miércoles, agosto 10, 2011




Ya la edicióm digital de "Voces de Cuenca" recoge esta conferencia, que reproduzco íntegramente a continuacíón. Fue pronunciada en la Iglesia San Julián de Cañete (Cuenca) el día 3 de agosto de 2011. Mi agradecimiento a todo el pueblo de Cañete, a los asistentes y mi presentador, de excepción, Miguel Romero Sáiz.


Jorge Manrique: “Paces de lo temporal con lo eterno”
(introducción general a su obra)

Anabel Sáiz Ripoll
Doctora en Filología

LOS MANRIQUE, UNA FAMILIA INFLUYENTE

El poeta Jorge Manrique es la figura cultural más destacada del reinado de Enrique IV. En toda su obra, incluso en sus poemas, considerados menores, se observa una constante preocupación por la muerte y el consiguiente desprecio de la vida. De alguna manera resulta premonitorio puesto que el poeta murió muy joven. De ahí que entre Manrique y Garcilaso de la Vega hayan querido verse paralelismos, ya que los dos murieron luchando y los dos escribieron una obra madura e importante.
Jorge Manrique pertenece a una familia castellana de abolengo. Los Manrique no solo estaban relacionados con los Lara sino también con la casa real. Muchos de ellos –hombres ambiciosos y guerreros-  lucharon en las distintas guerras que se dieron en los reinados de Juan II y Enrique. Acaso el Maestre de Santiago don Rodrigo fue uno de los más famosos, inmortalizado, además, por su hijo en las “Coplas”.

JORGE MANRIQUE, POCOS DATOS BIOGRÁFICOS

Jorge Manrique, el poeta, también siguió los pasos de sus antecesores, aunque se dejó prender también por las letras. De ahí que represente la figura del cortesano, tan importante en el Renacimiento. Nacido en Paredes de Nava (Palencia), hacia 1440, de la vida de Jorge Manrique se tienen pocos datos. La primera aparición en documentos escritos se produce en 1465. Pese a la importancia de su padre, Jorge Manrique fue comendador de Montizón, caballero de la Orden de Santiago y capitán de la Hermandad del reino de Toledo.
El poeta vivió, a los 13 años, uno de los acontecimientos más importantes y dramáticos de la época: la decapitación del valido Don Álvaro de Luna, enemigo de los Manrique. De todos es sabido cómo alude a este hecho en sus “Coplas”:
“Pues aquel gran Condestable
maestre que conocimos
tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo cómo lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
Sus villas e sus lugares,
Su mandar.
¿Qué le fueron sino lloros?
¿Qué le fueron sino pesares
al dejar?” (Copla XXI)
Jorge Manrique, como su padre y su tío, el poeta y dramaturgo Gómez Manrique, siguió el partido del infante Alfonso contra Enrique IV y, a su muerte, la causa de Isabel, la futura Reina Católica, de la que fue siempre un ferviente seguidor y defensor. Del mismo modo combatió contra el marqués de Villena en el campo de Calatrava y colaboró con su padre en el Cerco de Uclés.
Su poesía amorosa sigue los tópicos cancioneriles del momento y no se sabe cuánto tiene de verdad o de ficción en cuanto al tema amoroso. Lo cierto es que se casó con doña Guiomar de Castañeda, hermana menor de su segunda madrastra, doña Elvira. Cabe señalar que su padre se casó tres veces. El poeta, aunque dedicó algunas composiciones a su esposa, no parece que tuviese un matrimonio muy feliz, debido, en parte, a la influencia de su padre o a su propio carácter. Sea como sea, tuvo un hijo, Luis, que murió, parece, sin descendencia.

UNA OBRA BREVE PERO INTENSA

De Jorge Manrique, como ya hemos dicho, se conservan pocos datos. No tuvo, como su padre, la suerte de aparecer reflejado en las crónicas de la época y, a menudo, su fama como escritor ha eclipsado al hombre de carne y hueso. Como escribe Azorín en “Al margen de los clásicos”: “¿Cómo era Jorge Manrique? Jorge Manrique es una cosa etérea, sutil, frágil, quebradiza. Jorge Manrique es un escalofrío ligero que nos sobrecoge un momento y nos hace pensar. Jorge Manrique es una ráfaga que eleva nuestro espíritu más allá, hacia una lontananza ideal”.
Augusto Cortina, en el prólogo a la edición del “Cancionero”, de Manrique, publicada por Espasa Calpe, en 1966, comenta tres aspectos importantes acerca del mismo:
-ligereza mundana (gentil en los versos amatorios y grosera en los burlescos)
-reflexión serena y profunda (expresada en las Coplas)
-valor personal
Enlazando con este último aspecto, Jorge Manrique murió en 1479, peleando contra el marqués de Villena, defensor de La Beltraneja, frente al castillo de Garcimuñoz. Su cuerpo fue enterrado en la iglesia del convento de Uclés, aunque hoy se  ignora el paradero de sus restos.
La obra de Jorge Manrique no es demasiado  extensa, lo cual resulta explicable dada la brevedad de su vida y su profesión militar. Pudo también, y no sería descabellado pensarlo, haberse perdido algún poema. Sea como sea, los estudiosos de Manrique suelen coincidir cuando afirman que su obra puede desglosarse así:
-44 poemas amorosos
-3 poemas satírico-burlescos
-2 poemas didáctico-morales (uno atribuido y otro, sin duda, el que le ha dado fama y renombre, las “Coplas”).
Suele leerse que, de no haber escrito las “Coplas”, Manrique sería considerado un poeta menor. No todos opinan lo mismo. Así, Ildefonso Vega Fernández, en el prólogo a su “Obra poética”, considera que “Las canciones de Manrique poseen una gran técnica, a pesar de que casi todas ellas se muevan dentro del tópico y no revelen una “música nunca oída”. El mérito del poeta está en el tratamiento de los temas –usados ya por otros poetas- y en las imágenes que emplea…”.
A la hora de escribir su poesía amorosa, Jorge Manrique, como todos los poetas del S. XV, recibe la influencia trovadoresca y la italiana, con Dante y Petrarca como influencias destacadas.
Jorge Manrique, en sus poemas amorosos, escribe sobre el amor cortés que él parece dominar perfectamente, al menos en su vertiente alegórica.
Manrique, como se ha dicho, también escribió alguna composición cercana a las cantigas de escarnio y maldecir, que se tiñen, en algunos momentos, de sarcasmo hacia su propia familia; aunque no entremos en estos aspectos porque la obra a la que queremos dedicar mayor espacio es a las “Coplas”.
En noviembre de 1476 moría en Ocaña (Toledo) el Maestre don Rodrigo Manrique. Su hijo, llevado por la piedad filial y la admiración, le escribió 40 estrofas en pie quebrado, 480 versos, con el intento de inmortalizar a su padre, aunque, por supuesto, la posteridad lo ha inmortalizado a él mismo.

LAS “COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE”, ELEGÍA UNIVERSAL

Los “Coplas” pertenecen al género de la elegía, cuyos precedentes medievales inmediatos están en el “Libro de Buen Amor” (el planto de Trotaconventos), en el “Diálogo de Bías contra Fortuna”, del marqués de Santillana, en el “Debate de la Razón contra la Voluntad”, de Juan de Mena o en el “Plancto de las Virtudes” de Gómez Manrique, tío del poeta. Ahora bien, son muchas las huellas literarias que encontramos y que nos llevan a fuentes bíblicas, a la patrística e, incluso, a los autores italianos ya citados, Dante y Petrarca; sin olvidar textos más cercanos al poeta, como pueden ser las vidas de santos de Berceo o las “Danzas de la muerte”.
No solo habla de la muerte en las “Coplas”, sino del paso del tiempo y de la Fortuna, siempre mudable y cambiante. Aparte muestra distintos tópicos literarios, como veremos, entre los que el “ubi sunt” y el “homo Viator” son los más frecuentes. El tono alegórico recorre todas las “Coplas” y las dota de esa especial emoción que, sin duda, siguen manteniendo.
La obra puede dividirse en tres partes:
1. Coplas I-XIII: Consideración general sobre la fugacidad de la vida. Así, en la copla III se lee:
“Pues si vemos lo presente
Cómo en un punto se es ido
Y acabado,
Si juzgamos sabiamente,
Daremos lo non venido
Por passado”.
2. Coplas XIV-XXIV: ejemplos de la historia pasada y reciente que prueban el dominio devastador de la muerte. Aparece el tópico literario “Ubi sunt?”, pregunta a la que la muerte responde con el silencio más absoluto:
“¿Qué se hicieron las damas,
Sus tocados e vestidos,
Sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
De los fuegos encendidos
De amadores?” (Copla XVII)
3. Coplas XXV-XL: en éstas los temas son las Muerte y el Maestre. Es la parte principal en cuanto a la intención del autor: elogio y panegírico del padre muerto. Tras la enumeración de los muertos del ayer, concluye con el muerto más reciente y querido y explica el porqué de su poema. Como escribe Pedro Salinas: “El caballero muere en paz; en paz acaba la elegía, en honda y serena paz. Paces de la vida con la muerte, paces de lo individual con lo universal, paces de lo temporal con lo eterno. El final de don Rodrigo es, y debía ser, el final del poema en nuestro ánimo para dechado de nuestros actos y pacificación de nuestra alma”.
En cuanto a la estructura de las “Coplas”, siguen, como se ha comentado comúnmente, la estructura de pirámide invertida, en cuya base estaría la vida, seguiría la muerte, los muertos y culminaría, estrechándose, con el muerto, su padre,
El poeta reflexiona sobre la fugacidad de la vida y lo hace de una manera equilibrada y armónica, sin aspavientos. Destaca la vanidad de las grandezas humanas que no sirven, a la hora de la verdad, para nada y comenta cómo las personas, de forma equivocada, persiguen los  bienes y las glorias mundanas. Acaba, por supuesto, poniendo por encima el ejemplo de su padre, quien acepta con entereza la llegada de la muerte. Jorge Manrique no se revela contra esta llegada, sino que dibuja la escena de la muerte del padre de una manera esperanzada, calmada y serena. Surge, de esta manera, la idea de la gloria y la fama. Por eso, las “Coplas” pueden considerarse una obra puente entre dos épocas, la medieval y la renacentista. Así, siguiendo la cultura medieval, concibe la vida humana como provisional y pasajera,
“Nuestras vidas son los ríos
Que van a dar a la mar
Que es el morir”. (Copla III)
Ahora bien, la impronta renacentista la vemos en la idea importante y novedosa de considerar la fama y la gloria como formas superiores de vida:
“No se os haga tan amarga
La batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama y gloriosa
acá dejáis” (Copla XXXV)
Todos los versos de las “Coplas” están escritos en la llamada sextilla manriqueña o copla de pie quebrado (8a8b4c/8a8b4c; 8d8e4f/8d8b4f) lo cual imprime al poema un ritmo lento y solemne, como se advierte ya en la primera copla:
“Recuerde el alma dormida,
Avive el seso y despierte
Contemplando
Como se pasa la vida,
Como se viene la muerte
Tan callando”
El poeta no escribe de manera complicada, sino asequible, lo cual aún dota de mayor trascendencia al poema, puesto que cualquier lector, con una mínima sensibilidad, se siente traspasado por el mensaje de Jorge Manrique.  Ahora bien, Jorge Manrique maneja con destreza y habilidad las figuras retóricas, como la metáfora o el símbolo y varias más. Forma y contenido, en suma, se acoplan perfectamente en esta obra.
Las “Coplas” nos ofrecen una lección ética y moral imperecedera y atemporal. Sin duda, las reflexiones que nos podemos hacer al leer los versos de Manrique entroncan con la parte más vulnerable del ser humano, la de la vida y la muerte. Suponen, las “Coplas” una lección de vida, aunque hablen de la muerte, porque nos indican los aspectos más importantes que tenemos que tener en cuenta a la hora de vivir. Las “Coplas” son también una gran lección de humildad porque,
“Las mañas e ligereza
E la fuerza corporal
De juventud,
Todo se torna graveza
Cuando llega al arrabal
De senectud” (Copla VIII)
Sin duda, las “Coplas” de Jorge Manrique constituyen una obra literaria de gran calado emocional, pero también artístico. Ahora bien, como sucede a menudo, por desgracia, tuvieron que ser conocidas a la muerte del poeta. Hoy en día las “Coplas” son consideradas la mejor elegía de la literatura española y su mensaje sigue emocionando a los lectores. Las influencias de Manrique son importantes. Valga, por ejemplo, citar otra gran elegía, “El llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, de Federico García Lorca, en donde el retrato del torero bebe directamente en el que Manrique hiciera a su padre.
Y es que, como Don Antonio Machado, en sus “Soledades”, escribió:
“Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar a la mar,
que es el morir. ¡Gran cantar!
     Entre los poetas míos
tiene Manrique un altar.
     Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar,
ciego huir a la mar.
     Tras el pavor del morir
está el placer de llegar.
     ¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!”
Nuestro objetivo, por último,  ha sido introducir brevemente la obra de Jorge Manrique, aunque, por supuesto, son muchos y brillantes los estudios que se pueden consultar. Sirvan las anteriores líneas de pretexto o de trampolín para aquellos lectores que, por los motivos que sean, aún no se han acercado a su obra. Los más avezados acaso podrán releen conceptos que ya conocían y reflexionar nuevamente acerca de los mismos.

BIBLIOGRAFÍA
.Ediciones de la obra de Jorge Manrique:
ALDA-TESÁN, Jesús Manuel
Jorge Manrique, Poesía, Ed. Cátedra, Madrid, 1992 (15ª ed.).
CARAVAGGI, Giovani
Poesía, Jorge Manrique, Ed. Taurus, Madrid, 1988 (2ª reimpresión).
MERCKENS, Olivia:
Jorge Manrique, Recuerde el alma dormida, Mitos poesía nº 30, Grijalbo Mondadori, Madrid, 1999.
PÉREZ PRIEGO, Miguel Ángel:
Jorge Manrique, Poesías completas, Austral nº 52, Espasa Calpe, Madrid, 1999.
SANTAELLA LÓPEZ, Juan:
Jorge Manrique, Poesías completas, Editorial La Vela, Granada, 2000.
SANTIAGO, Miguel de:
Jorge Manrique, Poesía Completa, Ediciones 29, Barcelona, 1989.
TROYA MÁRQUEZ, Francisco:
Jorge Manrique, Poesía, Editorial Casals, Barcelona, 2000
VEGA FERNÁNDEZ, Ildefonso:
Jorge Manrique, Obra poética, Arbolí Didacta nº18, Ediciones Tárraco, Tarragona, 1983.
Varios autores:
Jorge Manrique, Coplas a la muerte de mi padre y otras poesías, Poesía y prosa popular, Ediciones Busma, Madrid, 1982.
.Otros:
AZORÍN:
Al margen de los clásicos, Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, Madrid, 1915.
SALINAS, Pedro:
            Jorge Manrique o tradición y originalidad, Barcelona, Seix Barral, 1974.

.Algunos documentos en línea:


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