lunes, junio 17, 2013

Ricardo Gómez,
Edelvives, 2013.




Samuel acaba de cumplir 10 años y eso para él es motivo de profunda reflexión porque el resto de su vida lo pasará con dos cifras. Y es que Samuel es, como indica el título del libro, “Un chico diferente”. Destaca por su habilidad obsesiva con los números. Todo para él es objeto de cálculo, desde una habitación a un árbol o unas sombras. Su vida gira en torno a ciertos miedos y ciertas manías que ha ido generando, por ejemplo, no le gusta que le toquen ni entiende de ironías ni de sutilezas verbales. Es un chico listo y muy observador, pero carece de habilidades sociales y no tiene amigos.
Su psicóloga ha tenido una idea excelente y le ha regalado el cuaderno en el que escribe su historia, la misma que Ricardo Gómez nos cuenta, porque “Un chico diferente” está escrito en primera persona, por un niño que, como cualquier niño, gusta de fabular e imaginar, pero él lo hace de una manera especial, porque colecciona cosas extrañas y hace fotografías aún más extrañas, aunque a él le apasionan y encuentra una secreta poesía en los números y sus combinaciones.
Samuel, por otra parte, siente miedo a un monstruo que vive en la zona oscura de su habitación, que es como él la llama. Es Moab, el Monstruo Abominable que siempre lo pone en aprietos porque es quien le sugiere que se salte las normas y las infrinja, con lo que Samuel acaba confundido y más angustiado.
Ricardo Gómez es profesor de matemáticas y eso se nota en el libro, pero el libro no es un libro de matemáticas sin más, en absoluto, el libro es el retrato de un muchacho con un síndrome de asperger, por ejemplo, o algún trastorno del espectro autista. Y es un libro que nos permite pensar y entender qué hay detrás de las aparentes excentricidades de Samuel, hay un niño que quiere ser feliz, que quiere vivir con sus manías y que necesita apoyo y cariño constantemente.
El libro, como decíamos, está escrito en primera persona, lo cual es un acierto indudable porque el autor podría caer en juicios más o menos paternalistas y no lo hace al permitir que sea Samuel quien se exprese con total normalidad porque para él sus colecciones, sus cuentas, sus números, sus manías forman parte de la vida, de su vida y es lo único que él conoce. Samuel reflexiona y entiende y hace esfuerzos para integrarse en la vida normal de su familia y en las rutinas de la escuela. La psicóloga juega un papel muy importante porque es quien lo guía y quien le marca las pautas. Las personas que sufren este síndrome necesitan una vida organizada en la que todo esté en su sitio y Samuel así lo manifiesta acostándose cada día a las 11, teniendo la hora de la familia a las 8 y siguiendo unos esquemas que, en cuanto se tambalean, hacen que él sufra.
Por otro lado, a Samuel le gusta la fotografía y su tío Luis lo entiende y le permite que realice las fotos que quiera, fotos inquietantes de sombras, de ramas, de objetos que a Samuel le inquietan porque no son simétricos.
Un chico diferente es un libro espléndido, sin duda, por esa capacidad que tiene Ricardo Gómez de permitir que sea Samuel quien se exprese, dibuje, piense y reflexione. Gracias a eso entendemos que quizá esas diferencias no sean tales al fin y al cabo. Jordi Vila Delclòs ilustra el texto y lo hace con acierto, captando las sombras, las oscuridades que atormentan al chico y de las que, de alguna manera, logra salir adelante gracias a las complicidades que se establecen entre otros personajes como Mar y Eva.
Una historia que no dejará indiferente a ningún lector. Muy recomendable para los educadores que traten con chicos tan especiales como Samuel.

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