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domingo, enero 10, 2016



El robo de la Gioconda
Ana Campoy, Edebé, 2015.
(Las aventuras de Alfred & Agatha, 8)


A menudo, la ficción es tan poderosa como la realidad e, incluso, más. Todo depende de la imaginación y de la creatividad que tengamos. ¿Qué nos impide creer que Agatha Chrostie y Alfred Hitchcock se conocieron? Coincidieron cronológicamente y, si hubiesen sido amigos, tal vez habrían vivido las aventuras que propone Ana Campoy o quizá su amistad se habría canalizado por otros derroteros. El caso es que Ana Campoy tuvo la feliz idea, hace algún tiempo, de unir a estos dos magos del suspense, pero no de adultos, sino de niños. La infancia es el terreno más fértil y es capaz, si recibe el abono necesario, de dar grandes frutos como la alianza entre estos dos niños, Alfred y Agatha que se unen y crean la alianza Miller & Jones con la que desvelan grandes misterios de la época.
En esta ocasión, ya en el número 8 de la colección, los dos personajes han crecido, han madurado y han alcanzado una sólida amistad porque se conoce muy bien y son capaces de superar sus propias limitaciones para ayudar al otro. No nos olvidemos de otro personaje importante, Morritos, la perrilla sabuesa que los acompaña.
El padre de Agatha viaja a París para tratar de mejorar su negocio relacionado con el arte, aunque acepta la compañía de su hija y del amigo de esta. Las descripciones del París de principios del S. XX son precisas y recrean muy bien la época de la bohemia. Ana Campoy complica más la acción cuando, aprovechando el escenario y el momento histórico, acude a otros dos grandes genios del momento, el cineasta G. Méliès y el pintor Pablo Picasso. El cineasta no está pasando por muy buen momento económico, aunque acoge con amabilidad a Alfred y, de nuevo, se establecen contactos entre el pionero en el cine y un gran director en potencia, como es A. Hitchcock quien ya demuestra estar muy interesado por el séptimo arte. Picasso, por su parte, es un joven pintor que malvive como puede, que aún no es reconocido y que hace gala de un humor bastante singular.
Por si fuera poco, la autora escoge el año 1911 que fue cuando se sustrajo el célebre cuadro de la Gioconda del Louvre y Picasso fue acusado del robo. Pues bien, Miller & Jones se van a encargar de solucionar ese caso y lo harán a base de deducciones, entrevistas a posible informadores y alguna que otra casualidad. Al final, nada es lo que parece y la solución señala hacia un personaje, en principio, impoluto e inocente, pero que sea el lector quien lo averigue.
La novela se estructura en 13 capítulos más un epílogo y, en tercera persona, va desgranando, despacio, con detalles, con pistas, con descripciones singulares y muchas notas de humor, un caso que gustará a los pequeños lectores pero también al lector adulto ya que nos sumerge en una época fascinante.
Para escribir El robo de la Gioconda, Ana Campoy ha realizado una notable labor de investigación puesto que, al lado de personajes de ficción, sitúa a seres reales, en su ambiente y en su época y les hace vivir situaciones verosímiles, muy bien ambientadas y respetuosas con la historia.
La novela puede leerse con independencia del resto de aventuras protagonizados por los dos niños, aunque, con seguridad, quien la lea y no conozca el resto querrá sumergirse en  toda la serie. 

domingo, marzo 15, 2015





13 perros,
Fernando Lalana,
Bambú, 2013.

13 perros es una novela que crea adicción desde la portada, a cargo de Francesc Punsola.
La trama, muy lalaniana, por decirlo así, puesto que Fernando Lalana es un autor que imprime su personal estilo en cada una de sus obras, nos lleva de lo cotidiano a lo extravagante, de lo real a lo extraño, de lo cómico a lo serio.
El teniente Felipe Manley, del Centro Nacional de Inteligencia, descubre que el Meteosat está en peligro porque, en cuatro días, si no se resuelve el misterio, otro satélite, el Cuencasat, se autodestruirá y dañará al satélite europeo.  Ya al leer el nombre del Cuencasat, el lector se desequilibra y sigue haciéndolo al descubrir qué descabellado proyecto se esconde tras su puesta a punto.
Mientras, una maestra en paro, Elvira Ballesteros, decide sacarse el título de detective provado y logra, por casualidad, su primer caso. Tiene que descubrir la extraña desaparición de un galgo persa. Félix, su hijo de 15 años, va ayudarla; es más, será casi quien tome las riendas en el asunto.
Parece que es un caso sencillo. ¿Parece? Nos estamos equivocando al prejuzgar porque, detrás de esa y otras desapariciones, se oculta la respuesta al caso que atormenta a Manley.
La novela se desarrolla en Zaragoza, en unos escenarios reales, en donde Félix y sus amigos, en especial Cuca, progresivamente, van atando cabos y descubriendo que la venganza, es cierto, se sirve en un plato frío, más bien helado y, si no, que se lo pregunten a don Vicente, uno de los artífices del Cuencasat.
13 perros es, en principio, un relato de detectives, pero supera el género gracias a la comicidad. Las situaciones son hilarantes, pero los comportamientos de los personajes son realistas; por lo tanto se produce un contraste que hace que el lector vaya de un registro a otro, si saber si reír o preocuparse.
Por otro lado, se incluyen otros temas en el relato, como es el amor, la recuperación de la memoria, la importancia de saber mantener la palabra, el respeto a los ancianos, el valor de la palabra, la amistad o la superación de las propias limitaciones.
En cuanto al aspecto temporal, es una novela muy bien trabada, que se divide en seis capítulos y que transcurre en unos pocos días, de lunes a viernes; aunque haya referencias al pasado que nos aclaran la situación del presente. De ahí que el ritmo sea ágil y en continua expansión.
Por otro lado, los personajes, trazados con gracia y desparpajo, logran que 13 perros sea también una novela que fomenta la lectura. En especial, los jóvenes lectores se sentirán identificados con Félix, que es un muchacho con un humor especial. Cabe señalar, por supuesto, que Félix cuenta en primera persona todo el relato, por eso, su desarrollo psicólogico es notable. Es Félix también quien nos habla del resto de los personajes; de ahí que el autor desaparezca y se convierta, casi, en un espectador divertido y alborozado ante su propia obra.
13 perros es una novela destinada a un lector juvenil, pero que no desgradará a cualquier lector aficionado a la novela de detectives y al cine negro.

domingo, noviembre 02, 2014


El caso del manuscrito robado,
Leandro Sagristà,
Algar Joven, 2014.


El caso del manuscrito robado es una novela ingeniosa que combina realidad e imaginación. Podríamos calificarla de novela detectivesca, pero también de historia metaliteraria e, incluso, de relato iniciático. Su autor, Leandro Sagrsità, es profesor de lengua y literarura de Secundaria, y sabe bien cómo dirigirse a un público lector adolescente y crear intriga en torno a un tema literario como es el manuscrito en el que Bécquer escribió sus famosas "Rimas".
La historia nos presenta a un investigador privado, Don Federico Salinas, y a su discípulo, un joven que podría haberse convertido en un pícaro, de no ser por la intervención de Salinas. Gonzalo es un chio despierto, capaz y muy enamoradizo. El caso es que Salinas recibe un encargo muy extraño: descubrir quién ha robado el manuscrito de Bécquer, aunque no sea el propio Bécquer quien realice tal petición, sino unos amigos. Solo en el epílogo, Gonzalo habla de la única vez que vio a Bécquer y de la honda impresión que le causó. Añade además, que bécquer, para evitar que se conociera el hecho, fingió haber reconstruido de memoria sus Rimas en el llamado Manuscrito de los gorriones, aunque, quien lea el libro, sabrá la verdad-
Poco a poco, en primera persona, Gonzalo va tirando del hilo y nos lleva, paso a paso, por los lugares cercanos a Bécquer, Soria, Navarra,  Sevilla, Toledo, Madrid  y en los que se encuentran pistas que van a conseguir desenmascar al ladrón, un joven despechado.
La novela se ambienta en los mismos años en los que vivió Bécquer, por lo tanto el autor hace un esfuerzo importante a la hora de organizar las descripciones de los usos, costumbres y ambientes de los escenarios becquerianos del S. XIX. Algunos inventos, como la linterna mágica, son importantes para solucionar el enigma del manuscrito robado.
El libro es una muestra de ingenio puesto que las pistas aparecen de la manera más casual, a menudo revestidas de falsas informaciones y siempre ávidas de una mente entusiasta y atenta como son las de Gonzalo y su maestro, Salinas.
Sea como sea, El caso del manuscrito robado es una introducción a la figura de Bécquer y una invitación para que los jóvenes lectores sigan investigando después y profundizando en la obra de este gran autor sevillano, del que se mencionan, en el texto, varias leyendas y algunas Rimas.


miércoles, octubre 08, 2014






Ojos de lechuza o cara des pescadilla / El enigma de la habitación cerrada,
Luisa Villar - Álvaro Núñez,
Edebé, 2014. (Tucán)


A Luisa Villar la llaman "la Dama del Misterio de la Literatura Infantil y Juvenil" por su habilidad a la hora de escribir historias de detectives, llenas de intriga y misterio. Luisa Villar se acerca al pequeño lector, se pone a su altura, y le ofrece relatos bien elaborados en los que el niño es el protagonista, pero sin renunciar a las claves del género negro.
En esta ocasión , Charli, el hijo de un superdetective, es el protagonista de Ojos de lechuza o cara de pescadilla y El enigma de la habitación cerrada, que forman parte de la serie "Supercharli detective y su robot". Son dos relatos, destinados a lectores a partir de 8 años, que se pueden leer de manera independiente, aunque pertenecen a una misma serie y se repiten escenas, descripciones y personajes. Podemos mencionar, por ejemplo, a la Sra. Marga, la señora que cuida del niño y que no mantiene ningún patrón propio de las canguros (es autoritaria, mandona, no sabe cocinar apenas y parece guiarse por sus propias reglas) o aRobi, el robot de Charli, un robot muy hábil y bien descrito, que es capaz de pensar y de ayudarle a resolver los pequeños grandes enigmas y que comparte protagonismo con el niño. La madre de Charli, por otro lado,  es el personaje ausente, aunque se la menciona a menudo. Está viajando,  se ha alejado del padre para darse tiempo y decidir acerca de su futuro común. El padre, el superdetective, es un hombre de buen talante, bastante desbordado por el día a día y con poca habilidad para enfrentarse a los asuntos domésticos.


 En cada entrega se narra un caso en concreto y se presentan nuevos personajes. Así, en Ojos de lechuza se habla de una  falsificación de billetes en la que Charli es implicado y que, gracias a sus dotes de observación, acaba resolviendo. En El enigma de la habitación cerrada le ocurre algo similar, aunque en esta ocasión se trata del robo de una joya y de demostrar que la joven acusada es inocente. Siempre, de alguna manera, el menos sospechoso es el que acaba siendo el culpable y ese detalle es lo que permite al lector mantenerse con la atención activada hasta el final.
Charli es un niño simpático, al que le gusta emular a su padre, que ha aprendido a ser muy observador y que, sin resultar pedante, es capaz de llegar a conclusiones que admiran por su sencillez casi obvia, aunque a nadie se le habían ocurrido antes. Ese es el gran acierto de Charli.
Los relatos están escritos en primera persona, con gran fluidez narrativa, ya que Charli no se limita a explicar un caso, sino que aporta las pistas, la descripción de los hechos y, sobre todo, su propia realidad y las limitaciones que tiene por ser un niño y que él trata de superar con gracejo y simpatía.
Luisa Villar es muy hábil reproduciendo el discurso del niño, que se expresa con coloquialismos y con una frescura propia de la infancia que atrapa desde el primer momento. Las situaciones cotidianas se dan la mano con otras más estrafalarias que, sin embargo, no desentonan, en absoluto, porque Charli es un niño normal, solo que ha aprendido a emplear su capacidad de deducción porque quiere ser, de mayor, un detective reputado como su padre.
Álvaro Núñez es el encargado de ilustrar los libros y lo hace con unas ilustraciones directas, cercanas a la caricatura, que destacan aquellos aspectos más grotescos de los personajes -los ojos de la Sra. Marga, la boca de ciertos personajes, el sombrero de Charli, el robot...- y que causan diversión en quien las mira.

domingo, noviembre 03, 2013




La estela de la bruja,
Luisa Villar Liébana,
Barcelona, Edebé, 2013.
La estela de la bruja, de Luisa Villar Liébana atrapa al lector desde el primer momento. Es un relato de misterio narrado con mano maestra que no deja de sorprender a cada paso. La acción, la emoción, el suspense y una documentación exhaustiva se ponen al servicio de esta aventura que, de manera impecable, nos conduce a un final impensable.
Con razón a Luisa Villar la llaman “la dama del misterio de la literatura infantil y juvenil”.
Uno de los méritos del libro que estamos comentando es que se centra, espacialmente, en escenarios muy conocidos, como son Toledo o Madrid. No hay nada inverosímil en lo que narra y muchos de los lugares que se describen, como las capillas de la catedral de Toledo, no son meros decorados para la trama, sino casi un personaje más. Al lado del plano real, la autora bucea en fuentes bibliográficas y relaciona una desaparición de una talla religiosa con la brujería medieval y sus distintas formas.
Gabri es un joven detective que se dedica a investigar casos de robos y misterios relacionados con el mundo del arte a raíz de la muerte, en duras circunstancias, de sus padres, propietarios de una galería de arte. Su hermano menor, Lucas, le ayuda en la investigación. Lucas es un niño inteligente, dotado con un cerebro poco común y que va en silla de ruedas. Este detalle, sin embargo, no le impide relacionarse ni sentirse cómodo en su mundo. No perdamos de vista, también, que la narradora no deja de lanzar guiños al lector y críticas a las continuas barreras arquitectónicas con las que se encuentran las personas que, como Lucas, van en silla de ruedas.
A Gabri le encargan un caso extraño, que encuentre una talla gótica, la Virgen Coronada o Máter Amantísima. Todo se complica cuando muere, en circunstancias sospechosas, el profesor que le ha hecho el encargo. Pese a todo, Gabri decide seguir y, a través de su investigación, entra en contacto con personajes tan fascinantes como la anciana Eduina y su nieta o el sacerdote don Tarsicio.
La amistad, las dudas, los aspectos cotidianos (como comer, comprar…), las relaciones afectivas, el amor, el humor, el paisaje, la bujería, el dolor y, el arte, entre otros elementos hacen que La estela de la bruja resulte un libro cercano y, a la vez, como dijimos al principio, bien documentado y, a la vez, mágico. El pasado aflora en la novela para advertir que, a veces, si no cierran bien las heridas, estas retornan hasta que, de alguna manera, se les permite descansar.
La novela se estructura en torno a diez capítulos que, narrados en tercera persona, aunque con un uso frecuente del diálogo, nos van sumergiendo en una atmósfera en la que, poco a poco, todo confluye para que aparezca la estatua, aunque no de la forma que nos hubiéramos imaginado ni con la finalidad que el lector puede suponer al principio.
La estela de la bruja es un relato destinado a lectores desde 12 años, aunque gustará a todo aquel que disfrute con una buena narración de misterio.

domingo, noviembre 11, 2012


Misterio en el vestuario de fútbol,
Luisa Villar Liébana,
Macmillan, 2012.

Misterio en el vestuario de fútbol, de Luisa Villar, es el quinto caso de Cloti, una detective bien particular y pizpireta. Cloti, a la que ya conocemos de las anteriores entregas, es una gallina singular, moderna, al día, llena de energía y con tanto magnetismo que tiene a Matías, su ayudante en las lides detectivescas, enamorado de verdad y celoso a más no poder de todos los que miran a Cloti. Matías es un conejo muy puntilloso, pero resulta un buen complemento para Cloti. A la gallina le encanta bailar y a Matías el fútbol… Por una vez esa afición les será de gran ayuda.
La afición de Villa Cornelia está revolucionada porque su equipo estelar, las galácticas Gallinas Coloradas, están perdiendo todos los partidos para consternación de su presidente, Don Mentolín. Partido tras partido, las aclamadas jugadoras parecen perder fuerza y sufren derrotas humillantes, tanto es así que el presidente decide encargarle a Cloti el caso. Ahora bien, hay un pequeño problema… nuestra detective no tiene ni idea de fútbol, aunque para eso está Matías, el mejor hincha de las Coloradas.
Misterio en el vestuario de fútbol es un relato fresco y muy divertido, que gustará a los pequeños lectores (a partir de 8 años) y que arrancará más de una carcajada a los mayores ( de cualquier edad) puesto que Luisa Villar, de forma amena y entretenida, aborda un tema de relevancia actual: el fútbol de élite y todos sus entresijos. Cada lector puede entender lo que quiera, pero las situaciones que plantea, los personajes que aparecen y algunos de los nombres de las jugadoras son trasuntos de la realidad, aunque en clave de fábula moderna.
Cloti y Matías se sumergen en los vestuarios y observan de forma minuciosa todos los detalles. Tanto es así que Matías acaba de árbitro contra su voluntad. Las galácticas Coloradas juegan siempre una primera parte brillante, es en el segundo tiempo cuando las cosas comienzan a ir francamente mal. Parecen como idas, sin personalidad propia. ¿Qué ocurre en el descanso? Aparentemente las Coloradas toman su refrigerio con normalidad y no pasa nada. ¿O sí? Cloti acaba descubriendo un caso de corrupción porque, como dice Matías: “El dinero corrompe. Hay que estar alerta, muy alerta, porque corrompe de verdad”. Y la narradora ahí sí pone el dedo en la llaga. Al lector le queda descubrir el resto.
El relato, en suma, está bien planteado, contiene momentos de humorismo, aventura, reflexiones y diálogos chispeantes entre Cloti y Matías. Los personajes, como siempre, están muy bien caracterizados y presentan hábitos y usos o manías humanos, como Don Mentolín que colecciona y lleva corbatas, a cual más estrafalaria. Las ilustraciones de Emilio Urberuaga saben compaginar y plasmar con acierto esa dualidad de los personajes, que no pierden sus rasgos animales, por mucho que se vistan como humanos. Cloti es una esbelta gallina que gusta de los tejanos, mientras que Matías prefiera la pajarita y las corbatas.
En suma, una narración divertida e ingeniosa, de las que crean lectores.

domingo, noviembre 20, 2011



El chelín de plata,
Ana Campoy
Barcelona, Edebé, 2011


Si el lector ha leído la primera aventura de Alfred y Agatha, Los diez pájaros de Elster, ya conoce a este par de niños especiales; aunque, si no lo ha hecho, puede leer sin problemas El chelín de plata, ya que son historias diferentes, aunque con los mismos protagonistas y planteamientos similares. Eso sí, hay que advertir que Alfred es Alfred Hitchcock y Agatha, Agatha Christie. Ni más ni menos.
En esta ocasión, el joven Alfred está más que contento porque, por sus buenas notas, su padre le ha regalado un chelín de plata y Alfred nunca ha tenido nada igual entre sus manos. Se lo enseña a su amiga Agatha quien lo espera con una sorpresa: van a conocer a un vecino escritor que es, ni más ni menos, que A. Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes. La visita será el inicio de muchas más ya que el escritor está escayolado y no puede moverse, aunque sí es capaz de llegar a deducciones impresionantes. Alfred está encantado. No le pasa lo mismo a la perrita, a Morritos Jones, quien siente celos hacia el nuevo amigo de su ama. La novela se complica cuando Morritos desaparece y llega un extraño mensaje a base de números que los niños han de descifrar. Poco a poco lo que parecía una desaparición casual se convierte en algo mucho peor, ya que Morritos acaba en un circo, a punto de realizar un peligros número sobre la cuerda floja. Los niños, un nuevo vecino con fama de huraño, la propia institutriz de Agatha y, por supuesto, el escritor, acaban triunfando y recuperando a Morritos. Y aún hay más, Conan Doyle que llevaba mucho tiempo sin escribir, que estaba harto de su personaje al que había matado en su última novela, lo resucita para escribir El perro de los Baskerville. ¿Y en quién se inspira? Pues en Morritos, claro que sí, y en su secuestrador.
El chelín de plata combina aspectos imaginarios y otros absolutamente reales, como es chelín de Alfred o las referencias espaciales que se citan en el libro. En esta ocasión también se habla del circo, un espectáculo, que en la fecha en la que transcurre la historia, a principios del S. XX, eran espectáculos llenos de números chocantes, como la mujer barbuda o la exposición de alguna persona con defectos físicos. El libro también alude al posible embrión de una de las películas más importantes de  Hitchcock, La ventana indiscreta. Uno de los vecinos de Agatha, llamado Foster, quien pasa por ser una persona excéntrica y huraña, es quien, mirando por la ventana descubre las distintas peripecias que se dan en su barrio.
En El chelín de plata se consolida la amistad entre Alfred y Agatha. A Agatha, de la alta sociedad, no le importa la procedencia de Alfred y lo valora por lo que es, por su ingenio y por su capacidad de pensar. Eso permite que Alfred mejore en su propia percepción y cambie de ser un niño temeroso y a ser una persona más confiada en sí misma. En ese sentido, la evolución de los personajes es uno de los atractivos de la novela.
Hay otros muchos aspectos que contribuyen a que El chelín de plata sea lea con gusto y agrado. Ana Campoy se ha documentado con rigor, pero incluye los datos y los elementos reales en su historia de una manera amena, sin forzar la trama, haciendo que la acción fluya hacia un final feliz, aunque lleno de peligros.
El chelín de plata, como ocurría con Los diez pájaros de Elster, aspira a todo tipo de lectores, niños y adultos porque ambos encontrarán elementos de interés. A los niños les gustará la peripecia de Morritos, por ejemplo; mientras que los mayores aprenderán a mirar, con otros ojos, la realidad porque, a menudo, las apariencias ocultan informaciones falsas. Y si no que se lo pregunten a Miller&Jones, los dos detectives protagonistas de la serie.
















































martes, noviembre 15, 2011


Los diez pájaros de Elster,
Ana Campoy,
Edebé, Barcelona, 2011
(Las aventuras de Alfred&Agatha)



Los diez pájaros de Elster, de Ana Campoy, es el primer volumen de “Las aventuras de Alfred & Agatha”. Los protagonistas no son dos chicos cualquiera, no son un niño y una niña anónimos, qué va. Ahí está la sorpresa. Los protagonistas son, ni más ni menos, Agatha Christie y Alfred Hitchcok. ¿Cómo puede ser?, se preguntará el lector. ¿Y por qué no?, se dirá en cuanto lea la aventura. Alfred y Agatha fueron niños, vivieron su infancia, como todo el mundo, y Ana Campoy ha decidido fabular en torno a esta posible relación. Lo ingenioso de la trama es que, por un lado, gustará a los lectores pequeños ya que el caso de investigación que resuelven Agatha y Alfred, con la ayuda de una perrilla singular, Morritos Jones, es ocurrente y está lleno de elementos que lo hacen muy cercano a los niños, como los problemas de Alfred en el colegio y en su casa. Hasta aquí perfecto, pero es que la novela entretendrá a los lectores adultos a los que les hará atar cabos, como en un puzzle muy bien construido, porque en Los diez pájaros de Elster se encuentran pistas para entender el origen de la mítica película Los pájaros y de la no menos mítica novela Diez negritos.
Ana Campoy empieza la novela describiendo a un niño singular, Alfred, que tiene una extraordinaria capacidad para los inventos y una no menos extraordinaria capacidad para meterse en líos. Tanto es así que su padre, habitualmente pacífico, le pide al comisario que lo encierre una noche en el calabozo a ver si aprende. Alfred conoce a otro preso, Víctor y éste le lleva a Agatha. Víctor le suplica que hable con ella y lo que no sabe Alfred es que se trata de una niña, de clase alta, que se dedica a resolver pequeños casos entre su selecto vecindario. Alfred, que procede de un barrio de clase media, se asombra por el lujo en el que viven los vecinos de Agatha y su propia familia. No obstante, también advierte que la niña, que se apellida Miller, su apellido familiar, lo trata con total normalidad. Alfred encuentra, por fin, a una amiga de verdad y eso lo alivia y lo reconforta e, incluso, lo hace más fuerte.
Alfred se ve envuelto en una peripecia que él no había buscado y acaba, con Agatha y Morritos Jones, viviendo una auténtica aventura en torno a la desaparición de inas lujosas figuras con forma de pájaro que han sido sustraídas en casa de los Elster por el jardinero, Víctor. Aunque la realidad no es tan fácil y es lo que van a descubrir esta curiosa pareja formada por un futuro cineasta y una futura escritora de novelas policíacas.
Los personajes principales están muy bien descritos. Alfred se comporta como un niño observador, curioso, que teme no encajar en ese ambiente de lujo y Agatha es descrita como una niña flacucha, muy bien vestida, que disfruta con su habilidad para la deducción. La perrita, Morritos Jones, es un rasgo de imaginación por parte de la narradora, aunque tiene un peso importante en las aventuras. Morritos además presenta una característica singular: tiene dos rabos. No es una perra fácil de entender ni aprecia a Alfred, pero sí colabora en la resolución de los casos.
Los diez pájaros de Elster se divide en diez capítulos más un epílogo y está escrito en tercera persona por una narradora que, poco a poco, va presentando a sus personajes y permitiendo que ellos mismos se muestren al lector. Los diálogos, en ese sentido, son muy importantes, así como las descripciones de los escenarios y de los pequeños detalles. No olvidemos que la novela es una novela de detectives, aunque los detectives sean dos niños. El volumen se cierra con un capítulo titulado ¿Sabías qué…? en donde se aportan algunos de los detalles que el lector adulto ha podido entender y que aún le faltan al lector niño.
En definitiva, aguardamos con mucho interés los siguientes casos de esta pareja de detectives de “ficción” que bien pudieron haber sido reales.

lunes, septiembre 26, 2011

Misterios, S. L.
Francesc Gisbert,
Alzira, Algar, 2010



Francesc Gisbert (Alcoy, 1976) firma este libro de misterio e intriga que obtuvo el VIII Premio de Narrativa Infantil Vicent Silvestre. Misterios S. L. se incluye en la colección Calcetín Azul, de la editorial Algar y va destinado a lectores desde 12 años. Un año más, 13, tiene la narradora del libro, Alicia, quien, por motivos laborales de sus padres, tiene que cambiar de residencia e irse a vivir al pueblo, con su abuela. La abuela vive con una hermana, la tía Sofía, una mujer de carácter desabrido y maneras antipáticas, aunque… con un secreto que la hace más que singular. Alicia descubre, asombrada y perpleja, que la tía Sofía, una aparente vieja solterona agriada, es, en el fondo, una detective sagaz. Sofía con su perro Poirot y sus grandes dotes de observación logra desentrañar los misterios más ocultos que escapan, incluso, a la policía.
Alicia decide recoger en Misterios S. L., seis de los casos más interesantes que su tía-abuela resolvió. Entre Sofía y Alicia se establece una especie de acuerdo tácito por el que ambas se entienden. Alicia colabora con Sofía y, a cambio, ésta la obsequia con clases magistrales en torno al mundo de la investigación privada. Y es que para Sofía no hay un caso más importante que otro. A ella le importa todo. Es tan curiosa que hace de su curiosidad un arte. Además tiene una baza escondida con la que juega continuamente y es su apariencia de mujer mayor, bajo la que esconde una potente mente capaz de analizar los datos más simples y escondidos.
Misterios S. L. es, por lo tanto, un conjunto de relatos escritos en 1ª persona por Alicia quien aprende a valorar a su tía y acaba aceptando que, bajo su apariencia hostil, se esconde una persona capaz de descubrir los mayores enigmas. Con Sofía vivirá grandes aventuras e, incluso, participará en la resolución de casos peligrosos, todo sin mover ni una ceja, porque Sofía solo emplea –o ni más ni menos- el método de la observación sistemática que le lleva a deducir y a resolver los casos. Además, conoce muy bien el alma humana y sus misterios.
El libro está lleno de descripciones curiosas, de alusiones a personajes dispares y de mucha gracia porque Alicia lo narra todo, con la precisión y la inocencia de sus 13 años, aunque sin olvidar una buena dosis de ironía.  Cada caso forma una unidad independiente, con un principio y un desenlace, siempre positivo.
 Pensamos que la tía Sofía y su sobrina Alicia forman un buen equipo, el cual, es posible, vuelva a trabajar de nuevo. Uno de los valores del libro, precisamente, es el desmitificar el rol de las personas mayores que, en el caso de Sofía, poco tiene que ver con su apariencia. Además, permite demostrar que la relación entre una anciana y una niña puede ser más que enriquecedora, como le ocurre a Alicia.