miércoles, noviembre 30, 2011

Los cuadros del tiempo,
Antonio Gómez Montejano,
Barcelona, Magisterio Casals, 2001
(Punto Juvenil, 66)




Carlos es un adolescente rebelde, al que no le interesa nada que huela a cultura. Además, sus intereses van por otro lado, ya que sigue la estética de los cabezas rapadas. Por lo tanto, la visita, con su clase, al Museo del Prado no le atrae en absoluto. Es más, está dispuesto a pasar de ella. Una de sus compañeras y amiga, Laura, trata de hacerle ver que, viendo los cuadros, quizá comprenda algo más de la historia española, pero Carlos “pasa” del tema y se porta fatal. Su profesora le regaña y le pide que los espere. Y es entonces cuando empieza la verdadera historia porque Carlos, extrañado y sorprendido, siente que un fantasma o una sombra comienza a perseguirlo por las distintas salas y solo logra huir gracias a un personaje, el Caballero de la mano en el pecho, de El Greco, que le tiene la mano y lo lleva, ni más ni menos, que a la Toledo Imperial. Y para Carlos empieza la lección de historia más importante de su vida. A través de un viaje lineal, entra y sale de los cuadros y va siendo testigo –y parte activa- de algunos de los episodios más importantes de nuestra historia como el levantamiento del 2 de mayo o la Guerra Civil. Carlos se mueve entre los cuadros del Prado, del Casón del Buen Retiro y del Reina Sofía.
Los cuadros del tiempo es un libro singular, puesto que mantiene un personaje central, Carlos, al que sumerge en distintos momentos de la historia. Es, por así decirlo, un viaje en el tiempo, aunque para Carlos supone una lección de humildad y la toma de conciencia de la realidad que vive. Carlos que nunca se ha comprometido con nada ni con nadie acaba tomando partido y viendo que las injusticias de la guerra le afectan más de lo que creía.
Son muy interesantes los personajes históricos que rodean al personaje central porque actúan como el detonante para que Carlos reaccione. Al lector le resulta interesante descubrir a Goya, o a Zorrila, o a Velarde, por poner unos ejemplos. Los cuadros cobran vida y permiten a Carlos participar de una escena que parecía fija en el tiempo y que, sin embargo, está llena de peripecias y aventuras.
A lo largo de 9 capítulos, se desarrolla la trama de esta novela escrita en tercera persona. Va del Siglo de Oro a la Guerra Civil y culmina con la vuelta a la realidad. Los compañeros de Carlos lo reencuentran en una de las salas y lo que, para ellos ha sido una breve visita escolar, para Carlos ha ocupado un tiempo dilatado, porque gracias a la novela, aprendemos que el tiempo, de verdad, es relativo.
Los cuadros del tiempo, de Antonio Gómez Montejano es una novela llena de guiños a la historia, que trata de presentarla como algo vivo y en continua cambio. Es también un relato iniciático puesto que Carlos, después de esa experiencia, no volverá a ser el mismo chico “pasota” y altanero, sino que habrá madurado y crecido.
Los lectores de 12 años en adelante disfrutarán del relato y aprenderán, de paso, que en toda guerra hay sobre todo pérdidas y dolor, aprenderán que los pequeños gestos son importantes y que, antes de juzgar, conviene conocer la realidad o, al menos, tratar de entenderla.

1 comentario:

  1. La reseña del libro es apasionante, la gente joven que empiece a iniciarse en el mundo de la Historia, y en general de la cultura. Apasionante, creo que más de un chico de su edad podría meterse en su piel leyendo este libro.

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