jueves, diciembre 20, 2012


La mejor bellota,
Almadraba, 2012.




La mejor bellota es uno de esos libros mágicos que resisten lectura tras lectura puesto que lo que narra nunca pasa de moda, es tan actual como la esencia del ser humano. Pep Bruno, el autor, escribe acerca de la importancia de los cuentos, de la fascinación que todas las culturas han sentido por la tradición oral y de la importancia de saber esperar.
El relato adquiere un aire de leyenda no solo por el texto en sí, sino por las ilustraciones de Lucie Müllerová, que evocan un bosque en otoño; un bosque misterioso y, a la vez, acogedor y cálido. Solo en ese escenario pudo darse la historia de La mejor bellota.
En ese bosque había una encina de la que colgaba, como dice el título, “la mejor bellota”. Los ratones la ansiaban, pero la bellota estaba protegida por una serpiente, un búho y una familia de cuervos. El rey de los ratones prometió un queso a quien la consiguiera y todos los ratones empezaron a pensar posibles planes. Uno tras otro fracasaron. Ni la valentía ni el ingenio pudieron hacer que la bellota cayera del árbol. Hasta que un día el ratón más viejo tuvo una idea extraña, quizás excéntrica, pero que resultó. Dijo que si todos permanecían juntos, conseguirían el propósito, pero el ratón no pretendía ir a coger la bellota, sino sentarse tranquilamente a contar cuentos. Y la fascinación por el viejo arte de narrar invadió el bosque: “Así pasaron las horas, y los días, y cuando el viejo ratón se paraba a descansar, algún otro ratón ocupaba su lugar y seguía contando viejas historias y leyendas”. Hasta que un buen día, la bellota, ya madura, cayó por su propio peso, aunque eso al rey ya no le importó demasiado.
La mejor bellota, sin didactismos explícitos, ni moralejas trasnochadas, muestra cómo la paciencia es esencial en la vida y cómo hay que saber esperar para conseguir algo. Aunque también, como hemos dicho, se centra en la magia de la palabra que siempre será más poderosa que cualquier otra arma. Tiene que serlo.
La mejor bellota, en definitiva, es un cuento idóneo para los primeros lectores o para celebrar alguna sesión de “cuenta cuentos”, ya que la historia permite una lectura en voz alta sin resentirse. Los dibujos, insistimos, aportan la calidez y la ternura al relato.
El libro está muy bien editado y es, pensamos, un regalo muy apropiado para los más pequeños de la casa, aunque, por cierto, los adultos podrán descubrir, si leen bien, despacio, sin prisas, muchos valores simbólicos que nos acercan a los orígenes de la literatura que, como ya sabemos, fueron orales.

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