martes, enero 24, 2012

Pinto & Chinto
Kalandraka, 2011.



“Esta era una cigarra que estaba en una rama, entonando la típica canción de las cigarras, monótona e insulsa. La cigarra dijo para sí. “Si sigo practicando, un día llegaré a cantar como el grillo”. Y así hasta 111 breves historias protagonizadas por animales. Animales grandes y pequeños, del mar y de la tierra, insectos y mamíferos. El elefante. La cabra. La luciérnaga. El delfín. La cotorra. Todos son importantes porque a todos les ocurren cosas fascinantes o, si no, que le pregunten a la garza, que tenía las patas tan largas que: “Un día puso un huevo, y antes de llegar el huevo al suelo ya había nacido el polluelo”.
Los personajes de Minimalario son animales que se enfrentan a todo tipo de situaciones, más o menos cercanas al humano, más o menos surrealistas, más o menos disparatadas, pero siempre siempre con una gran dosis de humor e imaginación, porque el libro es un buen ejemplo del nonsense. ¿Cómo explicar si no el drama de la vaca que da leche de cabra o el del loro que no entiende a los demás loros porque siempre ha vivido con humanos? ¿Cómo explicar la gracia de la cabra que recibe un diploma y que se lo come porque a las cabras les gusta mucho el papel? ¿O cómo abordar el caso de una mosca que cayó en un plato de sopa y que salió de él a fuerza de comer? ¿O el erizo que siempre jugaba solo? En fin, son tantos los ejemplos que solo hay que abrir el libro por cualquier página y surge el asombro, el relato brillante y breve.
Pinto & Chinto escriben e ilustran el texto. Cada página está ocupada por un animal y una ilustración. El texto es, como acabamos de decir, breve, conciso, directo y certero. Un texto hiperbreve, incluso, que, en pocas líneas –no más de seis- organiza toda una historia. De alguna manera, podemos emparentarlo con Monterroso por esa capacidad de ir al grano y sugerir continuamente.
 La ilustración, por su parte, resulta juguetona y recoge alguno de los momentos más ocurrentes que narra el texto. La avispa que pierde su cintura por comer dulce. El perro junto al hueso que ha brotado de un árbol de huesos. El tucán que no necesita moverse para comer porque tiene un pico muy largo. El lirón que ronca tanto que no deja dormir a su familia.  Y así todas las historias. Y así todas las ilustraciones.
Las imágenes retóricas son frecuentes en estos textos. La paradoja, la metáfora, la concatenación, la personificación, la hipérbole y varias más hacen que los relatos se conviertan no solo en textos ocurrentes, sino muy bien escritos y pensados porque, por encima de todo, son textos ocurrentes. Es más, se podrían calificar de conceptistas porque van al ingenio, porque van al intelecto, porque buscan el concepto y lo trabajan hasta que queda perfecto.
Minimalario, en principio, va destinado a los lectores desde 7 años que, sin duda, lo pasarán muy bien con estos relatos, pero también lo pasarán bien aquellos lectores que siguen teniendo alma de niño y disfrutan con las sorpresas, con los juegos de humor y con el ingenio en estado puro. La caricatura y el humor más inteligente son ingredientes esenciales de Minimalario.  No en balde el texto, en su versión gallega, obtuvo el premio Merlín de Literatura Infantil 2007.
El libro, editado cuidadosamente por Kalandraka, se presenta en formato de álbum y cuenta con una portada muy llamativa y directa.

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