miércoles, octubre 19, 2011

Christian Bruel/Anne Gallard. Ilustraciones: Anne Bozellec.
Traductor Antonio Ventura,
Madrid, El Jinete Azul, 2011.



¿Quién decide qué comportamiento es el adecuado? ¿Por qué hemos de seguir unos patrones a la hora de comportarnos? ¿Es qué los niños no pueden llorar? ¿O acaso las niñas no pueden jugar al fútbol? Nuestra sociedad, tan moderna y tan avanzada, sigue perpetuando unos roles en cuanto al género y, así, aún es frecuente, en los libros de texto, encontrar a madres cocinando y a padres leyendo el periódico o, simplemente, verlo en la publicidad con la que se nos bombardea cada día.
A Julia, una niña lista, bonita y muy observadora, le pasa que no se ciñe a ningún patrón establecido y que, simplemente, vive o actúa como a ella le parece. Y eso perturba a su madre y a todos los que la rodean. Julia es desordenada, va mal peinada y… se parece a un chico. Tanto la acosan con este mensaje que acaba descubriendo que tiene sombra de niño. Julia no quiere tener sombra de chico, porque ella es una niña y lo sabe bien, aunque no actúe como se espera que hagan las niñas. Pero… ¿por eso es menos niña? Esta cuestión, muy relacionada con la psicología, queda en el aire y hace que el lector reflexione muy seriamente sobre su propio comportamiento. Julia, buscando un lugar donde no tener sombra, hace un hallazgo que le cambiará la vida: encuentra a un chico llorando, amargado porque… todos dicen que es como una niña. Y ¿qué?, podríamos preguntar. ¿Y qué? se preguntan Julia y el niño. Al fin y al cabo, cada uno tiene “derecho”, como se lee en el libro, a su propia identidad. Y nos alegramos por Julia y por todas las Julias del mundo porque, si renunciaran a ella, dejarían de ser… Julia, María o Esperanza, tanto da. La cuestión es que Julia sigue siendo Julia, pese a las dudas que le han creado, pese a la extrañeza que despierta su comportamiento y pese a las opiniones de su madre. Julia-terrible. Julia-furia y Julia-Julia. Ni más ni menos. Julia-Julia.
Julia, la niña que tenía sombra de chico es un álbum ilustrado que perturba, que desazona, puesto que su lectura no es fácil ni su contenido, ya que presenta aristas, habla de miedos, de errores, de problemas y eso siempre causa temor. No obstante, es un libro valiente y necesario porque arroja luz, hurga en las heridas, destapa la caja de los truenos y habla de temas que no siempre son tratados en la literatura infantil como pueden ser los comportamientos sexuales.
El texto acaba de ser publicado por El Jinete azul en versión íntegra. En 1980 apareció con otro título, Clara, la niña que tenía sombra de niño, publicado por Lumen, pero con algunas páginas censuradas. Cabe recordar que el libro apareció en Francia en 1967 y, pese a los años transcurridos, sigue siendo actual el fragmento de historia que nos narra.
Christian Bruel y Anne Gallard firman la edición que estamos reseñando, cuya traducción ha ido a cargo de Antonio Ventura. Se trata de una labor complicada puesto que el texto no presente grandes alardes literarios ni emplea imágenes brillantes y, pese a todo, en su sobriedad, es un texto riquísimo, lleno de matices y de carga emotiva que el traductor ha tenido que trasvasar del francés original al castellano.
Las ilustraciones, a cargo de Anne Bozellec, impactan al lector por su finura. Son ilustraciones a línea recta sobre fondos blancos que, contrastan, con el color rojo que predomina de fondo.
La edición de El Jinete Azul está muy bien cuidada y hace de Julia, la niña que tenía sombra de chico una joya literaria, que será apreciada por los bibliógrafos, pero, ojo, su belleza no ha de empañar su contenido. Es, en suma, un relato breve, directo, complejo, que propicia un debate importante y que sirve para remover conciencias y falsos tópicos. Bienvenida sea esta nueva edición si logra, al menos, hacernos cuestionar ciertos roles sociales que aún se mantienen.

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