miércoles, noviembre 07, 2012

El poeta cubano  Enrique Pérez Díaz, autor de una obra amplia y premiada, sabe también del compromiso con la palabra. Destaca su poemario Versos al nunca jamás.



A continuación el lector disfrutará de las respuestas a las siguientes preguntas:
  1. ¿Cómo definirías la poesía infantil?
  2. ¿Crees que hay una división clara entre poesía infantil y poesía para adultos? ¿Qué marca esa diferencia?
  3. Menciona algún poeta que te haya impactado especialmente a la hora de escribir.
  4. ¿Por qué crees que se publica tan poca poesía infantil?
  5. Recomiéndanos algún poemario de poesía actual.
  6. ¿Piensas que a los niños les gusta la poesía? ¿Por qué?
  7. ¿Cómo valoras la crítica literaria actual?
  8. A la hora de escribir, ¿te planteas tus posibles receptores?
  9. ¿Por qué crees que la poesía sigue siendo un género minoritario?
  10. ¿Por qué o para qué escribes poesía?

Enrique Pérez Díaz:

1. La poesía, sea para la edad que sea, es siempre un milagro: un misterio, un secreto, una casualidad, un don que alguien nos entrega y a veces no sabemos utilizar adecuadamente y otras… pues nos fluye como manantial.

2. No creo que exista esta diferencia en cuanto al hecho poético en sí, que es un todo, un modo de hacer, de enfrentar algo que se quiere llevar desde el sentimiento al papel. Particularmente, me gustan los poemas con historia, que digan algo, no el verso muy trabajado y casi críptico de la modernidad.
La diferencia estaría marcada en el tono y asunto de lo que se toma como inspiración. Está claro que a un niño no se le habla de realidades complejas, sino más evidentes, aunque esto no desdeña que se les hable con tropos, imágenes, un estilo propio del poeta, que no debe descender a la infancia sino hacer que el lector suba hasta él.

3. Me han impactado poetas como Martí, Eliseo Diego, Dulce María Loynaz, Gabriela Mistral, Sor Juana Inés, Mirta Aguirre. Pero cualquier poesía me puede transportar bien lejos, como la de Emily Dickinson, Walt Witman, los haikus japoneses, la poesía árabe tradicional, los grandes del Siglo de Oro español, las generación del 27 española.

4. Obviamente, por intereses comerciales de los editores, porque se apuesta más a la novela o los álbumes. Pero la gente lee poesía. Mi libro de Sopa de libros (Anaya): Versos al Nunca jamás, va por su tercera edición y ha tenido críticas muy elogiosas y soy un poeta cubano en Cuba, que no voy a colegios, no estoy en ninguna operación de Marketing…

5. Sería difícil hacer esa recomendación, más bien recomendaría poetas: de mi tierra, José Manuel Espino, de España el gallego Antonio García Teijeiro.

6. Creo que a los niños les gusta la poesía. Pero tienen varios niveles de comprensión del hecho poético: en una primera infancia se vinculan más a lo más rimado sobre el mundo cotidiano, luego a lo lúdico, después el lirismo que apuesta por temas más trascendentes como el amor, los sentimientos, les pueden tocar muy de cerca. Creo que toda persona es capaz de ser sensible ante la sensibilidad de quien escribe. Al leer se produce una comunión entrambos y los niños son, por naturaleza, seres muy sensibles, abiertos y desprejuiciados.

7. Tengo la impresión de que en todas partes la crítica está muy comprometida o a intereses extraliterarios o a intereses literario-comerciales. Eso, donde existe, pues las más de las veces leemos reseñas o comentarios con elementos de crítica, pero poca crítica literaria en sí.

8. Para nada, escribo desde el más puro sentimiento: me hablo a mí, a mis fantasmas, a mis amores imposibles, a mi sueño más acariciado e irreal. El receptor que me pueda leer es secundario. A la hora de publicar y organizar un libro sí me planteo para quién puede ir mejor, pero no mientras estoy escribiendo.

9. No creo que sea un género minoritario. Si acaso en algunos contextos. Por ejemplo, en Cuba es un género mayoritario, todo el mundo escribe o lee o declama poesía. Es una verdadera fiebre. Se suele decir que: das una patada en una esquina y salen cien poetas!

10. Escribo poesía para no estallar, para decirme aquello que no me atrevo a hablar o para dirigirme a un idealizado interlocutor a quien no soy capaz de hablarle de viva voz.

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