domingo, enero 22, 2012



Hoy leer no se lleva. No está de moda. Ningún famosillo se fotografiaría con un libro en la mano. Si nos detenemos a contemplar a nuestro alrededor parece que lo que domine es la incultura y la ignorancia. Cuanto más incultos seamos, menos libertad tendremos a la hora de escoger porque no sabremos hacerlo; pero el mensaje que se nos vende es otro: tendremos éxito social, seremos alguien. Guays. Muy Guays. ¿Seguro? Más bien ocurrirá lo contrario.  Nos engañarán. Nos mentirán y nosotros tan contentos en nuestro mundo vacío, sin valores. Porque parece claro… eso de leer está pasado. Más pasado que la polca. ¿Quién va a desperdiciar unas horas viviendo vidas de papel? ¡O está loco o muy hecho polvo! Escuchemos. Escuchemos la consigna: ¿Qué haces leyendo, tronco (o tronca)? ¡Pirado, que estás pirado! El pillado en falta tiene dos opciones: o hacer caso omiso o cerrar el libro si quiere congraciarse con sus amigos. Y punto.
El panorama es desolador o eso parece. No obstante, siempre ha habido disidentes, siempre ha habido personas que han nadado contra corriente y han hecho prosperar a la humanidad. Esas personas que no se dejan gobernar, que no se dejan engañar…leen. Y leen lo que caiga en sus manos. Porque la lectura se está convirtiendo en un acto de rebeldía, en una forma de plantarle cara a esta sociedad del vacío, del usar y tirar, de la inmortalidad, de la belleza externa. Leer es el signo de la resistencia. No nos queda otra opción que leer si queremos seguir vivos. Lo demás… quizá sea solo humo y pajas. Apariencias.
Ahora bien, ni hay que ser prepotentes ni catastrofistas, sino solo tener juicio propio y capacidad de elección. En una época de pantallas en que el ordenador parece haberse convertido en el rey de la casa, hay que aprender a llegar a un entendimiento entre el libro tradicional y la lectura a través de Internet.
Tal vez el mayor reto al que se someten los docentes, entre los que me encuentro,  y todos los que trabajan a favor de la lectura sea cómo combinar modernidad y tradición.
 Si se navega por la red con cierto espíritu crítico, se puede llegar a la conclusión de que haría falta un tutor que guiara al niño y al joven en esta maraña de páginas y recursos, pero también se observa que el fomento de la lectura se puede alcanzar con la ayuda de Internet puesto que son muchos los blogs que ofrecen textos interesantes, en verso y en prosa.
Detrás de un lector voraz hay una persona que observa, que escudriña los signos de los tiempos, que sigue teniendo esperanza en la humanidad, que no se doblega. No hay tesoro más importante que la biblioteca personal, aquellos libros que se han leído y que, sin casi saberlo, nos han dejado un poso profundo en el alma y en la inteligencia.
El bagaje de lecturas propio es un asunto muy personal, cuestión de gustos y de afinidades; pero no cabe rechazar a los clásicos ni a los autores contemporáneos. Poco a poco,  cada uno encontrará el estilo que más le gusta y aprenderá, de paso, a valorar a los escritores y a estimarlos en sus obras.
Leer no requiere ninguna inversión. Es gratis y produce adicción desde la primera línea. Engancha, es verdad y quien sucumbe a esa droga positiva… ya nunca será igual porque habrá aprendido a vivir, a crecer, a soñar, a imaginar… porque habrá aprendido a ser mejor. Y eso ya no tiene vuelta atrás.
Sería una quimera y una pretensión por nuestra parte ofrecer una nómina de libros y autores como canon, como textos que hay que leer. No obstante, sí cabe enumerar algunos nombres que no deben faltar en las lecturas personales, al menos de los hispanohablantes: Lope de Vega, Quevedo, Calderón de la Barca, Cervantes, Garcilaso, Fernando de Rojas... y, más cercanos, Antonio Machado, Federico García Lorca, Pío Baroja ... y contemporáneos  Camilo José Cela, Miguel Delibes, Ana Mª Matute, Carmen Martín Gaite, Gabriel García Márquez, Isabel Allende y un sinfín de autores y obras realmente estimulantes. Y la nómina sería casi infinita.
Queda, pues,  la invitación abierta a entrar en una biblioteca y dejar que los libros nos seduzcan  con sus títulos o, si se prefiere, está la opción de las librerías en donde se puede hojear a placer, dejar que pase el tiempo en compañía de los libros y, por supuesto, escuchar la opinión y el consejo del librero. Y oler el libro. Olerlo y coquetear con él. Dejarnos seducir por la portada, por la promesa de una buena historia.
En suma, la lectura puede entenderse como fuente de satisfacción personal, como puerta abierta a la imaginación, como manera de vivir otras experiencias, como oferta lúdica  que no tiene por qué desaparecer, aunque sí ha de aprender a convivir con las nuevas tecnologías.
Leer no está de moda…o eso se dicen los que no leen. Que sigan engañados. Peor para ellos.


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