jueves, mayo 17, 2012

Concha López Narváez,
Anaya, 2011, El Duende Verde, 173.



La lagartija de ojos rojos está convencida de que es un ser repulsivo por esa especial característica y porque se siente rechazada por los demás. Ahora bien, gracias a un lagartijo, igual que ella, coge confianza en sí misma y empieza la aventura de su vida. Al fin, descubre que no es un monstruo y que merece ser querida. No solo supera sus miedos, sino que forma una familia de lagartijas pequeñas de ojos rojos y, como están en mayoría, es la lagartija de ojos negros la que se siente mal.
Sí, soy una lagartija, de Concha López Narváez, e ilustrada por Rafael Salmerón, es un texto destinado a los niños desde 6 años, que nos habla de la tolerancia y el respeto hacia las diferencias de los demás. En este caso, la lagartija de ojos rojos acepta a la de ojos negros y la hace sentir especial y querida, porque, al aceptar esa diferencia, está afirmando la igualdad entre todos.
¿Qué importa el color de los ojos? Solo importa que se sienten a gusto juntos  y son felices. Culmina la historia con la boda de dos lagartijas, una con los ojos rojos y otra con los ojos negros. De esa unión nacerán distintas criaturas, una más especial de las demás, con un ojo de cada color, pero, al fin, a nadie va a importar, porque ni él mismo es consciente de esa particularidad, ni los demás “se han dado cuenta”.
Concha López Narváez escribe una historia repleta de valores en la que muestra, de una forma sencilla y, a la vez, metafórica, a los más pequeños la importancia de aceptarse y aceptar a los demás. Todos los niños, como las lagartijas, tienen derecho a jugar juntos, sin barreras sociales ni raciales; todos los niños, como las lagartijas, tienen derecho a ser felices. Y eso lo sabe bien la autora cuando, en las palabras preliminares, pide a los lectores que sean empáticos con la lagartija y la ayuden a perder el miedo. Gracias a la amistad lo logrará: “… nosotros estaremos contigo y, pase lo que pase, no vamos a abandonarte”.
Las ilustraciones de Rafael Salmerón muestran la alegría de vivir de las lagartijas y las acompaña, de una manera divertida y tierna, en toda su evolución.
Sí, soy una lagartija, es una afirmación que contiene esperanza y confianza en la propia identidad. Una buena historia para los primeros lectores, sin duda.



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