viernes, julio 17, 2015





Chancho-Pancho,
Maurice Sendak,
Kalandraka, 2015

Chancho-Pancho (2011) es el último libro que Maurice Sendak escribió e ilustró en vida, ya que el autor americano falleció en 2012. Resulta fascinante observar como un artista de la talla de Sendak mantuvo su irreverencia hasta el final. Podríamos decir que el texto y las ilustraciones siguen siendo iconoclastas, como el resto de sus obras también reseñadas en este blog. Sendak se sigue riendo de las convenciones y apuesta por un niño listo, que huye de los corsés establecidos, que nada tiene que ver con los dogmas impuestos por la sociedad y que, por encima de todo, es creativo. Sendak apuesta por el lector cómplice, aquel que no juzga, sino que se deja llevar y disfruta porque, al fin y al cabo, ese es el último sentido del arte.
Miguel Azaola es el encargado de traducir el texto y lo hace con ironía, con jocosidad, respetando al autor y, a la vez, siendo muy original, ya con la versión del título que  es Bumble-Ardy. En catalán se ha traducido como Bombi-Dandi y en portugués como Chico-Chorao. En cualquier caso Chancho-Pancho es un título sonoro, onomatopéyico y que presagia lo que el lector encontrará al abrir las páginas. De alguna manera el título español es también un homenaje a uno de los grandes personajes de nuestra literatura porque, si pensamos bien, entre Chancho-Pancho y Sancho Panza hay, al menos fonéticamente, muchas similitudes. El juego está servido. Además, como es sabido, el término "chancho" es un sinónimo de "cerdo".
 La historia, rimada en varios momentos, a base de agudos en "ón" es sonora y roza lo esperpéntico. Nos habla de un cerdito que no pudo celebrar sus primeros ocho cumpleaños por motivos obvios (si el lector contempla las imágenes entenderá por qué) y al que su tía Asunción adoptó. Fue ella quien cuando cumple los 9 le regala un disfraz y eso al cerdito le gusta tanto que organiza, a espaldas de su tía, una fiesta a la que acude todo el mundo. Cuando decimos todo el mundo, queremos decir todos los cerdos ("la cochinada", como se lee) del lugar. 
La fiesta se describe como una acumulación de acciones: "se hartaron de bollos, bizcochos, galletas, gruñeron de gisto e hicieron piruetas". La concurrencia se anima tanto que la fiesta se convierte en un caos, hasta que llega la tía Asunción y los echa a todos con una amenaza bien extraña, viniendo de una cerdita: "Si cuento hasta 9 y en este salón sigue habiendo un solo cochino gorrón, lo convierto en lonchas de lomo y jamón". Finalmente, Chancho pide perdón a su tía y esta, que tiene buen corazón, se lo otorga.
El texto es sencillo, se construye a base de enumeraciones, oraciones simples y algunas coorinadas, y mantiene el ritmo, gracias a la rima que suele repetir y a la acumulación de términos que va recuperando a lo largo del relato. Las exclamaciones, en ese sentido, son también importantes. Hay pocos diálogos, pero los que se mantienen entre la tía y Chancho son muy plásticos y se acercan al teatro del absurdo, con la extraña promesa de Chancho que dice, ante el enfado de su tía, que no va a cumplir los 10. ¿Los cumplirá? Esa ya sería otra temática...
A Sendak le gusta incorporar los recursos del cómic y así lo hace una vez más, ya que, no solo emplea los típicos bocadillos, sino cartelees, notas que, juntos, dan una bgran plasticidad al relato.
Las ilustraciones están llenas de color y de elementos que entroncan, una vez más, con la irrevenrencia, porque son figuras grotestas, descoyuntadas y excéntricas. Si nos fijamos en las páginas centrales, en donde no hay texto, solo ilustración, entenderemos mejor qué queremos decir. No hay un espacio libre, todo lo ocupa la imagen y mires donde mires encuentras una criatura estrambótica en actitudes anticonvencionales y, eso sí, llenas de vida y entusiasmo. Sendak aplica la misma técnica que ya vimos en Donde viven los monstruos.
El relato, en suma, recoge una fiesta de cumpleaños, pero... ¡qué fiesta! y alude, quizá sea ese el último propósito del autor, a los niños malcriados y sobreportegidos, en este caso por una tía permisiva que no sabe poner límites a su sobrino, quizá por lástima, quizá por sobreprotección.
Chancho-Pancho se leerá con la sonrisa o la carjada prendidas, pero eso no impedirá que captemos la crítica que siempre subyace en Sendak. Es un texto que, sin duda, acabará convirtiéndose también en un clásico de la literatura infantil.
El hecho de que el personaje sea un cerdo que no es un personaje habitual en los textos destinados a los niños porque, desde las fábulas, no goza de muy buena fama, nos hace pensar en el pensamiento de Sendak que siempre fue un paso por delante de su sociedad.

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