martes, mayo 15, 2012


Ilustraciones Page Tsou
Madrid, SM, 2012.



El amor nunca pasará de moda porque es un sentimiento innato al ser humano. Ahora bien, en esta época de corazas que nos insensibiliza ante los sufrimientos ajenos, no está de más que se recuerde el mensaje que se recoge en esta adaptación de “El soldado de plomo”, realizada por Julia San Miguel.
El clásico de Andersen está recreado a través de la mirada de Page Tsou, un artista joven, muy alejado de la cultura del autor danés y, que sin embargo, ha captado con asombrosa plasticidad los momentos más emocionantes de esta historia.
Page Tsou, el ilustrador taiwanés que acaba de ganar del II premio Internacional de Ilustración Feria de Bolinia-Fundación SM con este trabajo, nos evoca, con trazos muy influidos por la pintura tradicional china de tinta y el cómic japonés, el episodio en que un soldado de plomo tuvo que enfrentarse a sus propios miedos para superar la adversidad.
El soldado es distinto a los demás porque está cojo y su única preocupación es demostrar su valentía frente a sus compañeros de batalla. Ahora bien, como ya sabemos se enamora de una bailarina ha de aprenden a luchar por este amor. Es entonces cuando, de verdad, el soldado se muestra más fuerte y aguerrido, porque tiene un objetivo importante y porque, al fin, no habrá ninguna guerra que los separe.
El mensaje de esta recreación es claramente pacifista y ayudará a los más pequeños, ya que el libro se destina a niños a partir de 7 años, a que observen que la valentía y el coraje pueden desarrollarse en la vida cotidiana, que no hacen falta guerras ni aventuras extremas para que una persona sea valorado y, por supuesto, sea feliz.
Las ilustraciones son, sin duda, excelentes. Page Tsou acude a los tonos sobrios para retratar el mundo que rodea al soldado. Son imágenes amplias, hermosas y rotundas que recogen todos los detalles posibles, desde un cactus hasta las vendas de los soldados o los peces amenazadores que, finalmente, sucumben al anzuelo. La ambientación se inspira en los primeros años del S. XX, en la época de la primera guerra mundial o de entreguerras.
Los soldados hacen su trabajo sin preguntarse por qué, en cambio el soldado cojo, el disidente, anhela llegar a la bailarina y solo piensa en cómo burlar la vigilancia a la que está sometida por parte del muñeco siniestro. Es una lucha desigual, un soldado tullido frente a un muñeco de cartón que se cree el dueño de la bailarina. Es una lucha desigual de la que, tras una primera derrota, sale victorioso el soldado y, por supuesto, reforzado en su autoestima y en sus ideales.
El soldado de plomo, en suma, es una obra de arte que acompañará a los lectores a lo largo de su evolución porque en cada momento, seguro, descubrirán un nuevo elemento, una nueva escena. Un festín para la vista y un mensaje noble para el alma.

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