jueves, mayo 03, 2012

Rocío Carmona,
La Galera, 2011.


La gramática del amor es una novela que podríamos calificar de iniciática, aunque eso sería ceñirla a un solo género, cuando ahonda en varios registros tanto literarios como musicales o estéticos.
Rocío Carmona, la cantante de “Nikosia”, irrumpe en la literatura juvenil con este relato protagonizado por Irene, una joven adolescente que, tras la separación de sus padres, va a un internado inglés, en Cornualles, y allí sucumbe ante el paisaje, salvaje y espectacular, pero también ante el amor, su primer amor, que la deja maltrecha. No obstante, La gramática del amor, ilustrada por Meritxell Ribas,  no es tampoco la historia de unos amores contrariados en plena adolescencia, si solo nos narrara ese aspecto podría ser un buen relato, quizás, pero tal vez no pasaría de ser un relato más. Ahora bien, la gracia de la autora es que es capaz de conjugar el punto de vista adolescente con el literario, como veremos a continuación.
Peter Hugues, el profesor de gramática del internado, que tiene fama de hueso y al que apodan Byron se toma muy en serio el desengaño de Irene y le propone un antídoto genial. Durante siete semanas, cada miércoles, deberá haber leído un libro, que el propio profesor le propone, y reflexionar con el propio Hugues acerca del mismo. Ésa es la particular asignatura que cursará Irene ese año, “la gramática del amor”, título que, sin duda, se debe a una de las canciones del grupo, al que pertenece la autora, “The grammar of love”.
Los libros escogidos y que permiten a Irene una reflexión profunda acerca de las huellas del amor y del desamor son títulos clásicos, algunos, y emblemáticos la mayoría: Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami; Orgullo y prejuicio, de Jane Austen: Carta de una desconocida, de Stefan Sweig; Ana Karenina, de Tolstoi; El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez; Jane Eyre, de Charlotte Brönte, y Las penas del joven Werther, de Goethe. Irene los lee en ejemplares que extrae de la biblioteca y que aparecen anotados por otras dos personas. Estas anotaciones son también importantes en la historia, como el lector sabrá deducir.
Hay otro requisito que el profesor le impone a Irene y es que se entrene para participar en una competición de atletismo que se celebra en la zona cada año. A Irene se le da muy bien correr y, gracias a otro interno, Marcelo, logra su meta.
La gramática del amor se estructura en 37 capítulos que van marcando, como en una sinfonía, la evolución personal de Irene, su progresiva maduración y cómo, al principio, se siente atraída por el profesor, del que conoce su dramático pasado. El profesor viene a ser una especie de guía que le abre los ojos al mundo de los sentimientos, pero no es el destino sentimental de la joven. Eso lo descubrirá el lector también.
Amor, música, gastronomía, atletismo, celos, humor, ironía, reflexión, amistad, paisaje… son algunos de los temas que Rocío Carmona entremezcla, con habilidad, en su primera novela.
La gramática del amor no dejará indiferente al lector. Es más, le abrirá nuevas puertas para que siga leyendo e internándose en esa asignatura que no todos aprueban, que es el amor y su especial “gramática”. Y es que, en definitiva, “El amor es el infierno donde te quedarías a pasar la eternidad”, como leemos en un momento del relato.
















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