martes, enero 22, 2013



 

Al otro lado de la esfera,
Consuelo Jiménez de Cisneros,
Luis Vives, 2011. Alandar, 78.

Al otro lado de la esfera, de Concuslo Jiménez de Cisneros, es una novela emocionante. A simple vista se podría decir que, por el tema, es una novela histórica, aunque, como veremos, va mucho más allá.
El relato, estructurado en varios capítulos y escrito en tercera persona, escoge como personaje a Pedro, un joven niño, de Castilla que, al quedarse huérfano de padre, ha de ir a La Rábida con un pariente y allí completará su educación. Pedro es un muchacho despierto, muy observador y discreto que vivirá la aventura de su vida, ya que será uno de los grumetes que acompañe a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América.
Ahora bien, que ningún lector piense que la novela es aburrida ni predecible, en absoluto. No aburre porque la autora sabe meterse en el alma de los personajes, en su trastienda por así decirlo. Parte de unos hechos históricos documentados, pero sabe cómo ahondar en las emociones y en los sentimientos.
Los personajes están hábilmente trazados y parece que el propio Colón sea también un ser de ficción o que los de ficción sean reales, tal es la simbiosis que se establece. De estas criatura destaca el plano de carne y hueso, sus anhelos, sus dudas, sus vacilaciones y su grandeza como seres imperfectos que son. El propio Colón es el ejemplo de lo que estamos comentando.
Al otro lado de la esfera narra el gran descubrimiento que hizo que el mundo fuera otro y añade el resto de viajes que hiciera Colón y los sinsabores por los que tuvo que pasar.
Se cierra con la muerte del almirante y la explicación de dónde están sus restos…
Pedro, por su parte, ha crecido, es un joven que ha aprendido a vivir, a luchar por lo que quiere, que sabe qué es la amistad y el respeto y que encuentra, al fin, el amor. Pedro ha vivido, por lo tanto, un viaje iniciático al lado de Cristóbal Colón.
La novela está repleta de curiosidades, de descripciones, de detalles que permiten al lector curioso imaginarse cómo fue de verdad la conquista. El relato mezcla, sabiamente, historia con ficción e incluye algunos episodios emocionantes y continuas reflexiones que hacen que el lector se sienta, aún, parte de esa expedición.
El propio Colón escribe, al final, una especie de testamento que viene a ser un poco esa reflexión que nos podemos hacer en voz alta tras la lectura:
“Mucha gente nos juzgará en el futuro. Para unos, seremos santos y héroes; para otros, villanos y esclavistas. Sólo Dios puede examinar nuestros corazones y el afán que guaba nuestro espíritu. Al hombre corresponde únicamente examinar los hechos: yo fui el primer, los demás me siguieron. Yo abrí el comienzo de una ruta que otros completarían”.
En suma, una novela destinada a los jóvenes lectores que también atrapará al lector adulto.

2 comentarios:

  1. Últimamente está siendo frecuente la utilización de personajes históricos secundarios (ficticios, casi siempre) que acompañan a un gran personaje histórico verídico. Tiene algo de aquella concepción unamuniana de la intrahistoria. Por cierto, nos has dejado con la duda de la explicación (tran controvertida, por otro lado) del lugar donde descansan los restos de Colón.

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  2. el libro es pésimo. Mal escrito una historia floja y muy confusa... Mi opinión: pésimo

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