viernes, agosto 19, 2011

Hace años escribí el relato "Ha sido en el pozo". En ese momento, la imagen poderosa de la luna de Lorca con un niño de la mano me impactó y presidió todo el relato. Lo incluyo en esta entrada como homenaje particular al poeta universal y añado el poema original, "Romance de la Luna Luna".



Romance de la luna luna

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.




HA SIDO EL POZO, MADRE

 “Vivir es ver volver”
 Azorín
"Por el cielo va la luna con un niño de la mano”
F. García Lorca
      
“Ha sido en el pozo, ha sido en el pozo”. 
Juan, Anselmo y Jesús iban gritándolo por todo el pueblo. La noche estaba en calma y una luna grande y lechosa iluminaba sus rostros angustiados. 
“El pozo”. Un agujero oscuro y sucio. Nido de reptiles y alimañas. Tu tío y tu padre fueron los primeros, después llegaría la Guardia Civil y, al final, el silencio. Lo recuerdas con frío y dolor. Las mujeres del pueblo cosían sudarios blancos y la vieja nunca volvería a reír: el pequeño había muerto. Jesús regresó tiritando, de madrugada. La casa, desde entonces, es más pequeña y más triste. Me duele en el alma; pero hoy no debo ser cobarde. Tus ilusiones, tus esperanzas se fueron esa noche tras Juan, Anselmo y Jesús y murieron con el pequeño. Mi vientre concibió, mis desvelos lo arroparon y un mal aire me lo arrebató. Luego llegaron las lamentaciones, el sosiego, la paz. Tu madre está hecha de retazos mal cosidos. Tu madre no sabe vivir... Tu madre, tu madre. Mi madre permanece aún en los 30 años, llena de rosas y jazmines, abrumada por la soledad y la fatiga. Todos me han hablado del hermano, menos ella. Todos dicen que soy igual, menos ella. A veces la zarandearía, la golpearía para demostrarle que yo estoy aquí, que yo sí estoy vivo. Las flores no hay que enterrarlas.
La sirena sigue sonando. Hace 20 años de aquello. Ella se fue al pozo y no saldrá de él. Se reunió con el pequeño. Las mujeres aún recuerdan los sudarios blancos y los dientes amarillos de la vieja. No nos lo hubiéramos imaginado nunca; su madre tampoco pudo saberlo. Pero, ¿por qué esta noche?
No fracasarás de nuevo. Hace tiempo que lo llevo intentando. Juan, Anselmo y Jesús han ido a la ciudad; pero su grito se sigue oyendo en noches como ésta. Lo desempolvaré y saldrá de nuevo: limpio, rubio y grande. Mi niño buscando hierbas malignas para la hechicera. Mi niño hecho de espumas y nácares. Ahora veo esa luna redonda, blanca y letal. Ahora. “Ha sido en el pozo, madre. Ha sido en el pozo”. Por la mañana notamos su ausencia. Él nos dijo: “Está con el pequeño”. Todos nos miramos y asentimos. En la calle estaba lloviendo. Nadie se asomó al patio a recoger la ropa mojada. Apareció flotando entre sapos y algas, con el vientre hinchado y la cara morada. Tenía en las manos un mechón de pelo rubio. 
“Ha sido en el pozo, madre. Ha sido en el pozo”.  

(incluído en Relatario, Varios Autores, Librería Fuentetaja, 1992)

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