miércoles, enero 23, 2013



Vacas flacas,
Teresa Broseta,
Algar, 2012, (Calcetín mágico, 78).
 

Desde hace varios años la palabra “crisis” forma parte de nuestro vocabulario habitual. Todo es crisis. Todo está teñido de crisis. El pesimismo y la angustia parece que nos hagan pasivos y no nos dejen actuar.
¿Cómo hablar a los niños de crisis? Es difícil hacerlo sin caer en el victimismo ni en la autocomplacencia. Pues bien, “Vacas flacas”, de Teresa Broseta, es un relato fresco, optimista y lleno de alegría que se centra, precisamente, en la dichosa crisis.
Andrés es un niño que, de la noche a la mañana, ve cómo su mundo confortable se viene abajo con la aparición de las terribles “vacas flacas”. Su padre, albañil, se ha quedado sin trabajo y eso precipita los problemas. Deben dejar su casa porque no pueden hacer frente a la hipoteca, pero son acogidos en casa de la abuela Mamelé. Lo que parece una situación dura y angustiosa se resuelve con el optimismo de la abuela que, a toque de silbato, va organizando su casa para acoger no solo a Andrés y a su familia sino a sus otros tíos que también están en la misma situación.
Lo importante del relato es que el lector observa cómo el ingenio y el sentido común, además del optimismo, hacen que incluso las situaciones más duras puedan ser vividas con normalidad. La familia de Andrés y la de su prima Mar conviven en una misma casa, la de una abuela excéntrica y luchadora, que no permite que nadie se venga abajo.
Son interesantes las notas cotidianas del día a día. Cómo se invierte tiempo en comprar y en buscar las mejores ofertas, cómo se lucha por salir adelante con la creación de un banco de tiempo y cómo, al fin, la unión permite que la sensación de derrota desaparezca.
La vida de Andrés da un vuelco, aprende a convivir con el resto de sus primos, descubre que muchos de sus amigos del colegio viven también acogidos en otras casas y, al fin, valora lo que él es capaz de hacer para salir adelante porque todos en casa de Mamelé tienen una función.
Muchos son los personajes que aparecen en el libro, algunos simplemente se mencionan y otros, como verá el lector, tienen un papel decisivo en la resolución del conflicto. Destaca la humanidad de Mamelé quien con sus ideas va sacando adelante a su familia y ofreciéndoles, de nuevo, un motivo para ilusionarse.
“Vacas flacas” es un relato bien trazado, que, en primera persona, nos muestra el desarrollo de la crisis desde los primeros momentos hasta el final del túnel o, al menos, el principio de final. Destaca la habilidad de la narradora en captar los sentimientos de Andrés y su especial percepción de la vida.
El libro es un texto muy idóneo para trabajar en el aula o compartirlo en familia porque aborda una serie de cuestiones muy serias y actuales que conviene explicarles a los niños para que sepan y entiendan, sin dramas, pero sin mentiras, qué es la crisis.
El texto se destina a niños desde 10 años y está ilustrado por Lorena Soriano.

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