viernes, junio 10, 2011



Doña Blanca, una reina sin corona bajo el carlismo,
De Miguel Romero Saiz,
Cuenca, Alderabán, 2011


 
De Doña Blanca, la reina sin corona que da título al libro que reseñamos, su autor, Miguel Romero Saiz escribe que “basó su vida en ese dualismo conceptual que supone amor y cultura, pero también podríamos decir que ese amor le llevó a asumir, respetar y defender la Causa legitimista que defendía su esposo; por eso, hasta el final de sus días quiso sentir el peso de esa dignidad que le había supuesto compartir día a día, bajo el profundo sentimiento de ese amor primario, esa afirmación hacia la lealtad, el respeto y la enseñanza” (pág. 159).
“Doña Blanca”, por lo tanto, recoge un momento de la historia contemporánea española de singular importancia y acaso poco conocido: la tercera guerra carlista (1873-1875), de la que esta reina sin corona fue protagonista indiscutible. Ha querido así, Miguel Romero Saiz, abordar un episodio de la historia teniendo en cuenta a sus protagonistas directos: Don Carlos de Borbón -Carlos VII en la dinastía carlista- y su hermano Don Alfonso Carlos de Borbón -Alfonso Carlos I en la citada dinastía- junto a sus esposas Doña Margarita de Borbón y Parma y Doña María de las Nieves de Braganza, respectivamente. No es el libro una novela histórica, sino más bien un ensayo, aunque con elementos emotivos y muy personales que arrojan nueva luz en torno a una mujer que fue, a menudo, injustamente tratada.
Miguel Romero, de una manera rigurosa, pero no exenta de emoción, nos habla de lo que supuso la tercera carlista y acude a distintas fuentes bibliográficas que dan validez a su discurso y objetividad; aunque, insistimos, nunca pierde de vista su propio punto de vista, el aspecto personal de los hechos que trata de aclarar o, al menos, explicar.
Aunque el Carlismo se diese en el S. XIX, recoge esa dualidad tan trágicamente española que ya podemos rastrear en el medioevo y, por supuesto, ver en toda su crudeza en la Guerra Civil. Porque, si algo no ha faltado en este solar de España, son las guerras civiles. Por eso, el autor puede escribir que “La guerra carlista fue una guerra civil; fue una guerra entre familias, entre conceptos diferentes que enarbolaban una bandera ideológica y no esa lucha por las libertades como un contenido más leal, sino que fue una lucha por insistir en quién, cómo o qué debía de estar arriba: privilegios, dominio absoluto, poder, ambición social, catolicismo basado en tradición innata, foralismo, asunción dinástica, engaño…” (pág. 164).
¿Por qué se centra Miguel Romero en una figura femenina? Acaso porque, tradicionalmente, las mujeres han sido silenciadas y acaso también para comentar la importancia que tuvo Doña Nieves o Doña Blanca en esta guerra carlista. Con solo 16 años, siguió a su esposo y, como él, se puso al frente de sus tropas. Fue admirada y respetada por los suyos y vilipendiada por los contrarios. Sobre ella se tejió una leyenda negra que la calificó como “La Fiera”. Como en todas las guerras, Doña Blanca tuvo momentos, seguramente, desacertados, pero su figura merece que nos detengamos en ella con seriedad porque, como cuenta Miguel Romero: “Fue una mujer decidida, no sé si valiente en el concepto global de su significado u osada, en relación a su juventud; pero, fue una mujer comprometida con aquello en lo que creyó” (pág. 224).
“Doña Blanca” presenta una estructura muy clara. Así, se divide en dos grandes capítulos, uno por cada pareja real. En el primero se hablado, en cinco apartados de Carlos VII y doña Margarita, una pareja que no permaneció unida mucho tiempo; es más, Carlos VII nunca fue justo con su mujer, quien, por lo que leemos, fue una persona sensible y caritativa. El segundo capítulo se centra ya en la otra pareja, la formada por Don Alfonso Carlos y doña María de las Nieves de Braganza, doña Blanca. En este caso, sí fue un matrimonio bien avenido y sí hubo siempre complicidad entre los cónyuges. Don Alfonso Carlos aceptó luchar en España a favor de su hermano y lo hizo, parece, con lealtad, aunque decidió dejarlo cuando se separaron los dos ejércitos.
¿Qué hubiera pasado si cuando Isabel II tuvo que dejar España, el rey carlista hubiese aceptado la corona? Es algo que nunca sabremos, pero que habría cambiado el panorama actual, sin duda. Miguel Romero Saiz se hace estas reflexiones, aunque no pretende escribir una historia sensacionalista, sino real y bien documentada. Cada capítulo se inicia y termina con una pequeña reflexión que el autor quiere hacerse y hacernos en torno a los hechos sobre los que está escribiendo para que, a la vez, el lector los analice y contextualice.
El libro se completa con un epílogo, notas bibliográficas y una bibliografía completa, a los que habría que añadir una parte fotográfica de los personajes más relevantes, una cronología y cuadro de la dinastía y un apéndice documental. Por lo tanto, es un volumen cuidado que contiene una cantidad de información nada desdeñable.
“Doña Blanca”, por otro lado, está escrito de una manera clara y sencilla, aunque no por eso sin rigor. Miguel Romero emplea la tercera persona narrativa, pero, dado el carácter de ensayo de la obra, a menudo se asoma a las páginas de su texto en primera persona, para opinar y añadir nuevos matices que enriquecen la redacción.
Miguel Romero Saiz es una especie de renacentista contemporáneo, capaz de realizar distintas actividades, con igual éxito y buen resultado. Doctor en Historia, nacido en Boniches (Cuenca), es en la actualidad Director Asociado de la Universidad Nacional a Distancia de Cuenca. Combina su docencia con su labor como conferenciante, escritor y animados cultural. Precisamente la toma de Cuenca por los carlistas en 1875 ocupa una parte muy importante de “Doña Blanca”, por lo sangriento de la toma y por toda la polémica que conllevó.
En suma, “Doña Blanca”, prologado por la Dra. Rosa Navarro, contiene infinidad de detalles y de claves que no solo permiten entender un fragmento de nuestra historia sino revestirla de humanidad y de emoción.


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