domingo, febrero 21, 2016

¿Quién compra un rinoceronte?
Shel Silverstein. Traducción: Miguel Azaola,
Kalandraka, 2016

Dicen que los niños que tienen una mascota crecen más sanos, aprenden a compartir, a interactuar, a ser más generosos y más responsables. Sin duda, al pensar en una mascota, se nos puede ocurrir un perro, un gato e, incluso, un conejo, por poner algunos ejemplos. Sí que es verdad que también hay muchos que optan por los animales exóticos, aunque es difícil interactuar con un camaleón o con una iguana. No obstante, para el narrador e ilustrador del libro que nos ocupa, no hay nada imposible y lanza una propuesta insólita y atrevida. Shel Silverstein propone que pongamos un rinoceronte en nuestras vidas. ¿Cómo? ¿Un rinoceronte? Exactamente y no solo eso, sino que lo vende y, para lograr que alguien lo compre, apela a todas las utilidades que puede tener un animal de semejante peso.
Y es que un rinoceronte tiene muchas utilidades. Puede servir de perchero, rascarte la espalda, hacer de lámpara, comerse las malas notas, jugar contigo y, de paso, ayudar a algún miembro de la familia. No tiene desperdicio: es capaz de abrir latas, ayuda a la abuela a hacer rosquillas o a la tía a hacer calceta. Son tantas y emocionantes las habilidades de un rinoceronte que, al acabar el libro, queda el poso de la ternura que despierta en aquel que lo tiene como mascota.
El contraste entre el niño, que cuenta la historia, y el rinoceronte es innegable, pero, sobre esta base antitética se tejen las paradojas del libro. El rinoceronte acepta regañinas, es amable y paciente, aunque, debido a su peso, se mete alguna vez en líos; por eso, tal vez, se vende, aunque, dudamos, al final, no solo del éxito de la venta sino de que el niño, de verdad, quiera desprenderse de él porque el texto es un canto a la amistad, a la superación de las diferencias, a las desigualdades que nos acercan, a la superación de estereotipos y tabús.
¿Quién compra un rinoceronte? se inscribe en la línea del nonsense. El autor, en tono serio, explica las situaciones más disparatadas y eso, sin duda, provoca la perplejidad, primero y la risa, después. El texto, no lo olviddemos, tiene más de 50 años, ya que se publicó en 1964, pero no ha perdido actualidad; más bien al contrario, la ha ganado.
El cuento está escrito en verso y su traductor al castellano, Miguel Alzaola, mantiene las rimas y logra un texto fresco, directo y muy apetecible para los primeros lectores, aunque los más mayores, incluso los adultos, no dejarán de pasar un rato hermoso en compañía de este rinoceronte especial.
Chocan las ilustraciones, en blanco y negro,  minimalistas que no despistan al lector, que se centran en aquello que quiere contar y que, sin duda, propician la fantasía y despiertan la imaginación. El único color que destaca es el rojo del lazo del rinoceronte en la portada. Es más, en esta edición, Kalandraka presenta el libro envuelto con un precioso lazo de este color. A ver quién se resiste así a poner un rinoceronte en casa. 
Es crucial rescatar a los autores, clásicos contemporáneos de la literatura infantil, y darles el sitio que merecen. Los niños de hoy no pueden prescindir de historias como la que estamos reseñando. ¿Quién compra un rinoceronte? es una historia divertida, cargada de humor, que huye de fórmulas manidas y apuesta por una visión distinta de la realidad. Bienvenido sea, pues, el rinoceronte a nuestras vidas, aunque se haga un lío con las puertas y deje huellas por todas partes.

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