martes, octubre 07, 2014






 El rey que no podía dejar de estornudar,
 Roberto Malo y Fco. Javier Mateos.
 Ilustraciones de Blanca BK.
 Edebé, 2014. (Tucán)



El rey que no podía dejar de estornudar es una obra coral; esto es, escrita por dos autores y arropado por las ilustraciones de Blanca Bk.
El relato, destinado a los primeros lectores, presenta la estructura de un cuento tradicional, con fórmula de inicio y de cierre y personajes propios del cuento de hadas como es el rey. Ahora bien, se añaden elementos que enriquecen el texto y lo realzan. Si bien, se parte de una carencia inicial -el rey no deja de estornudar- y una necesidad de solucionarlo -se ofrece una gran recompensa a quien lo cure-, la manera de resolverlo, sin olvidar el clima mágico, es ocurrente y curiosa.
Un campesino decide ir a "los confines del mundo" para encontrar un remedio para el rey. Y lo encuentra, claro que sí, pero no de forma directa ya que conoce a otra serie de seres -la mujer que se rasca, el hombre que no deja de andar, el Espíritu del bosque...- a los que ayuda y que, a su vez, le ayudan y favoren una solución al dichoso estornudo del rey. La solución es tan sencilla como que un gaitero toque para el monarca.


Roberto Malo y Fco. Javier Mateos se divierten escribiendo el relato, no hay duda, y lanzan continuos guiños al lector adulto (los sabios no quieren cooperar para no darse ideas; se alude a los malos funcionarios...), pero sin olvidar al niño, el verdadero receptor del cuento.
La música, en esa corte lejana no era muy bien recibida porque "los músicos estaban muy mal vistos, ya que tenían fama de ser gente oportunista y de muy mal vivir". Podríamos añadir que se puede decir más alto, pero no más claro. Gracias a esa música, rechazada por considerarla perniciosa, el rey se salva y, por supuesto, "desde entonces en el reino nunca faltó la música". Esperemos que el final del relato se aplique a situaciones actuales.


El rey que no podía dejar de estornudar está escrito en 3ª persona y se organiza en varios capítulos breves. Las situaciones que se recrean son descritas de manera vistosa y la estructura encadenada favorece la atención del lector y consigue que el texto esté bien trabado.


Comentábamos al principio que Blanca Bk. ilustra el trabajo y lo hace de esa manera especial y tan característica que ella tiene. Sus ilustraciones, traspasadas de colorido, respiran ternura y delicadeza. Humaniza con sus pinceles a las criaturas que pueblan el relato y les da la nota cercana y cálida: el rey en pleno estornudo que asusta al gato y pierde la corona, la madre del joven campesino que tiene un solo diente, el campesino con coderas en el jersey,  los personajes excéntricos como el dinosaurio que lleva gafas y lee o el perro que toma una taza de té o la joven mujer que no para de rascarse y que podría ser princesa si se estuviera quieta. Los pequeños detalles son esenciales en la ilustración de Blanca Bk, de eso no hay duda.



El primer contacto que un lector tiene con el libro es el visual y la ilustración juega un papel esencial para crearle curiosidad y expectativas, para hacerlo leer. En este caso, la portada de Blanca Bk contiene los elementos más chocantes del relato y el asombro puro que nunca debe faltar en un buen cuento.

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