domingo, octubre 30, 2011

La aprendiza de bruja, Marian Broderick,
Barcelona, Hermes, 2011, (Pícnic, 19)




La pequeña Ana Kelly está muy feliz porque, por fin, va a ser adoptada por dos hermanas que, en apariencia, la van a querer y cuidar mucho. Ana vive desde que nació en un orfanato y tiene muchas ganas de ser una niña normal, de ir al colegio, de tener amigas… No obstante, la casa de sus tutoras no será, precisamente, un lugar adecuado para una niña. Para empezar la obligan a hacer cosas extrañas, a trabajar mucho y la hacen comer alimentos repulsivos… porque las dos hermanas son, ni más ni menos, que brujas. Cuando Ana lo descubre no se amilana y planta cara a su destino porque ya está harta de que las cosas no le salgan mal. Una de las tutoras es más débil, pero la otra castiga a Ana en el sótano y allí descubre un libro asombroso: un libro de sortilegios.
Ésta es la trama de La aprendiza de bruja, de Marian Broderick, que, contrariamente a lo que hace suponer su título, no es un relato de miedo ni de brujerías, sino de falsas apariencias. Ana quiere ser normal a toda costa y, cuando se da cuenta de que ella sí que es una bruja, no le gusta, se asusta casi y decide no decirlo nunca, aunque no puede evitarlo. De alguna manera, gracias a esta cualidad singular, Ana puede acceder al colegio, conocer a la directora y… empezar a vivir su vida de niña pequeña, al lado de una de las tutoras, porque con la otra, ¡ay, con la otra!, ha pasado algo que el lector deberá averiguar con la lectura del texto.
La aprendiza de bruja va destinada a los lectores desde 8 años de edad y está estructurado en breves capítulos. La historia, narrada en tercera persona por un narrador cómplice, está llena de ironía dulce y de momentos de humor. Los episodios que Ana vive cuando es encerrada y obligada a trabajar no se describen de manera dura, sino que Ana los vive de forma positiva, ya que tiene un carácter de niña feliz que la ayuda a asumir todos los contratiempos. La presencia del gato, un animal muy típico de las brujas, la ayuda en todo momento.
La aprendiza de bruja es, de alguna manera, una parodia de la brujería, ya que las brujas que aparecen en el libro, salvo Ana y la Directora, son, por así decirlo, brujas de pacotilla, de las que hacen más daño que otra cosa. Y es que, realmente, no son brujas, sino que tratan de serlo y, como no lo consiguen, generan situaciones realmente estrafalarias. De ahí, por ejemplo, que haya muchas referencias a la alimentación o a ciertas costumbres que Ana no comparte.
El relato, en suma, también es una especie de homenaje a los cuentos de hadas, en los que las brujas eran personajes perversos y malvados, que trata de demostrar que no siempre tiene que ser así, que las brujas, bien canalizado su poder, resultan normales, tan normales como Ana.
No hay que olvidar, por último, las ilustraciones de Francesca Carabelli, que, en blanco y negro, nos dibujan a una pequeña bruja, con gorro y todo, aunque con un aspecto inofensivo: Ana, la niña que, gracias a su cualidad de bruja, logró ser normal. Paradojas de la vida, por cierto.

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