miércoles, abril 13, 2011




Rafael Alberti fue, durante muchos años, el último poeta de la Generación del 27, la voz viva de la Edad de Plata. Nació en el Puerto de Santa María (Cádiz) el 16 de diciembre de 1903 y murió en Madrid el 28 de octubre de 1999, pocos meses antes de llegar al año 2000 que era la ilusión del poeta. Empezó a estudiar con los jesuitas, pero abandonó el bachillerato porque se dio cuenta de que su vocación era la pintura o eso creyó al principio. En 1917 se traslada a Madrid con su familia y comienza a exponer sus cuadros en el Ateneo, aunque, a raíz de una convalecencia que pasó en la sierra de Guadarrama empezó a orientar sus pasos hacia la poesía, aunque la pintura no le abandonaría nunca. Sus primeras colaboraciones son el las revistas vanguardistas “Horizontes” y “Alfar”. Va muy a menudo a la Residencia de Estudiantes y allí traba amistad con Federico García Lorca y otros residentes como Dalí o Buñuel, aunque la amistad de Lorca fue la que lo marcaría durante toda la vida. A Alberti siempre le pesó el asesinato de Lorca y a él dedicó varios sentidos poemas como el que sigue, incluido en “Canciones del alto valle del Aniene”:
“Federico.
Voy por la calle del Pinar
Para verte en la Residencia.
Llamo a la puerta de tu cuarto.
Tú no estás.

Federico.
Tú te reías como nadie.
Decías tú todas tus cosas
Como ya nadie las dirá.
Voy a verte a la Residencia.
Tú no estás.

Federico.
Por estos montes del Aniene
Tus olivos trepando van.
Llamo a sus ramas con el aire.
Tú sí estás”.

Alberti estuvo invitado por Lorca a visitar Granada, pero por distintos motivos no llegó a ir nunca y, cuando murió su amigo, Alberti se prometió no pisar nunca Granada, como leemos en su poema “Balada del que nunca fue a Granada”; tanto fue así que tardó más de 40 años en ir y lo hizo recordando siempre al amigo. Veamos cómo lo describe en “La arboleda perdida”:
“Moreno oliváceo, ancha la frente, en la que le latía un mechón de pelo empavonado; brillantes los ojos y una abierta sonrisa transformable de pronto en carcajada; aire no de gitano, sino más bien de campesino, ese hombre, fino y bronco a la vez, que dan las tierras andaluzas. (Así lo vi esa tarde, y así lo sigo viendo, siempre que pienso en él). Me recibió con alegría, entre abrazos, risas y exagerados aspavientos. Afirmó conocerme, y mucho, igual que a mis parientes granadinos.”
En 1925 obtiene el Premio Nacional de Literatura con “Marinero en tierra”. En 1930 conoce a María Teresa León. En 1931 se afilia al partido comunista y durante la guerra civil es muy activo y escribe distintas composiciones poéticas muy de circunstancias. En 1936 dirige la revista “El mono azul”. Se exilia con su esposa, María Teresa León, y visitan Rusia aunque viven, al principio, en la Argentina. En 1941 nace su hija Aitana. Tras muchos años de residir en Buenos Aires se trasladan a Roma hasta 1977 en que, con la muerte de Franco y la transición, pueden regresar a España en donde permaneció hasta su muerte. Durante la primera legislatura democrática es elegido diputado por el partido comunista. Resultó una lección de historia viva verlo llegar al Congreso del brazo de Dolores Ibarruri, la Pasionaria. En 1980 recibe en Bulgaria el premio Kristo Boten, el Premio Nacional de Teatro en 1981 y en 1983 obtuvo el Premio Cervantes. Es nombrado Doctor honoris causa por la Universidad de Cádiz en 1985. En 1990 contrajo matrimonio con María Asunción Mateo. En 1994, entre otros reconocimientos, se constituye la fundación Rafael Alberti en El Puerto de Santa María y, en 1996, es nombrado “Alcalde perpetuo” de este mismo municipio. Alberti siguió escribiendo hasta su muerte – “Fustigada luz”, “Golfo de sombras”, “Los hijos del Drago” y otros- y pintando. Destacan sus recitales poéticos al lado de Paco Ibáñez en donde la voz de Alberti resonaba poderosa y recia.
Su mujer, María Teresa León, fue el apoyo del poeta, una mujer bellísima y de gran cultura, escritora también, que, al final de sus días, extravió la memoria por culpa, quizás, de tanta sinrazón política. Hacia María Teresa León tiene el poeta siempre palabras de amor y cariño, fue la madre de su única hija también. No obstante otra mujer ocupó parte del corazón del poeta en los últimos tiempos, María Asunción Mateo. Alberti, en la quinta parte de su “Arboleda perdida” reconoce el poso que le dejaron estas dos mujeres: “... me han acompañado, en momentos muy distintos de mi vida, María Teresa y María Asunción. Ellas, con esa sabio entereza que sólo poseen las mujeres, han sido los auténticos ángeles en momentos muy distintos de mi vida, los pilares más fiemes y sólidos que han alentado mi desánimo, que han sabido convertir en cálidos muchos momentos difíciles, impulsando con serena inteligencia mis proyectos y manteniendo siempre a babor el timón de la, tantas veces, insegura vida cotidiana de este pobre poeta con sueños marineros, eternamente inútil para enfrentarse a los avatares en tierra firme”.
Alberti es un poeta de una fecunda obra que ha ensayado gran variedad de temas, tonos y estilos. Gerardo Diego le llamaba “poeta de veras y de burlas”. Su producción alterna distintas etapas, va desde la poesía tradicional hasta la más pura o barroca, pasando por la vanguardista; emplea el humor, la angustia, los elementos políticos y un sinfín de recursos originales. Alberti opinaba, con el tiempo, que su poesía anterior a 1931 era “poesía burguesa” y se volcó en escribir, al menos durante un tiempo, una poesía al servicio del ideal político.
No obstante, él mismo comentaba en 1931, y a ello nos remitimos, que “He intentado muchos caminos, aprovechándome a veces de aquellas tendencias estéticas con las que simpatizaba. Los poetas que me han ayudado, y a los que sigo guardando una profunda admiración han sido Gil Vicente, los anónimos del Cancionero y Romancero españoles, Garcilaso, Góngora, Lope, Bécquer, Baudelaire, Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado”, aunque con Juan Ramón Jiménez habría de mantener una agria polémica ya que dejó de considerarlo un maestro en cuanto abandonó la poesía pura y el poeta de Moguer se sintió traicionado, mientras Alberti no dudó en atacarlo.
Alberti ha escrito cerca de treinta libros; por lo tanto se trata de una obra viva, sugerente y muy variada.

PRIMERAS OBRAS

Alberti, como ya hemos dicho, se estrenó como poeta en 1924 con “Marinero en tierra”. En palabras del propio Alberti, el libro está compuesto “al son del agua y el aire guarrameños”, aunque, ya lo vemos por el título, siente una nostalgia terrible de su mar natal y se ve a sí mismo como un marinero desterrado en tierra. Cabe destacar que en jurado que le otorgó el premio estaba Antonio Machado. Los versos de “Marinero en tierra” están llenos de pintura, de luz y de colorido. Podemos poner como ejemplos de este poemario inicial un par de poemas muy conocidos que sirven para ilustrar ese desarraigo que Alberti sentía del mar:
“El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños, la marejada
Me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
Acá?”
Alberti, de alguna manera, culpa a su padre y le recrimina que lo haya llevado a Madrid, “acá”. Obsérvese la imagen bellísima de los versos 5 y 6. El poeta se siente desenterrado del mar, cuando, paradójicamente, tendría que ser al revés.
Otro poema de su primer libro es el siguiente, que sigue hablando de la nostalgia que siente por el mar. Son particularmente bellos la última secuencia de versos que forman una concatenación:
“Si mi voz muriera en tierra,
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
Llevadla al nivel de mar
Y nombradla capitana
De un blanco bajel de guerra.
¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!

Esta primera etapa presenta elementos neopopulares, inspirados en su tierra andaluza. Siguen estos rasgos, más elaborados, en libros como “La amante” (1925), escrito durante un viaje que hizo con su hermano por Castilla, y “El alba del alhelí” (1926), lleno de ritmos populares, pero ya con elementos que enlazarán con la siguiente etapa. Leamos un ejemplo de poesía inspirada en el Cancionero, incluida en “La amante”:
“Por amiga, por amiga.
Sólo por amiga.
Por amante, por querida.
Sólo por querida.
Por esposa, no.
Sólo por amiga”.



BARROQUISMO Y VANGUARDISMO

La celebración del centenario de Góngora, que dio nombre a su generación, influyó también en Alberti y en su siguiente libro, “Cal y canto” (1927), que es libro que supone la entrada de Alberti en las vanguardias. En el libro hay un reconocimiento a Góngora, es cierto, pero también incluye poemas vanguardistas como “A Miss X”, “Madrigal al billete de tranvía”, “Venus en ascensor” o “Platko”, que era un portero húngaro del Barcelona. Sigue en la línea con el libro “Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos” (1929), que está dedicado a los grandes actores del cine mudo como Charlot, Búster Keaton o Laurel y Hardy.

SOBRE LOS ÁNGELES

“Sobre los ángeles” (1928) supone la culminación de la poesía de Alberti. Lo escribió en Tudanca (Santander) en casa del escritor José María de Cossío, en una etapa de zozobra espiritual. En palabras de Pedro Salinas, los ángeles de Alberti se llenan “de resplandores siniestros, señoreados por las pasiones y los defectos: el ángel bélico, el rabioso, el mentiroso, el envidioso, el vengativo, el avaro, el tonto; ángeles de lugares; de las bodegas, de las minas, del colegio; ángeles tocados de cualidades de la materia: el ceniciento, el mohoso, el de carbón, el de arena”. Y, por supuesto, el ángel bueno. El ángel de verdad. Así sus poemas se titulan “El ángel de la ira”, “Los ángeles bélicos”, “Los ángeles crueles”, “El ángel desengañado”, “El ángel sin suerte”, “Los ángeles mohosos”, “Los ángeles muertos” o “Los ángeles de las ruinas”.
“Sobre los ángeles” supone también una renovación en la forma, ya que se acerca a la nueva estética surrealista, que seguirán también Cernuda o Lorca, aunque no todos los críticos o estudiosos estén de acuerdo a la hora de decir si existió o no el surrealismo en España; sea como fuese la obra de Alberti está llena de elementos oníricos y de incoherencias formales o lógicas, según se entienda; aparte de las metáforas que aluden al ámbito de lo irreal, del subconsciente, por así decirlo. Sirva de muestra el poema titulado “Los dos ángeles”:
“Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.
¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas múltiples,
Clavándose en mi cuerpo,
En mis alas sin plumas,
En lo que nadie ve,
Vida.
Me estás quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Luzbel de las canteras sin auroras,
De los pozos sin agua,
De las simas sin sueño,
Ya carbón del espíritu,
Sol, luna.
Me duelen los cabellos
Y las ansias. ¡Oh, quémame!
¿más, más, sí, sí, más! ¡Quémame!
¡Quémalo, ángel de luz, custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado en las tinieblas!
¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!”

Siguiendo esta estela, en “Sermones y moradas” 81929-1930), Alberti aumenta la oscuridad, el automatismo y el absurdo. Alberti, en el libro, se llena de angustia y alude continuamente a la deshumanización del mundo. La primera mitad del libro está escrita en versos cortos y después los poemas pasan a estar compuestos en versículos.

POESÍA COMPROMETIDA

A partir de 1931 el compromiso político de Alberti llega a su poesía y se refleja en su libro “El poeta en la calle” (1936). Aquí incluye una seria de romances de la guerra que continúan con unos poemas que aluden a la resistencia de Madrid y que llevan como título “Capital de la gloria”. Los ecos de la guerra civil se aprecian también en “De un momento a otro” y “Entre el clavel y la espada” (1939-1940). A esta poesía el poeta la llama “poesía civil”. Así comenta el poeta: “Antes mi poesía estaba al servicio de unos pocos. Hoy no. Lo que me impulsa a ella es la misma razón que mueve a los obreros y a los campesinos, o sea, una razón revolucionaria”. Es decir, no todos los poemas que escribe en esta época son grandes poemas, ya que podríamos decir que lo que escribe es “poesía de urgencia”, rápida y, a veces, como observan sus estudiosos, panfletaria.
Acaso uno de sus poemas más bellos, perteneciente a esta etapa sea “Se equivocó la paloma”, que conocemos bien en la versión musicada y cantada por Ana Belén:
“Se equivocó la paloma.
Se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur.
Creyó que el trigo era agua.
Se equivocaba.
Creyó que el mar era el cielo;
Que la noche, la mañana.
Se equivocaba.
Que las estrellas, rocío;
Que el calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falta era tu blusa;
Que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.
(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama)”.



POESÍA DEL EXILIO

En el exilio Aberti abarcará diversos temas, desde una poesía de corte clásico, “A la pintura” (1952), dedicado a los pintores que él admira, hasta una poesía de acento crítico y neopopular, “Coplas de Juan Panadero”.
En los años del exilio su poesía se tiñe de nostalgia hacia la tierra que tuvo que dejar, pero alude también a su nueva patria, la hispanoamericana. Así lo vemos en “Pleamar” (1942-1944), “Retorno de lo vivo lejano” (1952), escrito en arte mayor, y “Baladas y canciones del Paraná” (1954), que mantiene ritmos populares. Por ejemplo, en unos versos de “Baladas y canciones del Paraná” leemos:
“Hoy las nubes me trajeron,
volando, el mapa de España.
¡Qué pequeño sobre el río,
y qué grande sobre el pasto
la sombra que proyectaba!”.

Ya en Roma escribió “Roma, peligro para caminantes”. Podemos hablar de otros títulos como “Abierto a todas horas”, “Los ocho nombres de Picasso” y algunos más.

ÚLTIMOS LIBROS Y TEATRO

De vuelta a España, Alberti siguió publicando poesía y buena muestra de ello es su libro “Fustigada luz”.
Aparte, Alberti también escribió teatro, aunque poco conocido en España. Podemos hablar de “El hombre deshabitado” (1930), “Fermín Galán” (1931), sobre un héroe republicano fusilado, “El trébol florido”, “El adefesio” (1944) y “La Gallarda”. No nos olvidamos de “Noche de guerra en el Museo del Prado” (1956) que es su obra más importante, teñida de elementos políticos.
Alberti también escribió prosa, “Imagen primera de...” (1945) en donde traza la semblanza de artistas y escritores con los que tuvo alguna relación y, sobre todo “La arboleda perdida” (1949 y 1987) que es, por decirlo así, un libro de memorias, lleno de recuerdos, de nombres y, sobre todo, de sensibilidad. En la primera parte, por ejemplo, Alberti explica, de manera muy melancólica, el porqué del título: “Ahora, según me voy adentrando, haciéndome cada vez más chico, más alejado punto por esa vía que va a dar al final, a ese “golfo de sombra” que me espera tan sólo para cerrarse, oigo detrás de mí los pasos, el avance callado, la inflexible invasión de aquella como recordada arboleda perdida de mis años”. En su segunda parte, al hilo de los años que han pasado, escribe: “Ahora me encuentro reposando un poco, aunque vuelve a inquietarme la memoria todo aquello que seguramente no conté, y lo mucho, muchísimo, que debo decir aún en un tercer volumen, que casi ya estoy escribiendo. Y las hojas todavía colgando de las ramas de mi Arboleda seguirán desprendiéndose hasta dejarlas convertidas en ramas secas, mudas, calladas para siempre”.

CONSIDERACIONES FINALES

Alberti es un poeta con una variedad de registros riquísima, un poeta que hay que analizar despacio porque se ha paseado, con aciertos o desaciertos, por una cantidad de temas y formas y estilos realmente amplios. Es un poeta, como hemos visto, desigual y contradictorio, aunque eso no tiene que menoscabar sus grandes aciertos y su mejor poesía que es, seguramente, la poesía pura. Destaca, sobre todo, su sensibilidad, su humanidad, su calidad personal. Alberti, sin duda, es uno de los poetas más importantes del S. XX.

BIBLIOGRAFÍA

-ALBERTI, Rafael: “La arboleda perdida”, Barcelona, Bruguera, 1980, (Libro Amigo).

-ALBERTI, Rafael: “La arboleda perdida” (segunda parte), Barcelona, Círculo de Lectores, 1988.

-ALBERTI, Rafael: “La arboleda perdida” (quinto libro), Barcelona, Anaya y Mario Muchnik, 1966.

-ALBERTI, Rafael: “Rafael Alberti para niños y niñas... y otros seres curiosos”, Madrid, Ediciones de La Torre, 1987, (Alba y Mayo, 490).

-GAOS, Vicente (edición de): “Antología del grupo poético de 1927”, Madrid, Cátedra, 1977, (Letras Hispánicas, 30).

-GARCÍA POSADA, Miguel: “Los poetas de la generación del 27”, Barcelona, Anaya, 1992, (Biblioteca Básica de Literatura).

-NAVARRO DURÁN, Rosa: “Vanguardismo. Generación del 27”, Alambra Longman, Madrid, 1988, (Cuadernos de COU y Selectividad, 6).

-ORTEGA, Esperanza (edición de): “Antología de la generación del 27”, Madrid, Anaya, 1987, (Biblioteca Didáctica, 23).

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