domingo, enero 18, 2015






Deseo de chocolate,
Care Santos,
Círculo de Lectores, 2015.

Deseo de chocolate, de Care Santos, fue premiada con el Ramon Llull 2014. La novela, amplia y muy bien documentada, se lee de un tirón y deja al lector con la intriga de saber más acerca de los personajes que tan bien retrata la autora.
El texto nos cuenta la historia de tres mujeres, que vivieron en tiempos y lugares dispares, pero que están unidas por un objeto tan delicado como puede ser una chocolatera de porcelana y por una afición al chocolate. Estas tres mujeres protagonizan las tres partes en que se estructura el relato. La particularidad es que se inicia en los tiempos actuales (Barcelona 2014) y se acaba en el mismo origen de la chocolatera, en pleno S. XVIII.
La chocolatera es un objeto valioso en el que caben solo tres tacitas de chocolate y pertenece, como dice en su base, a Madame Adelaïde, que no es otra que la sexta hija de Luis XV.
Si nos centramos en las historias, observaremos que los personajes femeninos que describe Care Santos están perfectamente definidos y se caraterizan por su fortaleza. Todas ellas, de alguna manera, tienen que ver con el negocio del chocolate y todas ellas acaban tomando las riendas de su vida.
La primera es Sara Rovira, una mujer que recuerda los días de su primera juventud en compañía de Max, con quien se casó, y de Oriol, con el que siempre mantuvo una relación tormentosa. La noche en que, escondida, espía la conversación de estos dos hombres, se rompe su preciada chocolatera. El libro se inicia con un preludio en el que Max pega, con esmero, todos los pedacitos de tan preciada pieza. Deseo de chocolate, por así decirlo, es como un puzzle en el que todas las piezas, de la mano de la chocolatera, acaban encajando.
La segunda mujer es Aurora, en la Barcelona de 1854. Autroa está muy lejos de poder tomar chocolate, aunque lo hace a escondidas, porque es sirvienta y trabaja para los Turull. De alguna manera, la suerte se alía con Aurora y le permite pasar de sirvienta a señora y obtener, casi sin ella quererlo, el privilegio del chocolate.
La tercera es Mariana, en la Barcelona de 1777. Gracias a los escritos del secretario de Madame Adelaïde conocemos la historia. Una delegación francesa llega a Barcelona para hacer negocios con el maestro mastelero inventor de una máquina revolucionara. El maestro es el marido de Mariana y ha muerto, aunque pocos lo saben. En un gremio dominado por hombres, Mariana se va abriendo paso.
A lo largo de las páginas de Deseo de chocolate conocemos a muchos personajes, algunos históricos y otros inventados por Care Santos. Todos están abocados a un destino relacionado con el chocolate y todos, como ya se ha dicho, acaban con la chocolatera en las manos. Esa chocolatera deviene en una especie de objeto mágico, gracias al cual descubrimos las trastiendas de Barcelona desde el S. XVIII al S. XXI.
Amor, música, afán de grandeza, rencores, obsesiones, vidas pequeñas y grandes se van dando la mano para crear una obra emocionante, llena de sorpresas que plasma, con ojo crítico, irónico y, a veces, tierno, las miserias y, por qué no, las grandezas humanas.
Deseo de chocolate es, en fin, una novela dulce y amarca a la vez. Como la vida.

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