martes, enero 29, 2013







¡Sálvese quien pueda!(Coolman y yo)


Rüdiger Bertram. Heribert Schulmeyer,
Algar, 2012.



 Los niños y niñas suelen acudir a un amigo imaginario que les ayuda en su crecimiento. Hasta aquí todo normal, pero ¿qué pasa si este amigo imaginario decide no marcharse y nos hace la vida literalmente imposible? Ése es Coolman. Posiblemente muchos lectores, jóvenes y adultos, lo conozcan gracias a la primera aventura de la serie “Coolman y yo”. Si no, tampoco es indispensable porque no tardarán en hacerse una idea de quien es semejante criatura y, por supuesto, no tardarán en hacer de la lectura una diversión llena de estímulos y, por qué no, de sobresaltos.
En esta ocasión, el joven Kai viaja a Londres un par de semanas con un grupo de compañeros para mejorar su nivel de inglés. Ahora bien, la narración empieza por el final presentando, en primera persona, como suele hacer el autor, a Kai en una situación comprometida: a punto de ahogarse. Si queremos saber cómo ha llegado allí tendremos que leer el libro.
“¡Sálvese quien pueda!” nos ofrece una visión crítica e irónica de las estancias estudiantiles en el extranjero para aprender idiomas. La familia que le toca a Kai y a dos de sus extraños amigos no es precisamente un ejemplo de convivencia, aunque Kai es especialista en líos, ya sean de primera mano o a través de Kai.
Los personajes que aparecen en el texto suelen ser planos y esperpénticos, por eso favorecen la risa y aun la carcajada. A Kai le ocurre de todo y, es más, él, llevado por su amor hacia Lena, es capaz de hacer el ridículo más espantoso.
Rüdiger Bertram conoce bien la psicología del adolescente y se esconde tras Kai sin que notemos su presencia porque es Kai siempre el que cuenta, con total naturalidad, sus andanzas. En esta ocasión, acaba comiendo comida de gato, vistiéndose como una rana, conociendo a la mismísima reina de Inglaterra y aventurando diversas hipótesis en torno a un robo. Eso sí, lo más extraño en el libro es lo real y lo más lógico suele ser lo inventado.
En suma, un libro divertido, que combina texto con viñetas, y que está escrito con gracia, con transparencia y esa fina ironía que solo un adolescente es capaz de presentar.
El libro es una herramienta excelente para atrapar nuevos lectores y supone una bocanada de aire fresco en las posible lecturas escolares.

0 comentarios:

Publicar un comentario