sábado, febrero 04, 2012

VERANEO EN SANTÍBAL,
De Mercedes Neuschäfer-Carlón,
 Ediciones Palabra, 2007,
(La Mochilla de Astor, 27)

            La escritora ovetense, afincada en Alemania, Mercedes Neuschäfer-Carlón escribe historias que siempre contienen valores positivos y que saben conectar muy bien con los pequeños lectores, en este caso, a partir de diez años. Aparte es una escritora muy atenta a su tiempo y al mundo que la rodea y no deja escapar la ocasión para criticar aquello que no le gusta. En este caso, cuestiona que unas vacaciones caras y en un lugar exótico tengan que ser las mejores vacaciones del mundo. A veces a los niños se los ofrecen muchas cosas, pero pocas esenciales.

            Marta y Roberto son dos mellizos que terminan el curso escolar y se encuentran con el problema de que no podrán ir de vacaciones porque su padre está en el paro. En cambio sus compañeros de escuela sí irán a sitios fantásticos, lo cual les crea inseguridad y angustia. No obstante, a Roberto se le ocurre la idea de su vida: ha decidido que harán el mejor viaje de todos puesto que el viaje de la fantasía e irán a la lejana isla de Santíbal.

            Los padres de Marta y Roberto han de ausentarse parte del verano porque tienen la ocasión de participar en unos cursos de verano y tal vez eso sea la puerta para que termine el paro. No obstante, no saben con quién dejar a sus hijos. Al final, ellos se quedan en casa y una vecina, doña Clemen, mujer singular y escritora de novelas plociacas, les echará un vistazo de vez en cuando y hará que todo vaya bien. Para Marta y Roberto empieza así la aventura más singular de su vida. Decoran el comedor y poco a poco realmente están en Santíbal porque se rodean de todos los elementos necesarios para creerlo. A esa aventura se suman Raúl, un compañero de clase muy rico, pero que se siente solo y Purita, la prima de una compañera de clase de Marta que resulta ser una buena compañera de viaje.

            “Veraneo en Santíbal” está muy bien escrita y, paulatinamente, permite que el lector siga los preparativos para ese viaje y, sin perder de vista, que están en el salón de su casa, todos acabamos creyendo que bien pudiera ser Santíbal y que para ser feliz no hacen falta grandes lujos porque veranear en Madrid, que es donde viven los chicos, es tan apasionante como veranear en cualquier otra parte.

            Los perfiles psicológicos de los chicos están muy bien trazados y la novela se lee con mucho interés. Es más, acaba convirtiéndose en materia literaria porque los chicos escriben esta historia para presentarla a un concurso que no sabemos si ganan o no, pero sí sabemos que estamos leyendo en tiempo real lo que ocurre. Es más, al final, al padre le empiezan a ir bien las cosas y para el próximo curso le han ofrecido una plaza en la Universidad de Heidelberg.

            Daniel Cruz ilustra la historia con dibujos muy realistas que nos acercan a la peripecia estival de estos dos chicos quienes, a lo largo de ese verano, descubren su potencial, la amistad, la solidaridad y quizás también algo parecido al amor.

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