viernes, noviembre 25, 2011

CUANDO EL CARACOL Y QUINCE MÁS
EDELVIVES, 2009, Ala Delta, 64



            “Cuando el caracol y quince más” es un ramillete de 16 cuentos dirigidos, por ajustarse a la colección, a niños a partir de 8 años, pero, como siempre decimos, la lectura no tiene edad, por fortuna. Sería muy triste que a los mayores se nos privara de leer aquellos textos destinados a los pequeños y viceversa. Esta posibilidad, digna de un cuento de ciencia ficción, tal vez sería un buen tema para que Daniel Nesquens inventara unos personajes curiosos y les diera vida en un mundo al revés.
            Los cuentos de Daniel Nesquens están llenos de humor y de sorpresas porque no son historias usuales en el sentido clásico del término. No responden a una estructura clara de presentación, nudo y desenlace, sino que se desarrollan en un corto espacio de tiempo, la mayoría de los casos, y nos ofrecen como un destello, algo que le sucede a un personaje y que nada tiene que ver con las situaciones habituales.
            Así, a una bañista la toman por muerta –cuando se hacía el muerto en el mar- y la rescata un pesquero; un par de payasos han perdido el gancho con el público y deciden volverse a calzar sus viejos zapatones para hacer reír de nuevo; dos niños se juegan cara a cruz quien baja la basura y pierden la moneda; un ratón es indultado por el gato pero muere atropellado –o casi-; un elefante equilibrista es felicitado por las hormigas; una víbora decide ayudar a los demás y está deseando que le indiquen el lugar de la Osa Mayor; una familia de siete pronto se convertirán en una de ocho; un agaporni está empollando la sorpresa del huevo Kinder... y así sucesivamente.
            El cuento que da título al relato, “Cuando el caracol”, es un ejemplo de adaptación del tiempo al ritmo del relato o, mejor dicho, al ritmo del caracol quien hace sus actividades con total parsimonia, mientras el mundo sigue su vida habitual. Al caer la noche, el caracol decide que mañana irá de excursión, pero, añade el narrador con ironía: “No muy lejos, eso sí”. La ironía y la diversión están presentes en estos relatos cortos que pueden leerse varias veces porque a cada lectura se captan distintos matices.
            Son cuentos llenos de gracias, con algún diálogo y, como hemos dicho, situaciones disparatadas que rozan el nonsense e, incluso, tienen elementos propios del surrealismo, ¿qué otra cosa es, si no, un gato volador que aún conserva sus siete vidas?
            “Cuando el caracol y quince más” puede crear lectores y eso siempre es bueno. Las ilustraciones, por último, de Elena Queralt ponen pinceladas, en blanco, negro y gris, a los cuentos de Daniel Nesquens. La portada, eso sí, está lleno de color e invita a imaginarnos cómo ese caracol del que habla el primer cuento.














































































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