domingo, marzo 27, 2016

El cuervo de Poe,
Rosa Ruiz Gisbert, Ediciones del Genal, 2016.

Escribir un libro de memorias no es tarea fácil porque, por un lado, se despiertan vivencias o recuerdos no siempre placenteros y, por el otro, corres dos riesgos. O bien puedes dañar a terceras personas con tus palabras o bien lo dulcificas demasiado. ¿Cómo lograr un equilibrio? ¿Cómo conseguir atrapar al lector desde el principio?
La escritora malagueña Rosa Ruiz Gisbert, con un amplio bagaje de publicaciones a sus espaldas, logra, gracias a su prosa sobria, bien trabada y rigurosa, ofrecernos un texto que se lee con emoción e interés.
Rosa Ruiz evita caer en dramatismos, en lugares comunes, en quejas, en saldar cuentas pendientes... Eso no cabe ni en su cabeza ni en su manera de ser y escribir. Lo que pretende es dejar testimonio de ella misma para que la podamos entender mejor, para que podamos saber cómo fue y pensó y acaso sepamos valorar que, para que se construya una personalidad, hacen falta muchos días, muchas experiencias, muchas reflexiones y mucha honestidad. Honestidad es lo que derrocha la escritora en estas páginas.
No solo encontraremos aspectos biográficos sino reflexiones profundas sobre el ser, la existencia, las relacines personales, el amor, las emociones y los sentimientos. Rosa Ruiz es una mujer que ha leído mucho y que se muestra humilde en sus conclusiones, aunque podría darnos lecciones a todos.
Este primer volumen comprende su nacimiento, infancia, adolescencia y juventud. Nos habla de sus padres, a los que perdona y, a la vez, se perdona a ella misma. Nos cuenta las penurias de una posguerra en blanco y negro, sin alicientes, en la que había que sobrevivir cada día.  Nuestra escritora es una mujer que se hizo a sí misma, con tenacidad y esfuerzo que fue, poco a poco, tomando conciencia de sus habilidades y dándose cuenta de cómo podía evolucionar como persona y laboralmente.
Son muchos los personajes que aparecen por las páginas de este volumen, algunos ya murieron, otros leerán el libro. Las descripciones que hace Rosa Ruiz son certeras y realistas. No esconde los inconvenientes, pero tampoco disfruta contemplándolos. Los explica y sigue avanzando.
El cuervo de Poe se caracteriza, como decíamos al principio, por una prosa amplia y precisa. No acude al diálogo, sino a la reflexión personal, a la propia explicación que se ensancha y nos muestra una parte de nuestra historia reciente en la que no había avances tecnológicos, pero sí el contacto personal, las ganas de vivir, el deseo de soñar.
Agradezco a Rosa este volumen que me ha permitido conocerla mejor y valorarla como hija, como mujer, como trabajadora. No obstante, el libro se puede leer de manera indepediente; esto es, sin necesidad de frecuentar a la autora. Y ese es el gran mérito del texto, que cale su forma de escribir, esa ironía sutil que maneja, sus reflexiones siempre honestas y la gran categoría humana de la persona que es Rosa Ruiz Gisbert. 

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