viernes, enero 27, 2012

Fantasmas de Luz,
Agustín Fernández Paz. Ilustraciones: Miguelanxo Prado
Anaya, 2011.


Agustín Fernández Paz aborda, con hondura y emoción, un problema vigente, por desgracia, en nuestra sociedad: el de la exclusión o “invisibilidad” de algunas personas, que, por distintos motivos, quedan apartadas del grupo. En este caso, la pareja protagonista, Damián y Marga, son dos personas maduras que, de repente, ven sus vidas golpeadas por el paro. Marga se ha tenido que prejubilar y Damián, que lleva 35 años como montador de cine, recibe una carta de su jefe que lo lleva al despido. No hay más.
Damián reflexiona acerca de su vida, llena de referencias cinematográficas, puesto que su existencia ha ido paralela a la de la gran pantalla y hay muchas frases emblemáticas que él ha hecho suyas y que pertenecen a Films. El autor aprovecha, por lo tanto, para homenajear el séptimo arte y demostrar que, a través de la gran pantalla, se pueden vivir otras vidas y, sobre todo, se puede soñar y ser feliz.
En Fantasmas de luz la metáfora es un elemento clave, ya que Marga y Damián, cuando son inútiles para la sociedad capitalista en la que viven, comienzan a hacerse invisibles. No es que desaparezcan, no, sino que nadie los ve, ni ellos mismos lo consiguen. De ahí que acudan a distintas estratagemas (como el maquillaje, la ropa, las bufandas…) para llevar, al principio, una vida semiformal; aunque, con el tiempo, también la ropa pierde color y, ahí, comienza su desesperanza total. Marga y Damián son un pareja que se casó muy enamorada, que tienen un hijo que está estudiando y que, poco a poco, han ido perdiendo la chispa de ese amor. Los dos reflexionan sobre ello y se dan cuenta de lo mucho que aún se necesitan y aman, de lo mucho que han callado y de lo mucho que aún les queda por decir.
Un día, por azar, Damián encuentra a otro “invisible” que le lleva a una asociación llamada Rosa Parks, la cual está formada por personas como Damián y Marga que, juntas, recuperan la apariencia porque, juntas, adquieren importancia y pueden transformar el mundo. Estas personas trabajan para que la vida, con o sin trabajo, siga mereciendo la pena.
Agustín Fernández Paz, en Fantasmas de luz, escribe una gran novela destinada a todo tipo de lectores y muy adecuada para el momento de crisis moral que estamos viviendo. Nuestra sociedad, como la que describe el autor gallego, está enferma y ha perdido los valores. Gracias a personas invisibles, a la fuerza de muchos, quizá logre curarse. Ése es el gran mensaje. Ésa la gran apuesta personal del autor.
La novela está escrita en tercera persona y organizada en torno a breves capítulos que van trazando una historia importante porque es la historia de dos vidas, tan anónimas como se quiera, pero vidas al fin: Marga y Damián. Además, como ya hemos dicho, es un texto brillante porque mezcla la narración literaria con otro tipo de narración, la cinematográfica y logra hermanarlas porque, al fin y al cabo, tanto la imagen como el texto pretenden dar dignidad al ser humano y, sobre todo, le prestan la voz.
Miguelanxo Prado ilustra el relato y lo enriquece porque añade otro tipo de narración, la narración visual. Así, Fantasmas de luz se convierte en un mosaico, en un fino tejido que apuesta por una sociedad más justa, igualitaria y solidaria. Ni más ni menos.


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