miércoles, septiembre 13, 2017

Contrapuntos del alma,
Ian Charles Lepine
Ars Futura, 2017

El concepto contrapunto, de todos es sabido, se relaciona con la música y con la capacidad de armonizar diversas notas que suenan a la vez. También podemos decir que es un contraste entre dos situaciones que se producen simultáneamente. Sin duda, eso lo sabe bien Ian Charles Lepine cuando escoge este título para su poemario y le añade una aclaración importante, "del alma". Esto es, los contrastes que él nos quiere compartir son los que se dan en el propio centro del ser humano, allí donde reside su capacidad de sentir y de ser.
Son XXII contrapuntos más otros tantos poemas, que les sirven de contraste, los que conforman este poemario singular. Decimos singular porque lo ha escrito un joven poeta, aunque con un bagaje cultural impresionante. Ian Charles Lepine bebe directamente de las fuentes clásicas más puras y se deja empapar por ellas, de una forma muy natural. Es capaz, como indica el título del libro, de relacionar aquellos conceptos más clásicos, más cercanos con el mundo grecolatino que él admira, con situaciones actuales, con la cultura más cercana, con cuestiones más propias de nuestro tiempo. Y ese es el gran mérito del poemario, no desdeñar los orígenes sino integrarlos con lo que uno es.
Ya en el poema que abre el texto, titulado precisamente "Contrapuntos del alma", se dejan claros los principios que regirán los poemas:
"Alma y cuerpo son diferentes
pero son en la misma tonalidad.
Las melodías de la respiración
nacen en contrapunto a la añoranza
y día a día, nota a nota, pieza a pieza
del rompecabezas,
vivimos la música humana
de las esferas eternas".
Así, en Contrapuntos I se nos pide que "no pensemos el pasado", mientras que en el poema que lo refleja se aboga por el "nunca"; en Contrapuntos II es la condena de Ícaro que aparece proyetada en el poema "El hombre" y así, sucesivamente, íríamos con el claro y el oscuro, la luz y las sombras, la soledad y la compañía, la muerte y la vida, el paso del tiempo y la eternidad, el amor y su negación.
A veces, los poemas de Ian Charles Lepine se transforman casi en oráculos como cuando leemos:
"Ningún secreto
queda por revelar:
somos ciegos".
Otras se cuestiona su propia escritura, su concepto de la vida, sus pensamientos porque se sabe en continuo cambio y porque todo es posible:
"Contra las rocas del crepúsculo
se despedaza el día
y nos muestra el camino
de desgracia
que también hemos de hacer".
No es poesía fácil la del poeta, ni complaciente con él mismo, sino llena de aristas, de preguntas, de enigmas sin resolver porque: "La ceguera antigua de las tinieblas es eterna".
Invitamos a leer despacio el poemario, a detenerse en sus imágenes, a tratar de entender sus símbolos porque no hay fatuidad en sus versos, sino verdad y ansias de crecimiento y, por supuesto, mucho respeto al pasado.

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