sábado, agosto 13, 2011





Jardí de versos d`un nen, Robert Louis Stevenson,
Castellnou, 2011, Col·lecció Pícnic


Jardín de versos de un niño (Jardí de versos d`un nen) es acaso uno de los poemarios infantiles más conocidos por los pequeños lectores de habla inglesa. No obstante, hasta ahora era difícil encontrarlo en una buena traducción. Jaume Subirana nos ofrece una versión cuidada y muy asequible para los niños de 8 años en adelante. Es una manera excelente de acercarse a la poesía y de entender el universo infantil de Robert Louis Stevenson. Con seguridad el amplio público conoce las obras emblemáticas de Stevenson, pero acaso no se había parado a reflexionar acerca de su obra poética, la que ahora reseñamos.
La edición de Castellnou incluye además las ilustraciones originales de Jessie Willcox Smith, que constituyen, junto con los versos, un auténtico tesoro para la sensibilidad.
Stevenson fue un niño de salud débil y quebradiza. Pasó gran parte de su niñez en la cama bajo los cuidados de Alison Cunningham, a quien destina el libro y quien es también la protagonista de muchos de estos conmovedores versos. A ella, a Cummy, su niñera entrañable, dedica el libro y lo hace con un poema emotivo, lleno de agradecimiento. Gracias a Cummy, Stevenson descubrió el mundo de la magia y la fantasía. Aprendió con ella que los ojos del corazón no tienen por qué ver lo mismo que los de la cara y, gracias a eso, fue capaz de sobrevivir y escribir, tiempo después, este ramillete de versos.
Los poemas de Jardín de versos de un niño son amables y parecen escritos por un niño, por un pequeño que juega a ser marinero, que juega a vencer los miedos, que lucha contra los obstáculos y que, con el inmenso poder de la imaginación, viaja en el tiempo y en el espacio. Stevenson sabe de la lejana China; pero conoce también el poder del amigo invisible y entiende que sus juguetes cobran vida si él sabe mirarlos bien; aunque también disfruta con el juego real, con sus primos.
La selección que Jaume Subirana ofrece es amplia, más de la mitad de los poemas del original inglés pueden leerse en este pequeño libro que es una joyita literaria, sin duda. El traductor ha tratado de respetar, y creemos que lo ha logrado con creces, la rima y el ritmo de estos versos tan marcados. Son canciones divertidas, que quieren levantarse y jugar con nosotros. Los versos de Jardín de versos de un niño tienen el encanto de lo oral puesto que miles de generaciones los han aprendido de memoria para deleite de sus oyentes. Y hoy, en que, en los planes de estudio, la memoria parece que no ocupa el mínimo lugar, no estaría de más incluir en clase el recitado de alguno de estos poemas que nos hablan del mar, del viento, de la montaña, de los juegos, de los colores, de las sensaciones, de las estaciones, de los animales de granja… y, sobre todo, del placer de ser niño, uno niño que, si cierra los ojos, puede creer que su cama es un barco. Y a partir de aquí ya sobran las palabras. Dicen que la patria del hombre es la infancia. Stevenson lo demuestra y tiende la mano, desde su edad adulta, al niño que fue y que, de alguna manera, sigue jugando en el jardín. Su jardín de versos.

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