domingo, mayo 20, 2012

Jordi Sierra i Fabra,
SM, El Barco de Vapor, 158. 2012.



¿Puede existir el amor entre seres de distinta especie? ¿Por qué no? Jordi Sierra i Fabra, a quien le gusta viajar y entrar en contacto con las personas más auténticas porque quiere entenderse mejor a sí mismo y a los demás, pasó, hacia una década, una temporada en Samoa y se impregnó tanto de la cultura y la magia de esa isla de la Polinesia que fue capaz, él mismo, ¿cómo no?, de contar a los propios nativos, quienes se quedaron asombrados, este relato que hoy comentamos, La princesa y el rey pez.
Bayir era el rey de los peces por su belleza, por sus colores, por su tamaño y por su especial manera de ser. Bayir era el pez más hermoso de cuantos pueblan el mar. Procuraba alejarse de los seres de dos piernas, porque sabía que podrían pescarlo, pero era curioso y los observaba de lejos hasta que un día conoció a la niña más maravillosa de cuantas nadie pudiera imaginar, Seleine. El pez se enamoró de la niña y la quiso para él solo, la raptó y se le llevó al fondo del mar. No la trataba mal, pero la niña se sentía prisionera y ansiaba la libertad. Cuando consiguió escapar, Bayir se descuidó y fue aprisionado por los hombres del poblado de Seleine, quien lo salvó de una muerte segura, pero acabó en una laguna, languideciendo por falta de libertad. Y entendió, solo entonces, el punto de vista de Seleine. La niña, que ya era una joven, lo liberó y lo devolvió al mar y, ambos seres, hicieron un pacto. Nunca más ninguno poseería al otro, porque solo así triunfa el amor. Seleiene y Bayir se siguieron amando hasta el final de sus días. A su muerte, surgió la leyenda… y este relato.
La princesa y el pez es un relato estructurado en 15 capítulos que narra una historia sencilla y conmovedora, ya que este amor entre pez y humana pudiera parecer propio de los cuentos de hadas, de los sueños y la magia. Jordi Sierra i Fabra hace que el lector supere las diferencias entre ambas criaturas y las vea como seres vivos que, simplemente, se aman. Destacan los diálogos entre Bayir y Seleine y la evolución psicológica que muestran. Seleine no es rencorosa y, aunque tiene la oportunidad de vengarse, no lo hace porque descubre que ella también ama al pez. Bayir no entiende la nostalgia de la niña, hasta que él mismo ha de pasar por un trance similar.
Las ilustraciones de Conrad Roset recogen pequeños momentos, fragmentos del relato, como si fueran pedacitos de un caleidoscopio que permiten al lector intuir, imaginar, fabular y, sobre todo, sentir.
El relato nos habla del amor, pero también de la libertad personal y de la capacidad de elección que cada uno ha de tener, sin trabas ni cortapisas; pero también alude al perdón, a la tristeza, a la nostalgia y, sobre todo, a la maravillosa aventura que supone enamorarse y, al fin, sentirse correspondido.
La princesa y el rey pez va destinado a lectores desde 7 años, pero, en esta caso, la franja de edad es solo una anécdota, como ocurre con los buenos relatos, porque cualquier lector sensible y con un mínimo de imaginación disfrutará de esta preciosa historia.

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