir muchas palabras, por ejemplo que nació en Écija en 1944 y que lleva a su pueblo en su corazón y en su alma, aunque vive felizmente en Cataluña desde hace mucho tiempo. Tardó años en darse cuenta de que la poesía la rondaba. Se preparó con prudencia y tesón y con mucha curiosidad porque Rosario es una mujer siempre en continuo aprendizaje. No fue hasta 2008 en que publicó su primer poemario, De roca y yerbabuena. Le siguieron publicaciones conjuntas y varios premios y menciones. La cruz del verbo de 2010 y El baúl de los sueños de 2013 son sus siguientes obras, aunque esta escritora astigitana no ha dejado de escribir, de crear, de tejer palabras detrás de otras. Es pudorosa con lo que escribe y no lo comparte hasta que no ha pasado por la criba de su propia auto exigencia. Empatía es, hasta la fecha, su último título publicado, aunque, conociéndola, seguro que algo nos está preparando ya.
A Rosario le preocupan algunos grandes temas, como se ve en su poesía, la memoria, el paso del tiempo, la soledad, las dudas, la tierra, el trabajo, las ausencias, el desamor, las injusticias y, sobre todo, el valor esencial de la palabra. La palabra como bálsamo para las heridas, como cura, como principio y fin de todo. La palabra. En este sentido, Rosario no solo escribe poesía adulta, sino que también se interna en la poesía infantil, como vemos en El baúl de los sueños. Lleva el ritmo en el alma, eso que Lorca llamaba duende, y es capaz de componer una décima impecable o un soneto e, incluso, alguna estrofa de aire más popular con la que requiebra a su familia o a sus amigos porque Rosario es en extremo generosa en sus poemas.
Si hasta ahora, ya nos anunciaba su sensibilidad hacia los que sufren, en Empatía, observamos un paso más, un cambio de registro por así decirlo, porque la poeta deja atrás su tono sobrio, de intimidad, y abre la puerta al grito, al espanto, al horror que le causan los malos tratos. Su poesía se convierte así en una denuncia, aunque, pese a la enormidad del tema y al compromiso que requiere, sus versos no pierden, en ningún momento, calidad poética.
Los poemas que forman el volumen van desde el verso amplio, casi libre, al arte mayor sin olvidar una estrofa que no tiene secretos para ella, el soneto. La palabra está al servicio de la denuncia, del testimonio. Son palabras duras, afiladas que se nos clavan como dardos en nuestra conciencia.
Los personajes del libro son dos, la mujer frente al maltratador. La debilidad frente a la prepotencia. Y aún hay otra voz, la de quien observa, la de quien denuncia, la voz de nuestra conciencia. A veces no existe el negro ni el blanco, solo el gris y eso la poeta lo sabe y, con extrema sensibilidad, nos ofrece una historia que va de la noche al día.
El libro se divide en cuatro partes, Amargor entre los labios (centrados en cómo se siente la persona maltratada), Todos los silencios (ahonda en el miedo en el que se instalan las personas maltratadas), Sonetos del desamor (que repasan el paisaje físico y psíquico de la persona maltratada) y Resurgir (que, como anuncia la palabra, se centra en la idea de que es posible salir adelante y empezar de nuevo).
Empatía es un poemario de coraje, valiente, honesto, que no soslaya la dureza del tema, que se convierte en un vigía que denuncia y clama a los cuatro vientos dando voz a los débiles y vulnerables y clamando con ellos. Sin duda, a nadie dejará indiferente el libro.

domingo, mayo 14, 2017




La presentación de La lucidez del alba desvelada el próximo 25 de mayo, en Madrid, en la sede de l`AEAE, reunirá, de nuevo, a amigos y creadores de las dos orillas, nombre que recibe este blog que pretende, precisamente, eso, unir las dos orillas y propiciar el intercambio cultural y humano entre todos los que creemos en la palabra.
Compartirán mesa y arroparán al poeta español, el escritor Aurelio  González Ovies, la escritora María García Esperón y quien está escribiendo estas líneas, Anabel Sáiz.



sábado, abril 01, 2017

Tren de ida y vuelta,
Mariano Vara,
Algar, 2010

Este año 2017 se conmemoran los 75 años de la muerte de Miguel Hernández, por lo tanto, nos parece un acierto retomar el libro de Mariano Vara, Tren de ida y vuelta, publicado en el año del centenario.
Las voces que hablan de verdad, que hablan de justicia, de dolor, de superación, de amor o de miedo no pasan desapercebidas porque, en la entraña misma del ser humano, se mantienen todas estas emociones o sentimientos y muchos más, sin duda, porque es difícil condensar en 12 capítulos y un epílogo la vida plena, marcada por la fatalidad y tan desbordante del poeta que fue Miguel Hernández. No obstante, Mariano Vara consigue desaparecer del relato porque, en primera persona, es el propio poeta quien, transido por los recuerdos, enfermo y desencantado, va relatando su vida, los momentos más importantes, sus sinsabores, sus aspiraciones y, sobre todo, sus anhelos. El epilogo lo ocupa otra voz por motivos obvios, ya que a Miguel Hernández lo dejaron morir en la cárcel y el narrador ha de inventar una manera para justificar el relato y lo hace apelando a un amigo del poeta que es quien toma su legado y lo termina.
Tren de ida y vuelta es un texto emocionante, realista que nos traslada a la Orihuela natal de Miguel Hernández y nos hace ver sus diferencias sociales y su capacidad de adaptación y de superación. Nos habla de Madrid, un Madrid oscuro y duro, en su primer viaje y más abierto en el segundo. Nos habla de Josefina Manresa, pero también de otras posible relación, Maruja Gallo. Nos habla de sus padres, de sus hermanos, de sus mentores, de sus amigos, de sus hijos, de sus poemas...Nos habla de todo lo que nutre a una persona, de todo lo que sirve para hacernos como somos. 
Miguel Hernández no fue un poeta cabrero, en absoluto, fue una persona que había leído mucho, bien preparada quien, en un momento de su vida, tuvo que cuidar las cabras del negocio familiar, pero en el libro se huye de ese tópico almibarado del poeta campesino. Miguel Hernández tenía orgullo y pundonor y, a veces, carecía de tacto, como cuando se dirige García Lorca o a Juan Ramón Jiménez. No obstante, supo estar a la altura de los que sufrían, de los oprimidos y les cedió su propia voz.
El texto va destinado a aquellos que quieran adentrarse en la vida del poeta para, después, comenzar a leer sus poemas, que, en Tren de ida y vuelta, se apuntan, se mencionan o se esbozan en su contexto.
Vale la pena comentar que el autor domina muy bien la época que está narrando y las personas que la protagonizaron, ya que aparecen, en su contexto perfecto, nombres como Neruda, Cossío, Buero Vallejo o Bergamín.
Conforme avanzamos en la lectura, nos vamos emocionando porque, aunque conozamos la historia, nos sigue golpeando y que se nos explique en primera persona nos parece un acierto.
En suma, Tren de ida y vuelta es un título metafórico que alude a la vida de una de las voces líricas más impactantes del Siglo XX y que nos permite entrar en esos años convulsos, previos y posteriores a la Guerra Civil en que se fraguó el carácter y el talento de Miguel Hernández Gilabert. No hacen falta excusas para entrar en su obra, pero tal vez la ayuda del libro, biográfico y muy fiel, nos empuje a hacerlo. Bienvenido sea.


domingo, marzo 26, 2017

La lucidez del alba desvelada,
Santiago Montobbio,
Los Libros de la Frontera, 2017
(El Bardo, 43)

La lucidez del alba desvelada es un libro río, un libro torrente que fluye en alocada -y viva-  carrera hacia el mar, hacia el poso y la reflexión, hacia, como leemos en el título, la lucidez del alba desvelada. Imaginamos al poeta, sin sueño, abocado a una desazón personal, a una inquietud que tiene un origen humano, un origen eterno, y que no es otra que el amor, pero no el amor pensado o anhelado, el amor trágico y desolado, no, más bien es el amor que se aguarda, que se echa de menos, que se sabe de uno, pero acerca del que se tienen dudas porque nunca podemos estar seguros de nada en este peripecia sentimental en la que caen todas las convenciones y habla nada más el alma. Imaginamos, pues, al poeta, maduro y sereno, desvelado, en un amanecer; un amanecer fecundo puesto que le da pie para ponerse a escribir poemas y más poemas, breves, en prosa, amplios, desolados, esperanzados, cargados de miedo, de lucha, de reposo, respetuosos, evocadores; poemas amplios y generosos como es la palabra del poeta. Y en este devenir que nos lleva del amanecer al día, Montobbio escribe y traza palabras y las encadena y las deja libres, y la invoca y las rechaza y las quieres y las maltrata porque así es el sentimiento del amor que aguarda, del amor que no es, pero sí es, que no llega, pero quizá llegue, que no está, pero que sí está.
Santiago Montobbio escribe estos versos entre 2010 y 2012. Son, por lo tanto, sus últimos poemas publicados. Cabe recordar que en 2009, después de veinte años sin publicar y acaso sin escribir, que es lo más duro, el poeta se desató, abrió sus compuertas y nos ofreció una tetralogía inmensa, La poesía es un fondo de agua marina, Los soles por las noches esparcidos, Hasta el final camina el canto y Sobre el cielo imposible. Con La lucidez del alba desvelada culmina, por decirlo así,cierra  esta primera etapa de madurez y lo hace ofreciendo un libro que, como estamos viendo, gira en torno al amor.
Escribe el poeta en el poema que abre el texto los siguientes versos:
"Amor que empieza, que canta, que anda.
Amor como el sueño sobre una playa".
Parece que, al principio de este largo amanecer, el poeta se sintiera optimista:
"En el temblor, en el dolor, en la luz
alta de esperanza y de mañana,
música que es solo ya cifra del alma".
 Es como si el poeta, gracias a este amor, rejuveneciera:
"Vivir en el amor esplende.
A este puerto llegue, y tú
me esperes".
En otro momento escribe:
"Sobre mi vida tú amabezcas,
luz o flor nacida para mi amor
y entre mis dedos, tras tanta espera".
Vive el amor como puerto, como llegada y como descanso, como mañana y como aire; pero también como espera confundida o como sueño y así, poco a poco, en esta duermevela, el poeta se siente desfallecer, se confunde y no distingue el sueño de la realidad:
"Eres solo un sueño, o este
temblor en que canto y
me estremezco. Adiós, beso".
Y continua, dejando atrás la esperanza:
"Eres ese poema triste
y su soledad que se desangra".
Y ponemos el dedo en la llaga al hablar de soledad, la lucidez de Motobbio es darse cuenta de que aguarda, pero lo hace en soledad y no sabe si tiene o no que seguir aguardando porque duele la espera. Continuamente empieza ahora el diós:
"y eres adiós, alba, alba,
huérfana en la nada destrenzada".
Ese amor de primavera, casi de Petrarca, se esfuma y llegan las sombras:
"Te he querido, te quise, sí, en un momento
seguro y cierto. Pero te he perdido."
En esta historia que va de la esperanza al sueño, al adiós, a la duda y a la desolación, se llega, coincidiendo con el amanecer, de nuevo al asombro, a la posibilidad de que todo es verdad, de que sigue el amor y vale la pena esperar:
"El amor da sus pasos, y tiene alas.
El amor me alcanza. Sea en él
contigo alma, alba, mañana".
Montobbio, en este camino de introspección, de autoconocimiento, acaba dándose cuenta de que es en él mismo donde acaso hallará la respuesta y trata de regresarse, de entenderse, de aceptarse:
"He tenido que volver a ser antiguo. Que ser limpio.
Que ser otra vez niño".
Al final de este periplo, los versos se trocan en prosa y evocan momentos vividos, lugares compartidos, gustos personales, afectos, aciertos y desaciertos, evocan ternuras, nostalgias y tristezas, pero son absolutamente lúcidos porque el autor está alcanzado esta clarividencia propia de los que sienten mucho, de los que tienen mucho qué decir y mucho qué sentir...Al fin "te quiero siempre viva, siempre conmigo -y siempre viva".
Sin duda son muchos más los elementos que podríamos comentar, pero valgan como anticipo para una lectura en la que el lector encontrará, dependiendo de su edad, una respuesta o una pregunta, pero jamás la indiferencia.

domingo, enero 10, 2016

Gregor Samsa frente a la ventana,
Francisco Álvarez Velasco ,
XXXI Premio Jaén de Poesía,
Hiperión, 2015.

Francisco Álvarez Velasco es un poeta que, en cada poemario, se nos da a manos llenas, derrochando lirismo y generosidad. Con justicia ha sido el merecedor de la pasada edición de los premio Jaén de poesía con este texto que estamos presentando, Gregor Samsa frente a la ventana.
Resulta muy difícil desvelar -y acertar- algunas de las claves poéticas de los 40 poemas que integran este libro intenso y hondo, tan hondo como las raíces castellanas del poeta de las que se nutre. 
Observamos a un yo lírico extrañado de lo que ve, preocupado por el presente y evocador del pasado. El campo frente a la ciudad. La infancia frente a la edad adulta. La vida frente a la muerte. La defensa del marginado frente a la prepotencia. El extrañamiendo de lo que se es frente a la solidez de lo que fue.
El poeta, sin olvidar su mirada de niño, ofrece algunos momentos de lúcida alegría frente a otros de crueldad gratuita y reflexiona, desde su ventana, como podría hacer Gregor Samsa, acerca del tiempo, de los sentimientos, de la dureza de la vida, de la ternura y de la memoria.
La acción de ofrenda, en unas manos que se abren, contrasta con la acción de negación en aquellos que nada ofrecen. Para Franscico Velasco las realidades importantes son aquellas que nos anclan a la tierra:
"Mano madre
que la hogaza cortaba
al empezar el día".
Esa misma mano, hecha de amor y de dulzura, se ve abocada al silencio cuando nada logra. Duro contraste de la vida.
"Y era triste la mano,
sin madre, amigo, amor,
hermano, padre".
El poeta observa su mundo infantil, hecho de campo, hecho de tierra, hecho de experiencias directas y valora ese mundo verdadero, sin doblez, rotundo de su niñez. Busca la luz, la esencia y acude a imágenes, hernandianas, podríamos decir para captar la esencia de su mundo:
"Mi mano te conduce
y en la cintura tienes
un valle hacia la vida
de almendros que se abren
con la luna",
Tampoco es ajeno el poeta a la crueldad que descubrió en sus primeros años, pero entiende que eso le permitió encontrar también la belleza, como vemos en sus dos poemas "Revelación 1 y 2":
"Conocía la ternura y el miedo
a la hora del milano
en el ala ahuecada y temblorosa
de las gallinas;
a la hora del trueno,
en el cirio encendido por mi madre."
Lo mejor y lo peor se dan la mano, las preguntas sin respuesta, los miedos propios y los impuestos, pero siempre la esperanza, la ilusión de la infancia aún no del todo perdida:
"Pecios de la botella
donde metió palabras algún niño
que se soñaba náufrago
en ínsulas extrañas". 
La sorpresa ante lo pequeño que, como por arte de magia, se convierte en algo importante y poderoso también se asoma a los versos del poeta, como cuando habla de los humildes adobes que:
"Hoy son muro y te ofrecen
contra la luz de julio
dónde apoyar la espalda
y el amor de la sombra".
Oficios muy cercanos a los orígenes, se describen como en un cuadro, porque así de lírica es la poesía de Francisco Álvarez. Uno ejemplo es cuando alude a los segadores de centeno:
"Vienen desde la alondra
y la última estrella
y llegan a la tarde".
Y, por supuesto, ese deseo de volver a lo que se tuvo y se perdió porque pensamos que no era importante. En el espléndido poema que da título al poemario llegamos, acaso, a la sublimación del mismo:
"¡Ay si tuviera ahora
solamente dos gotas
de aceite puro
para estas dos bisagras oxidadas,
para que el alba abriera
sus ventanas,
las cancelas de luz
                       y brisa tibia,
o dos lágrimas solas...!".
La madre, la infancia, los recuerdos, el amor, el paso del tiempo, la dureza de la vida, la ternura de algunos momentos, la grandeza de lo efímero, la soledad, el peso del mundo... son algunos de los temas con los que el poeta nos obsequia en su poemario que se cierra con otro poema rotundo, acaso el que supone mayor entrega:
"Ahora estás en la página esperando
el soplo de unos labios
y el dedo que camine los renglones
solo para vivir
unos instantes".
Francisco Álvarez Velasco brinda, por otra parte, su particular homenaje a los poetas de los que se nutre su obra y que tanto le han ayudado a crecer. Así, notamos elementos de Garcilaso de la Vega, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, García Lorca o Miguel Hernández, entre otros. Con estas influencias y su propio poso, hecho de observaciones directas, de emociones, de ternuras, de tiempo y soledad, Gregor Samsa frente a la ventana es una joya hecha poesía que hay que leer muy despacio. Seguro que cada uno descubrirá otros caminos por los que adentrar su alma.


lunes, noviembre 23, 2015

A quien corresponda,
Teresa Martín Taffarel,
Barcelona, Ediciones Carena, 2015

A quien corresponda es un poemario de una sobriedad exquisita que contiene 45 poemas destinados, como bien dice el título, "A quien corresponda". Porque... ¿quién es el destinatario de lo que la poeta escribe? ¿Quién recogerá sus versos y los hará suyos? ¿Quién acompasará su lectura a los sentimientos de quien escribe? La poesía como enigma, como carta hacia un destino dispar, heterogéneo; extraño, a veces; ajeno, otras. 
Teresa Martín Taffarel sabe de presencias, atesora ausencias, añora momentos, intuye reacciones, aguarda gestos y caras. La poeta se busca y no siempre se reconoce, pero se refleja en el que pasa, en el que no se quedó, en el que aguarda, en el que pasó de largo, en el desconocido, en el que no está... en ella misma y en sus propios duendes. Teresa Martín planta cara a la incerteza de no saber quién está al otro lado del espejo y lo busca y recrea en cada uno de los poemas de A quien corresponda.
Su poesía, ya lo dijimos, es sobria y contenida. No derrocha adjetivos, prefiere la constancia del nombre y del pronombre. ¿Qué se oculta tras el pronombre? La identidad que busca la autora y que se le esconde, como en juego de sombras y de nieblas. 
Así, inicia su camino, porque camino es el poemario, con un imperativo "Espera. No te vayas". Busca la complicidad en el otro, busca trascender la soledad:"Y yo sigo esperando". En sus poemas hay muchas paradojas y contrastes: "Porque él debiera ser tú / y yo lo sé/ y tú/ o él/ no lo sabe.../ y nunca la sobrás". 
La poesía como contraste, como alivio, como superación de la ausencia, como plano del tesoro de los emociones: "Y te devuelvo al olvido, / de nuevo/ y para siempre". La palabra no siempre sirve para expresar aquello que uno quiere decir: " y solo me queda entre las manos / un puñado de palabras mudas". ¿Por qué mudas? De nuevo la paradoja. La palabra que no sirve para la comunicación, sino al contrario, para la desazón.
 La poeta solo quiere seguir su camino, sin los lastres que la frenen. Ni obliga ni quiere que la obliguen. Da libertad a cada uno: "sin impedirte ser tú mismo / y que me dejes decidir mi pena o mi esperanza". 
Y de nuevo la palabra, que no llega a tiempo: "cuando faltaba un solo instante / para escribir la última palabra". Intuye que, en algún lugar, está ese "quien la espera", pero presiente que no lo reconocerá: "Será necesario que me llame por mi nombre, / que yo sepa entender esa llamada, / que no me rinda antes de tiempo...".
Como estamos viendo, el nombre, el vocablo es uno de los temas recurrentes en la poesía de Teresa Martín. Une, a menudo, palabra y tiempo en una especie de bucle que nos recuerda el eterno retorno: "A veces me consuelo / pensando que lo succedido alguna vez / sigue sucediendo siempre".
Son muchos los versos que podríamos recoger que aluden a ese mundo interior, a las sombras, al paisaje anímico, a las dudas, a los contrastes de la vida, al desasiego. Múltiples son las perspectivas como múltiples los puntos de vista: "Y en cada uno de los nombres / era uno y diverso".
En ese juego de espejos que es la vida y también la poesía, Teresa Martín sabe de su otredad, de ese otro que está fuera y que podría ser uno mismo. "Porque ese poeta / acaso inexistente / no es más que una transparencia /  de mi propio silencio".
Y, al fin, llegamos al final de trayecto y nos acercamos a la propia autora quien se dedica a sí misma el último poema. Aparece el desasosiego ante el paso del tiempo, la idea de ser "ayer" y no "mañana", como si ya fueran muchos los recuerdos. Poco a poco, acepta su realidad "para hacerme mañana cada día / y escuchar otras voces / y sentirme crecer en los espejos".
Como muy bien dice el poeta Carlos Skliar en el prólogo: "Una poesía como un caracol en la pared, que sube o desciende lentamente, y que crea un rastro de sonidos apenas audibles en una travesía despareja y desatenta; una poesía que, en vez de britar, nos recuerde aquello que nunca deberíamos haber perdido de vista: la atención, el cuerpo, el tiempo, el lenguaje".
A quien corresponda atañe a cualquier lector porque todos somos compañeros de viaje, todos compartimos un destino, todos nos buscamos entre las sombras. Teresa Martín Taffarel tiene el coraje y la lucidez suficientes como para invocar a esos compañeros de travesía e invocarse a sí misma en esta singladura que es, al fin y al cabo, la vida.
Poesía sobria, elegante, contenida, llena de presagios; poesía que plantea enigmas, que remueve heridas, que abre capítulos y cierra episodios; poesía que seduce y que inquieta a la vez porque... ese quien también puedo ser yo. A quien corresponda.