lunes, junio 06, 2011


El caimán azul,
Xavier Frías Conde. Daniel Montero Galán,
Pintar-Pintar, 2011

Anabel Sáiz Ripoll

¿Por qué a los adultos nos cuesta tanto entender el mundo de los niños? ¿Por qué no somos capaces de ver lo que ven ellos o si lo vemos dudamos de ellos? Es lo que nos plantea Xavier Frías Conde en su deliciosa historia “El caimán azul”, editada en formato de álbum por Pintar Pintar.
Isabel llega a casa con un inmenso caimán de color azul y su madre cree que es un peluche que le han regalado y se queda tan contenta con la idea. No obstante, Isabel ve al caimán como lo que es en realidad, un nuevo amigo, lleno de posibilidades que la escucha, que la atienda y que se lo pasa bien con ella. El caimán tiene un problema y es que no puede leer de cerca porque necesita gafas y ahí entra en juego otro personaje: la abuela. La abuela de Isabel no solo le da unas gafas al caimán, sino que acepta y comprende que sean para el caimán. La abuela no hace preguntas y acepta lo que le cuenta Isabel. En cambio, la madre se asusta cuando ve que el caimán quizá no sea de peluche y no sabe cómo reaccionar. Entonces interviene el narrador preguntándose, preguntándonos, ¿por qué les cuesta tanto a los mayores creer  lo que ven? La abuela, mucho más cercana a la infancia, acaso por su papel de abuela, insiste en que lo deje pasar y que lo acepte. Isabel está muy contenta con el caimán porque le cuenta cuentos y lee historias. No hace falta nada más.
En “El Principito” se lee que “Solo lo esencial es invisible a los ojos”. Algo así pudiéramos decir del caimán azul de Isabel. A veces, las cosas no pueden explicarse, no son lógicas ni racionales, pero nos gustan y nos hacen bien. ¿Por qué cuestionarlas entonces? Es lo que aprendemos tras la lectura de “El caimán azul”.
Isabel es una niña llena de imaginación y ternura, lo cual son dos buenas cualidades. No hace falta, por lo tanto, cuestionarlas. A menudo los niños y niñas tienen amigos invisibles y eso es bueno para su crecimiento. En el caso de Isabel, no es invisible, pero tampoco nada corriente. ¿Quién ha dicho que la imaginación tenga que estar limitada?
“El caimán azul” está muy bien ilustrado por Daniel Montero Galán quien se recrea especialmente en el personaje del caimán, al que pinta con un aspecto bonachón, lejos de la idea de un animal agresivo. El contraste entre Isabel, menuda y graciosa, y el caimán, grande y azul, es evidente y resulta conmovedor.
En definitiva, un buen libro para los más pequeños que fomentará su fantasía, pero que también deberían leer los padres para no olvidar qué es eso de la imaginación.















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