martes, octubre 18, 2011

¿Y para qué sirve un libro?
Alfredo Gómez Cerdá,
Madrid, SM, Gran Angular, 6.




Alfredo Gómez Cerdá es un escritor siempre ocurrente que reinventa sus historias una y otra vez. Por eso sus lectores lo siguen con interés, porque nunca se repite y siempre acaba sorprendiéndoles. En esta ocasión, en ¿Para qué sirve un libro? se permite una especie de juego entre él y los personajes que crea ya que ofrece doce posibles usos de un libro. Para qué alguien diga que un libro no sirve para nada… que lea las posibilidades que conoce Alfredo Gómez Cerdá.
En doce relatos, el escritor madrileño condensa vidas, afanes, miedos, superaciones, dudas e ilusiones de un puñado de personajes que derrochan fuerza e interés. Cada uno de estos personajes merecería atención aparte porque ninguno se repite, ninguno se conoce, pero todos acaban unidos, en positivo o en negativo, por un libro, sea el que sea. Desde el ciclista que, embebido en su lectura, olvida todo y pierde el tour, hasta el hombre que supera un problema con una hoja de La Biblia hasta aquel que se salva de morir gracias a un libro e, incluso, el contrario, el peletero judío que ha de suicidarse por culpa de otro libro… Hombres y mujeres muestran sus vidas, sus afanes. Son personajes comunes, ni siquiera antihéroes, gentes que van y vienen y que, en algún momento de sus vidas, acuden al libro como objeto, para que les ayude a nivelar una mesa, a superar su vida gris o a esconder sus secretos.
En cada uno de estos relatos Alfredo Gómez Cerdá adopta un tono, ya sea irónico, comprensivo o crítico. No hay que olvidar que el escritor observa su mundo y emite sus juicios, aunque no lo hace directamente, no, sino mediante el ejemplo o las palabras y actitudes de sus personajes. Acaso el cuento más duro sea “Un libro sirve… para ahogarse en un río”. En otros echa mano a su imaginación y también critica a esos personajes famosos, que amparados en su nombre, se dejan llevar como en “Un libro sirve para hacer una película de éxito”, en donde un escritor cede su obra para una película que, de mano en mano, acaba convertida en cualquier otra cosa… pero, pese a todo, gana un premio porque quien la dirige es famoso. ¿No nos hace reflexionar esta idea?
La ironía se cuela por “Un libro sirve para que te erijan una estatua” o en “Un libro sirve para hacerte un regalo perfecto”, en el que se van dando la mano distintas casualidades para que el libro vuelva a su primer dueño.
¿Para qué sirve un libro? no es necesariamente un libro destinado al público juvenil, ya que ni los personajes ni las tramas son inicialmente de su interés; pero sí va destinado a un lector, sea joven o adulto, que guste de los finales sorpresivos, que se emocione ante los avatares de los personajes, que sienta como suyos los dolores ajenos… que, en suma, disfrute imaginando nuevas situaciones.
Al final del libro, Alfredo Gómez Cerdá nos tenía reservada otra pregunta y otra respuesta porque un libro, además de para lo que se ha visto, también sirve para leer. Ni más ni menos, podríamos decir; pero ésa, como dice el autor, es una cuestión que cada uno debe responderse. La lectura, después de todo, tiene múltiples tantos beneficios como lectores.
Por último, es muy interesante la entrevista que se incluye al final, como apéndice, en la cual el autor explica sus motivaciones, sus intereses, habla de los personajes y, en definitiva, se acerca a su lector para hablarle, de tú a tú, de los relatos que acaba de leer.

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