martes, febrero 07, 2012

En el bicentenario de Charles Dickens

Hoy 7 de febrero de 2012 se cumplen 200 años del aniversario del nacimiento de Charles Dickens; uno de los autores ingleses realistas más reconocidos.


Líneas biográficas y narrativas

Charles Jonh Huffam Dickens nació en Portsmouth, Inglaterra, el 7 de febrero de 1812. Murió en Gads Hill Place, también Inglaterra, el 9 de junio de 1870. Se le considera el autor más importante de la era victoriana. Ocasionalmente empleó el seudónimo de Boz.
 Imprimió a sus obras narrativas un especial sentido del humor no exento de crítica social. Dickens es un maestro de la descripción humana.
Dickens tuvo una infancia muy difícil, lo cual se refleja en sus obras, ya que, a menudo, se centra en niños y niñas huérfanos o maltratados por la vida.
Se trata de niños que han sufrido en su casa y en la escuela, niños que viven en orfelinatos,  niños víctimas de una sociedad injusta y, demasiado a menudo, cruel.  Dickens insiste en estos ambientes y en la denuncia social, aunque de una manera suave y emotiva. Oliver Twist, David Copperfield o La pequeña Dorrit son títulos protagonizados por personajes que han sufrido una infancia muy triste, semejante a la del autor. No obstante, son niños que, afortunadamente, logran triunfar en la vida.
Y es que Dickens muestra un sentimiento humanitario a favor de los seres humildes y desvalidos, maltratados por la impiedad de los poderosos.
Dickens, en su obra, aparte de niños, también retrata una galería de ladrones, asesinos y mendigos para hacer una crítica social y luchar contra la miseria infantil. Un ejemplo, sin duda, sería Grandes Esperanzas.
En el aspecto literario, Dickens se dedica a escribir novelas por entregas que tuvieron una gran acogida entre el público.
 Dickens no escribía para niños, sino para adultos. Sus personajes fueron famosísimos entre los lectores.
“Así –en palabras de Martín de Riquer y José María Valverde- se llegaba a crear una sostenida expectación: cuando algún barco inglés amarraba en Nueva York, ya le preguntaban a gritos desde el muelle qué pasaba con la pequeña Dorrit [...]. Y, sobre todo, el público y los amigos piden al autor que los personajes simpáticos acaben siendo felices: la pequeña Dorrit iba a terminar mal, pero Bulwer –Lytton –y el clamor popular- impusieron a Dickens la ley del “final feliz”.
La obra de Charles Dickens se distingue por dos rasgos principales: la viveza de estilo y el humorismo bondadoso. El autor inglés siente especial ternura por los seres humildes.       
Dickens relata fielmente una realidad que le es familiar y describe con claridad y transparencia personajes y costumbres de los barrios londinenses. Su estilo, por otra parte, está lleno de vivacidad y riqueza expresivas.
Las obras de Dickens, después de mil avatares –y, a veces, por exigencias del público o editores- el final es feliz. Sus novelas fueron muy leídas en su tiempo. Hoy en día también se siguen leyendo con gusto y desazón, ya que, en muchos casos, el lector se siente impotente ante las penalidades que  nos narra.
Dickens es autor de obras tan emblemáticas, además de las citadas,  como Cuento de Navidad –imprescindible e inevitable en las fechas navideñas-, Los papeles del Club Pickwick, Tiempos difíciles, Historia de dos ciudades o El grillo del hogar.
Como dato curioso, cabe añadir que Dickens coincidió en tiempo cronológico y en amistad con otro gran autor: Hans Christian Andersen (1812-1875). Como se observa, los dos autores  nacieron en fechas muy próximas. Además, se conocieron y mantuvieron una amistad continuada, aunque uno fuera inglés y el otro danés.
Ambos vivieron una infancia muy difícil que los marcó para siempre, ambos se dedicaron a realizar grandes viajes y ambos, en definitiva, han logrado renombre y fama universal.
Dickens, en suma, trata de mostrar que, pese a las dificultades, se puede escapar de la miseria con tenacidad.

Grandes Esperanzas

Una de las obras emblemáticas de Charles Dickens es Grandes Esperanzas (Great Expectations, en el original). Se trata de un relato que se inserta en la corriente realista y un título fundamental no solo en la literatura inglesa, sino en la universal. Grandes Esperanzas es una novela de madurez. Fue  publicada en 1861 y es, por lo tanto, la penúltima obra de autor inglés.
Nos cuenta las andanzas del pequeño Pip, Philip Pirrip, aprendiz de herrero que, de la noche a la mañana, merced a un benefactor anónimo, se convierte en un caballero. De esta manera parte a Londres en busca de sus grandes esperanzas. Su orfandad y su pobreza quedan atrás, pero también la alegría de la niñez.
Pip lleva una vida elegante y, de alguna manera, se avergüenza de sus orígenes y desdeña a Joe, el herrero casado con su hermana que fue y es el único que de verdad le ha dado cariño.
Vale la pena leer o releer este clásico que ofrece una construcción sin fisuras y un buen ejemplo del pensamiento de Dickens. Aporta un análisis psicológico notable y una ironía sutil y finísima que comienza con el título de la novela. Esas “grandes esperanzas” se desvanecen cuando Pip conoce a su benefactor y cuando, por circunstancias de la vida, ha de regresar con Joe y se da cuenta de quien es su verdadero amigo.
Grandes esperanzas es un libro de autoaprendizaje en el que Pip aprende a valorar que no es la riqueza lo que más importa, sino el afecto y el sentimiento, que no todo puede pagarse con dinero.
Las reflexiones morales, unidas al buen conocimiento que Dickens tiene del alma y la psicología humanas hacen de esta novela un texto lleno de vida, de humanidad y de buena literatura.          
Por las páginas de Grandes Esperanzas  desfilan personajes magistralmente retratados con sus personales historias como la señorita Havisham, por la que el lector siente piedad. También se hallan personajes antipáticos como el señor Pomblochook, o personajes que acaban cayendo muy bien bien como Estella, aunque al principio es realmente perversa. Mención aparte merecen otros personajes como Herbert, el amigo de Pip en Londres, su amigo real o Wenmick, otra figura excéntrica y singular o el tutor de Pip, el señor Jaggers, personaje difícil de definir porque resulta impenetrable, o Provis, el preso fugado que resulta ser el benefactor... En suma, todos ellos, al lado de Pip harán que el lector o lectora pasen un buen rato y reflexionen también acerca de las relaciones humanas.
Leer a Dickens es siempre un placer y una fuente de conocimiento de la Inglaterra del S. XIX que él vivió. Autor realista se muestra siempre a favor de los más desprotegidos; sobre todo de los niños que se veían obligados a dejar atrás su niñez sin haber empezado ni a vivirla ya que trabajaban como los propios adultos. Títulos como David Copperfield, La pequeña Dorrit o Canción de Navidad, entre otros, son una perfecta compañía para los lectores de cualquier edad.
La mayoría de sus obras fueron escritas por entregas y los lectores de entonces leían con avidez los capítulos y esperaban al siguiente con auténtica expectación. Muchas de sus obras se han difundido gracias a las versiones cinematográficas o televisivas.
De la mayoría hay adaptaciones hechas para el público juvenil, aunque siempre es mejor leer la obra tal cual la escribió el autor, en su integridad, aunque, por supuesto, hay buenas adaptaciones que suponen una iniciación a la obra de Dickens.





















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