martes, julio 19, 2011



“El señor de Lordemanos”, Miguel Ángel Badal Salvador,
Madrid, De librum tremens, 2011

“El señor de Lordemanos” es una de esas novelas que insufla en el lector el aliento épico de otras épocas. Conforme nos sumergimos en su lectura, viajamos a través del tiempo hasta el S. XI y, de la mano de unos personajes muy atractivos, creemos vivir nosotros también esa época convulsa y tumultuosa.
Ambientada en la Galicia medieval, “El señor de Lordemanos” contiene todos los ingredientes que hacen que una novela histórica sea apreciada. Por un lado, está documentadísima. Miguel Ángel Badal no ha escatimado esfuerzos y ha trabajado con mimo el telón de fondo, esto es, la época, que describe con todo lujo de detalles. Desde una cocina hasta las armas de guerra (como es la ballesta) pasando por las supersticiones y los terrores propios de la segunda mitad del S. XI.
Por otro lado, sabe crear una trama intensa, a la que insufla vida y veracidad, con lo cual logra que “El señor de Lordemanos” no sea solo un documento d histórico, sino que muestre, en palabras de Miguel de Unamuno, la “intrahistoria”; es decir, la vida y avatares de esas otras personas –o personajes- que, dentro de su anonimato, son los que realmente hacen la historia, la del día a día, la cotidiana. Eso es lo que nos participa el autor de una manera vivaz, realista y ágil.
El obispo Cresconio es el protagonista de la novela. Gracias a un doble tiempo narrativo, el pasado y el presente, Cresconio nos explica, de una forma conmovedora, su participación en los hechos que narra Miguel Ángel Badal; es decir las luchas intestinas que se mantuvieron en Galicia en la primera mitad del S. XI y que tuvieron como seres de excepción a los llamados lordemanos, estos hombres venidos del Norte que sembraban el terror a su paso. No obstante, el autor huye del tópico de los vikingos fieros y sanguinarios que, aún siéndolo, ofrecen infinidad de matices como podemos observar leyendo “El señor de Lordemanos”.
Son muchos los aspectos literarios y narrativos que merecen la atención del lector. Uno de ellos, es el uso de la primera persona en alguno de los momentos más intensos y emotivos del libro, cuando Cresconio reflexiona sobre el pasado y muestra su miedo por el presente, en un momento en que ha sido excomulgado por el Papa de Roma y teme morir en pecado. Este terror planea por todas las páginas del libro y nos lleva, también de la mano de Cresconio, a su juventud, cuando él mismo participó en distintas embajadas y en batallas cruentas para defender un pedazo de tierra en un momento en que parecía que el mundo se estaba acabando o, al menos, el mundo conocido. Como leemos en un momento del relato: “La tierra parecía regurgitar los restos de los santos, al tiempo que el mundo entero caía bajo las garras del pecado y de la aniquilación, subyugado ante la inminente llegada del Anticristo”.
El análisis psicológico de Cresconio es realmente singular, puesto que muestra sus debilidades, sus temores más íntimos y sus ambiciones más secretas. No menos importante es el llamado señor de Lordemanos, cuya corte infunde tanto terror al obispo, aunque, pese a ello, logra sembrar una semilla de cambio en el corazón del señor.
Hay momentos realmente hermosos en el libro, como el episodio de los bautizos de algunos de los caballeros lordemanos y de la propia hija del señor. Cresconio lo vive con tal intensidad que el lector, sea cristiano o no, se conmueve por ese afán.
Son destacables también las descripciones. En “El señor de Lordemanos” encontramos momentos de gran intensidad lírica, como ya hemos dicho, al lado de otros más violentos; pero en cualquier caso los detalles son siempre importantes en la prosa amplia y generosa del autor.
Miguel Ángel Badal cuida, en todo momento, el léxico, ya que las palabras que maneja tienen cuerpo, saben, son medievales. Alabamos su capacidad de asimilación y esa gracia que tiene al insertarlas en el propio relato. No hay ni un anacronismo en la novela, no se lo permite el autor, que trata de no perder el hilo de la historia, a la vez que conmueve al lector. Así, maneja con propiedad los latinismos, las fórmulas eclesiásticas, los símbolos religiosos y todos los topónimos y nombres propios que reproduce de una manera original. Y ya que hablamos de símbolos religiosos, no podemos obviar la referencia constante y continua que se hace al camino de Santiago y a todas las leyendas que se tejieron para que floreciera.
“El señor de Lordemanos” es la primera novela de Miguel Ángel Badal, quien poco a poco a consolidando su carrera narrativa y su vocación de escritor de novela y relato histórico. Este joven autor valenciano, con raíces conquenses y turolenses, sin duda, está llamado a escribir novelas tan briosas como la que estamos reseñando y que aguardamos con interés.
El texto, por último, incluye una nota del autor, en donde explica el origen del relato. Añade una lista de personajes históricos y otra de topónimos antiguos. El libro está prologado por otro gran historiador, Miguel Romero Sáiz. Cabe añadir que “El señor de Lordemanos” fue finalista del Premio de Novela Histórica Caja de Granada 2010.
En suma, “El señor de Lordemanos” es un friso extremadamente detallado y documentado de una época tan cambiante y aparentemente oscura como es el S. XI a la que permite salir del pasado para presentarse, nueva y reciente, ante los ojos asombrados del lector que es incapaz de dejar de leer.

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