miércoles, octubre 08, 2014






Ojos de lechuza o cara des pescadilla / El enigma de la habitación cerrada,
Luisa Villar - Álvaro Núñez,
Edebé, 2014. (Tucán)


A Luisa Villar la llaman "la Dama del Misterio de la Literatura Infantil y Juvenil" por su habilidad a la hora de escribir historias de detectives, llenas de intriga y misterio. Luisa Villar se acerca al pequeño lector, se pone a su altura, y le ofrece relatos bien elaborados en los que el niño es el protagonista, pero sin renunciar a las claves del género negro.
En esta ocasión , Charli, el hijo de un superdetective, es el protagonista de Ojos de lechuza o cara de pescadilla y El enigma de la habitación cerrada, que forman parte de la serie "Supercharli detective y su robot". Son dos relatos, destinados a lectores a partir de 8 años, que se pueden leer de manera independiente, aunque pertenecen a una misma serie y se repiten escenas, descripciones y personajes. Podemos mencionar, por ejemplo, a la Sra. Marga, la señora que cuida del niño y que no mantiene ningún patrón propio de las canguros (es autoritaria, mandona, no sabe cocinar apenas y parece guiarse por sus propias reglas) o aRobi, el robot de Charli, un robot muy hábil y bien descrito, que es capaz de pensar y de ayudarle a resolver los pequeños grandes enigmas y que comparte protagonismo con el niño. La madre de Charli, por otro lado,  es el personaje ausente, aunque se la menciona a menudo. Está viajando,  se ha alejado del padre para darse tiempo y decidir acerca de su futuro común. El padre, el superdetective, es un hombre de buen talante, bastante desbordado por el día a día y con poca habilidad para enfrentarse a los asuntos domésticos.


 En cada entrega se narra un caso en concreto y se presentan nuevos personajes. Así, en Ojos de lechuza se habla de una  falsificación de billetes en la que Charli es implicado y que, gracias a sus dotes de observación, acaba resolviendo. En El enigma de la habitación cerrada le ocurre algo similar, aunque en esta ocasión se trata del robo de una joya y de demostrar que la joven acusada es inocente. Siempre, de alguna manera, el menos sospechoso es el que acaba siendo el culpable y ese detalle es lo que permite al lector mantenerse con la atención activada hasta el final.
Charli es un niño simpático, al que le gusta emular a su padre, que ha aprendido a ser muy observador y que, sin resultar pedante, es capaz de llegar a conclusiones que admiran por su sencillez casi obvia, aunque a nadie se le habían ocurrido antes. Ese es el gran acierto de Charli.
Los relatos están escritos en primera persona, con gran fluidez narrativa, ya que Charli no se limita a explicar un caso, sino que aporta las pistas, la descripción de los hechos y, sobre todo, su propia realidad y las limitaciones que tiene por ser un niño y que él trata de superar con gracejo y simpatía.
Luisa Villar es muy hábil reproduciendo el discurso del niño, que se expresa con coloquialismos y con una frescura propia de la infancia que atrapa desde el primer momento. Las situaciones cotidianas se dan la mano con otras más estrafalarias que, sin embargo, no desentonan, en absoluto, porque Charli es un niño normal, solo que ha aprendido a emplear su capacidad de deducción porque quiere ser, de mayor, un detective reputado como su padre.
Álvaro Núñez es el encargado de ilustrar los libros y lo hace con unas ilustraciones directas, cercanas a la caricatura, que destacan aquellos aspectos más grotescos de los personajes -los ojos de la Sra. Marga, la boca de ciertos personajes, el sombrero de Charli, el robot...- y que causan diversión en quien las mira.

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